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jueves, 29 de diciembre de 2011

Crítica de "Perros de paja" (Rod Lurie) con James Marsden y Kate Bosworth

Valoración: Pasable

Nueva adaptación de la novela de Gordon Williams que dio origen al polémico filme de Sam Peckinpah, dirigida por Rod Lurie y protagonizada por James Marsden, Kate Bosworth, James Woods y Alexander Skarsgård.

Podéis leer la crítica pinchando aquí

 Hace unos años, viendo una noticia en la televisión, mis entonces compañeros de piso y yo nos partíamos literalmente de risa al escuchar que los guionistas de Hollywood se declaraban en huelga (de hecho las únicas huelgas de este tipo que me he tomado en serio han sido la de actores de doblaje y la de los guionistas de 24).

Tras las risas, alguien comentó: "¿pero no llevan ya años en huelga?". Años después, viendo que los remakes siguen inundando Hollywood, pienso que la huelga continúa. ¿De verdad hacía falta otra versión del libro The Siege of Trencher's Farm, de Gordon M. Williams, máxime cuando ya existe una gran película al respecto?
  
Para empezar, el filme que acaba de estrenar Rod Lurie (algunos se acordarán del "rollazo" Candidata al poder o de la correcta La última fortaleza) no es otra adaptación del libro, sino un remake de la película original. Cualquiera que haya leído la novela sabrá que únicamente hay violencia. La parte del sexo la introdujo Peckinpah, de tal manera que convirtió su filme de 1971 en una película transgresora, incorrecta, relevante... En pocas palabras: inolvidable.
  
¿Por qué el remake? Porque no hay ideas. Para paliar esta falta de imaginación (para mí que la mayoría de escritores con talento trabajan en televisión, pero bueno, eso ya es otra cuestión a analizar) existen varias fórmulas. Una es el remake, bien de una película, bien de una producción televisiva, como la infame No tengas miedo a la oscuridad (sí, también me la he tragado y hablaré sobre ella en unos días).

Otra es adaptar algún libro de éxito, como ha sucedido estos últimos años con Crepúsculo y Harry Potter. También está de moda que algún director europeo desconocido haga una película de acción que no sea de acción (otra "joyita", Drive, la cual analizaré entre hoy y mañana).

La pregunta es: ¿por qué no se limitan a hacer su trabajo? Es decir, idear una historia con una trama interesante, personajes definidos, actores que hayan trabajado sus papeles... No sé, hacer cine, que para eso pagamos una entrada.

Una buena película puede gustar aunque el tema tratado, en principio, no sea de interés propio. Me sucedió el año pasado con La red social. No soy ningún loco del facebook. Lo utilizo para ciertas cosas, pero no me paso el día contando en internet si me he lavado los dientes, si he salido a dar una vuelta, si me he echado la siesta... Así que, en principio, el filme en cuestión no despertaba en mí ninguna curiosidad. Entonces, ¿por qué fui a verla? ¿Por qué cuando salí del cine dije que para mí había sido la mejor película del año? Y eso que estaba Origen (ya sabéis cuánto me gusta la buena ciencia ficción).

La respuesta es simple: David Fincher en la dirección, Aaron Sorkin en el guión. Es decir, juntamos a un director y un guionista con talento para dar y tomar, les damos medios para hacer una película y ¡Voilá! No es tan difícil.

A todo esto, ¿de qué estábamos hablando? Ah, sí, de Perros de paja, ¿veis como es una película olvidable? Bien, ¿recomendable o no? La primera vez que la vi pensé que no, que quien sienta curiosidad puede esperar a verla de alquiler o en la tele. Sin embargo, con el final de año que llevo (Immortals, Drive, No tengas miedo a la oscuridad...) la verdad es que no queda tan mal.

