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jueves, 26 de agosto de 2010

Paycheck


Valoración: Interesante

En 2003, John Woo se encargó de adaptar para la gran pantalla la enésima novela de Philip K. Dick, un trepidante thriller de acción, con base en la ciencia ficción, que tuvo como resultado final la calificación de bastante entretenido.

No soy precisamente un admirador de John Woo. La mayoría de sus producciones me parecen aburridas, a pesar de que es un realizador integrado en el género de la acción. Pero es que tanto abuso de cámara lenta termina por ponerme nervioso. Pues aquí no: Woo decide dar vivacidad al relato y se olvida de ese recurso tan característico suyo (aunque no de su sempiterna paloma, que tiene sus pequeños cinco segundos de protagonismo).

La trama tiene un desarrollo frenético en su primera parte, para pasar a un exceso de secuencias de acción en su parte final. Visualmente lograda, tiene ese puntito de adrenalina suficiente como para enganchar al espectador hasta el final, lo que unido a la adecuada duración del metraje, la convierte en un buen entretenimiento.

Ben Affleck (El indomable Will Hunting, Armageddon) es el protagonista. Aunque tampoco es santo de mi devoción, se puede decir que aquí sale airoso del trance. Del resto del elenco destacaremos la frescura en la interpretación de Uma Thurman (Pulp Fiction, Kill Bill), el punto cómico proporcionado por el gran Paul Giamatti (Entre copas, Cinderella Man), Aaron Eckhart (El caballero oscuro, La Dalia Negra) cómo no, de villano de la función, Joe Morton (Terminator 2) y Colm Feore (El intercambio) aportando el toque de veteranía y, por último, la presencia de un jovencísimo Dexter (Michael C. Hall) por aquel entonces no tan conocido como ahora.

Y nada más, una típica película de acción con dosis de humor y aventuras, dentro del universo Philip K. Dick, con un par de homenajes a Cara a cara (del propio John Woo) con la que cualquiera puede pasar un buen rato, que no es poco.

viernes, 11 de septiembre de 2009

Gamer

Valoración: Mala

En 1987, Paul Michael Glasser (más conocido como Starsky) dirigió una magnífica cinta de ciencia ficción titulada Perseguido, protagonizada por el héroe más importante en la historia de este género: don Arnold Schwarzenegger. Hablamos de un film que, además de resultar trepidante por sus magníficas secuencias de acción y su ritmo frenético, contenía una importante carga social contra el poder de la televisión y el aumento de la violencia en la misma.

Hoy, año 2009, los dos osados directores de Crank, Mark Neveldine y Brian Taylor, han decidido copiar, de una manera un tanto descarada, aquella joya de la que hemos hablado en el primer párrafo, con un resultado notablemente inferior.

Gamer es un ejemplo de lo que se puede esperar hoy en día de cierto tipo de cine, que trata de hallar el éxito fácil, gastando lo menos posible en montar una buena historia. Por un lado se plagia (llamémoslo por su nombre) una película de culto, aunque nadie nombra la palabra "remake", por si acaso. Después se eligen una serie de actores de moda por las grandes series televisivas de la actualidad (ya comenté en una crítica anterior que la década dorada de la televisión está coincidiendo trágicamente con una importante decadencia en el séptimo arte) para que el público olvide que el guión cuenta muy poco, mientras comenta "¡Ahí va, si es Dexter!" o "¡Anda, mira, la tía de The closer!" o incluso "¿ese no es Peter Petrelli de Héroes?" Y así, entre comentario y comentario, van pasando los minutos sin que uno repare en el maltrato del guión a los tres mencionados intérpretes, Michael C. Hall, Kyra Sedgwick y Milo Ventimiglia respectivamente.

Al menos hemos de agradecer la elección del protagonista, un duro Gerard Butler (300) que sabe dotar a su personaje del dramatismo adecuado (tal y como está redactado el libreto, aquí no cabían las divertidas gracias de Schwarzenegger en el 87) así como la buena interpretación de Amber Valletta (Transporter 2), posiblemente lo mejor del film en este apartado.

Pero hablábamos de los recursos fáciles del cine actual. Nos queda el intento facilón de atraer al público juvenil (el gancho aquí son los video-juegos) y, por último, los giros rocambolescos de cámara a los que se suman un sinfín de ruidosas explosiones, elementos estos indispensables para el montón de saboteadores del género de la acción que desgraciadamente sigue haciendo películas.

A pesar de toda la estopa que he repartido a la película, he de reconocer que nada más salir del cine pensé que me había resultado entretenida. El daño supone escribir acerca de un filme insustancial unos días después de haberlo visto, tras haber tenido tiempo para reflexionar. Y mis pensamientos no pueden ser más alarmantes: un fan de John McTiernan (Jungla de cristal), Richard Donner (Arma letal) y James Cameron (Terminator 1 y 2) como yo, ¿cómo narices puede, después de ver semejante mediocridad, salir del cine y decir que se ha entretenido?

Muy sencillo: las expectativas que tenemos ante cualquier película de acción han llegado a límites tan bajos, que ya nos conformamos simplemente con no vomitar durante sus visionados.