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lunes, 29 de noviembre de 2010

Skyline


Valoración: Floja

Los hermanos Strause se han hecho un nombre en Hollywood gracias a sus excelentes trabajos en efectos especiales. Películas de factura visual tan espectacular como Avatar, Iron Man 2, 2012 o El curioso caso de Benjamin Button, por poner algunos ejemplos, nos muestran las maravillas de las que son capaces en este apartado.

Su última película, Skyline, no es una excepción. Se trata de un film que posee unos efectos de tipo técnico espléndidos. Es imposible hallar un solo fallo en imágenes ni sonido. Veremos sensacionales y frenéticos combates aéreos, filmados con precisión y velocidad deslumbrantes, unos invasores generados por ordenador perfectamente insertados con las imágenes reales, violentos y aparatosos movimientos de extraterrestres similares a los centinelas de Matrix, un buen uso en el contraste de la iluminación, un maquillaje perfecto... Lo dicho, técnicamente maravillosa.

Sin embargo, la magnificencia visual de estos hermanos esconde una terrible verdad: su poco talento cinematográfico. Baste recordar que su ópera prima fue la pésima Alien vs. Predator 2, otra película técnicamente muy buena, pero nula dramáticamente hablando. Skyline supone su segunda incursión tras las cámaras y, si bien han mejorado bastante, tampoco requería mucho esfuerzo superar lo narrado en su primer film.

La historia está llena de tópicos y presenta una falta de imaginación brutal, ya que copia con absoluto descaro muchísimos elementos de La guerra de los mundos e Independence Day, además de adoptar prácticamente el mismo estilo de narración que empleó Matt Reeves en Monstruoso, sólo que sin utilizar el estilo de cámara en mano.

Con respecto al libreto hay que reconocerle su habilidad para que hora y media de metraje se nos pase en un visto y no visto. Entre el frenesí de los protagonistas por salvar sus vidas y los continuos ataques, el desarrollo del film se hace bastante ameno. Además las interpretaciones son más bien dignas, a pesar de que los actores no sean de renombre... Bueno, hasta cierto punto, porque los amantes de las series de televisión seguro que han reconocido a Eric Balfour de 24 y David Zayas de Dexter.

Pero todavía existe un problema más importante y es su final, dado que no existe. Tengo la impresión de que en el momento en que los Strause han terminado de deleitarnos con su epopeya técnica, han dado carpetazo y a otra cosa. Es algo así como lo que J.J. Abrams y compañía hicieron al concluir Perdidos, sólo que a lo bestia: al no tener imaginación para un cierre airoso, lo mejor es no ofrecerlo.

Pienso que la parte más importante de una película es el acto final y éste, en concreto, hace que se nos quede cara de tontos, tanto que despertaremos de esa abducción de efectos especiales a la que Colin y Greg Strause nos habían sometido, para así caer en la cuenta de que hemos visto una película muy vulgar y nada original, tan bien camuflada con su lujoso envoltorio visual, que casi logran tomarnos el pelo.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Harry Potter y las reliquias de la muerte: Parte I (Harry Potter and the Deathly Hallows: Part I


Valoración: Muy mala

Un grupo reducido de jóvenes lleva un maligno y peligroso objeto colgado del cuello, el cual afecta negativamente a su portador. Deben llevar a cabo una interminable marcha con el fin de destruirlo. ¿Estoy hablando de El señor de los anillos? Pues no. Acabo de contaros cerca del 90% de lo que ocurre en la penúltima entrega cinematográfica de las aventuras de Harry Potter, a la que sólo le ha faltado el pan de lembas para culminar un plagio escandaloso.

La película es una soberana tomadura de pelo, pero no por la continua sensación de ya visto con respecto a parte de la obra de Tolkien, sino por cómo unos productores ávidos de dinero han sabido aprovecharse de todos nosotros, dividiendo el último libro de J.K. Rowling en dos partes: una primera de transición en la que no sucede prácticamente nada y una segunda en la que nos contarán de qué va el libro (al menos así lo espero). O lo que es lo mismo: una forma tan deleznable como irrespetuosa con el gran público de ganar pasta.

Ya lo dije analizando las anteriores películas: el fichaje de David Yates corresponde a un realizador sin personalidad al servicio de los productores. Ellos ordenan y Yates cumple. Y claro, ahí está el bajón de calidad en una saga que contó con tres primeras buenas películas, firmadas por Chris Columbus (las dos primeras) y Alfonso Cuarón (la suya, El prisionero de Azkaban, es con mucho la mejor de toda la serie) seguidas por, de momento, cuatro auténticos desastres, de los que tres han sido dirigidos por el señor Yates.

El film es una auténtica tortura, similar a la que padecimos en The Road de John Hillcoat, con la diferencia de que aquella duraba tres cuartos de hora menos. Aquí son 146 minutos y apenas pasa nada. He mirado tanto el reloj que me atrevería a decir que, durante unas dos horas de ese tiempo, hemos visto a los tres protagonistas vagar por diferentes parajes, mientras montaban su tienda de campaña, se hacían té y tenían una bronca infantil. ¿Película de transición? Que no la hagan, porque para narrar la fábula de Las reliquias de la muerte (lo hacen en apenas un par de minutos) y contarnos los planes de Voldemort (como si no los supiéramos ya) no hacen falta casi dos horas y media.

¿Qué ocurre en el resto del film? Pues vamos a ver, siendo generosos vamos a concederle cerca de media hora, a la que hay que restar diez minutos en concepto de títulos de crédito. En ese espacio hemos visto un par de persecuciones (nada que ver, por cierto, con la fabulosa secuencia por autopista de Matrix 2), una infiltración con demasiadas licencias en el Ministerio de la Magia (me ha venido a la cabeza lo que hizo Tom Cruise para colarse en Pre-Crimen en Minority Report y me ha dado la risa por lo diametralmente opuesto del resultado), tonterías varias como, en el colmo de la estupidez, que Harry bucea con las gafas puestas y un combate final bastante descafeinado. Entenderéis, pues, el porqué de mi indignación.

Nota de archivo: Os dejo los enlaces por si alguien quiere revisar los análisis de las seis partes anteriores:

Harry Potter y la piedra filosofal
Harry Potter y la cámara secreta
Harry Potter y el prisionero de Azkaban
Harry Potter y el cáliz de fuego
Harry Potter y la orden del Fénix
Harry Potter y el misterio del príncipe

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Imparable (Unstoppable)

Valoración: Interesante
Soy un enamorado del cine de acción de los años 80 y 90. Uno de los máximos exponentes del género en aquella época fue Tony Scott, que nos deleitó con films como Top Gun, El último boy scout o Marea roja, por citar algunos.

Ya en el nuevo milenio, las películas de acción fueron decayendo. Sin embargo el señor Scott mantuvo el ritmo con Spy Game y El fuego de la venganza, dos auténticos peliculones que han frenado la devaluación a la que Michael Bay y similares estaban descendiendo a este insigne género.

