lunes, 26 de julio de 2010

Pesadilla en Elm Street 2: La venganza de Freddy


Valoración: Floja

Un año después del gran éxito cosechado por Pesadilla en Elm Street, la productora New Line Cinema sacó la secuela, un film que, personalmente, me parece el peor de toda la saga. La razón es muy simple: se pierde por completo la esencia del personaje.

¿Qué diferenciaba a Krueger de Jason o Michael Myers? Su ámbito de trabajo: los sueños. Sin embargo en esta película se pierde por completo el espíritu de la original, aquello que la convirtió en film de culto, ya que Krueger se pasa a la posesión, introduciéndose en la mente de un joven a quien le obliga a cometer asesinatos por doquier, pero no dentro de los sueños, sino en la vida real.

Tal fue el cambio sufrido por el personaje que el propio Wes Craven, cuando leyó el guión, se negó a dirigir La venganza de Freddy. En su lugar New Line contrató a Jack Sholder, que venía de dirigir la discreta Sólos en la oscuridad y que nunca supo estar a la altura de las cotas de tensión alcanzadas por Craven un año antes. También está la pérdida de cinismo y humor macabro del protagonista, con lo que Freddy pasó de ser un mito a convertirse en un matón más.

Otro error fue sustituir la formidable banda sonora de Charles Bernstein por las composiciones musicales de Paul Franciss Witt.

Pasarían dos años hasta la siguiente entrega de Freddy Krueger la cual, afortunadamente, volvió, con mayor o menor acierto, a los cánones establecidos por Craven en el film original.

Pesadilla en Elm Street


Valoración: Notable

En 1984, el maestro del terror Wes Craven (Scream, Vuelo nocturno) ideó a uno de los psicokillers más famosos de la historia del subgénero slasher: Freddy Krueger. La idea del film era bastante ingeniosa: si alguien muere mientras sueña, fallecerá también en la vida real.

Todos sabemos que en las pesadillas, uno siempre despierta antes del posible fatal desenlace. Craven utiliza magistralmente este argumento con Freddy Krueger, un ser que persigue y aniquila adolescentes mientras sueñan.

Además de jugar con el miedo y los elementos oníricos, el guión, escrito también por Craven, explora otros ámbitos como la poca capacidad de entendimiento de los adultos ante los problemas manifestados por el grupo de adolescentes que padecen a Freddy. Tampoco descuida la desazón de estos muchachos que, en un principio, piensan que están siendo víctimas de algún tipo de posesión.

La principal fuente de terror del film radica en el aterrador pensamiento de que si uno se queda dormido, morirá. Craven sabe explotarlo en una narración firme que no decae, de manera que el espectador siempre sentirá la opresión que soportan los diferentes caracteres.

Pesadilla en Elm Street está considerada como película de culto. Por un lado tenemos la terrorífica idea de que un ser tan maligno como humorísticamente macabro, sea capaz de traspasar la frontera de los sueños; por otro, los clásicos sustos y escenas sangrientas están muy bien filmados, ya que la puesta en escena, la ambientación y la excelente banda sonora de Charles Bernstein generan, por sí mismas, un clima de tensión importante; en el apartado visual, aunque se nota la tecnología ochentera, goza de secuencias tan impactantes como bien elaboradas en sus diferentes crímenes y, como guinda final, supuso el debut en la interpretación de uno de los actores más conocidos en la actualidad: Johnny Depp.

Fue tal su éxito que, al igual que otras producciones de terror de la época como Viernes 13 o Halloween, contó con numerosas secuelas, algunas de ellas bastante dignas (en especial las partes tercera y cuarta) aunque otras, como era de esperar, resultaron horribles.

Su personaje principal, Robert Englund (el lagarto bueno de V) se hizo de oro con el papel, aunque acabó un tanto harto por una razón que convence: nadie le librará de quedar encasillado. Englund no participa en el remake que se estrena estos días, pero de eso ya hablaremos cuando toque.

jueves, 22 de julio de 2010

Toy Story 3


Valoración: Excelente

Resulta de lo más complicado encontrar trilogías en las que las tres películas sean de altísima calidad. Indiana Jones es, en mi humilde opinión, el mejor exponente (hasta que se convirtió en tetralogía, claro). Después me vienen a la cabeza producciones como El padrino o Star Wars (los episodios cuarto, quinto y sexto, evidentemente) y, aunque son películas que me fascinan, en ambos casos el film que cerraba la trilogía era inferior (que no malo) en relación a las otras dos. Por no hablar de Supermán 3, Spiderman 3 o Alien 3, películas de una calidad tan baja que llegaron a considerarse insultantes por algunos de sus seguidores.

