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jueves, 18 de noviembre de 2010

Más allá de las estrellas (Beyond the Stars)


Valoración: Interesante

El guionista de Cocoon, David Saperstein, dirigió en 1989 esta conmovedora historia entre un joven idealista con mucho potencial en su futuro y un veterano expiloto de la NASA, que es uno de los ídolos del mencionado joven.

Esta peculiar pareja, interpretada por Christian Slater (Entrevista con el vampiro, Cazadores de mentes) y Martin Sheen (Apocalipsis Now, El ala oeste de la Casa Blanca) respectivamente, vivirá una pequeña historia, con sorpresa incluida, en un momento complicado en la vida de ambos: el joven ha de convivir con la separación de sus padres y el antiguo piloto con una enfermedad de diagnóstico grave. Cada uno será la mejor medicina para el otro, ya que el chico por fin tendrá a alguien que entiende sus sueños y lo escucha de verdad, mientras que el personaje interpretado por Sheen comenzará a recobrar la ilusión por la vida, algo que había perdido hace tiempo.

El reparto es muy completo ya que, además de estos dos conocidos artistas, tendremos la oportunidad de ver a la espectacular Sharon Stone (Instinto básico), a F. Murray Abraham (el malvado inquisidor de  El nombre de la rosa), a Robert Foxworth (el inolvidable Chase Gioberti de Falcon Crest) y a Olivia d'Abo (la joven princesita de Conan el destructor). Todos ellos interactuarán dando lugar a pequeñas aventuras, romances, algún que otro lío y, sobre todo, remembranzas del pasado acerca de cosas que les habría gustado cambiar.

Una pequeña parte del guión tiene que ver con la ecología, resaltando la importancia de nuestro planeta, cuya mayor lacra, nos guste o no, somos nosotros: los humanos.

Así pues una bonita historia, conmovedora y divertida, bien interpretada y con la duración de metraje justa, que no sólo resulta agradable de ver, sino que sabe mantener algo de suspense hasta el final, asegurando que nadie se aburra durante su visionado.

sábado, 23 de octubre de 2010

Stone


Valoración: Mala

En 2001 Frank Oz reunió a Robert de Niro, Edward Norton y Marlon Brando en The Score (Un golpe perfecto). Las expectativas eran muy altas, pero el resultado final fue bastante flojo. Nueve años después, De Niro y Norton vuelven a coincidir en Stone y, desafortunadamente, no podemos decir que la cosa haya mejorado, en esta adaptación cinematográfica de una obra teatral de Angus Maclachlan.

El primer golpe nos lo llevamos al descubrir que, a pesar de lo visto en el tráiler, no estamos ante un thriller carcelario. La mayoría de la acción se desarrolla en la cárcel, sí, pero si fuera realmente un thriller, nadie iría perdiendo paulatinamente el interés por lo que pasa, como sucede a medida que avanza el metraje, hasta el punto de que llega a convertirse en toda una invitación a Morfeo.

Técnicamente es muy pobre, tanto que me atrevería a decir que la simplona puesta en escena es propia de la pequeña pantalla. Esperaba bastante más en este apartado, dado que la realización está llevada a cabo por John Curran, director de El velo pintado.

Pero lo peor de toda la producción es el guión del propio MacLachlan, que exhibe una gran torpeza tanto a la hora de narrar la historia, como en la parte destinada a la evolución de los protagonistas. Intenta, de forma fallida y un tanto manipuladora, profundizar sobre temas como la edad, el matrimonio, las influencias religiosas y el sexo, a través de las vidas de un agente de la condicional (De Niro), un preso encerrado por pirómano (Norton) y la mujer de éste (Milla Jovovich). Pero la parte religiosa está manipulada en exceso (con moralina incluida), la matrimonial se narra a base de retazos inconexos, dejando partes importantes sin explicar y la sexual es demasiado explícita y burda (en clave de thriller erótico habría ganado mucho).

