domingo 1 de noviembre de 2009

El hombre lobo

Valoración: Buena

Si en la década de 1930 Universal Pictures sentó cátedra con sus películas sobre Drácula y el monstruo de Frankenstein, en 1941 llevaron a cabo su primera película con un monstruo no sacado de la literatura. Hablamos de El hombre lobo, el cual, a diferencia de los anteriormente nombrados, es una creación exclusiva del mundo del cine.

En 1935 ya se había estrenado una película sobre esta figura, El lobo humano, aunque el filme que sentó todas las bases sobre la mitología del hombre lobo fue esta cinta que dirigió, en 1941, George Waggner, conocido director de diferentes series televisivas.

Sin embargo, el mayor responsable de esta raza de noche fue su guionista, Curt Siodmak, un alemán de origen judío que había llegado a los Estados Unidos huyendo del nazismo. A él debemos elementos como la luna llena, las dolorosas transformaciones, las balas de plata, la leyenda del contagio, la marca de la bestia y tantas películas y novelas posteriores a su gran imaginación.

Al igual que los otros éxitos de terror de los estudios de la Universal, El hombre lobo es una película que cuida detalladamente la puesta en escena, la ambientación, la fotografía y el guión. La trama, lejos de los libretos facilones de hoy en día, encierra muchas más cosas que un ser terrible asesinando. Por ejemplo, es muy importante el drama psicológico que sufre el protagonista, una buena persona que cae en la cuenta de que se ha convertido en un asesino despiadado y brutal. Lon Chaney Jr. interpretó con mucha solvencia su atormentado rol de alguien que sufre una maldición y no sabe cómo superarla; tal es así que protagonizó cuatro películas más como hombre-lobo, adquiriendo otra maldición, aunque en esta ocasión real: la de actor encasillado.

Otros nombres destacados del reparto son Bela Lugosi (ya en el ocaso de su carrera), Claude Rains (El hombre invisible, Lawrence de Arabia) y la atractiva Evelyn Ankers (El hijo de Drácula, La venganza del hombre invisible).

Entiendo que a quienes hemos crecido con las películas de terror de los 80, los filmes de los estudios Universal Pictures de los años 30 y 40 no nos resulten aterradores. Sin embargo, hay que reconocer que cinematográficamente hablando, están a años luz de muchos subproductos de terror que hoy en día alcanzan fines de semana millonarios en concepto de ventas de entradas. Lo dice alguien al que le gusta que le hagan pasar miedo en el cine.

La momia


Valoración: Notable

Continuando con la exitosa racha de la Universal en la década de 1930, el maestro de la fotografía Karl Freund (elemento clave con la cámara para gente tan importante como Fritz Lang, Todd Browning o F.W. Murnau) dirigió La momia, una cinta de terror, aventuras y amor protagonizada por uno de los actores del momento, Boris Karloff, que repetía su rol de villano en un filme de terror, tras películas como El doctor Frankenstein o La máscara de Fu-Manchú. Su personaje de momia vuelve a ser memorable, ya que debe desempeñar un complicado papel ecléctico: por un lado está el monstruo aterrador, pleno de magnetismo, de mirada inolvidable y, por otro, el romántico incurable capaz de llevar su amor hasta las últimas consecuencias.

El filme tiene su fuerte, además de en Karloff, en la magnífica ambientación, tanto en la época de 1932, como en el flash-back insertado en mitad de la película sobre el antiguo egipcio (el cual vio reducido su metraje por la censura de la época).

La película tiene momentos que podríamos calificar de sublimes, en los que el misterio y las sombras están utilizados de manera tal, que demuestran que en el cine, muchas veces, impresiona más lo que se sugiere que lo que se enseña al detalle. Desgraciadamente en el siglo XXI, los realizadores de cine de terror infravaloran hasta límites insospechados la capacidad imaginativa del espectador, lo que influye negativamente en la calidad de las películas.

Junto a Karloff aparecen rostros conocidos de la época como David Manners, Edward Van Sloan o Zita Johann, quienes mantienen el nivel interpretativo, de forma que ayudan a conferir el sentido dramático necesario a la obra.

En resumidas cuentas, La momia es uno de los mejores homenajes que el cine ha hecho al Antiguo Egipcio y a los mitos de momias, tumbas y pirámides, que tantas veces sería imitado a posteriori. De entre todos los remakes y similares habría que destacar las dos primeras partes de La momia de Stephen Sommers, aunque hablamos de un tipo de cine completamente distinto, que busca más entretener que crear arte. Al menos logró su propósito.

Drácula


Valoración: Interesante

Los estudios Universal gozaron de un gran esplendor en los años treinta, destacando la cantidad de películas de genero de terror que produjeron. De esta época (1931) es Drácula, adaptación cinematográfica de la obra homónima de Bram Stoker, realizada por Tod Browning, director, entre otras, de La parada de los monstruos y La marca del vampiro.