En el mundo de la animación, en sagas como Shrek o Ice Age hemos visto terceras partes que no hacían justicia a sus predecesoras. Y cómo no, tenían que ser los chicos de Pixar los que volvieran a dar el do de pecho en una de sus producciones, completando la que posiblemente sea mejor trilogía de animación de todos los tiempos: Toy Story.

En la primera parte vimos la presentación de unos personajes maravillosos, que corrían una gran aventura por culpa de los celos. En la segunda, acción, humor y profundidad de guión aumentaron, de forma que muchos la consideramos incluso superior a la original. Y en esta tercera, se ha conseguido el más difícil todavía, con un peliculón que difícilmente podremos olvidar.

La sesión comienza con el clásico corto made in Pixar, que en esta ocasión juega maravillosamente con el 3D confrontando el día con la noche (seguro que más de uno ha sonreído al recordar la última película de Tom Cruise). Desafortunadamente (por poner algún "pero" a esta producción) las tres dimensiones apenas si se notan en el resto del metraje, de forma que parecen una mera excusa para que el espectador pague dos euros de más.

Entrando ya de lleno en el cierre de esta maravillosa trilogía, en el primer tramo, al igual que en Toy Story 2, vemos una fascinante aventura inicial a modo de prólogo, que demuestra que la imaginación de un niño es muy superior a cualquier video-juego, por potente y moderno que éste sea. Después llega el relato propiamente dicho, en el que observaremos una clara evolución de todos los personajes hacia la madurez: el niño Andy ya es un universitario y recordará con nostalgia y ternura su infancia; algo parecido sucederá con todos los juguetes, cada vez mejor definidos, capaces de aceptar su destino de una manera encomiable, propia de seres maravillosos y eternos.

La parte central de la trama es un inteligente homenaje a La gran evasión de John Sturges. Los protagonistas deberán escapar de una guardería que parece una prisión de guerra, para lo cual necesitarán elaborar un plan que presenta ciertas reminiscencias con la película en cuestión. Hay más guiños cinematográficos (Indiana Jones y Star Wars parecen ser los favoritos de los responsables de esta saga) con los que el cinéfilo irá disfrutando a lo largo de toda la película.

Quizá os parezca exagerado, pero creo que Toy Story 3 es un cierre tan redondo, tan magistral de esta trilogía, que me parece la mejor película de las tres. Esa evolución antes comentada la podemos ver en todo el conjunto: la parte tipo buddy-movie entre Buzz y Woody, las cada vez más elaboradas secuencias de acción con las que todo el mundo vibrará, emociones de gran calado que tienen su paralelismo con la vida real, tan conseguidas que lograrán hacerte un nudo en la garganta...

Será una película de animación, pero esto, señoras y señores, es cine en estado puro. Una película tan didáctica (sin torpes e impropias moralinas) como divertida y emocionante, una auténtica referencia para niños y adultos que, sin lugar a dudas, completa la mejor trilogía jamás vista en el entrañable mundo de los dibujos animados.

Pixar ha puesto el listón tan alto que en la próxima ceremonia de los Oscar debería competir como una película más y no solamente en los apartados técnico y de animación. La lección que John Lasseter en las primeras dos películas y Lee Unkrich en esta tercera han dado al cada vez más dañado mundo de Hollywood, debería obtener su recompensa.

Toy Story 2


Valoración: Muy buena

El padrino II, Aliens, Terminator 2, Indiana Jones en el templo maldito, Shrek 2, El imperio contraataca... ¿Qué tienen en común estás películas con Toy Story 2? Todas ellas destrozan el mito de "segundas partes nunca fueron buenas".

Parecía claro que, tras el exitazo de Toy Story, habría secuela. Ésta llegó cuatro años después y, posiblemente, logró algo muy complicado: superar a la original. Como la presentación de los personajes ya se había llevado a cabo en la primera parte, John Lasseter, que repitió como director en esta secuela, tuvo la oportunidad de profundizar más tanto en sus particularidades como en una nueva historia.

