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martes, 21 de septiembre de 2010

La trampa


Valoración: Buena

En 1999 Jon Amiel (Copycat, Sommersby) dirigió esta entretenidísima película de ladrones, que tuvo como escenario de buena parte del metraje las imponentes Torres Petronas de Kuala Lumpur.

El guión de Ronald Bass (La boda de mi mejor amigo) nos sumerge en un relato protagonizado por dos astutos ladrones, perfectamente encarnados por un formidable y carismático Sean Connery y una sensual, atractiva y voluptuosa Catherine Zeta-Jones. Ambos actores funcionan muy bien en pantalla, de forma que, conforme va avanzando la aventura, lograrán enganchar al espectador en todo momento.

Como suele ser inherente a este tipo de films, existen varios giros inesperados en la trama, ritmo ágil en la narración y ciertos momentos de acción más o menos bien conseguidos, lo que unido a las buenas interpretaciones de todo el elenco de actores, deviene finalmente en una amena película, que si bien no llega a ser referencia del género de ladrones, sí que resulta bastante agradable de ver.

martes, 24 de agosto de 2010

21 Black Jack


Valoración: Floja

Robert Luketic, director de películas tan tontas como La madre del novio o Una rubia muy legal, continúa en su línea de mediocridad con 21 Black Jack, un film menor que adapta al cine la novela de Ben Mezrich, supuestamente basada en hechos reales.

El guión es bastante malo. Puede que sus responsables (encima son dos) crean que la inteligencia del público cinéfilo está por debajo de la media, porque hacía tiempo que no me topaba con tal cantidad de frases manidas, situaciones cliché y tan poca originalidad en una misma cinta. De lo que no tengo ninguna duda, es de que ninguno de los dos ha visto films de cartas tan insignes como El rey del juego o Rounders, porque jugar a las cartas no puede ser tan aburrido, porque añadir moralina cuando hablamos de un juego de azar resulta absurdo y porque tratar de dar un toque de gracia en los últimos minutos con un final sorpresa, que no sorprende, resume el querer y no poder de este pobre libreto.

Luego está el descalabro cometido con el elenco. Kevin Spacey (destilando clase cada vez que aparece en pantalla) y Laurence Fishburne ven minimizada su presencia en favor de una serie de actores jóvenes y sin talento, que aportan poco o nada a sus personajes con sus vacías interpretaciones. Así, uno piensa en lo que pudo haber sido y no fue, si el guión hubiera sabido aprovechar a estos dos colosos en lugar de centrarse, únicamente, en intentar que el público juvenil abarrote las salas.

Del apartado técnico mejor ni hablar. Indiscutiblemente Luketic no es un virtuoso de la cámara. Los repetitivos planos van en consonancia con la falta de ritmo en la narración, aspectos estos fundamentales para concluir si una película es buena o mala y 21, suspende categóricamente en ambos.

En definitiva, un film olvidable del que sólo podemos rescatar la sonrisa de Kate Bosworth (tan guapa como mala actriz), la media hora inicial, algún que otro momento brillante del siempre genial Kevin Spacey y poquito más, por lo que la recomendación de un servidor es la siguiente: no la veáis.

martes, 8 de septiembre de 2009

Pelham 123 (2009)

Valoración: Interesante

Todos conocéis la admiración que profeso a Tony Scott como director, por lo tanto no podía perderme este remake de la película homónima que en 1974 dirigió Joseph Sargent. A pesar de ello, soy consciente de que esta versión no aguanta comparación alguna con la original, aunque sí debo señalar que resulta de un entretenimiento más que digno, lo cual, viendo la poca calidad del cine de acción en los últimos tiempos, es bastante agradable (de hecho ha funcionado bien en taquilla, que es de lo que se trata).

