sábado, 21 de noviembre de 2009

Crepúsculo


Valoración: Floja

Adaptación cinematográfica de la exitosa novela literaria de Sthephenie Meyer, que más bien parece una absurda y tonta adaptación al cine de la serie Roswell, sólo que con dos diferencias: vampiros en lugar de extraterrestres y una calidad muy inferior, sobre todo en lo que concierne a su guión. Los protagonistas parecen sacados de la serie: él, inexpresivo total y ella, enamoradiza en exceso, obviando los peligros de una relación abocada al fracaso. Los paralelismos de la trama principal entre esta película y la mencionada serie televisiva son tales que asustan mucho más que estos vampirillos de pega.

No he leído la novela, pero sólo por la posibilidad de que sus párrafos sean tan absurdamente tópicos como los diálogos de los protagonistas, declinaré el placer de su lectura a menos, claro está, que alguien me informe de lo contrario. Todos los clichés de la adolescencia norteamericana están servidos, desde el baile del instituto hasta la popularidad.

Luego está el mundo vampírico que nos ofrece Catherine Hardwicke (productora de otros bodrios como, por ejemplo, Vanilla Sky) que resulta más bucólico que aterrador, nada que ver con aquella impresionante e imponente visión sobre el mundo de los no-muertos que ofreció en su día Anne Rice. Queda claro, con un rápido vistazo, que estos seres no son humanos (vamos, que no hace falta ser Buffy la cazavampiros para darse cuenta) sin embargo a todo el mundo, excepto a un grupo de indios (y volvemos con las referencias a Roswell) les parecen unos tipos de lo más normales. De hecho, son los más admirados del instituto.

La película no ofrece nada digno. Como film de vampiros fracasa estrepitosamente y como película de adolescentes, es de una ñoñería tal, que no entiendo como ha podido alcanzar un grandísimo éxito en taquilla en los Estados Unidos. El caso es que el argumento se limita a abrir puertas para las posibles continuaciones, nada más.

Si queréis ver una trama original sobre vampiros en la actualidad, intentad haceros con una nueva serie titulada True Blood; a buen seguro quedaréis mucho más satisfechos que con este mediocre y soporífero Crepúsculo.

Celda 211


Valoración: Muy buena

Por fin lo ha conseguido. Tras las mediocres El corazón del guerrero, El robo más grande jamás contado y La caja Kovak, Daniel Monzón ha sorprendido a propios y extraños escribiendo y dirigiendo Celda 211, un desgarrador relato carcelario que seguramente se convertirá en la mejor película española del año.

Como he dicho tantas y tantas veces, una buena película no debe cimentarse en una pléyade de efectos especiales, sino en un guión de calidad y a fe que este es bueno. Monzón narra con sobriedad esta adaptación de la novela homónima de Francisco Pérez Gandul, en la que un accidente causa que un funcionario de prisiones (el debutante Alberto Ammann) quede encerrado en una cárcel, mientras se produce un motín.

Este punto de partida ofrece un montón de posibilidades que Monzón exprime a las mil maravillas, desarrollando una historia de personajes de esas que tanto gustan al maestro Clint Eastwood. Conforme el libreto profundiza en los distintos caracteres, iremos disfrutando con una historia realista y brutal, en la que conviven muerte, dolor, traición, desesperación y crueldad.

Hablar de Celda 211 es hacerlo de su protagonista, un imponente Luis Tosar que da vida a uno de esos personajes que, si estuviéramos en Hollywood, no dudéis que sería candidato al Oscar en todas las apuestas. Tosar interpreta magistralmente a Malamadre, un peligroso preso, un auténtico criminal, un ser malvado de los de verdad... Pero no todo en él es malo, ya que muy en el fondo posee aquello que se denomina "honor entre rufianes", o lo que es lo mismo: aunque puede llegar a ser una auténtica bestia, todavía le queda algo de humanidad.