Me centro especialmente en el libreto porque es una continua pérdida de posibilidades en sus dos frentes principales. El primero, sobre la transformación de mentalidad y actitud en el personaje de Norton tras sus entrevistas con el encarnado por De Niro, se explica con un cambio de look y poco más. Y el segundo, la relación entre De Niro y Jovovich, que habría dado mucho juego explotando posibilidades como el chantaje o el sentimiento de culpa, se queda en una mera excusa para que veamos el esbelto cuerpo desnudo de la mata-zombies más famosa de Hollywood.

Supongo que a muchos os habrá pasado lo mismo que a mí, que en cuanto he visto a dos de mis actores favoritos junto a la espectacular Milla Jovovich en el mismo cartel, he corrido ilusionado al cine, pensando que con semejantes mimbres no se podía hacer nada malo. Sin embargo, me he llevado el mismo chasco que en su día sufrí al ver Los vengadores, con Sean Connery, Ralph Fiennes y Uma Thurman. Así de fuerte ha sido el descalabro.

sábado, 16 de octubre de 2010

La red social


Valoración: Notable

Algunas películas versan sobre ciertos asuntos que a uno, de entrada, no le seducen demasiado. Para alguien como yo, que no otorga al famoso Facebook la misma importancia que otras personas (prefiero charlar con mis amigos frente a una buena cerveza que hacerlo tras la pantalla de un ordenador) el argumento de La red social no me atraía demasiado. Sin embargo salió mi vena cinéfila. Y es que un guión de Aaron Sorkin (creador de la genial El ala oeste de la Casa Blanca) dirigido por todo un maestro como David Fincher, indefectiblemente tiene que ser algo digno de verse.

La evolución de Fincher en la realización ha sido fulgurante. Si bien no estuvo muy afortunado con Alien 3, alcanzó el reconocimiento con fabulosos thrillers como la asfixiante Seven, la adrenalítica The game o la original y polémica El club de la lucha. Con Zodiac comenzó a cambiar de estilo, narrando con sobriedad la historia real en la que se basó el mítico Don Siegel para filmar Harry el sucio, demostrando una gran pericia para narrar una complicadísima historia de investigación policial. Luego revolucionó el género fantástico con El curioso caso de Benjamin Button y ahora nos maravilla con este imponente retrato sobre el creador de Facebook. Es innegable, pues, que estamos ante uno de los más solventes y polifacéticos cineastas del momento.

El argumento narra la vida de Marc Zuckerberg a través de flashbacks perfectamente insertados, mientras se celebra un careo entre sus abogados y los de sus demandantes. La ironía es un punto clave en su desarrollo, ya que el genio que se enriqueció con la mayor red social del mundo, en realidad es un tipo solitario y aislado emocionalmente, un auténtico friki que no ha sabido cuidar al único amigo que tenía.

La película es un compendio de sentimientos, un estudio psicológico del protagonista. Hablamos de un genio informático que comenzó su famosa carrera a causa del odio y el resentimiento generados por el desplante de una chica. Además comprobaremos las envidias generadas en universidades de prestigio como Harvard ante el éxito rápido, el oportunismo de ciertos parásitos sociales que saben reconocer dónde se puede sacar tajada y la amargura y tristeza de quien se siente traicionado. La habilidad de Fincher para plasmar todo esto en imágenes e introducir al espectador de lleno en la historia es deslumbrante.

Sobre el montaje, diré que me recuerda mucho a Zodiac. No es tan complicado como aquél, pero funciona exactamente igual de bien: como un reloj. Y sobre los efectos especiales... ¡Sorpresa! Apenas hay. ¿Qué se demuestra aquí? Que una gran película se consigue con una buena historia, la profundidad con que ésta es narrada, la habilidad para rodarla (decir que Fincher es un virtuoso de la cámara y la puesta en escena no es descubrir nada nuevo) y la capacidad de los actores para meterse en el papel. Los efectos visuales siempre gustan, pero no pasan de ser un adorno, un elemento decorativo del que Fincher, aquí, decide prescindir.

Por último, ya que mencionamos a los intérpretes, destacaré a tres por su importancia en el relato: Jesse Eisenberg (Bienvenidos a Zombieland) interpreta de forma creíble y solvente al genio protagonista, con todas las dificultades que entraña su tortuoso y particular carácter; Andrew Garfield (El imaginario del doctor Parnassus) refleja la amargura del amigo herido y sacrificado; el tercero es el cantante Justin Timberlake, que representa al diablo en forma de atractiva tentación, confiriendo al conjunto cierto toque de tragedia clásica adaptada al siglo XXI.

