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viernes, 18 de diciembre de 2009

Algo pasa en Hollywood


Valoración: Interesante

El realizador de películas tan insignes como El mejor, Sleepers o Rain Man, Barry Levinson, dirige esta comedia con intenciones satíricas sobre los entresijos del mundo de Hollywood, basada en las vivencias de Art Linson, productor de films como Heat o El club de la lucha.

Hablaba de las intenciones. Sí, ciertamente hay más comedia que sátira, lo que quizá decepcione a aquellos que esperaban un relato ácido y mordaz. Pero es que el guión es algo pobre, ya que sólo llega a profundizar en el papel del protagonista, un buen Robert de Niro, que parece recuperarse tras participaciones muy por debajo de sus posibilidades como El escondite o El enviado.

El argumento es un clásico: cine sobre cine, aunque queda bastante por debajo de la espléndida El crepúsculo de los dioses, posiblemente el mejor largometraje basado en dicha premisa. De ahí que su salvación provenga del magnífico reparto coral contratado, exceptuando la inexpresiva Kristen Stewart de Crepúsculo, por supuesto. Al ya mencionado de Niro se unen nombres de la talla de Sean Penn, Robin Wright Penn, Catherine Keener, John Turturro... Y dejo al mejor para el final: un divertidísimo Bruce Willis que se ríe de sí mismo en un rol autoparódico, interpretando con muchísima gracia a una estrella de cine con un ego más grande que el edificio Nakatomi Plaza, que está a punto de cargarse toda una producción simplemente porque no quiere afeitarse. Por lo visto la anécdota está basada en algún problema con Alec Baldwin surgido en el rodaje real de El desafío, película producida, curiosamente, por Art Linson.

A pesar de que el relato, indefectiblemente, deja una sensación final de lo que pudo ser y no fue, hay que reconocer que entre el dinámico montaje, el estresante ritmo narrativo y ese fenómeno llamado Bruce Willis, Algo pasa en Hollywood es una película bastante amena y entretenida, considerada film menor teniendo en cuenta el curriculum de Levinson, pero más que aceptable para pasar un buen rato.

martes, 9 de junio de 2009

Terminator Salvation

Valoración: Regular

James Cameron revolucionó el mundo de la ciencia ficción con el universo Terminator, de ahí que Terminator Salvation fuera uno de los estrenos más esperados del año. Iluso de mí, pensaba que iban a arreglar el desaguisado producido en la tercera parte de la saga... Todo lo contrario. En lugar de intentar hacer justicia al genial cineasta antes nombrado, los nuevos productores (desgraciadamente ya nada de esta serie tiene que ver con Cameron) se han limitado a exprimir al máximo la gallina de los huevos de oro, aprovechando la gran fama cosechada por Terminator 1 y 2.

Si Jonathan Mostow no tenía el suficiente caché como director para acometer un proyecto de la envergadura de Terminator 3 (como así quedó demostrado), ¿alguien puede decirme que méritos ha contraído McG para continuar la saga? Teniendo en cuenta que su mayor logro ha sido filmar la versión cinematográfica de Los Angeles de Charlie, a lo mejor lo han escogido para este proyecto por su rapero nombre. Con lo poco en serio que se lo han tomado, ¿por qué no?.

El guión daría para escribir un libro entero con la cantidad de incongruencias que aglutina, aunque resaltaré la más obvia: La historia está ambientada en un futuro alternativo en el que todavía no se han llevado a cabo los viajes en el tiempo (la edad del personaje que interpretó Michael Biehn en su día nos revela dicho dato), por lo tanto no tiene sentido que Skynet tenga tantos conocimientos acerca del protagonista y mucho menos que desperdicie tantas y tan claras oportunidades para acabar con él. Otro problema importante viene relacionado con el género. Todos sabemos que en la ciencia ficción las películas suelen tomarse sus licencias, pero en este caso se llega al absurdo de tal manera, que uno acaba indignado al pensar que Michael Ferris y John D. Brancato (escritores que ya destrozaron Terminator 3) nos toman por idiotas. Para terminar con este lastimoso libreto, no concibo cómo las mismas máquinas que en las ediciones anteriores eran auténticos exterminadores, aquí encuentran dificultad en el uno contra uno frente a humanos, por no hablar de un nuevo robot con alma, en un vano intento por imitar la profundidad que alcanzó el personaje de Schwarzenegger en Terminator 2.

Alguno preguntará: ¿en qué consiste entonces el argumento? Nada más y nada menos que en tardar 115 minutos en explicar el mundo apocalíptico que James Cameron nos relató de una manera sutil y genial en apenas cinco. Es la diferencia entre saber contar historias y no tener talento ni capacidad para ello.

En cuanto a los actores, destacar la impecable interpretación de Christian Bale, a quien tan bien se le dan los roles de tipo atormentado (lástima que no hubieran pensado en él para Anakin Skywalker en lugar del patético Hayden Christensen), la breve presencia de Michael Ironside (el carismático Ham Tyler de V) en un papel totalmente desaprovechado y, cómo no, el uso de una heroína (la poca imaginación ha llegado hasta aquí) algo que ha correspondido a la televisiva Moon Bloodgood (Day Break, Journeyman).

Si no fuera por la existencia de James Cameron, la película ganaría ya que, sin la carga que conlleva ser la continuación de dos obras maestras, diríamos sobre ella que resulta entretenida. Pero claro, sin filmes como Aliens, Abyss, Mentiras arriesgadas o los dos primeros Terminator, probablemente el cine perdería la categoría de Séptimo Arte, por lo tanto McG y todos los productores de esta peliculita, se tendrán que aguantar al no poder librarse nunca de la hegemonía de Cameron en la serie.

Así pues, ¿habrá algo bueno en Terminator 4? Pues sí, más o menos todo lo que recuerda a James Cameron, como la banda sonora (llegan a añadir un fragmento de You could be mine de Gun's & Roses), los efectos visuales (más en concreto todo lo referente a las máquinas) varias secuencias calcadas de las dos primeras partes (seguro que tienen el morro de llamar a esto homenaje en lugar de falta de imaginación) y el pequeño cameo con el que Arnold Schwarzenegger ha conseguido deleitarnos a todos. ¿El resto? Suprimible.