Los grandes actores son los que saben lucirse con roles de villano y Tosar, que es el alma de este filme, no es el único. En una trama que trasciende lo puramente carcelario porque va a más, Antonio Resines demuestra que es muchísimo más que un actor de comedia al encarnar a un policía sin escrúpulos por el que todo el mundo siente temor. De hecho el duelo entre Tosar y Resines es digno de verse.

Poco más puedo decir sobre esta espléndida historia, directa y visceral como pocas. Puesta en escena impecable, atmósfera asfixiante, tensión que va in crescendo... En definitiva, una película que recuerda a antaño, cuando el antiguo cine negro ofrecía grandes filmes cuyos protagonistas, sabedores de que su papel en la vida era el de perdedores, obraban en consecuencia.

The box


Valoración: Floja

El director de Donnie Darko, Richard Kelly, realiza y escribe The box, una película de ciencia ficción basada en el relato corto de Richard Matheson Botón, botón, el cual ya fue llevado a la pequeña pantalla como capítulo de la serie En los límites de la realidad.

Estamos ante una película que vive, en exceso, de su impacto inicial: un extraño desconocido realiza una desconcertante oferta a un matrimonio, que consiste en recibir un millón de dólares si aprietan el botón de una misteriosa caja. Eso sí, llevar a cabo dicha acción provocará la muerte de alguien a quien no conocen.

A partir de ahí, el guión ofrece una mezcla de géneros de la que uno no termina de sacar nada en limpio: ciencia ficción, intriga, terror, sobrenatural, drama moral... Da la impresión de que Kelly, conforme avanzaba en la escritura del libreto, iba quedándose sin ideas, de tal manera que el tramo final es bastante decepcionante. No digo que un filme deba darlo todo mascadito, como sucedió en Vanilla Sky (aquel torpe remake hollywoodiense de la magnífica Abre los ojos de Amenábar) pero esto es distinto: como a Kelly le faltó imaginación para idear una explicación satisfactoria, simplemente no la dio. Considero este acto un insulto para el público, ya que llega un momento en que lo único que te engancha a la trama es querer saber cómo se desentrañará el misterio.

En cuanto al elenco, Cameron Diaz cumple, James Marsden (X-Men) puede llegar a causar risa (nadie se cree que este pelele pueda optar a ser astronauta) y Frank Langella (Frost contra Nixon) posiblemente sea el mejor parado, dado que su papel sólo requiere de ciertas cualidades físicas además de mantener un rostro impertérrito, para desempeñar el rol de figura enigmática.

Así pues, lo mejor de una película que tenía una premisa inicial de lo más atrayente se queda en la puesta en escena, tanto en la buena recreación de 1976 (fecha en que se contextualiza la acción) como en la lograda atmósfera de tensión durante varios momentos del metraje. Por lo tanto, no puedo por menos que concluir que The box pertenece a ese género de películas que cuentan con una buena idea, pero que fracasan al no saber aprovechar ni desarrollar todas sus posibilidades.

2012


Valoración: Mala

Habitualmente el término encasillado se utiliza, en el mundo del cine, para hacer referencia a algún actor que siempre repite el mismo papel. Sin embargo, podría emplearse para calificar a más empleados de esta industria como productores, guionistas y, desde luego, directores.

Es el caso de Roland Emmerich (El día de mañana, Independence day) que de un tiempo a esta parte sólo sabe realizar películas de catástrofes, con el problema de que apenas vemos innovación alguna: el mundo se va al garete ya sea por una invasión extraterrestre, el efecto invernadero o una profecía maya. Mientras todo se desmorona con grandilocuencia de efectos especiales, un previsible, sentimentaloide y facilón guión nos ofrece pequeñas historias de supuesto interés humano sobre ciertas personas que tratan de escapar al desastre, aderezado todo con discursitos patrióticos más o menos exacerbados, que terminan por provocar vergüenza ajena.