Se mire por donde uno quiera, una película redonda de principio a fin. En la edición número 81 de los Oscar, Fincher perdió injustamente con su Benjamin Button, ante una mediocre y sobrevalorada tomadura de pelo titulada Slumdog Millionaire. ¿Será recompensado por aquello en la próxima edición de estos premios? Sólo el tiempo lo dirá.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Batalla en Seattle


Valoración: Floja

Batalla en Seattle
es, hasta la fecha, la única película que ha escrito y dirigido Stuart Townsend, el torpe actor que intentó, sin ningún éxito, meterse en la piel del mítico vampiro Lestat en la lamentable La reina de los condenados (todo un insulto a los fans de Anne Rice).

Cinematográficamente hablando, este film no da para mucho. Muchas de las imágenes están sacadas de archivo, mientras que en las otras, Townsend demuestra no tener ningún dominio de la cámara, demostrando su escaso virtuosismo a la hora de reflejar una batalla callejera, algo que ofrece múltiples posibilidades visuales, siempre y cuando, claro, poseas talento para la realización (que no es el caso).

Sobre el argumento, Townsend se muestra excesivamente partidista y nada objetivo. Es cierto que muchas multinacionales sólo piensan en enriquecerse y también es real el peligro que se cierne sobre nuestro planeta si se siguen explotando todos los recursos sin control. Pero el desconocimiento del director acerca de la Organización Mundial del Comercio, el GATT y el Fondo Monetario Internacional es tal, que asustaría a cualquier estudiante de segundo curso de economía (que es cuando se empiezan a estudiar materias relacionadas con el crecimiento económico).

Lo mejor del film es su reparto, plagado de estrellas. A Charlize Theron la conseguiría porque eran pareja (actualmente ya no están juntos) y al resto quizá los convenció argumentando que iba a llevar a cabo una denuncia social. Si no, no se explica que un film menor como éste disponga de Woody Harrelson, Ray Liotta, Connie Nielsen o Michelle Rodriguez.

En definitiva, película en clave de documental, que sobrevive únicamente al tratar un asunto muy polémico en nuestros días y que denota una total falta de talento al no saber aprovechar todo lo que ofrecía su magnífico elenco de actores. O lo que es lo mismo: un querer y no poder, aprovechándose de una tragedia real. ¿No era eso lo que usted trataba de denunciar, señor Townsend? ¡Cuánta hipocresía!

lunes, 27 de septiembre de 2010

El gran Vázquez

Valoración: Interesante

Óscar Aibar (La máquina de bailar, Platillos volantes) lleva al cine la vida de Manuel Vázquez, genial dibujante de Anacleto agente secreto, Las hermanas Gilda, La familia Cebolleta o El tío Vázquez (autoparodia de sí mismo) en El gran Vázquez, un biopic en clave de tragicomedia, que trata de ser un homenaje tanto de su obra, como del resto de autores de la denominada Generación del 57 de la Escuela Bruguera, como Ibáñez (Mortadelo y Filemón), Figueras (Topolino), Nadal (Pascual, criado leal), Gin (editor y director de El jueves), Raf (Sir Tim O'Theo), Segura (Rigoberto Picaporte) o Martz Schmidt (El doctor Cataplasma).

La vida de Vázquez fue un tanto paradójica. Por un lado era un brillante creador de historietas cómicas y, por otro, un caradura de armas tomar. El guión del propio Aibar nos cuenta su vida como si de una historieta más se tratara, ya que la conseguida y colorista estética, parece reflejar las aventuras de los distintos personajes creados por los autores citados en el primer párrafo.

Ya que estamos con el apartado técnico, decir que la atmósfera franquista generada en las oficinas de Bruguera es tan real, que a uno le entra claustrofobia, intuyendo aquí una crítica al maltrato de dicha editorial en contra de sus empleados, aunque en este asunto el libreto no profundiza demasiado.