Para muchos, ésta es una de las mejores versiones del mito de Drácula. Con grandes influencias del romanticismo y del expresionismo alemán, nos narra la historia de un vampiro que llega a Londres a causa de unos asuntos comerciales. Una vez allí, su sed de sangre dejará un rastro que pondrá tras su pista al inteligente doctor Van Helsing, que tratará de acabar con él (es decir, la historia que todos conocemos).

En mi opinión, el relato va perdiendo fuerza conforme avanza el metraje. La espesa y claustrofóbica atmósfera de la parte de Transilvania es deslumbrante, así como los decorados del castillo y la oscura fotografía. Una vez en Londres, el problema es que parece que uno no haya salido del país de los Balcanes, ya que todo es muy similar. Entiendo que hay que tener en cuenta la precariedad de los medios en aquellos años, pero ello no es óbice para el facilón desenlace en el tramo final, algo impensable tratándose de un ser tan poderoso y peligroso como el Conde Drácula.

En cuanto a los actores, tres destacan por encima de todos: Bela Lugosi, con una caracterización fascinante del temible vampiro (en especial sus ojos), Edward Van Sloan como el inteligente Van Helsing y Dwight Frye, quien posiblemente lleva a cabo la mejor interpretación de todo el reparto, encarnando al loco Renfield.

Mucho se ha dicho, escrito y filmado, desde entonces, sobre el mito de los vampiros en general y de Drácula en particular. Por ello, creo que para el amante del género esta cinta es de obligado visionado, simplemente para recordar una época en la que estos Nosferatu no eran inmunes ni al agua bendita ni a los crucifijos ni a los espejos. Y es que todo evoluciona en esta vida, hasta la ficción.

La novia de Frankenstein

Valoración: Notable

En 1935 James Whale llevó a cabo La novia de Frankenstein, una secuela en clave paródica de El doctor Frankenstein que para muchos, supera a la original, aunque también tiene sus detractores.

Al igual que en la primera, la película se inicia con un prólogo, sólo que en esta ocasión es la propia Mary Shelley (interpretada por Elsa Lanchester, que también hizo el papel de la monstruosa novia) quien se dispone a relatar cómo continúa la historia en el preciso momento en que terminó el filme de 1931, desde el salón de la casa del famoso poeta Lord Byron, en compañía de éste y de su marido, el también escritor Percy Shelley.

Nuevamente tenemos un relato en el que ternura, humor y horror se unen de forma muy hábil, en una historia que trata puntos importantes como la intolerancia, la discriminación, el miedo a la soledad y la amistad, en los que reconocemos una protesta del director, James Whale, que padeció en sus carnes los problemas acarreados por su condición de homosexual en la sociedad de los años treinta.

Hemos de destacar la labor tras las cámaras del mencionado Whale, con sobrios y firmes movimientos de cámara que exploran los enormes y cuidados decorados que tanto le gustaba utilizar. También fue muy importante, para la ambientación, la fascinante y oscura fotografía de John J. Mescall, así como la imponente banda sonora de Franz Waxman.

En cuanto a los actores, a Boris Karloff y Colin Clive (monstruo y doctor respectivamente) se les une un nuevo personaje, que a fin de cuentas es uno de los grandes atractivos de la película: el malvado Doctor Praetorius, interpretado de forma magistral por Ernest Thesiger.

Sea como fuere, tanto El doctor Frankenstein como La novia de Frankenstein son, por derecho propio, obras cumbres del género de terror, dos auténticas joyas que evocan el encanto de las películas filmadas en blanco y negro, despertando la nostalgia de los amantes del buen cine de terror y cargándose, de golpe y porrazo, uno de los mitos del cine, el que dice que segundas partes nunca fueron buenas.

Especial Halloween 2009


Acabamos de pasar la noche de Halloween de 2009, así que aquí, en ¿Te gusta el cine?, vamos a confeccionar un pequeño especial de cine de terror, comentando cinco grandes clásicos:

1.-El doctor Frankenstein, de 1931, dirigida por James Whale e interpretada por Boris Karloff, Colin Clive, Mae Clarke y Edward Van Sloan.

2.-La novia de Frankenstein, de 1935, dirigida por James Whale e interpretada por Boris Karloff, Colin Clive, Valerie Hobson, Ernest Thesiger y Elsa Lanchester.


3.-Drácula, de 1931, dirigida por Tod Browning e interpretada por Bela Lugosi, Helen Chandler, David Manners, Dwight Frye, Edward Van Sloan, Herbert Bunston y Frances Dade.

4.-La momia, de 1932, dirigida por Karl Freund e interpretada por Boris Karloff, Edward Van Sloan, Zita Johann, David Manners, Arthur Byron, Bramwell Fletcher y Noble Johnson.