Lo primero que se agradece es que no haya sensación del tipo "ya visto". El relato es nuevo: ya no hay envidia entre los juguetes, sino amistad. Y en virtud de ella, nuestros entrañables personajes vivirán una serie de peripecias y peligros, que deberán sortear utilizando todo su ingenio.

El trepidante inicio recuerda a los comienzos de las películas de Indiana Jones o 007: una aventura dentro de otra aventura. Y la cosa no decae, ya que el guión nos depara todo tipo de sorpresas, desde divertidos homenajes a Star Wars, Godzilla o Parque Jurásico hasta el enfrentamiento a diferentes enemigos, tanto de carne y hueso como propios juguetes, pasando por todo tipo de secuencias de acción de excepcional factura técnica, demostrando lo que había avanzado la tecnología en los cuatro años que separaron las dos primeras películas de la saga (veremos qué inventan ahora, once años después y en 3D).

Nuevamente el relato depara momentos para la reflexión, como amor, amistad, valentía, nostalgia, miedo... El mérito estriba en que el libreto los ofrece con tal habilidad, que calarán entre público de todas las edades, lo cual no es tarea sencilla.

En resumen, John Lasseter consiguió continuar en la línea de lo ofrecido en la primera Toy Story: divertir y, a la vez, hacer pensar sobre cosas importantes a todo aquel que la vio, demostrando que con el esfuerzo adecuado, una secuela puede contar con tanta calidad o más que su predecesora. Por mi parte, merece un aplauso.

Un último apunte por si alguien todavía no la ha visto o simplemente ya no se acuerda: no paréis vuestro reproductor de DVD en cuanto salgan los títulos de crédito porque, como si de una película de Jackie Chan se tratara, se ofrecen varias escenas del tipo "tomas falsas" absolutamente desternillantes.

Toy Story


Valoración: Notable

En 1995 Pixar revolucionó el mundo de la animación con el primer largometraje de dibujos animados confeccionado por completo por ordenador. Hacía ya diez años desde que este instrumento se utilizara por primera vez; fue en la producción de Spielberg, El secreto de la Pirámide. ¿Por qué nombro esta película? Por dos cuestiones: ser la primera referencia existente del uso del ordenador y contar con John Lasseter en el apartado de efectos visuales.

Lasseter aportó toda su experiencia adquirida desde que en 1979 llevó a cabo su primer corto (Lady and de Lamp) en Toy Story, una maravillosa cinta de animación con un logro que superaría al apartado técnico: un guión capaz de entusiasmar a público de todas las edades, máxima que Pixar ha seguido hasta la fecha.

Para ello hace falta un guión de calidad, uno que sepa profundizar en los personajes a la vez que cuente una historia interesante. Todo ello se cumple. Con un guión escrito, entre otros, por el propio Lasseter y Joss Whedon (Buffy la Cazavampiros, Serenity), Toy Story nos sumerge en un relato en que los juguetes infantiles cobran vida propia cuando los humanos no están mirando (argumento explotado previamente en películas clásicas). Cada uno de los juguetes representa un personaje entrañable, que tiene su símil en la vida real, entre los que destacaremos a los dos protagonistas: Woody, un vaquero con pose de tipo duro y resuelto que, en el fondo, padece un gran miedo al rechazo y Buzz Lightyear, un héroe fanfarrón muy seguro de sí mismo, que ve su mundo hundido cuando toma conciencia de lo que es en realidad.

La película tiene varios momentos dignos de mención: desde las misiones de los soldaditos comandadas por Woody para saber qué está haciendo Andy (el niño que juega con todos ellos) hasta una frenética persecución por la ciudad, pasando por momentos de terror muy bien conseguidos (referentes al malvado niño que vive en la casa de enfrente) y situaciones cómicas tan frescas como inteligentes.

Con un ritmo narrativo muy ágil, Lasseter nos ofrece situaciones de amistad, perdón, valentía, miedo y celos, que tendrían cabida en una película sólo para adultos, hábilmente tratadas para que los más peques también puedan comprenderlas, todo ello huyendo sabiamente del moralismo barato de Hollywood que tantas veces hemos denostado. Particularmente creo que ésta es la verdadera grandeza del film, por encima incluso de su impresionante factura visual.