La tensión y el suspense con el que en su día nos deleitaron Sargent y compañía, deja paso, como viene siendo habitual, a los efectos técnicos. Scott vuelve a mostrar su poderío visual proveniente del ruidoso mundo del video-clip, algo que domina a las mil maravillas ya que su ritmo frenético de imágenes puede, por sí mismo, generar esa ansiada tensión de la que adolecen hoy en día este tipo de relatos. Sin embargo, ¿por qué reducir el guión a un mero vehículo para el lucimiento visual del realizador? ¿Por qué profundizar únicamente en los dos personajes principales? ¿Por qué no dotar de más inteligencia a la trama? ¿Por qué modificar el magnífico final de 1974? Son cuestiones que, aplicadas a los remakes de los últimos años, deberían intentar responder muchos directores de hoy en día.

Centrándonos en el elenco, Denzel Washington destaca sobre el resto por dos motivos: es mejor actor y tiene un personaje del que puede sacar algo. Otros como James Gandolfini (Los soprano) o John Turturro (Transformers, Ejecutivo agresivo) no tienen tanta suerte con el trato del guión hacia sus personajes. Queda John Travolta, que durante un rato está bastante bien (un villano con un pequeño misterio oculto que le motiva a llevar a cabo el secuestro) pero que termina por caer en la sobreactuación y en el exceso de tacos. No es lo mismo el uso de las palabras malsonantes que Tony Scott llevó a cabo en El último boy scout, donde Bruce Willis las empleaba en abundancia pero en el momento adecuado, que la cantidad de insultos sin orden ni concierto que profiere una y otra vez Travolta, hasta el punto de que llegan a perder el sentido, terminando por aburrir.

Me doy cuenta de que, con lo que he escrito, no parezco dejar claro si la película me ha gustado o no. Posiblemente en los noventa la habría calificado de subproducto, ya que fue una magnífica época para el cine de acción. Lo que pasa es que actualmente, los amantes de este género debemos conformarnos con filmes pasables que, por lo menos, logren entretenernos. Me gusta Tony Scott, pero no tanto como para ocultar el declive de un tipo de cine, que otrora lograra maravillarme.

Pelham uno, dos, tres (1974)

Valoración: Buena

El televisivo Joseph Sargent, dirigió en 1974 este magnífico thriller, encasillado en el subgénero policíaco de los secuestros, basado en la novela de John Godey.

Lo mejor de la película, sin duda, es el sobrio guión de Peter Stone (no en vano ha sido responsable de libretos de alta calidad como el de Charada), que alcanza situaciones de alta tensión gracias a la forma en que está narrado, sin necesidad de efectos especiales de gran magnitud, algo que en la actualidad parece imposible. Dichas secuencias van enlazadas con buenos momentos cómicos entre los diferentes personajes, todos perfectamente definidos, quienes aportan gran calidad al relato.

Dentro del elenco elegido para este proyecto, destacan sobremanera Walter Matthau y Robert Shaw, dos auténticos actorazos que mantienen una dura pugna, ya que uno es el policía y el otro el villano. Matthau es el hombre tranquilo, un tipo que intentará por todos los medios que la situación no se descontrole (y eso que deberá lidiar no sólo con los secuestradores, sino también con la burocracia establecida y cierta incompetencia). Por su parte, Shaw es el cerebro, un ex-oficial militar muy seguro de sí mismo, que no mostrará escrúpulo alguno a la hora de intentar llevar a cabo su elaborado plan. Como digo, el duelo entre ambos es de altura, lo que combinado con la buena intervención de varios secundarios (destacando aquellos que protagonizan ciertos contrapuntos humorísticos) consigue que el relato funcione magníficamente.

Pelham uno, dos, tres es cine de alta calidad, del que desgraciadamente es difícil encontrar en la actualidad, ya que parece que en Hollywood han olvidado que lo mejor de una película es su historia y no su grandiosidad en cuanto a efectos técnicos. A ver si Bay y compañía aprenden un poquito del cine antiguo, no estaría mal, ¿verdad?

jueves, 20 de agosto de 2009

Enemigos públicos


Ante la avalancha de películas mediocres, como viene siendo habitual en los últimos veranos, esperaba con gran interés lo último de Michael Mann, pensando que el realizador de filmes tan magníficos como El dilema o Heat nos sacaría de este hastío estival. Lo que menos podía imaginar es que la principal carencia de este relato estuviera precisamente ahí, en el poco interés que suscita, ya que Mann nos ofrece una historia muy plana, con personajes sin profundidad y un guión de lo más convencional.