Dicho esto, ¿es Imparable una película destacable en la carrera de Tony Scott? Diría que no, sin embargo, se mantiene fiel a una serie de preceptos en su cinematografía, lo cual es de agradecer: hábil manejo de cámara, dominio de la escena, realización visualmente espectacular, impactantes efectos especiales y de sonido, coreografías tan difíciles como precisas y perfectamente encajadas, un protagonista carismático y, sobre todo, un desarrollo frenético y bastante entretenido. Es decir, tiene lo mínimo que debe exigirse a una película de acción para que funcione.

¿Dónde falla? El guión es demasiado simple en todos los aspectos. Con respecto al argumento es muy plano (unos héroes anónimos deben evitar una gran catástrofe intentando detener un tren que va a alta velocidad, desbocado y sin frenos). Y en cuanto a los personajes, ninguno de ellos está definido con suficiente profundidad; del que sabremos más cosas es del encarnado por Chris Pine, pero todo son tópicos (joven perdedor que tiene la oportunidad de mejorar su vida sentimental y profesional intentando la hazaña heroica de turno).

En cuanto al elenco escogido, Denzel Washington es lo mejor de la película. Un tipo simpático, con cierto toque de cinismo, que logrará empatizar con el público. Tras Marea roja, El fuego de la venganza, Déjà vu y el remake de Pelham 1 2 3, ésta es la quinta colaboración entre Washington y Scott, sociedad que ha dado grandes frutos cinematográficos.

Su compañero es el antes mencionado Pine. Se trata de un actor que no me convenció como Kirk en Star Trek, ni como uno de los supervivientes en el film de terror Infectados. Aquí tampoco me ha ganado, pero se puede decir que está más o menos correcto. Incluso logra caerme bien.

Entre los secundarios destacaré a una desaprovechada Rosario Dawson (Siete almas, Alejandro Magno), Kevin Dunn (Leones por corderos, Transformers) que no es un villano al uso aunque podría decirse que no es del agrado de los protagonistas y el televisivo Kevin Corrigan (Fringe, Mercy, Californication...).

En resumidas cuentas, Imparable es un film que se mantiene fiel a un espíritu de principio a fin, que no es otro que mantener la acción durante todo el metraje, con un ritmo de narración muy vivo y sin elementos que la detengan, obedeciendo perfectamente a su título. De hecho tiene mucho más que ver con Speed de Jan de Bont que con El tren del infierno de Andrey Konchalovskiy, aunque a priori pudiera parecer lo contrario. No será una película memorable pero tiene algo muy a su favor: no se avergüenza de ser un mero vehículo de entretenimiento, sin mayores pretensiones. Lo bueno es que lo consigue.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Los otros dos (The other guys)

Valoración: Floja

Cuando alguien realiza una película con el único objetivo de provocar la carcajada en el espectador, debe ser fiel en todo momento a ese espíritu porque, de lo contrario, indefectiblemente meterá la pata y terminará por aburrir. Ése es el principal problema de Los otros dos, film de Adam McKay (Hermanos por pelotas) que comienza muy bien, dada la cantidad de elementos cómicos y gags hilarantes que contiene en sus primeros veinte minutos, pero que va desinflándose poco a poco, al tratar de introducir elementos dramáticos en el desarrollo de sus caracteres principales.

Estamos ante la típica película en la que el argumento es lo de menos, ya que se centra en las posibilidades cómicas de una pareja de policías, que están considerados como los dos mayores patanes de todo su departamento. El problema es que no hay química entre ellos. De hecho la mejor parodia de las buddy movies tipo Arma Letal, la llevan a cabo dos de los secundarios, Dwayne "La Roca" Johnson y Samuel L. Jackson, imitando las locuras que llevaban a cabo Mel Gibson y Danny Glover en la conocida saga de Richard Donner, con la particularidad de que aquí, los personajes encarnados por Johnson y Jackson son premiados por destrozar la ciudad, en lugar de ser suspendidos, como les sucedía a otros policías célebres como Harry Callahan o John McClane.
 
Si los actores de reparto superan a los principales, la cosa no suele pintar muy bien. Mark Wahlberg nunca ha estado especialmente dotado para la comedia (ni para nada que se salga del rol de tipo duro y malhablado) y Will Ferrell posee un humor que, personalmente, siempre termina por hacérseme pesado. No negaré que el guión presenta bárbaras ocurrencias y jocosos comentarios, que me han hecho reír en varias ocasiones, pero su falta de ritmo, unido a que no ha sabido mantenerse fiel al estilo inicial de comedia salvaje y absurda, por intentar dotar de cierta profundidad a sus protagonistas, ha provocado que la película fuera decayendo hasta límites insospechados.

Creo que la premisa inicial daba mucho juego en clave de parodia exagerada, pero no se ha sabido explotar. Las referencias a otras películas han sido muy de pasada y, sinceramente, ninguno de los protagonistas ha logrado acercase, ni de lejos, a la empatía que me provocaron Robert Downey Jr. y Zach Galifianakis en la reciente Salidos de cuentas. Aquélla sí terminó por ser una buddy movie en toda regla. Ésta, desgraciadamente, se ha quedado a medio camino.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Caza a la espía (Fair Game)

Valoración: Regular

Es la primera vez que me aburro viendo un film de Doug Liman. El caso Bourne me fascinó, con Mr. & Mrs. Smith, a pesar de la diferencia de calidad con la película anterior, me divertí a raudales y Jumper, si bien me pareció algo floja y un tanto desaprovechada, consiguió entretenerme.

Caza a la espía es un film de suspense descafeinado. Por un lado ya sabemos lo que ocurrirá, al estar basada en hechos reales sobre la ya cansina guerra de Irak. Y por otro, el título sólo se entiende a partir del último tercio de metraje, donde el personaje impecablemente interpretado por Naomi Watts (también conocida como la reina de los remakes) comienza a sufrir la más que esperada persecución. Evidentemente no hablo del título original (Fair Game) sino del despropósito cometido en la traducción española, en un vano intento por engañar al espectador tratando de hacerle creer que va a ver algo similar a las peripecias del señor Jason Bourne. Además, el desarrollo de este final no goza de la intensidad y tensión esperados, sino que se asemeja más a los melodramas con carácter familiar típicos de los telefilms de sobremesa.

El resto de la película es una correcta historia de espías, realizada con el mayor realismo posible. Los efectos especiales, las huidas imposibles y las misiones kamikazes quedan a un lado, para mostrar la realidad de una agente de la CIA. El problema es que todo versa, una vez más, sobre las armas de destrucción masiva de las que Bush se sirvió para enriquecer los negocios petrolíferos de su familia, por mucho que ahora afirme lo contrario en la publicación de su libro (por lo visto cualquiera es capaz de escribir en nuestros tiempos). Y claro, la sensación de déjà vu desmerece un tanto el contenido.

