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jueves, 6 de enero de 2011
jueves, 19 de agosto de 2010
La vida secreta de las abejas

Valoración: 
Adaptación cinematográfica del best-seller homónimo de Sue Monk Kidd, libro que se intentó llevar al cine varias veces y que por fin vio la luz en la gran pantalla, gracias a la producción de las esposas de Will Smith y Richard Donner.
Estamos ante un buen drama de personajes, quienes son verdaderamente el centro de la historia. De acuerdo que el contexto es importante, pues se centra en el año 1964, en plena revolución de los derechos de las personas de raza negra y en un lugar tan conflictivo como Carolina del Sur. Sin embargo, aunque se toca, el racismo no es la parte más importante del film, sino el devenir de una niña (una espectacular, como siempre, Dakota Fanning) que huye de un pasado más que tortuoso, con un padre (el limitado Paul Bettany) que no la quiere y creyéndose culpable de la muerte de su madre. Su único mecanismo de defensa consiste en su gran imaginación para inventar historias, el cual también es contraproducente, pues le hace huir de la realidad.
El desarrollo de este personaje, su interior y el difícil paso que debe dar para exteriorizar lo que lleva dentro, es el meollo de la película. Y éste se llevará a cabo gracias a una estupenda Queen Latifah (Chicago, Se armó la gorda) quien, junto a sus hermanas (Sophie Okonedo y Alicia Keys) adoptarán a la protagonista y a su criada negra (la ganadora del Oscar a mejor actriz de reparto por Dreamgirls, Jennifer Hudson).
Sin el buen hacer de todas ellas, la película podría haber sido un pequeño fiasco, pero sus interpretaciones son de primera magnitud, de tal manera que conseguirán introducir al espectador de lleno en la historia. Es curioso que tres de ellas sean cantantes (Latifah, Keys y Hudson) pues demuestran desenvolverse muy bien dentro de la gran pantalla.
Lo peor de este melodrama es la torpe actuación de Paul Bettany (Legión, Firewall, Wimbledon, El misterio de Wells, Destino de caballero... ¡Vaya currículum!) y la pobre realización de Gina Prince-Bythewood, quien proviene del mundo de la televisión. Su falta para aprovechar el formato de dieciséis novenos, la mediocre puesta en escena y ciertas fases de estancamiento narrativo el un guión, escrito también por ella, que no sabe ahondar en la problemática del racismo, desmerecen la fantástica labor de la mayoría de un elenco que es, con diferencia, el que hace que el relato funcione.
Con otro director posiblemente habría sido una de las grandes películas del año. Sin embargo, sólo por ver las grandes interpretaciones de Fanning, Latifah y Hudson, merece la pena.
sábado, 29 de mayo de 2010
Legión
¿Conocéis una serie de televisión titulada Sobrenatural? Versa sobre dos hermanos que, moviéndose al margen de la ley, hacen frente al mal en todos sus estados. En la cuarta temporada comienzan a aparecer ángeles y se disputa una guerra entre éstos y un grupo de demonios, con los Winchester (los hermanos en cuestión) en el centro del meollo. Pues bien: cualquier capítulo de la citada temporada es muchísimo mejor que este bodrio lamentable llamado Legión, ópera prima de Scott Stewart, responsable de los efectos visuales de películas tan espectaculares como La jungla 4.0, Iron Man o la mítica Blade Runner. Curiosamente este film descuida bastante el apartado técnico, con una puesta en escena similar a la serie B y secuencias de acción con tantos planos por segundo, que aburren y marean más que otra cosa.
Legión es una película que no hay por donde cogerla (no me extraña que haya tardado más de la cuenta en emitirse en nuestro país). De entrada el argumento es, más o menos, el siguiente: Dios está harto de la humanidad y envía a una legión de ángeles para borrar al hombre de la faz de la tierra. Y digo más o menos porque ángeles, como tales, sólo envía a uno: el grandote Kevin Durand que últimamente aparece como secundario en todos los sitios (Perdidos, El tren de las 3:10, Lobezno, Robin Hood...).
El guión es una colección de clichés mal montados. Para empezar, todo recuerda de un modo sospechoso a otra serie de televisión titulada Ángeles y Demonios (nada que ver con el sobrevalorado Dan Brown). Después tenemos un inicio a lo Acorralado (hasta hay diálogos haciendo referencia a Rambo, por si no nos enterásemos debido al sopor que destila todo el relato). Parte del desarrollo parece una mala adaptación de Terminator, ciertos efectos son semejantes a La momia, algunos intentos de golpe de humor son tristes parodias de Terroríficamente muertos, aparecen personas poseídas gateando como en El exorcista y parte del final evoca, de alguna manera, a Aliens, aunque no precisamente a la maestría de su director, James Cameron.
