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lunes, 18 de octubre de 2010

Saw


Valoración: Notable

En 2004, James Wan consiguió revolucionar el género del terror con Saw, un inquietante y asfixiante thriller psicológico, englobado en el subgénero de los slashers.

En muchas ocasiones he denunciado el maltrato que sufren las películas de miedo. Directores con muy poco talento tratan de obtener beneficio con un producto que todavía vende, por malo que éste sea. Parece que el público adolescente se contenta con ver muertes, litros de sangre y sustos facilones, calcando todos los elementos inherentes a este tipo de películas. Sin embargo Wan creó una maravilla, demostrando que, por muchas películas de psicópatas que se hayan llevado a cabo, todavía se puede ser original.

En Saw no veremos a una cuadrilla de chavales de fiesta en un instituto o un cámping, que son descuartizados uno a uno. Tampoco se trata de una película en la que un psicópata va matando y los policías son los caracteres principales. Wan toma el punto de vista de las víctimas, dos hombres que aparecen en un sótano abandonado encadenados y sin tener ni idea de lo que pasa. Poco a poco van haciendo memoria y descubriendo pistas, hasta caer en la cuenta de que son los elementos principales de un juego macabro y mortal.

Una de las cosas que hizo famosa a Saw fue la imaginación del asesino. Cada muerte es diferente de la anterior, muy complicada, impensable, pero con una pequeña esperanza para la posible víctima, ya que siempre hay una minúscula ocasión para escapar, la cual, todo sea dicho, exige un importante sacrificio. Aquí se define el carácter del malvado villano, un ser monstruoso capaz de otorgar una última oportunidad a personas que, según él, están desperdiciando sus vidas.

Además de ello, considero un acierto que el guión no transcurra por completo en el sótano mencionado, ya que así se agiliza la trama (recordad lo pesada que se hizo Buried, por ejemplo). Así también el reparto es mayor, lo que Wan utiliza sabiamente para jugar con el espectador, que se preguntará durante todo el metraje quién de ellos es el asesino.

Saw es, por méritos propios (y deméritos del resto de "autores" del género) una de las mejores películas de miedo realizada en la primera década de 2000. Aunque contiene elementos gore y secuencias que pueden dañar la sensibilidad, no se centra únicamente en eso (como películas tipo Hostel) sino que genera una buena trama de intriga, contiene sorpresas y consigue, sobre todo, alcanzar una atmósfera opresiva y claustrofóbica imponente, que llega a provocar miedo y angustia en el espectador. Imprescindible.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Depredador 2


Valoración: Regular

Tras el exitazo que supuso Depredador de John McTiernan, la secuela no se hizo esperar. Tres años después, Stephen Hopkins (Los demonios de la noche, Perdidos en el espacio) ofreció una nueva historia con carácter futurista, en un contexto apocalíptico y excesivamente pesimista.

La acción se sitúa en Los Angeles, ciudad que se ha convertido en un campo de batalla entre los clanes de la droga y la policía. En medio de todo este embrollo, nuestro cazador extraterrestre favorito se va de safari, intentando aumentar su sala de trofeos.

El primer reto era cómo superar la falta de suspense. El espectador ya conoce al monstruo y de qué es capaz. Si evocamos la saga Alien, James Cameron solventó un problema similar con Aliens: el regreso, generando tensión con brillantes secuencias de acción. Hopkins, sin embargo, plantea la película desde un prisma erróneo, ya que vuelve a lo visto en la primera parte: unos personajes que buscan a un misterioso asesino y que no comprenden la situación hasta bien avanzado el metraje, lo cual resulta indefectiblemente aburrido para el espectador, que sí está informado de todo.

Y en cuanto a la mencionada acción, el despropósito de tiros y persecuciones sin orden ni concierto con el que Hopkins nos castiga, queda todavía más en evidencia al tener como referencia la excelente factura visual de McTiernan en Depredador y Cameron en Aliens.

Es curioso que el libreto fuera escrito por los responsables del film original (Jim y John Thomas) ya que el desarrollo de la historia no tiene nada que ver: Ni intriga, ni suspense, ni miedo, ni clímax final (de hecho el último tramo es tan excesivamente largo como ridículo). Así pues, la historia narrada es un simple pretexto para volver a poner en liza al exterminador alienígena y volver a llenar las salas de cine (negocio fácil y rápido).

Se trata de dar otro sello al relato con la incursión de elementos de vudú y la rivalidad entre la policía de la ciudad y los federales, pero el resultado es bastante mediocre. Y eso que el elenco de actores con el que contaban es importante: Danny Glover (Arma letal, Silverado), Gary Busey (Le llaman Bodhi, Alerta máxima), Rubén Blades (El color de la noche, La caja china), María Conchita Alonso (Perseguido, La casa de los espíritus), Bill Paxton (Aliens, Twister), Adam Baldwin (La chaqueta metálica, Independence Day), Robert Davi (La jungla de cristal, Los goonies)…

El film sobrevive gracias al recuerdo que poseemos del original, algo a lo que ayuda el uso de la misma banda sonora de Silvestri, pero realmente es un producto muy inferior, tanto que el mismísimo Schwarzenegger declinó su participación cuando tuvo acceso al guión. No me extraña.

sábado, 21 de noviembre de 2009

2012


Valoración: Mala

Habitualmente el término encasillado se utiliza, en el mundo del cine, para hacer referencia a algún actor que siempre repite el mismo papel. Sin embargo, podría emplearse para calificar a más empleados de esta industria como productores, guionistas y, desde luego, directores.

Es el caso de Roland Emmerich (El día de mañana, Independence day) que de un tiempo a esta parte sólo sabe realizar películas de catástrofes, con el problema de que apenas vemos innovación alguna: el mundo se va al garete ya sea por una invasión extraterrestre, el efecto invernadero o una profecía maya. Mientras todo se desmorona con grandilocuencia de efectos especiales, un previsible, sentimentaloide y facilón guión nos ofrece pequeñas historias de supuesto interés humano sobre ciertas personas que tratan de escapar al desastre, aderezado todo con discursitos patrióticos más o menos exacerbados, que terminan por provocar vergüenza ajena.

Como he dicho, el fuerte de la película está en su factura técnica. No soy, precisamente, alguien que aborrezca las fantasmadas. Simplemente con que sepáis que me apasiona la saga James Bond supongo que queda demostrado. Lo que quiero decir es que no me llevo las manos a la cabeza cuando un autobús salta un hueco de veinte metros en una autopista, como en Speed. Sin embargo, creo que debe trazarse una línea entre lo que puede considerarse como una licencia para dotar de mayor espectacularidad a una secuencia y lo absurdo. Me refiero a que lo mejor de 2012 es, casi con toda seguridad, el momento en que John Cusack recorre a gran velocidad la ciudad de Los Angeles en una limusina mientras todo se derrumba a su alrededor. Y claro, como últimamente todos se pegan por demostrar que son los mejores del mundo con los efectos especiales, la ruptura con la realidad llega a tal extremo que resulta casi paródico.

A todo lo dicho hay que añadir una serie de clichés, sobre todo uno que últimamente está muy manido: que un padre deba convertirse en un superhéroe para que su hijo vuelva a quererlo. Además tenemos un sentimentalismo que peca de empalagoso, un libreto caótico repleto de fallos, menciones sin gracia ni respeto alguno a Obama, Schwarzenegger y la difunta princesa de Gales... Vamos, toda una joyita.