Otro problema importante es que todavía tengo fresca en la memoria Green Zone: Distrito protegido, la cual trataba el mismo asunto (Irak y las dichosas bombas) pero con una calidad cinematográfica superior. Curiosamente Green Zone fue dirigida por otro realizador de la saga Bourne, Paul Greengrass. Y no sólo en eso coinciden, sino también en el estilo de filmación. Liman copia esa fastidiosa manía de Greengrass de excederse con primerísimos planos de las caras de los protagonistas, efectuando violentos movimientos de cámara para que el espectador pueda ver el rostro de todos los actores que completan una misma secuencia. Aplicar esa manera de filmar dentro de una sala en plena reunión, cosa que hace Liman cada dos por tres, no sólo agota, sino que incluso llega a marear al sufrido espectador.

En resumidas cuentas, Caza a la espía es un thriller socio-político, con claras influencias de ciertos films de Alan J. Pakula y Sydney Pollack de los años setenta, cuyo punto fuerte son las magníficas interpretaciones de Naomi Watts y el oscarizado Sean Penn. Sin embargo no bastan para salvar un relato mal narrado (sin intensidad ni dramatismo) de ritmo inadecuado, tosco estilo de realización (éste no es el Liman de grandes puestas en escena que yo recuerdo) y un argumento que, a estas alturas, no interesa prácticamente a nadie.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Salidos de cuentas (Due date)

Valoración: Interesante

Tras el gran éxito de Resacón en las Vegas, Todd Phillips vuelve a la carga con Salidos de cuentas, una hilarante comedia en clave de road movie, con influencias de Mejor solo que mal acompañado de John Hughes y evidentes reminiscencias del cine de Judd Apatow, como personajes con la enfermedad de Peter Pan o amistades masculinas un tanto peculiares.

Sin embargo, la principal referencia es Resacón en las Vegas. Por un lado, el póster guarda muchas similitudes para atraer al personal y por otro, el actor Zach Galifianakis lleva a cabo un rol muy similar al de aquella película. Desde luego no seré yo quien critique a Phillips por tratar de sacar el máximo beneficio a aquella magnífica historia sobre una loca y desenfrenada despedida de soltero. Otros lo hacen con abominaciones como Paranormal Activity y se forran. Al menos Phillips nos hace partirnos de risa durante todo el metraje, algo muy de agradecer en esta época de crisis que actualmente nos asola.

En Salidos de cuentas no hay que buscar personajes profundos o grandes historias. La película tiene un único objetivo, que no es otro que lograr que el espectador ría a mandíbula batiente de principio a fin. Fiel a ese espíritu, veremos las peripecias de dos desconocidos que se ven obligados a recorrer los Estados Unidos en coche, situación que el guión aprovecha para recrearse con todo tipo de extravagantes ocurrencias, algunas al más puro estilo hermanos Farrelly, lo que unido a la gran inspiración en el desempeño de sus papeles del carismático Robert Downey Jr. (Iron Man) y el ya mencionado Galifianakis, consigue, indefectiblemente, que el respetable lo pase en grande.

Algunos secundarios son de lujo, como Jamie Foxx (Un domingo cualquiera). Otros como Michelle Monaghan (La conspiración del pánico, Misión imposible 3) pasan bastante desapercibidos. También hay espacio para las sorpresas, como la aparición de Juliette Lewis (sobre todo porque anunció hace algún tiempo que dejaba la interpretación para dedicarse a la música) o la de ciertos personajes muy famosos por protagonizar una de las series cómicas del momento, cuyos nombres no desvelaré para no aguar la fiesta a nadie.

En resumidas cuentas, tenemos una comedia gamberra, alocada y desmadrada, que si bien no llega a la altura de Resacón en Las Vegas, ni tampoco destila, precisamente, originalidad, resulta un auténtico disfrute al conseguir que todo el mundo pase noventa minutos de puro desenfreno y carcajeo. No será una gran película desde el punto de vista del crítico (ni falta que hace) aunque hay que reconocer la buena mano en la filmación de Todd Phillips, además de la cuidada fotografía y la acertada banda sonora. El caso es que este tipo de films son muy necesarios, pues a pesar de no compartir nada con las películas de Clint Eastwood, son verdaderamente capaces de alegrarte el día.

martes, 2 de noviembre de 2010

The town. Ciudad de ladrones (The town)


Valoración:Buena

Ben Affleck nunca ha sido un gran actor (eufemismo). Hasta la fecha, su única interpretación digna de mención se produjo el año pasado en La sombra del poder, donde interpretaba convincentemente a un político corrupto. Sin embargo, en otras facetas cinematográficas parece poseer talento. Ya obtuvo un Oscar ex-aequo con su buen amigo Matt Damon por El indomable Will Hunting. Después se pasó a la dirección con la más que correcta Adiós pequeña, adiós (y el corto Gimme Shelter). Y ahora confirma su paso firme en la realización con The town, una película de cine negro, con cierto aroma a clásico, rodada de forma bastante eficiente.

Estamos ante una película de ladrones de las de antes, con todos los elementos: un atracador que pretende dar el último golpe y retirarse junto a su gran amor, un policía que pretende todo lo contrario, miembros del hampa muy poco recomendables que enturbiarán la historia y un final dramático con ciertos aspectos impredecibles.

La primera gran influencia que observamos llega de la aclamada serie The Wire, sobre todo en la forma de proceder de los investigadores. Destacaré aquí al mejor personaje de todos, un agente federal perfectamente encarnado por Jon Hamm, protagonista de otra célebre serie: Mad Men. Se trata de un policía de verdad, una versión muy realista de un sabueso, que intenta intimidar a los sospechosos y adelantarse a sus planes, aunque no siempre lo consigue. Eso dejará un poso de frustración que Hamm sabe interpretar muy hábilmente. Con mucho el mejor personaje de todo el film.

Ya que hablamos de series, Affleck parece haber advertido la gran influencia de la pequeña pantalla durante los últimos diez años, período al que he calificado varias veces como "la edad de oro de la televisión". De ahí que busque la complicidad del público con referencias a C.S.I. o Bones, además de las influencias antes comentadas.

Podríamos dividir el argumento en cuatro partes. Por un lado está la acción, en la que destacan la puesta en escena y el manejo de cámara en los tres atracos del film, dignos del mismísimo Michael Mann. De hecho se adivinan ciertas influencias de Heat en la filmación de dichas secuencias. Pero también, siguiendo con ese aroma a clásico ya citado, evocaremos películas como French Connection, Bonnie and Clyde o incluso ese maravilloso western titulado Dos hombres y un destino, exceptuando un pequeño exceso de primeros planos en los momentos de mayor violencia.

La segunda parte sería la historia de amor, verdadero tema central de la película. Es un amor imposible que entrará en conflicto con la profesión del protagonista y sus amigos. La narración del romance es adecuada, ya que el guión sabe pausar el ritmo en los momentos protagonizados por Affleck y Rebecca Hall (El retrato de Dorian Gray, El desafío: Frost contra Nixon) narrados con la mesura y profundidad adecuadas. El problema es que ni ella ni él están a la altura interpretativamente hablando. Ben Affleck tira mucho de abdominales y torso descubiertos para paliar sus carencias como actor, pero no cuela y ella no se muestra  del todo creíble en su rol. Seguramente con otra pareja de protagonistas, el film pasaría de ser una buena película (que lo es) a una gran película.