Como he dicho, el fuerte de la película está en su factura técnica. No soy, precisamente, alguien que aborrezca las fantasmadas. Simplemente con que sepáis que me apasiona la saga James Bond supongo que queda demostrado. Lo que quiero decir es que no me llevo las manos a la cabeza cuando un autobús salta un hueco de veinte metros en una autopista, como en Speed. Sin embargo, creo que debe trazarse una línea entre lo que puede considerarse como una licencia para dotar de mayor espectacularidad a una secuencia y lo absurdo. Me refiero a que lo mejor de 2012 es, casi con toda seguridad, el momento en que John Cusack recorre a gran velocidad la ciudad de Los Angeles en una limusina mientras todo se derrumba a su alrededor. Y claro, como últimamente todos se pegan por demostrar que son los mejores del mundo con los efectos especiales, la ruptura con la realidad llega a tal extremo que resulta casi paródico.

A todo lo dicho hay que añadir una serie de clichés, sobre todo uno que últimamente está muy manido: que un padre deba convertirse en un superhéroe para que su hijo vuelva a quererlo. Además tenemos un sentimentalismo que peca de empalagoso, un libreto caótico repleto de fallos, menciones sin gracia ni respeto alguno a Obama, Schwarzenegger y la difunta princesa de Gales... Vamos, toda una joyita.

domingo, 1 de noviembre de 2009

El hombre lobo

Valoración: Buena

Si en la década de 1930 Universal Pictures sentó cátedra con sus películas sobre Drácula y el monstruo de Frankenstein, en 1941 llevaron a cabo su primera película con un monstruo no sacado de la literatura. Hablamos de El hombre lobo, el cual, a diferencia de los anteriormente nombrados, es una creación exclusiva del mundo del cine.

En 1935 ya se había estrenado una película sobre esta figura, El lobo humano, aunque el filme que sentó todas las bases sobre la mitología del hombre lobo fue esta cinta que dirigió, en 1941, George Waggner, conocido director de diferentes series televisivas.

Sin embargo, el mayor responsable de esta raza de noche fue su guionista, Curt Siodmak, un alemán de origen judío que había llegado a los Estados Unidos huyendo del nazismo. A él debemos elementos como la luna llena, las dolorosas transformaciones, las balas de plata, la leyenda del contagio, la marca de la bestia y tantas películas y novelas posteriores a su gran imaginación.

Al igual que los otros éxitos de terror de los estudios de la Universal, El hombre lobo es una película que cuida detalladamente la puesta en escena, la ambientación, la fotografía y el guión. La trama, lejos de los libretos facilones de hoy en día, encierra muchas más cosas que un ser terrible asesinando. Por ejemplo, es muy importante el drama psicológico que sufre el protagonista, una buena persona que cae en la cuenta de que se ha convertido en un asesino despiadado y brutal. Lon Chaney Jr. interpretó con mucha solvencia su atormentado rol de alguien que sufre una maldición y no sabe cómo superarla; tal es así que protagonizó cuatro películas más como hombre-lobo, adquiriendo otra maldición, aunque en esta ocasión real: la de actor encasillado.

Otros nombres destacados del reparto son Bela Lugosi (ya en el ocaso de su carrera), Claude Rains (El hombre invisible, Lawrence de Arabia) y la atractiva Evelyn Ankers (El hijo de Drácula, La venganza del hombre invisible).

Entiendo que a quienes hemos crecido con las películas de terror de los 80, los filmes de los estudios Universal Pictures de los años 30 y 40 no nos resulten aterradores. Sin embargo, hay que reconocer que cinematográficamente hablando, están a años luz de muchos subproductos de terror que hoy en día alcanzan fines de semana millonarios en concepto de ventas de entradas. Lo dice alguien al que le gusta que le hagan pasar miedo en el cine.