5.-El hombre lobo, de 1941, dirigida por George Waggner e interpretada por Lon Chaney Jr., Bela Lugosi, Claude Reins, Warren William, Ralph Bellamy y Patric Knowles.


Son los inicios del cine de terror, que tantos éxitos y fracasos ha cosechado. En todos estos años, unos han sabido hacer auténtico arte con este género y otros, directamente, lo han destrozado y mancillado hasta más no poder.

Las principales estrellas en aquella época eran los archiconocidos Boris Karloff, Bela Lugosi y Lon Chaney Jr., aunque otros como Edward Van Sloan tenían roles relevantes en este tipo de películas.

He de reconocer que las he disfrutado. Espero que vosotros también lo hagáis al rememorar, con los comentarios de los siguientes posts, aquellos maravillosos años del cine en blanco y negro.

El doctor Frankenstein

Valoración: Buena

En 1931, James Whale (para conocer algo de su vida recomiendo el visionado de Dioses y monstruos) llevó por primera vez a la gran pantalla la archiconocida novela de Mary Shelley El doctor Frankenstein.

Llevar al cine una obra tan importante como la novela en cuestión es complicado, sobre todo a principios de los años treinta, época en la que las películas duraban poco más de una hora y los medios eran limitadísimos (aunque, a tenor de las barbaridades cometidas hoy en día a cuenta de los efectos especiales, no sé qué es mejor).

Pero esta película no debe juzgarse a partir del libro, sería un error. Considerada una de las obras cumbres del género, narra la obsesión de un científico por crear vida, con el fin de emular a Dios (hecho que, por cierto, acarreó las protestas de numerosos sectores religiosos de la época, así como su prohibición países como Suecia, Italia o la antigua Checoslovaquia).

Tras un prólogo inicial de Edward Van Sloan advirtiendo de la historia de terror que nos van a contar (por cierto, prólogo añadido a posteriori para acallar las protestas comentadas en el párrafo anterior) nos sumiremos en un relato sobre la vida y la muerte, el poder de dar la vida y sus consecuencias, el problema de la ignorancia en el mundo real y lo terrible que puede resultar una población encolerizada.

A destacar, además de la magnífica atmósfera conseguida, las interpretaciones de Boris Karloff como el monstruo, convirtiéndose en todo un icono del género y Colin Clive como el doctor Frankenstein, con momentos absolutamente sublimes, alternando locura y raciocinio en función de lo que pedía su personaje.

sábado 31 de octubre de 2009

Destino final 4


Valoración: Pasable

David R. Lewis retoma la dirección de la saga Destino final en la cuarta película de la serie, algo que, de entrada, me producía mucho más miedo que cualquiera de las tres entregas anteriores. La razón es que ya llevó a cabo la segunda parte, con un resultado bastante malo, lo que hizo que el director original, James Wong, dirigiese la tercera para tratar de reflotar la franquicia, cosa que, por cierto, consiguió.

Afortunadamente Lewis (realizador de la penosa Serpientes en el avión) no mete demasiado la pata y culmina un filme que, si bien nunca aterra, logra que el espectador pase unos noventa minutos de lo más entretenido, a pesar de emplear la misma fórmula de siempre: gracias a una premonición, un joven evita que varias personas mueran en un trágico accidente; la muerte no quedará conforme e irá persiguiéndolos uno a uno, para que vayan cayendo en el mismo orden en el que deberían haber fallecido la primera vez.

¿Dónde radica entonces el entretenimiento? En el 3D. Una trama de este tipo es muy proclive a la utilización de las tres dimensiones y hay que reconocer que la gran mayoría del público (al menos los que llenábamos anoche la sala de cine) disfrutamos del uso de esta tecnología como si estuviéramos en un gran parque de atracciones. Las rocambolescas muertes urdidas por el destino en su afán por cumplirse, son un medio excepcional para que uno crea que está dentro de una adrenalítica atracción, de forma que nos divertimos mucho, sí, pero no gracias al cine, sino a sensaciones nuevas.

Ellis nunca llega a la habilidad demostrada por James Wong en las películas anteriores, pero la cosa funciona ya que todos estamos más atentos a ver con qué nos sorprenden los efectos en tres dimensiones, que a la película en sí. Supongo que cuando estemos más habituados, volveremos a demandar más inteligencia en los guiones.

Destino final me recuerda mucho a Saw. Ambas partieron de una original idea, desarrollada en un buen guión. Obtuvieron gran éxito y la calidad dejó paso a las ansias de forrarse los bolsillos, repitiendo una y otra vez las mismas premisas. Así, lo que inicialmente aportó frescura y originalidad al género, terminó convirtiéndose en algo repetitivo y previsible, de forma que el espectador descubría nuevas y maquiavélicas maneras de matar a los protagonistas, aunque siempre con las mismas historias. ¿Se pasará Saw al 3D? Tiempo al tiempo.