Después tenemos la trama policial, llevada, como ya he dicho, con mucho realismo y, por último, el drama en clave de cine negro, en el que saldrán a la luz deudas del pasado, sentimientos de lealtad y venganzas.

He hablado de las bondades que atesora el guión a lo largo de este análisis, pero debo recriminarle el maltrato hacia los personajes interpretados por dos ganadores del Oscar como Pete Postlethwaite (En el nombre del padre) y Chris Cooper (Adaptation), desaprovechados de una manera casi insultante por el libreto.

En resumen, la sensación que me queda es de una buena película, que recupera el tono clásico de los thrillers policíacos de los años sesenta y setenta, combinado con la habilidad del cine moderno en la parte correspondiente a la acción, aderezado con una magnífica puesta en escena y una impecable fotografía de la  ciudad de Boston. Lástima que el apartado interpretativo no esté a la altura, exceptuando, como ya hemos dicho, a Jon Hamm.

Habrá que seguir atentos la carrera de Ben Affleck como director porque, ciertamente, tiene muy buena pinta.

domingo, 31 de octubre de 2010

Los ojos de Julia

Valoración: Buena
El realizador español Guillem Morales (El habitante incierto) dirige Los ojos de Julia, película producida por los mismos productores de El orfanato, entre los que hay que destacar a Guillermo del Toro (Blade II).

Se nos ha vendido la película como cine de terror y, de hecho, se ha englobado como tal en dicho género. Me da la impresión de que ha sido porque muchos pensaban que iba a ser una copia de El orfanato (mismo equipo de producción, misma protagonista, terror psicológico...) Sin embargo, estamos ante un auténtico thriller al más puro estilo Alfred Hitchcock, de quien adopta elementos muy válidos para mantener enganchado al espectador durante todo el relato. Eso sí, entiendo que se califique como película de miedo ya que, en algunas ocasiones, logra alcanzar ese punto de tensión en el que a uno se le eriza el vello del cuerpo.

Técnicamente la factura es impecable. Atmósfera lograda, cuidada puesta en escena, un agudo sentido visual en el que destacan los fabulosos juegos de luces y sombras, la banda sonora adecuada para cada momento (y que ayuda a dar algún que otro respingo), buena utilización de los recursos disponibles...

Por su parte, los actores, en especial Belén Rueda, están fantásticos. Todos ellos hacen creíbles sus personajes, lo que ayuda mucho a que el espectador se introduzca de lleno en la historia.

Pero así como en los apartados técnico e interpretativo no ponemos un solo pero, el guión presenta ciertas irregularidades. Por ejemplo, hay varios personajes importantes en la trama, que están tan mal definidos como maltratados. El ritmo narrativo es un tanto irregular y en el desarrollo argumental aparecen demasiados baches, como si el relato estuviera contado a saltos. También hay un exceso de reflexiones filosóficas, que contribuyen a que el metraje parezca excesivamente largo. Opino que el resultado habría sido muy superior si se hubiese centrado en el suspense.

Sin embargo posee momentos memorables, destacando su clímax final, en una secuencia con influencias más que evidentes de dos películas: La ventana indiscreta de Alfred Hitchcock y Sola en la oscuridad de Terence Young (no oso comparar a Belén Rueda con Audrey Hepburn, simplemente hay elementos en común que saltan a la vista).

En líneas generales diría que es una buena película. Realización talentosa, intérpretes por encima de la media, tensión, suspense y entretenimiento conseguidos y un final airoso. Algunos errores de guión podrían calificarse como graves pero, sopesando pros y contras, la sensación final que queda es bastante satisfactoria.

jueves, 28 de octubre de 2010

Déjame entrar (Let me in - 2010)


Valoración: Floja

Un homenaje sin innovación no es homenaje, sino karaoke. Aunque la cita no es mía (pertenece a Matt Zoller Seitz del New York Times) no es la primera vez que la empleo, a causa de la cada vez más preocupante falta de imaginación de los guionistas de Hollywood. En pocos días he visto el film original de 2008 y su remake de 2010 (¡¡¡sólo dos años entre ambas versiones!!!) y, sinceramente, una es un calco de la otra.

Tal es así que podría perfectamente hacer un copia y pega con el análisis que efectué sobre la versión sueca, cambiando sólo la parte del elenco (a diferencia del primer film, aquí los niños sí interpretan) pero no quiero cometer la misma falta de respeto que Matt Reeves, que tampoco pecó de original con Monstruoso, apuntándose a la moda de la filmación cámara en mano. Prefiero centrarme en algunos aspectos a los que no otorgué la debida atención la primera vez.

Se habla de este relato como algo fresco y novedoso. Sin embargo todo lo que ofrece ya ha sido utilizado en un sinfín de ocasiones. Si se refieren a la relación entre la niña y su cuidador, hasta el mismísimo Conde Drácula necesitaba la ayuda de un humano (Reinfeld) para sobrevivir. Y si se acogen a la ridícula parte romántica del relato, ¿es que es la primera película de vampiros que ven? Porque el asunto es más que recurrente en el género. Y eso por no hablar sobre los desplazamientos de la protagonista, que parecen una lamentable copia de un cruce entre otras dos célebres niñas: la de El Exorcista y la omnipresente de las películas de terror asiático.

¿Por qué tildo de ridícula la relación entre los niños? Porque ella, por mucho que se encuentre dentro de alguien con el físico de doce años, es una mujer adulta. Comportarse como una menor de edad sólo tendría sentido si encerrase la pretensión de engañar al niño, para que fuese su nuevo guardián (algo perfectamente explotado, pero con adultos, en la fabulosa El ansia, de Tony Scott). Sin embargo el relato nos deja bien claro que hay amor entre ambos, por muy inverosímil que esto sea.

No es la primera vampiro que vemos de tierna edad. En Entrevista con el vampiro, se profundizaba de manera fantástica sobre los inconvenientes de transformar en vampiro a un humano que no se hubiese realizado plenamente. De hecho es tal la influencia de Anne Rice en Déjame entrar, que tildarla de nueva es absolutamente irrisorio. Todo el mundo tiene derecho a opinar, está claro, pero hacerlo desde fundamentos falsos, no es de recibo.

Una vez más la maquinaria propagandística ha funcionado. Se hizo con Millennium y se repite con Déjame entrar, que ni siquiera en esto ha sido original. Cada cual con lo suyo, pero, como he dicho otras veces, no me trago la fábula del traje del emperador.

lunes, 25 de octubre de 2010

Paranormal Activity 2


Valoración: Muy mala

Cada vez estoy más en contra de las películas filmadas con el estilo de El proyecto de la Bruja de Blair. El virtuosismo tras las cámaras para ejecutar diferentes planos es todo un arte y este tipo de películas nos privan de ello. Una de las primeras en usarlo, Holocausto caníbal, al menos alternaba estas secuencias con otras más propiamente dichas de película. Y otras como Monstruoso, eran capaces de introducir efectos especiales bastante dignos.

