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domingo, 30 de mayo de 2010

Funny Games


Valoración: Muy mala

En una ocasión, Matt Zoller Seitz del New York Times dijo que un homenaje sin innovación no es homenaje, sino karaoke. Pues bien, Michael Haneke se pasa al mundo del karaoke con el remake de Funny Games, que no es más que una vulgar y descarada copia del insoportable film, del mismo título, que realizó en 1997.

El argumento es idéntico: dos psicópatas siembran el terror en un tranquilo valle residencial, donde la gente suele pasar las vacaciones jugando al golf, montando barbacoas o practicando la vela. Pero es que la casa parece la misma, los planos son iguales, la tomadura de pelo exacta... Vamos, una vergüenza.

Analizando la película como tal, para los que no conzcan la primera versión, diré que la palabra que mejor la califica es insufrible. ¿Cómo un thriller puede llegar a ser tan soporífero? Porque cuenta con irritantes secuencias que superan los diez minutos de metraje en las que no pasa absolutamente nada. Y en las que ocurre algo, Haneke directamente se limita a jugar con el espectador, tratando tramposamente de hacerle partícipe de la trama, aunque realmente su único intento es el de provocarnos, lisa y llanamente.

Para colmo de males, ni siquiera es original. Una de sus supuestas innovaciones (una secuencia con un mando a distancia, explicada en la zona spoiler) ya fue vista en La loca historia de las Galaxias. Sí, aquella película de Mel Brooks, ¡de 1987!, casi nada, diez años antes que la primera Funny Games. Y hablamos de una película en la línea de cosas como Top Secret o Agárralo como puedas. ¿Este thriller va de eso? Creo que no. También tenemos la cantidad de referencias sacadas de la La naranja mecánica. Vamos, que ni nuevo, ni novedoso, ni transgresor, ni nada de nada. Un auténtico fraude.

Sólo hay dos cosas que se salvan de la película: las interpretaciones de Naomi Watts y Tim Roth. Ella está soberbia, perfectamente integrada en el relato (no en vano es productora) demostrando grandes dotes para encarnar a víctimas de un sufrimiento brutal. Él también cumple satisfactoriamente, cosa que no pueden decir los patéticos Michael Pitt (a pesar del parecido físico y la coincidencia de apellido no es hermano de Brad Pitt) y Brady Corbet, con simplonas y cargantes actuaciones, carentes de todo rasgo de calidad.

Sinceramente, comprobar que a un director de cine le pagan dinero por insultar al público y que encima lo haga dos veces, lo veo motivo más que suficiente como para que nadie le sufrague los gastos de una película nunca jamás. Pero como la moda es afirmar que lo nuevo es bueno (una tontería como una catedral), seguramente volveremos a padecerlo.

ZONA SPOILER (no leer si no se ha visto la película):

Resumiré brevemente la secuencia del mando a distancia: uno de los villanos (Corbet) recibe un tiro en el pecho; a Michael Pitt no le gusta quedarse sin su compañero de juegos así que saca un mando a distancia, rebobina la cinta y la acción vuelve a comenzar, sólo que en esta ocasión Corbet no muere. ¿No es patético? Ya lo creo.

Pero todavía es peor analizar la situación antes de que Pitt y Corbett comiencen a torturar a Naomi Watts y Tim Roth. Vamos a ver: Tim Roth aparece como un hombre hecho y derecho, mientras que los villanos son dos críos. La pregunta es, ¿por qué Tim Roth no les parte la cara y los echa a patadas de su casa, en lugar de quedarse quieto mientras destrozan a toda su familia?

¡Qué pena das, Haneke!

lunes, 11 de mayo de 2009

Pulp Fiction

Valoración: Excelente

El irreverente Quentin Tarantino alcanzó su cima cinematográfica con esta excelente película, propia de un auténtico genio. Tarantino demostró no sólo ser un hábil realizador, impartiendo lecciones con la cámara en todos y cada uno de los muchos planos secuenciales que se dan en todo el film, sino también ser un escritor de altura, con un guión que hizo del flashback una auténtica obra de arte. La forma de alterar la secuencia cronológica del relato conectando diferentes momentos para después trasladar la acción al pasado es sublime, de forma que el espectador quedará maravillado ante las repentinas vueltas hacia atrás en el tiempo de varios de sus personajes.

Tarantino crea una original historia de cine negro con todos los elementos clásicos del género como asesinos, boxeo, drogas, mujeres fatales... Combinados todos ellos hábilmente para confeccionar una incontrolable espiral de violencia, la cual es el leit motiv de todo el film.

Pero aún no hemos llegado a lo mejor de Pulp fiction, que es la excelente y ocurrente manera de generar secuencias de un dramatismo absoluto con inteligentísimos toques de humor, hecho este que convierte al film de Tarantino en una de las mejores películas en la historia del Séptimo Arte.

Otro de los méritos del maestro Tarantino fue reunir un reparto coral con actores de primera línea, con lo que confirió mayor majestuosidad a su obra. Si bien la crítica internacional alabó el buen hacer de John Travolta, realmente son tres los personajes que más llaman la atención, con una calidad interpretativa que no dejó indiferente a nadie: Samuel L. Jackson como un despiadado gangster que tiene un momento de lucidez en su vida, Bruce Willis como un veterano boxeador que se introduce en un juego muy peligroso y Harvey Keitel, en un rol secundario, como un ocurrente empleado de limpieza que trabaja para el capo de la mafia local. La dificultad de definir a la perfección todos y cada uno de los muchos personajes que abarrotan el film, es otro mérito del guión que fue galardonado con un premio de la Academia.

Por último, tenemos esos pequeños detalles que hacen de Tarantino un ser único. No me refiero sólo a la perfecta ambientación y a la inigualable y exitosa banda sonora, sino a ciertas sorpresas a las que suele recurrir como, por ejemplo, inventar una marca propia de tabaco o hacer cavilar a todo el mundo sobre el contenido de cierto maletín, que ha llegado a generar montones de blogs en internet especulando sobre el mismo.

Así pues, una magistral película que se vio injustamente ninguneada en la edición de los Oscar de 1995, en la cual este film junto con Cadena Perpetua de Frank Darabont merecieron haberse repartido la totalidad de las estatuillas doradas, pero los necios miembros de la Academia no supieron negarse a su patriotismo ante la historia narrada por la sobrevalorada Forrest Gump. Injusticias en los Oscar ha habido siempre; afortunadamente la repercusión de Pulp fiction no dejó lugar a la duda ante su inmensa calidad.