
Valoración: 
Adaptación cinematográfica de la exitosa novela literaria de Sthephenie Meyer, que más bien parece una absurda y tonta adaptación al cine de la serie Roswell, sólo que con dos diferencias: vampiros en lugar de extraterrestres y una calidad muy inferior, sobre todo en lo que concierne a su guión. Los protagonistas parecen sacados de la serie: él, inexpresivo total y ella, enamoradiza en exceso, obviando los peligros de una relación abocada al fracaso. Los paralelismos de la trama principal entre esta película y la mencionada serie televisiva son tales que asustan mucho más que estos vampirillos de pega.
No he leído la novela, pero sólo por la posibilidad de que sus párrafos sean tan absurdamente tópicos como los diálogos de los protagonistas, declinaré el placer de su lectura a menos, claro está, que alguien me informe de lo contrario. Todos los clichés de la adolescencia norteamericana están servidos, desde el baile del instituto hasta la popularidad.
Luego está el mundo vampírico que nos ofrece Catherine Hardwicke (productora de otros bodrios como, por ejemplo, Vanilla Sky) que resulta más bucólico que aterrador, nada que ver con aquella impresionante e imponente visión sobre el mundo de los no-muertos que ofreció en su día Anne Rice. Queda claro, con un rápido vistazo, que estos seres no son humanos (vamos, que no hace falta ser Buffy la cazavampiros para darse cuenta) sin embargo a todo el mundo, excepto a un grupo de indios (y volvemos con las referencias a Roswell) les parecen unos tipos de lo más normales. De hecho, son los más admirados del instituto.
La película no ofrece nada digno. Como film de vampiros fracasa estrepitosamente y como película de adolescentes, es de una ñoñería tal, que no entiendo como ha podido alcanzar un grandísimo éxito en taquilla en los Estados Unidos. El caso es que el argumento se limita a abrir puertas para las posibles continuaciones, nada más.
Si queréis ver una trama original sobre vampiros en la actualidad, intentad haceros con una nueva serie titulada True Blood; a buen seguro quedaréis mucho más satisfechos que con este mediocre y soporífero Crepúsculo.
No he leído la novela, pero sólo por la posibilidad de que sus párrafos sean tan absurdamente tópicos como los diálogos de los protagonistas, declinaré el placer de su lectura a menos, claro está, que alguien me informe de lo contrario. Todos los clichés de la adolescencia norteamericana están servidos, desde el baile del instituto hasta la popularidad.
Luego está el mundo vampírico que nos ofrece Catherine Hardwicke (productora de otros bodrios como, por ejemplo, Vanilla Sky) que resulta más bucólico que aterrador, nada que ver con aquella impresionante e imponente visión sobre el mundo de los no-muertos que ofreció en su día Anne Rice. Queda claro, con un rápido vistazo, que estos seres no son humanos (vamos, que no hace falta ser Buffy la cazavampiros para darse cuenta) sin embargo a todo el mundo, excepto a un grupo de indios (y volvemos con las referencias a Roswell) les parecen unos tipos de lo más normales. De hecho, son los más admirados del instituto.
La película no ofrece nada digno. Como film de vampiros fracasa estrepitosamente y como película de adolescentes, es de una ñoñería tal, que no entiendo como ha podido alcanzar un grandísimo éxito en taquilla en los Estados Unidos. El caso es que el argumento se limita a abrir puertas para las posibles continuaciones, nada más.
Si queréis ver una trama original sobre vampiros en la actualidad, intentad haceros con una nueva serie titulada True Blood; a buen seguro quedaréis mucho más satisfechos que con este mediocre y soporífero Crepúsculo.