Creo que de todas ellas mi favorita es REC (la primera, claro) aunque, como digo, este estilo no me convence. Todos somos capaces de filmar algo así: nos vamos con los amigos a un lugar oscuro, nos pasamos la cámara de mano en mano, comenzamos a hacer el tonto, de vez en cuando alguien tira la cámara al suelo y se pone a gritar y ya está. Ya sólo falta que Steven Spielberg nos haga un favor diciendo que ha pasado miedo con ello y a sentarse a ganar dinero sin hacer nada.

Esto no es cine, directamente es una vergüenza y lo denuncio como tal. He preferido invertir la mayor parte de estas líneas en emitir una protesta porque el análisis sobre Paranormal Activity 2 se podría efectuar en una sola frase: Explicación para tontos de lo sucedido en la primera Paranormal Activity.

Entiendo perfectamente que todo aquel que viera el año pasado el film original, lejos de haber tenido problemas para conciliar el sueño, lo haya olvidado con facilidad. Pero si recordáis su argumento (¡ah!, pero ¿lo tenía?) una chica era poseída por un diablo. Pues bien, en esta segunda parte nos amplían la información. Así se explica que repita Katie Featherston, como hermana de Sprague Grayden (la pérfida hija de la presidente Taylor en la séptima temporada de 24) que es aquí la principal protagonista.

La nueva historieta coincide en el tiempo con la primera. Veremos el origen de todo esto (muy mal explicado) y cómo termina (esperemos que no haya una tercera). ¿Qué hay de nuevo? Algún sobresalto de tipo efectista, que hará pegar un respingo a más de uno y nada más, porque el desarrollo es idéntico: la mayoría del metraje es una película casera de dudoso interés, para pasar al tramo de terror en los últimos minutos. Es decir: asegura los bostezos exactamente igual que la primera parte.

Avisados estáis.

Nota de archivo: Quien esté interesado en leer el análisis que escribí el año pasado sobre el primer film, que pinche en el siguiente enlace: Paranormal Activity.

sábado, 23 de octubre de 2010

Stone


Valoración: Mala

En 2001 Frank Oz reunió a Robert de Niro, Edward Norton y Marlon Brando en The Score (Un golpe perfecto). Las expectativas eran muy altas, pero el resultado final fue bastante flojo. Nueve años después, De Niro y Norton vuelven a coincidir en Stone y, desafortunadamente, no podemos decir que la cosa haya mejorado, en esta adaptación cinematográfica de una obra teatral de Angus Maclachlan.

El primer golpe nos lo llevamos al descubrir que, a pesar de lo visto en el tráiler, no estamos ante un thriller carcelario. La mayoría de la acción se desarrolla en la cárcel, sí, pero si fuera realmente un thriller, nadie iría perdiendo paulatinamente el interés por lo que pasa, como sucede a medida que avanza el metraje, hasta el punto de que llega a convertirse en toda una invitación a Morfeo.

Técnicamente es muy pobre, tanto que me atrevería a decir que la simplona puesta en escena es propia de la pequeña pantalla. Esperaba bastante más en este apartado, dado que la realización está llevada a cabo por John Curran, director de El velo pintado.

Pero lo peor de toda la producción es el guión del propio MacLachlan, que exhibe una gran torpeza tanto a la hora de narrar la historia, como en la parte destinada a la evolución de los protagonistas. Intenta, de forma fallida y un tanto manipuladora, profundizar sobre temas como la edad, el matrimonio, las influencias religiosas y el sexo, a través de las vidas de un agente de la condicional (De Niro), un preso encerrado por pirómano (Norton) y la mujer de éste (Milla Jovovich). Pero la parte religiosa está manipulada en exceso (con moralina incluida), la matrimonial se narra a base de retazos inconexos, dejando partes importantes sin explicar y la sexual es demasiado explícita y burda (en clave de thriller erótico habría ganado mucho).

Me centro especialmente en el libreto porque es una continua pérdida de posibilidades en sus dos frentes principales. El primero, sobre la transformación de mentalidad y actitud en el personaje de Norton tras sus entrevistas con el encarnado por De Niro, se explica con un cambio de look y poco más. Y el segundo, la relación entre De Niro y Jovovich, que habría dado mucho juego explotando posibilidades como el chantaje o el sentimiento de culpa, se queda en una mera excusa para que veamos el esbelto cuerpo desnudo de la mata-zombies más famosa de Hollywood.

Supongo que a muchos os habrá pasado lo mismo que a mí, que en cuanto he visto a dos de mis actores favoritos junto a la espectacular Milla Jovovich en el mismo cartel, he corrido ilusionado al cine, pensando que con semejantes mimbres no se podía hacer nada malo. Sin embargo, me he llevado el mismo chasco que en su día sufrí al ver Los vengadores, con Sean Connery, Ralph Fiennes y Uma Thurman. Así de fuerte ha sido el descalabro.

viernes, 22 de octubre de 2010

La otra hija


Valoración: Mala

Algo muy extraño está sucediendo con el cine en España: películas que no contienen escenas de sexo ni desnudez alguna son calificadas como X (Saw VI); films que se estrenan en las salas de cine de todo el mundo aquí lo hacen en los vídeo-clubs (recientemente ha sucedido con la última de Bruce Willis, Vaya par de polis); y bodrios como esta La otra hija, que en la meca del cine, Estados Unidos, salen directamente a DVD, en España se estrenan en la gran pantalla. ¿Son cosas mías o estamos ante un comportamiento verdaderamente anormal?

Siguiendo esta línea de pensamiento, me sobreviene la siguiente pregunta: ¿en qué se diferencia La otra hija de un telefilm de domingo por la tarde? Única y exclusivamente en la presencia de una estrella como Kevin Costner, con mucho lo único salvable de este gran desastre, dirigido por el español Luis Berdejo, guionista de REC. Porque entre la torpe puesta en escena, que queda todavía más en entredicho al intentar copiar descaradamente la estética de M. Night Shyamalan en films como Señales o El bosque (estoy reñido con el hindú por sus últimas cuatro películas, pero técnicamente es impecable), el torpe y plomizo guión de John Travis (The Haunting of Molly Hartley) repleto de fallos y situaciones sin resolver, la incapacidad para la interpretación de todo el elenco excepto, como ya he dicho, Kevin Costner (no sé quién lo engañó para participar aquí pero ya puede cambiar de agente) lo previsible que es todo y la ausencia de efectos, entiendo perfectamente que en norteamérica no haya llegado a la gran pantalla.