Desde aquel momento Pixar se convirtió en referente mundial, compitiendo ferozmente con Dreamworks, lo que devino en un goce para el espectador, dada la gran cantidad de películas de dibujos animados de alta calidad creadas desde entonces.

miércoles, 21 de julio de 2010

Presencias extrañas


Valoración: Pasable

En 2003, Ji-woon Kim estrenó Dos hermanas, película coreana con récord de taquilla hasta la fecha, la cual me pareció, personalmente, un calco del resto del cine de terror oriental que nos lleva invadiendo los últimos veinte años. Seis años más tarde, los hermanos Guard debutaron en la dirección cinematográfica con Presencias extrañas, versión norteamericana del film coreano mencionado y que, sorpresivamente, consigue entretener e incluso sorprender, aunque no causar miedo (tampoco nos vamos a pasar de exigentes, ¿verdad?) a aquellos que hemos visto antes el remake que la original.

El argumento trata de una niña que regresa a su casa tras haber permanecido ingresada varios meses en un psiquiátrico, tras la accidental muerte de su madre. Una vez de vuelta, encontrará a su padre liado con la que fue enfermera de su difunta madre y a una hermana cada vez más rebelde, con la que investigará el pasado de la nueva novia de papá, con el sano fin de separarlos. La trama se complicará cuando la protagonista comience a ver espíritus que traen un terrible mensaje.

No os engañaré, no se trata de una maravilla del cine de terror ni nada por el estilo, pero tras ver la cantidad de desastres ocasionados a este género últimamente, creo que está ligeramente por encima de la media. Aunque he de reconocer que utiliza muchos tópicos, además de un argumento que no es, precisamente, original, con la típica historieta de fantasmas que claman venganza... ¿O no?

Ahí radica lo mejor de la película: en el giro que los acontecimientos sufren al final, de forma que nada de lo visto era lo que parecía. Y, ¿qué queréis que os diga? Con lo previsibles que se están volviendo los relatos en el cine, se agradece cualquier capacidad de sorpresa.

El reparto está formado por rostros conocidos, aunque ninguno de ellos es una gran estrella: Emily Browning (Una serie de catastróficas desdichas de Lemony Snicket) como la niña que sale del hospital, Arielle Kebbel (Be Cool, Reeker) en el papel de su hermana, la atractiva Elizabeth Banks (Spider-Man 1 y 2, Seabiscuit) muy propia en su rol de mujer fatal y David Strathairn (L.A. Confidential, Buenas noches y buena suerte) haciendo de un padre que, desgraciadamente, no se entera de nada.

A modo de resumen, decir que Presencias Extrañas es un thriller a caballo entre lo sobrenatural y lo psicológico, interpretado aceptablemente, que utiliza elementos de cuento clásico como la malvada madrastra, abusa demasiado de la música estridente y los efectismos para tratar de generar terror (como he dicho al principio, no lo consigue), abusa de elementos altamente reconocibles en el género (por ejemplo la casa aislada en la costa, localización donde se desarrolla casi toda la película) y basa casi por completo su aprobado en su final a lo Shyamalan, el cual puede tacharse de tramposo, pero que a un servidor ha dejado más satisfecho que contrariado.

martes, 20 de julio de 2010

Noche y día


Valoración: Buena

Cuando veo películas como ésta, me encanta hacer alusiones a los hermanos Lumière, inventores del cine. ¿Por qué? Porque lo idearon como vehículo de entretenimiento. Y digo yo que nadie mejor que sus creadores para definirlo. Sin embargo, en cuanto una película se limita a eso, a entretener sin ninguna otra pretensión, aparecen los críticos de turno (esos señores a quienes les pagan un salario por ir al cine y que jamás han creado nada) y la ponen de vuelta y media. Lo siento por ellos, ya que Noche y día es una película para pasarlo bien durante un buen rato, olvidando las penalidades del día, algo importantísimo en los tiempos que corren.

