Valoración:

Nunca he estado en contra del cine comercial, ése que muchos califican despectivamente como palomitero. En este sentido,
Jerry Bruckheimer es uno de sus máximos exponentes, ya que intenta dar al público lo que él cree que quiere: mucha acción, gran calidad y cantidad de efectos especiales, gente guapa entre el elenco, finales felices... Todo eso no me molesta, ya que creo que en el mundo del celuloide hay perfecta cabida para películas orientadas únicamente a pasar un buen rato. Sin embargo, la evolución de las películas de
Bruckheimer hacia el cine
Disney, no me convence demasiado.
¿Quién no recuerda films como
Flashdance,
American Gigolo,
Superdetective en Hollywood,
Top Gun,
La roca...? Todos con el sello
Bruckheimer o quizá sea más correcto decir el
antiguo sello
Bruckheimer. Si comparamos aquellas producciones con
El aprendiz de brujo, los chistes de
Eddie Murphy en
Superdetective en Hollywood estarían considerados como humor para adultos, lo de
Angelina Jolie y
Nicolas Cage en
60 segundos porno duro, la actitud de los villanos de
Con Air propia del género de terror, el asalto a Alcatraz en
La Roca violencia innecesaria y
Pearl Harbor, directamente, cine gore.
Como ya he dicho, hablo en términos comparativos (de otra manera habría sido muy exagerado) porque ahora toca competir con superproducciones para niños (
Harry Potter) y claro, las películas deben ser lo más amable posibles. Así que una historia protagonizada por malvados brujos que llevan encerrados mil años y cuya mayor ansia es acabar con el mundo tal y como lo conocemos, carece por completo de suspense, terror y oscuridad. Acepto que sea cine comercial y también que vaya más encaminado a la acción y al humor que al miedo, pero habría sido mucho mejor película si no hubiera sido concebida casi por completo para menores de edad.
Una vez establecidas las reglas del juego, apenas si merece la pena mencionar a director y guionistas, ya que han sido contratados para cumplir las órdenes del amo y señor
Bruckheimer. El realizador en cuestión es
Jon Turteltaub y aunque reconozco que se adivinan ciertas influencias de una de sus películas,
La búsqueda, conviene no olvidar que también aquélla era made in
Bruckheimer.
Ahora bien, resulta curioso el efecto que las películas de
Jerry Bruckheimer tienen sobre mí. Me refiero a que a pesar de que llevo un buen rato metiéndome con
El aprendiz de brujo (y eso que no he hablado ni de su previsibilidad ni de su ñoño romance ni de los sempiternos mensajitos con moralina en clave de monólogo de superación personal) me resultó altamente entretenida. Posee un ritmo de narración muy vivo, espectacular factura visual, persecuciones vertiginosas, ágiles enfrentamientos entre brujos y, por qué no reconocerlo, un desarrollo bastante simpático, con divertidos guiños hacia Star Wars, Toy Story o Indiana Jones. Excesivamente amable, sí, pero con cierto encanto y muy agradable de ver.
Algo que también ayuda es la buena disposición de los actores.
Nicolas Cage se muestra bastante efectivo (lo cual es de agradecer, pues lleva una errática carrera combinando buenas y malas interpretaciones),
Alfred Molina es un solvente villano,
Monica Belluci, aunque aparece poco, siempre es un espectáculo y sobre los intérpretes más jóvenes, a pesar de que
Jay Baruchel parece un calco de
Daniel San (igual de nervioso e inseguro) y a
Teresa Palmer el guión sólo le deja aportar su belleza, tampoco están mal.
En resumen: ni es una película de alta calidad ni será recordada como una de las grandes superproducciones de
Bruckheimer, pero me entretuvo lo suficiente como para salir satisfecho del cine lo cual, tal y como está la industria cinematográfica en estos momentos, es suficiente para mí.