Por si no os he convencido y todavía os preguntáis de qué va el relato, una familia se traslada a un enorme caserón en el bosque, donde empezarán a suceder fenómenos extraños. O lo que es lo mismo: imaginación al poder. No digo que no se puedan repetir argumentos ya utilizados, pero entonces hay que esforzarse en otro tipo de cosas, como definir a los personajes para que se entienda el drama familiar, ser capaz de crear una atmósfera de terror o, por lo menos, narrar algo que tenga pies y cabeza (me he vuelto tan blando que ya ni exijo que sea entretenido).

Pero La otra hija no cumple nada de eso. Nos encontramos ante un soporífero aburrimiento, filmado con la torpeza propia de un principiante. Hasta tal punto llega la poca habilidad como narrador de historias de Berdejo, que convierte al espectador en omnisciente desde el principio, al mostrar al monstruo en los primeros minutos del metraje. Resulta bastante ridículo observar a Costner y compañía preguntándose qué pasa, cuando el público ya lo sabe. Lo suyo sería dosificar la información, pero donde no hay talento...

En el tramo final trata de amenizar la cosa con tiros y persecuciones, pero lo único que consigue demostrar es que es tan malo en el género del terror como en el de la acción. En pocas palabras, un film tan absurdo como insufrible.

¿Cómo es posible que un producto de semejantes características opte al premio en Sitges? Como he dicho al principio, algo muy raro está pasando con el cine en España.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Saw VI


Valoración: Regular

Saw VI
tiene el dudoso honor de ser la única película sin escenas de sexo, calificada X por el Ministerio de Cultura. Por ese motivo no fue estrenada cuando tocaba, en octubre de 2009. Ahora, justo un año después, llega por fin a nuestras pantallas con un metraje acortado en unos tres minutos, consiguiendo así perder la calificación X. Y yo me pregunto, ¿qué diferencia hay entre esta versión y la del año pasado? Si no hay sexo, la X sólo se entiende por hacer apología de la violencia. Si esto fuera cierto, toda la saga Saw, además de Viernes 13, Halloween y cualquier película de miedo con psicópata como protagonista, merecería la misma calificación.

Diría que se han tomado muy a la ligera eso de que Saw VI incitaba a la violencia. Por poner un ejemplo fuera del cine de terror, la mejor serie de la historia de la televisión, 24, utiliza un alto grado de violencia y además la justifica, ya que gracias a que Jack Bauer se salta las normas y rompe unos cuantos huesos a los terroristas de turno, se evitan catástrofes nucleares. ¿Le ponemos una X? Claro que no.

No tiene sentido, máxime cuando en el mismo 2009 se emitió, sin ninguna pega, la infame Anticristo de Lars Von Trier, la cual sí contenía secuencias propias de una película pornográfica, además de un alto grado de violencia innecesaria y de muy mal gusto. Pero claro, este tipo y su amiguete Michael Haneke, a pesar de que filman películas deleznables, están considerados abanderados del cine europeo y se les permite todo, lo que demuestra que aspectos como la hipocresía y la censura siguen vigentes en pleno siglo XXI. Y luego algunos van de progres... ¡Qué pena!

Centrándonos en Saw VI, hay muy poco que decir. Es mejor que las partes cuarta y quinta (lo cual no es complicado) pero no llega a las cotas alcanzadas en las tres primeras. Nuestro buen amigo Puzzle, a pesar de estar muerto, sigue siendo un auténtico dolor de cabeza (menudo eufemismo acabo de soltar). El juego continúa, hay nuevas formas de matar (aunque ya no son tan novedosas, pues parecen modificaciones de otras vistas en los capítulos anteriores) y el único suspense es saber quién vivirá, quién morirá y en qué consistirán las terroríficas pruebas de turno.

Así pues, Jigsaw y sus seguidores (a estas alturas ya se conocen todos) nos ofrecen una nueva versión de su justicia sádica y macabra, que nos acerca al final de los planes de Puzzle. El ritmo narrativo es bueno, diría que la duración es correcta pero no puedo (le faltan tres minutos), el clímax final aceptable y las interpretaciones, exceptuando al inexpresivo Costas Mandylor, bastante buenas.

La película se despide con un tráiler de lo que veremos en la séptima, la cual, cómo no, podrá verse en 3D. Se supone que es la última entrega de una saga que, para mi gusto, debió haberse quedado en trilogía. ¿Será verdad? Como ya he dicho otras veces, la taquilla dictará sentencia y, teniendo en cuenta el bajón de ésta sexta parte (ha recaudado en Estados Unidos menos de la mitad que cualquiera de las otras cinco) no creo que se dilate mucho más.

sábado, 16 de octubre de 2010

La red social


Valoración: Notable

Algunas películas versan sobre ciertos asuntos que a uno, de entrada, no le seducen demasiado. Para alguien como yo, que no otorga al famoso Facebook la misma importancia que otras personas (prefiero charlar con mis amigos frente a una buena cerveza que hacerlo tras la pantalla de un ordenador) el argumento de La red social no me atraía demasiado. Sin embargo salió mi vena cinéfila. Y es que un guión de Aaron Sorkin (creador de la genial El ala oeste de la Casa Blanca) dirigido por todo un maestro como David Fincher, indefectiblemente tiene que ser algo digno de verse.

La evolución de Fincher en la realización ha sido fulgurante. Si bien no estuvo muy afortunado con Alien 3, alcanzó el reconocimiento con fabulosos thrillers como la asfixiante Seven, la adrenalítica The game o la original y polémica El club de la lucha. Con Zodiac comenzó a cambiar de estilo, narrando con sobriedad la historia real en la que se basó el mítico Don Siegel para filmar Harry el sucio, demostrando una gran pericia para narrar una complicadísima historia de investigación policial. Luego revolucionó el género fantástico con El curioso caso de Benjamin Button y ahora nos maravilla con este imponente retrato sobre el creador de Facebook. Es innegable, pues, que estamos ante uno de los más solventes y polifacéticos cineastas del momento.

El argumento narra la vida de Marc Zuckerberg a través de flashbacks perfectamente insertados, mientras se celebra un careo entre sus abogados y los de sus demandantes. La ironía es un punto clave en su desarrollo, ya que el genio que se enriqueció con la mayor red social del mundo, en realidad es un tipo solitario y aislado emocionalmente, un auténtico friki que no ha sabido cuidar al único amigo que tenía.

La película es un compendio de sentimientos, un estudio psicológico del protagonista. Hablamos de un genio informático que comenzó su famosa carrera a causa del odio y el resentimiento generados por el desplante de una chica. Además comprobaremos las envidias generadas en universidades de prestigio como Harvard ante el éxito rápido, el oportunismo de ciertos parásitos sociales que saben reconocer dónde se puede sacar tajada y la amargura y tristeza de quien se siente traicionado. La habilidad de Fincher para plasmar todo esto en imágenes e introducir al espectador de lleno en la historia es deslumbrante.