El realizador de largometrajes de tan alta calidad como El tren de las 3:10, En la cuerda floja o Identidad, James Mangold, dirige esta parodia de espías que si bien no llega a la altura de la sublime Mentiras arriesgadas de James Cameron, divierte a raudales. Es lógico que nos acordemos del film protagonizado por Schwarzenegger, ya que presenta rasgos similares: gran contenido de secuencias de acción, todas ellas rodadas con precisión y excelente factura visual, además de un sentido del humor fresco e ingenioso que provoca enormes carcajadas entre el respetable.

Además de su carácter desenfadado (nunca se toma en serio a sí misma), la altura técnica en las mencionadas secuencias de acción y su dinámico ritmo narrativo, hay que destacar a sus dos protagonistas sin los cuales, posiblemente, el film no habría funcionado tan bien. Por un lado tenemos a Tom Cruise en una versión rocambolesca de su Ethan Hunt de Misión Imposible: un espía capaz de salir de cualquier lío, con un estilo similar al de Sr. y Sra. Smith, que nunca pierde la sonrisa, la amabilidad y el buen rollo, algo que contrasta poderosamente con su facilidad para asesinar indivíduos por doquier. Por otro está Cameron Díaz, explotando hábilmente sus dos mejores virtudes, la explosiva y la cómica, en un rol de persona de a pie que se ve inmersa en extraordinarios acontecimientos que pondrán en grave peligro su vida, recordando de alguna manera las peripecias vividas por Cary Grant en Con la muerte en los talones de Hitchcock.

Ya que mencionamos al maestro Hitchcock, el desarrollo de la trama es un claro Mcguffin (término acuñado por el celebérrimo director, proveniente del Music-hall, que consiste en el desarrollo de una historia que carece de importancia con respecto al asunto principal) compuesto por la evolución romántica de los dos personajes principales, situación que termina imponiéndose a la trama central de espionaje. Como además la química entre Cruise y Díaz es perfecta, el resultado final es francamente satisfactorio.

Del resto del elenco destacar a Peter Sarsgaard (Jarhead, La huérfana), Jordi Mollá (La buena estrella, Son de mar) y los televisivos Marc Blucas (Buffy la cazavampiros) y Maggie Grace (Perdidos).En resumidas cuentas, tenemos acción en abundancia y bien confeccionada (aunque hay que reconocer que tampoco marcará ningún hito en el mundo de los efectos especiales), situaciones cómicas bastante solventes, historia de amor diferente de ciertas pasteladas insoportables y, para variar, otra metedura de pata sobre España en una película de Tom Cruise (ver spoiler). Una película tan olvidable por su condición de film menor de Mangold, como recomendable por la cantidad de risas que es capaz de generar. Vosotros mismos.

ATENCIÓN PELIGRO: SPOILER - Lo que viene a continuación revela partes de la trama. Es preferible no leer si no se ha visto la película.

En el tramo final la acción viaja a España. Por si hubiera alguna duda, aparece un enorme cartel que dice "Sevilla, Spain". Y como uno es nacido en Pamplona, lo primero que le llama la atención es la música de una charanga que toca la célebre "a Pamplona hemos de ir, con una media, con una media...". Incluso en los diálogos se menciona que es la festividad de San Fermín, lo que se celebró con algarabía en la sala de cine (como habréis podido imaginar, la vi en un local de la capital navarra). Acto seguido se observan los célebres gigantes y cabezudos (sé de primera mano que se contrataron a los habituales de San Fermín en la vida real), los mozos ataviados con ropa blanca y pañuelico y faja rojos y, como no podía ser de otra manera, una manada de toros envueltos en mitad de una espectacular persecución de Tom Cruise en moto.

Nadie se sintió ofendido, como ocurrió en Misión Imposible II cuando confundieron los pasos de Semana Santa con las Fallas de Valencia, pero es que en Pamplona, aunque tengamos pinta de serios, en el fondo somos un tanto "cachondos". Además, teniendo en cuenta que parte del equipo de rodaje es español, seguro que alguien les avisó del error, así que supongo que lo habrán cometido "a sabiendas", como una parte más de la parodia.

De todos modos no sólo fallan los americanos. ¿Qué me decís de la traducción del título? El original es Knight and day y, que yo sepa, en inglés, cuando se pone una "K" delante de "noche" significa "caballero". Los errores de esta película, a mi entender, hay que tomárselos con humor. Si uno trata de visionarla en serio, se llevará un gran chasco.