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miércoles, 25 de agosto de 2010

El único (The one)


Valoración: Pasable

James Wong (Destino final) dirigió en 2001 esta película de artes marciales entroncada en el género de la ciencia ficción. De entrada, la premisa de las realidades paralelas sobre la que parte el argumento no es mala. Lo que pasa es que el guión utiliza dicha premisa para aderezar una historia de acción, en lugar de indagar más en los asuntos propiamente científicos del relato, lo que deviene en el disfrute de los seguidores de Jet Li y el descontento del resto.

El elenco elegido es importante, lo que defrauda todavía más, pues uno piensa que va a ver una superproducción y se encuentra con un film que perfectamente podría haber salido directamente a vídeo-club. Dos policías, Delroy Lindo (Las normas de la casa de la sidra) y don Jason Statham (Transporter) intentarán dar caza a Jet Li a lo largo y ancho del Multiverso (palabra con la que se designa la totalidad de universos existentes). La atractiva y sensual Carla Gugino (El beso de Judas, Snake Eyes) es la actriz principal, encarnando a diferentes personajes en función de la realidad que se muestre en pantalla y James Morrison (Buchanan en 24) es un policía de a pie que desconoce por completo la situación del momento.

La trama que une toda la película se centra en una posible destrucción de todos los mundos si el villano de la función logra llevar a cabo un macabro y obsesivo plan, el cual no desvelaré. Pero está relatado con tal simpleza, que no puedo por menos que pensar que James Wong ha perdido una importante oportunidad de producir una gran película de género, en favor de tratar de enfervorizar al público con una pelea entre dos Jet Li. Y ni siquiera ese momento podría calificarse de memorable, puesto que no es, ni de lejos, la mejor coreografía en la que haya participado nuestro protagonista.

Así pues tenemos a Jet Li repartiendo a diestro y siniestro, Jason Statham soltando sus chascarrillos habituales "made in Bruce Willis", Carla Gugino intentando calentar al personal, estética imitación a Matrix y un pobre guión basado en una buena idea, pero sin talento necesario como para desarrollarla.

Conclusión: ¡Qué pena que esta historia no cayera en manos de Spielberg!

sábado, 14 de agosto de 2010

Los mercenarios (The expendables)


Valoración: Buena

Frank Capra
, director de Qué bello es vivir, decía que las opiniones de los críticos de cine profesionales no son válidas, por ser emitidas tras ver la película de turno en un pase de prensa. Se refería a que el hecho de no conocer la reacción del público sesgaba negativa o positivamente dichas opiniones.

Viendo The expendables (título con mucha más gracia que la libre traducción que se han inventado en España) me ha venido a la cabeza este comentario de Capra, porque las personas con las que he coincidido la noche de hoy, en la sala de cine, han disfrutado de lo lindo con esta gamberrada protagonizada, escrita, dirigida y producida, por uno de los máximos exponentes del cine de acción de los ochenta y los noventa: Sylvester Stallone.

Siguiendo con la hipótesis de Capra, es imposible efectuar una crítica en serio de Los mercenarios. La razón es muy simple: Stallone ha querido homenajear al tipo de personaje duro, chulo y macarra que tantos éxitos le ha dado. Hablamos de Cobra, Rambo, John Spartan, Juez Dredd, Ray Tango... (no meto en el mismo saco a Rocky Balboa porque, aunque muy bruto, éste era un buen chico). A lo que voy es a que es un film autoparódico, confeccionado para un tipo de público en concreto: aquel que disfrutó con este tipo de personajes en películas como Acorralado, La jungla de cristal, Comando, Arma letal o Alerta Máxima, por citar algunos ejemplos. Y como eso lo sabemos de antemano, los que hemos ido a verla la hemos disfrutado de lo lindo, pues una de sus principales bazas es que ofrece lo que se espera, que no es poco.

¿Cabe entonces hablar de la pobreza en la realización, del trillado argumento o del maltrato del guión hacia algunos personajes que podrían haberse aprovechado más? Más bien no. Mejor lo dejaremos para aquellos que la hayan visto, como decía Frank Capra, sin público.

Ya en los noventa se oyó un fuerte rumor sobre las intenciones de Stallone de llevar a cabo una película con todos los forzudos de Hollywood. Si se hubiese realizado en aquella época, con Sylvester Stallone, Bruce Willis y Arnold Schwarzenegger en plena forma, a quienes se podrían haber añadido Steven Seagal y Mel Gibson, por ser otros dos macarras de armas tomar, bajo la batuta de alguien como John McTiernan, Richard Donner o James Cameron, el producto habría sido muy diferente, dado el calado de todos ellos hace veinte años.

Sin embargo en 2010 el espíritu es muy distinto, es algo crepuscular que busca despertar, entre el aficionado, la nostalgia de la que posiblemente haya sido la mejor época del cine de acción. Sólo por ver la única secuencia de la película que une a Willis, Sly y el forzudo Arnie, soltándose pullas entre ellos, merece la pena la entrada de cine. La escena en cuestión ha sido aplaudida en toda la sala y no me extraña, pues a buen seguro todos hemos evocado la era dorada de este género con la risa chulesca de Bruce Willis, la amenazante presencia de Schwarzenegger o el gesto desafiante de Stallone.