Unimos la total ausencia de ritmo, los bochornosamente poco inteligentes diálogos, la torpe y poco conseguida mezcla de géneros (acción, terror, western y apocalipsis) y el poco interés que desprende la repetitiva historia de un grupo heterogéneo de personas encerradas, tratando de sobrevivir (el 90% del metraje se desarrolla en una gasolinera en medio del desierto) y obtenemos el peor guión de 2010 hasta la fecha.
Pero si el libreto es horrible, el elenco de actores se mueve por los mismos derroteros. Por un lado tenemos a dos "distinguidos" miembros del club de la rigidez facial: Lucas Black (A todo gas 3, Locos en Alabama) y Tyrese Gibson (A todo gas 2, Death Race); por otro lado Dennis Quaid (El chip prodigioso, Un domingo cualquiera) encarna el prototipo de veterano venido a menos, desgraciadamente de moda en Hollywood, con capacidad únicamente para poner cara de mala uva. Y, desde luego, no podían faltar un par de atractivas jóvenes sin talento, como Adrianne Palicki (curiosamente apareció en cuatro episodios de Sobrenatural) y Willa Holland (O.C., Gossip girl) mucho más pendientes de lucir poses que de interpretar.
Pero ninguno es comparable al protagonista, un Paul Bettany cuya imagen, armado hasta los dientes, resulta patética. De hecho, con su currículum (Destino de caballero, El misterio de Wells, Wimbledon, Firewall, El código Da Vinci...) habría que poner una señal de alarma sobre su nombre, como aviso de peligro cada vez que aparezca en el reparto de una película.
Aunque hay que reconocer que al menos hay una actriz que se salva, en una más que honrosa interpretación de una mujer adinerada, cuyo personaje tiene una transición de inicial pija protestona a madre preocupada y aterrorizada. Hablamos de Kate Walsh, más conocida por los fanáticos de Anatomía de Grey o Sin cita previa como la doctora Addison Montgomery.
Así pues ni acción, ni entretenimiento, ni método, ni calidad, ni miedo, ni interés ni nada de nada, sólo un brutal aburrimiento que no llega a desesperar al no exceder los cien minutos. El que avisa no es traidor.
Legión es una película que no hay por donde cogerla (no me extraña que haya tardado más de la cuenta en emitirse en nuestro país). De entrada el argumento es, más o menos, el siguiente: Dios está harto de la humanidad y envía a una legión de ángeles para borrar al hombre de la faz de la tierra. Y digo más o menos porque ángeles, como tales, sólo envía a uno: el grandote Kevin Durand que últimamente aparece como secundario en todos los sitios (Perdidos, El tren de las 3:10, Lobezno, Robin Hood...).
El guión es una colección de clichés mal montados. Para empezar, todo recuerda de un modo sospechoso a otra serie de televisión titulada Ángeles y Demonios (nada que ver con el sobrevalorado Dan Brown). Después tenemos un inicio a lo Acorralado (hasta hay diálogos haciendo referencia a Rambo, por si no nos enterásemos debido al sopor que destila todo el relato). Parte del desarrollo parece una mala adaptación de Terminator, ciertos efectos son semejantes a La momia, algunos intentos de golpe de humor son tristes parodias de Terroríficamente muertos, aparecen personas poseídas gateando como en El exorcista y parte del final evoca, de alguna manera, a Aliens, aunque no precisamente a la maestría de su director, James Cameron.
Unimos la total ausencia de ritmo, los bochornosamente poco inteligentes diálogos, la torpe y poco conseguida mezcla de géneros (acción, terror, western y apocalipsis) y el poco interés que desprende la repetitiva historia de un grupo heterogéneo de personas encerradas, tratando de sobrevivir (el 90% del metraje se desarrolla en una gasolinera en medio del desierto) y obtenemos el peor guión de 2010 hasta la fecha.
Pero si el libreto es horrible, el elenco de actores se mueve por los mismos derroteros. Por un lado tenemos a dos "distinguidos" miembros del club de la rigidez facial: Lucas Black (A todo gas 3, Locos en Alabama) y Tyrese Gibson (A todo gas 2, Death Race); por otro lado Dennis Quaid (El chip prodigioso, Un domingo cualquiera) encarna el prototipo de veterano venido a menos, desgraciadamente de moda en Hollywood, con capacidad únicamente para poner cara de mala uva. Y, desde luego, no podían faltar un par de atractivas jóvenes sin talento, como Adrianne Palicki (curiosamente apareció en cuatro episodios de Sobrenatural) y Willa Holland (O.C., Gossip girl) mucho más pendientes de lucir poses que de interpretar.