Sobre el montaje, diré que me recuerda mucho a Zodiac. No es tan complicado como aquél, pero funciona exactamente igual de bien: como un reloj. Y sobre los efectos especiales... ¡Sorpresa! Apenas hay. ¿Qué se demuestra aquí? Que una gran película se consigue con una buena historia, la profundidad con que ésta es narrada, la habilidad para rodarla (decir que Fincher es un virtuoso de la cámara y la puesta en escena no es descubrir nada nuevo) y la capacidad de los actores para meterse en el papel. Los efectos visuales siempre gustan, pero no pasan de ser un adorno, un elemento decorativo del que Fincher, aquí, decide prescindir.

Por último, ya que mencionamos a los intérpretes, destacaré a tres por su importancia en el relato: Jesse Eisenberg (Bienvenidos a Zombieland) interpreta de forma creíble y solvente al genio protagonista, con todas las dificultades que entraña su tortuoso y particular carácter; Andrew Garfield (El imaginario del doctor Parnassus) refleja la amargura del amigo herido y sacrificado; el tercero es el cantante Justin Timberlake, que representa al diablo en forma de atractiva tentación, confiriendo al conjunto cierto toque de tragedia clásica adaptada al siglo XXI.

Se mire por donde uno quiera, una película redonda de principio a fin. En la edición número 81 de los Oscar, Fincher perdió injustamente con su Benjamin Button, ante una mediocre y sobrevalorada tomadura de pelo titulada Slumdog Millionaire. ¿Será recompensado por aquello en la próxima edición de estos premios? Sólo el tiempo lo dirá.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Wall Street 2: El dinero nunca duerme


Valoración: Buena

Veintitrés años después, Oliver Stone recupera el mundo de las finanzas con esta segunda parte de Wall Street, la cual, a mi modesto entender, se queda fuera del manido dicho de "segundas partes nunca fueron buenas", ya que me ha parecido bastante completa.

Técnicamente el film es fabuloso. Stone ha querido demostrar la diferencia de edad entre ambas películas y nos regala la vista con un diseño de producción de lujo, además de su consabida habilidad con el manejo de la cámara, recreándose con planos cenitales, secuencias de tiempo acelerado, divisiones de pantalla, todo tipo de vistas de Nueva York, pequeños secuenciales... Me encanta este tipo de virtuosismo y creedme, no todo el mundo tiene talento para ello.

Después está la historia, atacada por muchos, defendida por otros. Me encuentro en el segundo grupo, ya que me ha gustado bastante. Ha habido un cambio en los papeles: el nuevo tiburón y villano de la función es Josh Brolin, bordando su interpretación de tipo que dicta las reglas del juego, mientras que el joven ambicioso recae, en esta ocasión, en manos de un muy solvente Shia LaBeouf, cuya estrella sigue creciendo en el firmamento hollywoodiense.

¿Y qué pasa con Michael Douglas y su Gordon Gekko? Fue el auténtico alma del film de 1987, llegando a ganar el Oscar. Así que, evidentemente, tiene una parte importante en este nuevo relato, que comienza con dicho personaje saliendo de prisión. Nuevamente Douglas, a pesar de no ser el auténtico protagonista, vuelve a comerse en pantalla a todo el que sale junto a él. En esta ocasión recuerda a Mario Conde y a la hipocresía de ciertos medios de comunicación, que lejos de ver en él a un criminal (por algo ha estado en la cárcel) lo entrevistan y publicitan su libro, tratándolo de genio.

La película es larga, entre otras cosas porque aborda muchos asuntos. El punto de conflicto entre los dos protagonistas, la actual crisis económica mundial y hasta un melodrama familiar. Para que todo funcione hay que dotar de profundidad a los personajes, lo que conlleva tiempo. Ahora bien, prefiero una película larga a causa de un guión bien trabajado, como éste que suscriben Allan Loeb (Cosas que perdimos en el fuego) y Stephen Schiff (Ejecución inminente) que un film rápido de noventa minutos en el que muchas cosas queden a medias.

Así pues tenemos una película de actualidad (un diez para el oportunismo de Stone), que vuelve a criticar duramente la especulación bursátil, narrada con precisión y cuidado, soberbiamente interpretada (a los tres protagonistas mencionados hay que añadir nombres de la talla de Susan Sarandon, Frank Langella o un muy carismático Eli Wallach), con sorpresas hábilmente insertadas, como el simpático cameo de Charlie Sheen recuperando a su personaje de la primera parte, técnicamente fantástica, puesta en escena conseguida y detallista... En definitiva, lo que puede entenderse como una buena película. Gustará o no, como todo, pero aquí hay talento. Ojalá pudiera decir lo mismo cada vez que salgo del cine.

martes, 5 de octubre de 2010

Buried (Enterrado)


Valoración: Regular

Durante unos días me he resistido a ver Enterrado por una razón: me han venido a la cabeza una serie de películas de muy bajo presupuesto, las cuales, con la debida promoción, se hicieron de oro, pero que en definitiva resultaron una enorme tomadura de pelo. Sin embargo, tras el aluvión de buenas críticas cosechado me ha picado la curiosidad, he terminado acudiendo al cine y, en mi humilde opinión, se queda a medio camino entre mis prejuicios iniciales y lo que dice la crítica, es decir, que no es un bodrio, pero tampoco la obra maestra que pretenden.

¿Qué diferencia a este film de tonterías como El proyecto de la bruja de Blair o Paranormal Activity? Para empezar puede obtener el calificativo de película (las antes mencionadas no). Posee un guión bastante hábil, dadas las reducidas posibilidades (un tipo metido en un ataúd durante todo el metraje). Y, además, la única interpretación del film es francamente buena, lo que me ha sorprendido gratamente, ya que no esperaba grandes cosas del marido de Scarlett Johansson, a quien había visto antes en roles de acción (Blade 3, Lobezno), comedia ( La proposición, Definitivamente, quizás) o remakes de dudoso buen gusto (La morada del miedo). Tenía a Ryan Reynolds por un actor medio tirando a bajo, pero a partir de ahora, habrá que tenerlo en cuenta.

¿Qué es lo malo de Enterrado? Se habla de la gran atmósfera conseguida por su director, Rodrigo Cortés (Concursante), pero ¿cómo nos vamos a sentir si no, al ver a alguien enterrado en vida? En cuanto el espectador se pone en la piel del protagonista, se consigue, por lo que agrandar el nombre de su director hablando de la puesta en escena, me parece un tanto ridículo.

Sobre su premisa, la idea no es ni mucho menos original. Así a bote pronto, recuerdo a Kiefer Sutherland (Jack Bauer) despertar en un ataúd y ser consciente de ello al alumbrar su encendedor en Secuestrada, de George Sluizer, a Tim Matheson sepultado con vida por su esposa en Enterrado vivo de Frank Darabont (la cual tuvo incluso una secuela) y a Uma Thurman padecer la misma situación a manos de un perverso Michael Madsen en Kill Bill 2, de Quentin Tarantino. Incluso Buffy la cazavampiros tuvo que escapar de su propia tumba al ser resucitada por sus amigos.