Pero hay muchas más referencias, como por ejemplo el uso de un arma que bien podría ser prima hermana de la famosa impaciente de Depredador, el reencuentro de Stallone y Dolph Lundgren, como si fuera la continuación del impactante y mítico combate entre Rocky Balboa e Ivan Drago o un argumento similar al de Comando de Arnold Schwarzenegger (llevar a cabo una misión de rescate, que servirá para acabar con un dictador en un país ficticio).

El film también sirve para dar el relevo en el género de acción, ya que Jason Statham (Transporter) es tan protagonista o más que Stallone. De hecho su personaje es el mejor tratado por el guión, ya que se luce con todo tipo de coreografías en las secuencias de lucha, además de gozar de un sinfín de comentarios tan duros como socarrones, haciendo las delicias del respetable. Para mí es una incógnita que todo un maestro de las artes marciales como Jet Li haya quedado relegado al rol de mero secundario, pero Stallone sabrá. ¿Qué otros tipos duros acompañan a los ya mencionados? Un malvado Eric Roberts (El tren del infierno, Campeón de campeones), Randy Couture (Cinturón rojo), Steve Austin (El clan de los rompehuesos), Gary Daniels (Tekken), Terry Crews (Gamer, Terminator Salvation) y un triste y melancólico Mickey Rourke (El luchador, Iron Man 2) que es el único que no reparte a diestro y siniestro. He echado en falta la presencia de Chuck Norris, alguien que creo que encaja perfectamente en el perfil exigido para la película. Tampoco habrían sobrado Wesley Snipes y Steven Seagal. Imagino que aglutinarlos a todos es imposible.

Entre todos los forzudos, también ha habido un pequeño hueco para las bellezas, con la imponente Charisma Carpenter (Buffy la Cazavampiros, Angel) y la televisiva Giselle Itié.

No es una buena película, posiblemente porque el tributo va hacia el tipo de protagonista de una serie de películas referencia en el cine de acción y no a sus míticas e impactantes secuencias. Sin embargo, aunque objetivamente se debería definir como Serie B de este género, muy probablemente se convierta en film de culto por ser un alocado, desenfrenado y gamberro disparate, en el que todos sus participantes están dispuestos, por encima de todo, a reírse de sí mismos. Por mi parte, lo he pasado en grande.

sábado, 2 de agosto de 2008

La momia: La tumba del emperador Dragón (The Mummy: Tomb of the Dragon Emperor (The Mummy 3))

Valoración: Floja

Dentro de la línea decepcionante de los últimos estrenos (Hancock, Expediente X) llega a la gran pantalla "La tumba del emperador Dragón", tercera parte de la saga de "La momia" totalmente innecesaria para el público pero muy beneficiosa para Stephen Sommers, que a buen seguro recibe una importante inyección económica con la misma. Ahora bien, si yo fuese juez y George Lucas decidiese demandar al mencionado productor, Sommers quedaría en la más absoluta ruina pues su cantidad de referencias (mejor dicho, plagios de mal gusto) a las películas del mítico y carismático Indiana Jones llega a ser bochornosa.

El film es un auténtico despropósito: por un lado la imponente Rachel Weisz es sustituida por una Maria Bello que en ningún momento logra coger el aire a su papel; por otro resulta patético y un tanto penoso comprobar que si bien el hijo del matrimonio protagonista se ha convertido ya en hombre (en la segunda parte era un niño) los O'Connell parecen haber descubierto la fuente de la juventud, pues los supuestos más de veinte años entre la primera historia y este esperpento no les han pasado factura alguna. Pero sin duda, lo peor de todo es su paupérrimo guión, que ofrece una eterna retahíla de insufribles comentarios supuestamente humorísticos, de lo más trillados, repetitivos y con total carencia de imaginación.

Los efectos especiales están bien, aunque nunca se puede decir que lleguen a ser espectaculares. Aquí el largometraje pierde una gran oportunidad con Jet Li: Vamos a ver, ¿a quién se le ocurre contratar a un maestro de las artes marciales para que no de un buen puñetazo durante todo el metraje? Lo que nos lleva a otra muestra de carestía en esta producción, el poco talento a la hora de coreografiar secuencias de acción, tratando de ser disimulado por planos demasiado cercanos, mareantes y que no permiten visualizar correctamente la escena.

El argumento es una mala copia de la que fue excelente segunda parte, sólo que en versión fantasmagórica china, perdiendo por completo el empaque que ofrecía el Rey Escorpión, su ejército y su maldición de proporciones bíblicas.

En resumidas cuentas, para comprobar que Brendan Fraser vuelve a ser George de la Jungla y que Hollywood cada vez carece más de buenas ideas, mejor volved a ver "The mummy returns" y tratad de olvidar que este producto tosco y vacío ha llegado a ver la luz en una sala de cine.