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lunes, 21 de junio de 2010

Species II


Valoración: Floja

Species fue una película concebida para obtener éxito comercial entre el público juvenil, poniéndolos cachondos con la explosiva Natasha Henstridge, quien sólo se vestía de vez en cuando por exigencias del guión. La película debió de recaudar, como mínimo, lo esperado, ya que tres años después se estrenó la segunda parte, con argumento similar: un extraterrestre quiere dominar a la raza humana a base de sexo duro. La diferencia es que ahora el alien es un hombre, lo que ayuda a que en la película, en lugar de ver un bellezón desnudo, veamos varios.

Así podremos disfrutar con los esculturales cuerpos de Sarah Wynter (24, El sexto día), Raquel Gardner (típica modelo que aparece en capítulos sueltos de series televisivas como Renegado o Acapulco Bay), Tracy Metro (Head Games), Melanie Pearson (Íntimo y personal)... Y, cómo no, el impactante desnudo de turno de Natasha Henstridge, que si bien reduce muchísimo este tipo de escenas, no defrauda en absoluto.

Pero como esto no es una película porno (o eso dicen) había que insertar algún que otro elemento para darle forma. Así que a los ya "veteranos" Michael Madsen y Marg Helgenberger de la primera parte, se unen actores de cierta importancia como James Cromwell (Space Cowboys, La milla verde) y George Dzundza (Instinto básico, Marea roja), a quienes el guión les depara, simplemente, un par de frases propias de tipos duros y poco más.

Entre los cuerpazos de ellas y los secundarios de renombre, casi me olvido del protagonista, lo que no es de extrañar ya que se trata del patético Justin Lazard (Soldado Universal: el retorno), uno de esos mal llamados actores que tienen mucho más de atletas que de intérpretes. Y no debo de ser el único que lo piensa, ya que desde el año 2000 con Verdad brutal, no se le ha vuelto a ver ni en cine ni en televisión (afortunadamente).

En un principio se había intentado que el guión fuese más completo, con un viaje inicial a Marte y una pequeña subtrama en clave de carrera política, pero todo resultó baldío ya que, al final, el libreto sólo ofrecía sexo, con el hándicap de la reducción de secuencias eróticas protagonizadas por la exhuberante Natasha Henstridge.

Sobre la puesta en escena mejor no hablar (lo de Marte es, como poco, patético) y en cuanto a efectos especiales, la mezcla de maquetas y ordenador no termina de funcionar.

No contentos con este despropósito dirigido por Peter Medak (director de la fascinante Al final de la escalera) la serie Species todavía dio para dos secuelas más. Por fortuna salieron directamente a video club.

Curiosidad televisiva final: Cuatro de los actores de esta cinta aparecen en la mejor serie de televisión de todos los tiempos, 24. Sarah Wynter (novia de Jack Bauer entre la segunda y tercera temporadas), James Cromwell (padre del gran Jack), Mykelti Williamson (director de la UAT de Nueva York en la octava y última temporada) y Michael Madsen (como colaborador de Jack también en la temporada ocho).

sábado, 26 de septiembre de 2009

Los sustitutos

Valoración: Pasable

No veía al gran Bruce Willis en una sala de cine desde La jungla 4.0, por culpa de quienes han decidido no emitir por aquí, todavía, películas de 2008 como Assassination of a High School President o What just happened (y teniendo en cuenta que ni siquiera han traducido aún sus títulos, no sé cuando llegaremos a verlas). Así que mi expectación ante lo nuevo del único e inimitable héroe de La jungla de cristal era tal, que olvidé cerciorarme de quiénes eran el director y sus infames guionistas, trío éste al que bien podríamos calificar como "los terroristas de la ciencia ficción".

El director Jonathan Mostow y los guionistas Michael Ferris y John D. Brancato, ya merecían prisión incondicional por el crimen cometido en Terminator 3, donde se cargaron de un plumazo dos mitos de la ciencia ficción: el actor más representativo del género, Arnold Schwarzenegger y uno de sus personajes míticos, el maravilloso robot exterminador que venía del futuro. No contentos con la "hazaña", Ferris y Brancato todavía la liaron más con Terminator Salvation, de forma que, por reincidentes, hasta sus nietos deberían estar en libertad condicional.

Una vez derribado el mito Schwarzenegger, estos tres innombrables han decidido ir a por el genio de la acción, Bruce Willis, por si acaso este género no estuviera lo suficientemente devaluado. Ya sé que la película sienta sus bases en la ciencia ficción, pero con Willis de por medio haciendo de policía, uno imagina que disfrutará de una sesión más o menos movida... ¡Pues no! Con una trama absolutamente previsible, una total falta de imaginación (parece una mala mezcla de Yo robot, El sexto día y Desafío total con ciertos toques de Minority report) y una enorme carencia de secuencias de acción, esta adaptación de la novela gráfica de Robert Venditi y Bret Weldele trata de sumergirnos en un mundo en que los humanos se quedan en casa y una serie de dobles, en forma de robots, son los que salen en su lugar a trabajar, divertirse, hacer la compra y toda clase de menesteres.

Llega un momento en que ese idílico y seguro mundo se desmorona, que es cuando Bruce Willis entra en juego, con un personaje al que podríamos calificar como el "anti-McClane": un policía que no golpea a los malos, no emplea comentarios sarcásticos y, encima, habla sin soltar taco alguno. Bruce Willis es un gran intérprete dramático, como ya demostró en El sexto sentido, Doce monos o Recuerdos de guerra (por citar filmes que se salen de su rol más conocido) pero, ¿cómo narices John McClane puede hacer del agente especial Johnson del FBI? Un ultraje.

A pesar de ello, Bruce Willis es, con muchísima diferencia, lo mejor de la película, aprovechando la única opción que le deja el guión, que es la de explotar la tristeza y el drama de un hombre que ha perdido a su hijo, está perdiendo a su esposa y ve cómo la humanidad se va al garete en favor de una poderosa tecnología. El caso es que una historia de estas características, futurista, en clave de thriller y como crítica a la deshumanización que los ordenadores y la tecnología en general provocan hoy en día, en manos de Cameron o Spielberg habría resultado un auténtico peliculón, lo que nos deja una inequívoca sensación de lo que pudo ser y no fue.

Por lo menos, hemos de agradecer que el metraje no excede los noventa minutos y que una de las dos únicas secuencias de acción muestra algo nunca visto en el cine: una persecución de coches en el seno de una gran ciudad en la que los transeúntes son atropellados. Eso y la gran labor en efectos visuales y de maquillaje. Por lo demás, Mostow, Brancato y Ferris siempre estarán en mi lista negra por lograr lo impensable: que uno se aburra viendo a Bruce Willis salvar al mundo.