El centro de la película es Santiago Segura y he de reconocer que sabe estar a la altura de un personaje tan contradictorio. Afortunadamente se sale de los excesos de Torrente y trata de mostrar a Vázquez en todas sus facetas. Moroso, timador, caradura, polígamo... Mientras la película se toma a risa estas "cualidades" tan poco recomendables, el devenir de los minutos resulta bastante entretenido, con momentos humorísticos de calidad, propios de las viñetas de Vázquez. El problema es que la parte dramática (a la que afortunadamente no destinan demasiado metraje) decae bastante.

Del resto del reparto destacar a Álex Angulo como verdadero contrapunto del protagonista (un tipo que poseía lo que en aquella época se denominaba altura moral), Enrique Villén en el rol de jefe de Vázquez (muy duro de fachada pero con un gran corazón) y las esporádicas intervenciones de algunos de los miembros de La hora Chanante. Quizá lo peor en este apartado es Mercè Llorens, en el papel de una de sus esposas, desaprovechando muchas de las posibilidades de su personaje.

En definitiva, una película a la que pondré la etiqueta de "mejor de lo esperado" ya que ha superado gratamente mis expectativas, que no eran otras que una grotesca y excesiva caricatura "made in Segura". A ratos divertida, a ratos emotiva y en ocasiones triste, me parece un acertado homenaje a Manuel Vázquez Gallego y una oportunidad para que, los más jóvenes, puedan revisar sus comics, algo que realmente merece la pena.

viernes, 3 de septiembre de 2010

El nuevo Karate Kid

Valoración: Mala

Cinco años después de la mediocre Karate Kid III, la cual todavía mantuvo una buena recaudación en taquilla, los productores de la saga quisieron estirar el producto con una cuarta parte, que resultó un desastre. Quizá el bajón de la tercera agotó la paciencia del público o a lo mejor en los noventa el espectador tenía una disposición diferente a los ochenta, el caso es que esta cuarta parte obtuvo unos irrisorios ocho millones de dólares en Estados Unidos, lo cual hundió definitivamente la saga (ya que el remake que se estrena estos días no puede considerarse parte de la misma).

Para empezar, hubo un cambio de director, ya que John G. Avildsen se encontraba rodando otros proyectos (curiosamente otro drama deportivo: 8 segundos). Tampoco se pudo contar con Ralph Macchio, que tras intervenir con relativo éxito en Desnudos en Nueva York, no quería encasillarse en el papel de Daniel San. Y algo parecido sucedió con los guionistas originales, que tampoco quisieron acometer el nuevo proyecto.

Así las cosas, El nuevo Karate Kid fue dirigido por el director de Arma Joven y El rector, Christopher Cain (padre de Dean Cain, el Superman de y no precisamente un primer espada), escrito por el inexperto Las aventuras de Lois y Clark) escrito por el inexperto Mark Lee (hasta la fecha sólo ha elaborado tres guiones en toda su carrera) y protagonizado sólo por una parte de la pareja que tanto éxito había dado a la saga: Pat Morita.

Ante este panorama, quienes pensaron que el asunto no pintaba bien acertaron de pleno, ya que el relato es tan predecible como poco adictivo. El señor Miyagi se encuentra en una ceremonia por los héroes de guerra y allí descubre a Julie, una chica problemática cuyo abuelo salvó la vida, en su día, al anciano maestro. Miyagi la recoge bajo su tutela y trata de poner orden en su vida mediante el karate. Es decir: más de lo mismo sólo que cambiando los personajes y perdiendo por completo el encanto y la frescura del primer Karate Kid.

Dentro del elenco destacaremos la incursión de una, por aquel entonces desconocida, Hilary Swank (que después ganaría dos Oscars por Boys don't cry y Million dollar baby) y Michael Ironside (V, Desafío total, Top Gun...) un actor que siempre ha mostrado gran solvencia en los roles de villano. Sin embargo, ante el descalabro de guión que les pusieron enfrente, poco pudieron hacer para salvar esta lamentable película.

El desastre en taquilla mencionado al principio, supuso que se diera carpetazo final a la serie, retomada actualmente por Will Smith, esposa e hijo, en el remake que acaba de estrenarse en España, el cual, si bien no logra superar al film original de 1984, desde luego es mucho mejor que cualquiera de sus tres secuelas.