Pero ninguno es comparable al protagonista, un Paul Bettany cuya imagen, armado hasta los dientes, resulta patética. De hecho, con su currículum (Destino de caballero, El misterio de Wells, Wimbledon, Firewall, El código Da Vinci...) habría que poner una señal de alarma sobre su nombre, como aviso de peligro cada vez que aparezca en el reparto de una película.
Aunque hay que reconocer que al menos hay una actriz que se salva, en una más que honrosa interpretación de una mujer adinerada, cuyo personaje tiene una transición de inicial pija protestona a madre preocupada y aterrorizada. Hablamos de Kate Walsh, más conocida por los fanáticos de Anatomía de Grey o Sin cita previa como la doctora Addison Montgomery.
Así pues ni acción, ni entretenimiento, ni método, ni calidad, ni miedo, ni interés ni nada de nada, sólo un brutal aburrimiento que no llega a desesperar al no exceder los cien minutos. El que avisa no es traidor.
sábado, 16 de mayo de 2009
El código Da Vinci
Adaptación cinematográfica del Best-Seller de Dan Brown El código Da Vinci. El a veces brillante director Ron Howard da un evidente paso atrás en su carrera como cineasta con una película excesivamente larga, aburrida y que necesita de una lectura de la novela en la que está basada para una comprensión total de lo que se explica.
El guión es un auténtico desastre, pues deja muy poco metraje para la parte más interesante de la novela, la investigación policial, la cual narra de forma bastante atropellada, destinando un gran número de minutos al embrollo mental de Brown, mostrando su desatino al entremezclar sucesos históricos ciertos con las paranoias del propio escritor, de las que está muy orgulloso, pero por las que puede ir a juicio por plagio ya que no son ideas propiamente suyas.
El film está realizado en torno a su estrella, Tom Hanks, de tal manera que se ningunea totalmente al personaje encarnado por Audrey Tautou, quien hace una de las interpretaciones menos creíbles de su carrera para favorecer las peripecias del propio Hanks; todo un despropósito. De hecho, pocos actores siguen el espíritu de la novela, con la excepción de Jean Reno, que es de lo poco creíble en este film.
El mayor insulto llega de parte del villano de la historia, Paul Bettany, que ya demostró en Firewall carecer de calidad interpretativa para encarnar a un "malo" de lo más común. En esta ocasión su cometido es hacer de Silas, uno de los mejores personajes del libro, un malvado de los que dejan huella, pero que en manos de Bettany ha resultado un personaje de lo más patético y desaprovechado.
Los efectos especiales son más bien toscos cuando se trata de visualizar imágenes del pasado y nada novedosos cuando se muestra la capacidad del protagonista para resolver jeroglíficos, pues parecen sacados literalmente de una de las grandes películas de Howard, Una mente maravillosa.
Para aquellos a quienes les haya gustado el libro, el film sigue más o menos las pautas escritas por Brown, pero para los que quieran ver un buen relato sobre el Santo Grial, les remito a la tercera parte de la saga Indiana Jones, donde se encontrarán con una magnífica película, muy por encima de este deplorable film.
El guión es un auténtico desastre, pues deja muy poco metraje para la parte más interesante de la novela, la investigación policial, la cual narra de forma bastante atropellada, destinando un gran número de minutos al embrollo mental de Brown, mostrando su desatino al entremezclar sucesos históricos ciertos con las paranoias del propio escritor, de las que está muy orgulloso, pero por las que puede ir a juicio por plagio ya que no son ideas propiamente suyas.
El film está realizado en torno a su estrella, Tom Hanks, de tal manera que se ningunea totalmente al personaje encarnado por Audrey Tautou, quien hace una de las interpretaciones menos creíbles de su carrera para favorecer las peripecias del propio Hanks; todo un despropósito. De hecho, pocos actores siguen el espíritu de la novela, con la excepción de Jean Reno, que es de lo poco creíble en este film.
El mayor insulto llega de parte del villano de la historia, Paul Bettany, que ya demostró en Firewall carecer de calidad interpretativa para encarnar a un "malo" de lo más común. En esta ocasión su cometido es hacer de Silas, uno de los mejores personajes del libro, un malvado de los que dejan huella, pero que en manos de Bettany ha resultado un personaje de lo más patético y desaprovechado.
Los efectos especiales son más bien toscos cuando se trata de visualizar imágenes del pasado y nada novedosos cuando se muestra la capacidad del protagonista para resolver jeroglíficos, pues parecen sacados literalmente de una de las grandes películas de Howard, Una mente maravillosa.
Para aquellos a quienes les haya gustado el libro, el film sigue más o menos las pautas escritas por Brown, pero para los que quieran ver un buen relato sobre el Santo Grial, les remito a la tercera parte de la saga Indiana Jones, donde se encontrarán con una magnífica película, muy por encima de este deplorable film.
Etiquetas:
Alfred Molina,
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