Mann ha decidido obviar el argumento en detrimento de la creación de belleza formal. Así las cosas, la película puede presumir de ambientación, calidad visual, vestuarios, decorados y puesta en escena en general, demostrando que en ese sentido es un experto. Pero por mucha habilidad que Mann demuestre en las facetas técnicas, la película, salgo algún que otro chispazo brillante, es soberanamente aburrida y eso no hay quien lo salve.

El elenco con el que Mann ha contado para esta producción es de altura, pero ni el gran Johnny Depp, ni el solvente Christian Bale ni la oscarizada Marion Cotillard pueden hacer gran cosa, por culpa del maltrato del guión hacia sus caracteres. La película podría haber sido de lo más entretenida si Michael Mann lo hubiera narrado como un western clásico, es decir, un popular atracador de bancos buscado por un famoso sheriff como trama principal y no como mera excusa de fondo para llevar a cabo la filmación. Ahí sí habrían brillado Depp y Bale. Pero observar cómo en plena recesión de los años 30, un gángster que roba y mata para pegarse la gran vida es aclamado por el populacho, no me termina de convencer como argumento válido para semejante producción.

jueves, 19 de marzo de 2009

The Code

Valoración: Mala

La directora de la mediocre Deep impact vuelve a sacudirnos (esta vez sin meteorito) con una penosa, lenta y previsible historia de ladrones, cuya característica principal es una invitación a Morfeo de tal magnitud, que son necesarias altas dosis de coca-cola o similar para poder finalizar su visionado con los ojos abiertos.

Lo que uno espera de un guión centrado en un gran robo es, como mínimo, cierta intensidad en la narración. Pero parece ser que el guionista, Ted Humphrey, agotó su reserva de dicha característica tras escribir cinco capítulos de Shark, porque os puedo asegurar que The Code no se parece en nada a la entretenida serie protagonizada por James Woods.

La preparación para el enésimo atraco del siglo es prácticamente nula, de forma que se pierden más minutos de metraje en comentar las supuestamente inexpugnables medidas de seguridad de unos huevos de Fabergé (¡Oh Dios mío, qué original!) que la planificación del crimen. Eso por no hablar de la ejecución del robo, un auténtico insulto para todos los que hemos disfrutados con films como El golpe o ,más recientemente, Ocean's eleven (la primera, por supuesto). Pero no hay que aludir a "delikatessen" como estas dos grandes películas para demostrar que The Code no vale gran cosa: simplemente el robo de la declaración de derechos perpetrado en La búsqueda la supera con creces en este aspecto.

Sin embargo el guión no es calificable como desastre únicamente porque no sepa relatar un atraco ni una investigación policial en curso; lo es también por no saber aprovechar a las grandes estrellas que forman el elenco de actores: Morgan Freeman, Antonio Banderas y Radha Mitchell (El fuego de la venganza), una mujer tan bella como magnífica actriz. Además están acompañados por el veterano Robert Forster (Jackie Brown) y Rade Serbedzija (24, Surface) que vuelve a desempeñar su sempiterno rol de mafioso ruso (vamos que está más encasillado que Michael Landon).

En un intento final por hacer que el sufrido espectador se desperece, hay un par de trampas en forma de desenlace inesperado que dan vergüenza ajena, lo que me lleva a hacerme una pregunta: ¿será verdad que los guionistas estadounidenses han emigrado del cine para dedicarse todos a la industria televisiva? Comparando los guiones de 24, Dexter, El ala oeste de la Casa Blanca o Perdidos con esta clase de mediocridades, las cuales cada vez abundan más en el universo hollywoodiense, cada día estoy más convencido de que la televisión norteamericana paga mucho más a sus escritores que el cine.

Ya han pasado los Oscar y hemos disfrutado con las impresionantes realizaciones de Clint Eastwood o David Fincher. ¿Significa esto que volverá a pasar lo de 2008? ¿Tendremos un resto de "annus horribilis" cinematográficamente hablando? Me gustaría pensar que no, pero tras ver The Code, Watchmen o Push prefiero no hacerme demasiadas esperanzas.