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jueves, 14 de octubre de 2010

300


Valoración: Notable

Tras El amanecer de los muertos, Zack Snyder dejó a un lado el cine de terror para deleitarnos, en 2007, con la espectacular 300, un impactante espectáculo audiovisual el cual, con toda seguridad, no habrá dejado indiferente a nadie que lo haya visto.

La película está basada en la novela gráfica homónima de Frank Miller, sobre la batalla de las Termópilas. Es habitual que en este tipo de adaptaciones cinematográficas haya lío, sobre todo con los puristas. Sin embargo no creo que éste sea el caso, ya que estamos ante un guión bastante completo, que no trata únicamente la contienda en sí, sino que va más allá, mostrando el valor y el coraje de un pueblo, que prefiere morir libre a vivir en sumisión. Asimismo hay varias líneas argumentales, como las dedicadas a las intrigas políticas, lo que le da juego para contraponer sentimientos como la lealtad frente a la traición en distintos frentes.

Pero, evidentemente, lo más destacable del film son sus increíbles efectos visuales, hasta el punto de que marcaron una época. Podemos apreciar su magnitud, por ejemplo, en los combates, muy violentos y salvajes, pero tratados tan hábilmente que también podrían calificarse como bellos. Tal es así que Snyder utiliza el recurso de la cámara lenta en ciertos momentos, para que el espectador no pierda detalle.

En esta línea también hay que hacer referencia a la gama cromática, combinando fuertes tonos ocre con suaves grises, simbolizando distintos momentos de la historia.

El elenco de actores escogido no era, en aquel momento, el más famoso del mundo, ya que los protagonistas venían de intervenir en films tan poco recomendables como La sonrisa de Mona Lisa, Rumores que matan o Time Line, en las que aparecieron Dominic West, Lena Headey y Gerard Butler respectivamente. A pesar de ello, sus interpretaciones resultaron impecables, en especial la de Butler, cuya encarnación de Leónidas lo catapultó al estrellato.

Así pues Zack Snyder logró completar un magnífico y sofisticado entretenimiento, con ciertas dosis de humor en forma de sutiles y ácidos comentarios emitidos por el personaje principal y muchísima acción, cuidada ésta al detalle tanto en coreografías como en efectos técnicos. En pocas palabras, toda una maravilla.

jueves, 20 de agosto de 2009

Enemigos públicos


Ante la avalancha de películas mediocres, como viene siendo habitual en los últimos veranos, esperaba con gran interés lo último de Michael Mann, pensando que el realizador de filmes tan magníficos como El dilema o Heat nos sacaría de este hastío estival. Lo que menos podía imaginar es que la principal carencia de este relato estuviera precisamente ahí, en el poco interés que suscita, ya que Mann nos ofrece una historia muy plana, con personajes sin profundidad y un guión de lo más convencional.

Mann ha decidido obviar el argumento en detrimento de la creación de belleza formal. Así las cosas, la película puede presumir de ambientación, calidad visual, vestuarios, decorados y puesta en escena en general, demostrando que en ese sentido es un experto. Pero por mucha habilidad que Mann demuestre en las facetas técnicas, la película, salgo algún que otro chispazo brillante, es soberanamente aburrida y eso no hay quien lo salve.

El elenco con el que Mann ha contado para esta producción es de altura, pero ni el gran Johnny Depp, ni el solvente Christian Bale ni la oscarizada Marion Cotillard pueden hacer gran cosa, por culpa del maltrato del guión hacia sus caracteres. La película podría haber sido de lo más entretenida si Michael Mann lo hubiera narrado como un western clásico, es decir, un popular atracador de bancos buscado por un famoso sheriff como trama principal y no como mera excusa de fondo para llevar a cabo la filmación. Ahí sí habrían brillado Depp y Bale. Pero observar cómo en plena recesión de los años 30, un gángster que roba y mata para pegarse la gran vida es aclamado por el populacho, no me termina de convencer como argumento válido para semejante producción.

martes, 30 de diciembre de 2008

Australia

Valoración: Floja

Siete años llevaba Baz Luhrmann sin dirigir una película, desde "Moulin Rouge" y, francamente, después de esta decepcionante "Australia", no habría pasado nada si hubiera estado otros siete años más de vacaciones.

Al leer las sinopsis, uno comprueba que la película es drama, romance, aventuras, bélica... Demasiado, ¿no? Y así le ha ido: el drama es un rotundo fracaso, pues no es entendible el poco efecto que produce en los protagonistas las muertes de un marido y una madre, por no hablar de la desaprovechada trama que podría haber supuesto un mejor enfoque del racismo padecido por los aborígenes; el romance, que es el supuesto plato fuerte del film, depende en exclusiva del grado de fama del que gozan los principales caracteres, ya que el guión aborda este asunto de una forma excesivamente facilona; ¿aventuras? Desde luego, quien pretenda que esto sean aventuras es que no conoce a Indiana Jones ni nada que se le parezca; por útimo, en el apartado bélico simplemente se da un tosco y mal filmado bombardeo en la parte final de la película.

Así pues, ¿cómo calificamos este film? Muy sencillo: un querer y no poder. Muchas eran las pretensiones de Luhrman, pero no ha logrado profundizar en ninguna de ellas. Ni siquiera se salva la fotografía, la cual no ha sido explotada todo lo que un film de estas características exigiría.

Con un guión monótono y extra largo (casi tres horas de metraje), interpretaciones que si bien no son malas tampoco logran calar hondo en el espectador, un absurdo toque sobrenatural en forma de magia (impropio de un film que trata de ser histórico y realista) y una previsibilidad que arruina cualquier posibilidad de suspense, "Australia" pone el broche adecuado a un 2008 que, en líneas generales, ha experimentado un gran bajón en la calidad de sus películas.

Esperemos que en 2009 el panorama cambie.