La momia


Valoración: Notable

Continuando con la exitosa racha de la Universal en la década de 1930, el maestro de la fotografía Karl Freund (elemento clave con la cámara para gente tan importante como Fritz Lang, Todd Browning o F.W. Murnau) dirigió La momia, una cinta de terror, aventuras y amor protagonizada por uno de los actores del momento, Boris Karloff, que repetía su rol de villano en un filme de terror, tras películas como El doctor Frankenstein o La máscara de Fu-Manchú. Su personaje de momia vuelve a ser memorable, ya que debe desempeñar un complicado papel ecléctico: por un lado está el monstruo aterrador, pleno de magnetismo, de mirada inolvidable y, por otro, el romántico incurable capaz de llevar su amor hasta las últimas consecuencias.

El filme tiene su fuerte, además de en Karloff, en la magnífica ambientación, tanto en la época de 1932, como en el flash-back insertado en mitad de la película sobre el antiguo egipcio (el cual vio reducido su metraje por la censura de la época).

La película tiene momentos que podríamos calificar de sublimes, en los que el misterio y las sombras están utilizados de manera tal, que demuestran que en el cine, muchas veces, impresiona más lo que se sugiere que lo que se enseña al detalle. Desgraciadamente en el siglo XXI, los realizadores de cine de terror infravaloran hasta límites insospechados la capacidad imaginativa del espectador, lo que influye negativamente en la calidad de las películas.

Junto a Karloff aparecen rostros conocidos de la época como David Manners, Edward Van Sloan o Zita Johann, quienes mantienen el nivel interpretativo, de forma que ayudan a conferir el sentido dramático necesario a la obra.

En resumidas cuentas, La momia es uno de los mejores homenajes que el cine ha hecho al Antiguo Egipcio y a los mitos de momias, tumbas y pirámides, que tantas veces sería imitado a posteriori. De entre todos los remakes y similares habría que destacar las dos primeras partes de La momia de Stephen Sommers, aunque hablamos de un tipo de cine completamente distinto, que busca más entretener que crear arte. Al menos logró su propósito.

Drácula


Valoración: Interesante

Los estudios Universal gozaron de un gran esplendor en los años treinta, destacando la cantidad de películas de genero de terror que produjeron. De esta época (1931) es Drácula, adaptación cinematográfica de la obra homónima de Bram Stoker, realizada por Tod Browning, director, entre otras, de La parada de los monstruos y La marca del vampiro.

Para muchos, ésta es una de las mejores versiones del mito de Drácula. Con grandes influencias del romanticismo y del expresionismo alemán, nos narra la historia de un vampiro que llega a Londres a causa de unos asuntos comerciales. Una vez allí, su sed de sangre dejará un rastro que pondrá tras su pista al inteligente doctor Van Helsing, que tratará de acabar con él (es decir, la historia que todos conocemos).

En mi opinión, el relato va perdiendo fuerza conforme avanza el metraje. La espesa y claustrofóbica atmósfera de la parte de Transilvania es deslumbrante, así como los decorados del castillo y la oscura fotografía. Una vez en Londres, el problema es que parece que uno no haya salido del país de los Balcanes, ya que todo es muy similar. Entiendo que hay que tener en cuenta la precariedad de los medios en aquellos años, pero ello no es óbice para el facilón desenlace en el tramo final, algo impensable tratándose de un ser tan poderoso y peligroso como el Conde Drácula.

En cuanto a los actores, tres destacan por encima de todos: Bela Lugosi, con una caracterización fascinante del temible vampiro (en especial sus ojos), Edward Van Sloan como el inteligente Van Helsing y Dwight Frye, quien posiblemente lleva a cabo la mejor interpretación de todo el reparto, encarnando al loco Renfield.

Mucho se ha dicho, escrito y filmado, desde entonces, sobre el mito de los vampiros en general y de Drácula en particular. Por ello, creo que para el amante del género esta cinta es de obligado visionado, simplemente para recordar una época en la que estos Nosferatu no eran inmunes ni al agua bendita ni a los crucifijos ni a los espejos. Y es que todo evoluciona en esta vida, hasta la ficción.