Pero claro, si habéis visto la original de Sam Peckinpah, la cosa cambia, porque Dustin Hoffman no es un X-Men (James Marsden), Kate Bosworth está tan buena como Susan George pero una es actriz (George) y la otra no y, como colofón final, si la de 1971 fue tan polémica que llegó a recibir censura (en la secuencia de la violación), la de ahora es políticamente correcta hasta el extremo. Así que, vosotros mismos.

sábado, 29 de mayo de 2010

Legión


Valoración: Muy mala

¿Conocéis una serie de televisión titulada Sobrenatural? Versa sobre dos hermanos que, moviéndose al margen de la ley, hacen frente al mal en todos sus estados. En la cuarta temporada comienzan a aparecer ángeles y se disputa una guerra entre éstos y un grupo de demonios, con los Winchester (los hermanos en cuestión) en el centro del meollo. Pues bien: cualquier capítulo de la citada temporada es muchísimo mejor que este bodrio lamentable llamado Legión, ópera prima de Scott Stewart, responsable de los efectos visuales de películas tan espectaculares como La jungla 4.0, Iron Man o la mítica Blade Runner. Curiosamente este film descuida bastante el apartado técnico, con una puesta en escena similar a la serie B y secuencias de acción con tantos planos por segundo, que aburren y marean más que otra cosa.

Legión es una película que no hay por donde cogerla (no me extraña que haya tardado más de la cuenta en emitirse en nuestro país). De entrada el argumento es, más o menos, el siguiente: Dios está harto de la humanidad y envía a una legión de ángeles para borrar al hombre de la faz de la tierra. Y digo más o menos porque ángeles, como tales, sólo envía a uno: el grandote Kevin Durand que últimamente aparece como secundario en todos los sitios (Perdidos, El tren de las 3:10, Lobezno, Robin Hood...).

El guión es una colección de clichés mal montados. Para empezar, todo recuerda de un modo sospechoso a otra serie de televisión titulada Ángeles y Demonios (nada que ver con el sobrevalorado Dan Brown). Después tenemos un inicio a lo Acorralado (hasta hay diálogos haciendo referencia a Rambo, por si no nos enterásemos debido al sopor que destila todo el relato). Parte del desarrollo parece una mala adaptación de Terminator, ciertos efectos son semejantes a La momia, algunos intentos de golpe de humor son tristes parodias de Terroríficamente muertos, aparecen personas poseídas gateando como en El exorcista y parte del final evoca, de alguna manera, a Aliens, aunque no precisamente a la maestría de su director, James Cameron.

Unimos la total ausencia de ritmo, los bochornosamente poco inteligentes diálogos, la torpe y poco conseguida mezcla de géneros (acción, terror, western y apocalipsis) y el poco interés que desprende la repetitiva historia de un grupo heterogéneo de personas encerradas, tratando de sobrevivir (el 90% del metraje se desarrolla en una gasolinera en medio del desierto) y obtenemos el peor guión de 2010 hasta la fecha.

Pero si el libreto es horrible, el elenco de actores se mueve por los mismos derroteros. Por un lado tenemos a dos "distinguidos" miembros del club de la rigidez facial: Lucas Black (A todo gas 3, Locos en Alabama) y Tyrese Gibson (A todo gas 2, Death Race); por otro lado Dennis Quaid (El chip prodigioso, Un domingo cualquiera) encarna el prototipo de veterano venido a menos, desgraciadamente de moda en Hollywood, con capacidad únicamente para poner cara de mala uva. Y, desde luego, no podían faltar un par de atractivas jóvenes sin talento, como Adrianne Palicki (curiosamente apareció en cuatro episodios de Sobrenatural) y Willa Holland (O.C., Gossip girl) mucho más pendientes de lucir poses que de interpretar.

Pero ninguno es comparable al protagonista, un Paul Bettany cuya imagen, armado hasta los dientes, resulta patética. De hecho, con su currículum (Destino de caballero, El misterio de Wells, Wimbledon, Firewall, El código Da Vinci...) habría que poner una señal de alarma sobre su nombre, como aviso de peligro cada vez que aparezca en el reparto de una película.

Aunque hay que reconocer que al menos hay una actriz que se salva, en una más que honrosa interpretación de una mujer adinerada, cuyo personaje tiene una transición de inicial pija protestona a madre preocupada y aterrorizada. Hablamos de Kate Walsh, más conocida por los fanáticos de Anatomía de Grey o Sin cita previa como la doctora Addison Montgomery.

Así pues ni acción, ni entretenimiento, ni método, ni calidad, ni miedo, ni interés ni nada de nada, sólo un brutal aburrimiento que no llega a desesperar al no exceder los cien minutos. El que avisa no es traidor.