En cuanto al desarrollo, si bien reconozco cierto ingenio y mordacidad, sobre todo en las críticas institucionales, la película es una auténtica tortura. Ni siquiera la más que evidente influencia de Hitchcock en situaciones como las inquietantes llamadas de móvil o alguna pequeña y peligrosa sorpresa, hacen desaparecer la claustrofobia del espectador. Y por último, la pequeña trampa del final (la cual, por cierto, se adivina) hace que la película pierda bastantes enteros.

En resumen: no es una estafa, tiene momentos entretenidos, el suspense se logra, pero queda muy escasa, no es original, termina por ser repetitiva y el final no convence. Los críticos que suelen denostar el cine comercial, la aclaman, lo cual me parece hipócrita, ya que la razón principal de su éxito es una adecuada campaña de márketing para tratar de forrarse con un gasto mínimo en producción. Si eso no es propio del cine comercial, no sé qué puede serlo.

domingo, 3 de octubre de 2010

Híncame el diente


Valoración: Muy mala

En 2000, los hermanos Wayans tuvieron bastante éxito con la realización de Scary Movie, tanto que, en los siguientes seis años, llegaron tres continuaciones más. El formato se basaba en lo que años atrás hicieron Abrahams y Zucker con Aterriza como puedas: parodiar una serie de películas de éxito, sólo que los Wayans se centraban en el género del terror.

Y ya sabéis cómo va esto de Hollywood, en cuanto alguien huele negocio seguro, se apunta. Así, Jason Friedberg y Aaron Seltzer trataron de imitar el estilo de los Wayans. Primero llegó, en 2007, Epic Movie, que parodiaba los estrenos más taquilleros de aquella época. Y un año después, con Casi 300, decidieron centrarse únicamente en destrozar la magnífica película de Zack Snyder, 300, demostrando que su capacidad para escribir guiones era tan reducida, que no les llegaba para incluir gags de diferentes films.

Una vez rota la fórmula de los Wayans, Friedberg y Seltzer vuelven a la carga con Híncame el diente, centrándose en esta ocasión en la patética saga de vampiros Crepúsculo (que conste que me refiero a la cinematográfica y no a los libros de Stephanie Meyer, de los cuales no puedo opinar ya que no los he leído).

Existe un gran problema, lo suficientemente relevante como para otorgar la menor calificación posible a esta película: la tercera parte de Crepúsculo provoca muchas más risas que su parodia. Todavía recuerdo cómo el público se cachondeaba y burlaba cuando el protagonista, un vampiro de cien años, le decía no al personaje de Kristen Stewart, una jovencita que se retorcía ante su "galán" como una gata en celo, frustrada y cortada con una frase impropia del mundo adolescente: No hasta después del matrimonio.

En Híncame el diente no vais a tener esa oportunidad. Me refiero a la de reíros o burlaros, porque todo son chistes fáciles y ya vistos en otras películas de similares características, ahondando en las siempre recurrentes situaciones escatológicas.

Se hacen ciertas referencias a los realitys shows, las series teen, los Jonas Brothers, ciertas ficciones televisivas de vampiros como Buffy, True Blood o Crónicas Vampíricas, Sexo en Nueva York o incluso una mención a Come, reza, ama. Pero todo está hecho de forma tan torpe y forzada que es imposible que haga gracia. Y una comedia que aburre en lugar de hacer reír... Creo que con eso está todo dicho.

Epic Movie y Casi 300 ocupan dos puestos entre las cien peores películas valoradas en una web tan visitada como IMDB. ¿Logrará Híncame el diente situarse también en dichos "puestos de honor"? Démosle tiempo.

sábado, 2 de octubre de 2010

Machete


Valoración: Regular

En 2007, Quentin Tarantino y Robert Rodriguez filmaron Grindhouse, una película doble (en los países no anglófonos, como el nuestro, se cometió el error de emitir cada parte por separado) que homenajeaba tanto a un género cinematográfico (Serie B de terror de los setenta) como al tipo de cine donde se emitían dichas películas, en sesiones dobles y triples. Para conferir mayor realismo y ayudar al público a introducirse en aquella época, idearon una serie de falsos trailers con el colorido y los fallos de imagen propios de la época y el género citado. Machete fue uno de ellos y tanto gustó al gran público que Rodríguez, ni corto ni perezoso, decidió hacer de él una película, la cual acaba de llegar a nuestras pantallas.

¿Daba Machete para un largometraje? Pienso que no. Una cosa es ver una serie de atroces burradas durante dos minutos y otra muy distinta aguantar lo mismo una y otra vez durante hora y tres cuartos. Pero vayamos a la película.

Lo primero en lo que uno se fija es en la gran influencia de Quentin Tarantino sobre Rodriguez: uso de una violencia desmedida en clave de humor, reparto coral, diálogos políticamente incorrectos, la forma de rodar primeros planos y secuenciales, montones de guiños referenciales a otras películas, recuperación de estrellas del cine de acción venidas a menos (en este caso Steven Seagal y Sonny Croc... quiero decir, Don Johnson), uso de coches tildados como clásicos americanos... Todo eso se cumple en Machete, pero con una gran diferencia: Rodríguez posee mucho menos talento e imaginación que Tarantino. Ni siquiera la ayuda de un codirector (uno de los editores de Sin City, Ethan Maniquis) ha podido paliar la diferencia entre uno y otro.

El argumento es muy simple: un ex-policía federal mexicano, que perdió a su familia por la traición de su propio gobierno, vuelve y se los carga a todos. Todo ello sucede bajo un clima de tensión generado por el problema de los inmigrantes, tratado de una manera tan irreverente que llega a la parodia. Se adivina una protesta acerca de las brutales medidas anti-inmigración de Arizona, pero como es una película que no se puede tomar en serio, pierde bastante fuerza.

Sobre el amplio elenco, comenzaremos por el protagonista, un Danny Trejo que parece la versión mexicana de un Terminator: frases cortitas y poco trabajadas como las que emitía Tarzán, la rigidez facial de una estatua y la imposibilidad de darle muerte (vamos, que sólo le falta el ojo rojo). Entre los demás destacaremos la versión excesivamente facha de un senador norteamericano, muy lograda por el gran Robert de Niro, la amplia colección de bellezas semidesnudas (o desnudas del todo) encabezadas por Jessica Alba y Michelle Rodriguez, las viejas glorias antes mencionadas (Seagal y Johnson) y, cómo no, habituales de Rodríguez como Jeff Fahey (Planet Terror), Cheech Marin (Spy Kids) o el mítico Sex Machine de Abierto hasta el amanecer, Tom Savini.

En resumidas cuentas, un gran festival de miembros cercenados, sangre, violencia gratuita, cuerpos de escándalo, gags humorísticos y todo tipo de fantochadas, que divierte durante un rato, aunque termina por hacerse pesado. Reconozco haberme reído mucho hasta, aproximadamente, mitad de metraje. Pero entre lo repetitivo de la acción y que éste no es, ni de lejos, el mejor Rodríguez (queda muy por debajo de otras "macarradas" como Abierto hasta el amanecer o The faculty) he terminado pidiendo la hora.