Karate Kid III: el desafío final


Valoración: Floja

John G. Avildsen decidió exprimir al máximo el éxito cosechado por Karate Kid con esta tercera parte, la cual directamente no aporta absolutamente nada, ni a la historia, ni al género.

Es increíble que una saga basada en el karate, tan mal coreografiada, alcanzase tanta repercusión. Lo normal es que en las películas de artes marciales (independientemente de la modalidad que se practique) el protagonista sea todo un especialista: Bruce Lee, Steven Seagal, Jet Li, Wesley Snipes, Chuck Norris o Jason Statham serían ejemplos de buenos protagonistas para este tipo de películas, pero ¿Ralph Macchio? Reconozco que en el film original, tenía su razón de ser que el muchacho no fuese especialmente hábil en el combate cuerpo a cuerpo, pero ya son tres películas, así que a estas alturas debería desenvolverse con mayor soltura.

La primera parte tuvo su gracia por aquello de que un adolescente, perseguido por los matones de turno, acabó sobreponiéndose a su miedo y plantándoles cara. Además la extraña pareja formada por un chico excesivamente nervioso e impaciente y un experimentado maestro de karate de Okinawa, demostró poseer bastante química. En la segunda (que ya para mí sobraba) se trata de profundizar en la vida del anciano profesor Miyagi, ambientando la acción en su localidad natal. Pero, esta tercera, ¿a qué viene? No es más que algo totalmente repetitivo, como si la segunda parte no hubiera existido, enlazando la historia con el final del primer film.

A diferencia de la segunda parte, aquí los personajes no sufren ninguna evolución. Daniel Larusso vuelve al parloteo, al nerviosismo y a los miedos de la primera, como si todo su entrenamiento no hubiese valido nada en concepto de disciplina y autocontrol.

El relato es, pues, un torpe calco del primer Karate Kid y en los combates se vuelve a notar demasiado que Avildsen fue director de Rocky, no por la espectacularidad (todo el film adolece de ella) sino por los giros imposibles que toman.

Karate Kid fue una película que, como ya he dicho, tuvo su gracia. ¡Qué pena que no lo hubieran dejado ahí!

Karate Kid II: la historia continúa


Valoración: Pasable

Dado el éxito comercial de Karate Kid, el propio John G. Avildsen se encargó de rodar, dos años después, la segunda parte, profundizando en el pasado del señor Miyagi.

El relato se inicia justo donde terminó el primer film, lo cual no supuso un gran coste ya que utilizaron imágenes descartadas en el montaje final de la película de 1984. A partir de ahí la historia da un giro radical, ya que maestro y alumno viajarán a Okinawa, lo que no será, precisamente, un viaje de placer. Miyagi tiene asuntos pendientes desde hace muchos años y tanto él como Daniel verán cómo sus vidas corren serio peligro.

Avildsen no hizo una secuela al uso, sino que trató de ofrecer algo diferente. El escenario es Japón y ahora, Miyagi, no es el salvador, sino un perseguido más. Por su parte, Daniel también se granjeará enemigos y, cómo no, volverá a coquetear con la belleza del lugar, ya que "convenientemente" su novia de la primera parte lo ha dejado por un futbolista. Así que la atractiva Elizabeth Shue se ve sustituida aquí por la exótica Tamlyn Tomita (Four rooms, El día de mañana).

El libreto hace mucho hincapié en el honor, tanto en el combate como en el perdón, así como en el respeto al adversario. Daniel seguirá entrenando, aunque las coreografías de los montajes siguen siendo igual de mediocres, como si el chico no pudiera avanzar.

Aquí los villanos tienen más calado. Danny Kamekona (Este chico es un demonio, Luna de miel para tres) es Sato, un enemigo acérrimo de Miyagi, a quien le profesa odio mortal. El motivo de las hostilidades fue, una vez más, una chica, interpretada por Nobu McCarthy (De repente, un extraño) quien a pesar de su rostro achinado, es canadiense en la vida real.

Pero el film no sería una secuela en toda regla si Daniel no se metiese en líos y no existiese un combate final, al que va abocada toda la película (y vuelven las referencias a Rocky). El rival en esta ocasión es un peligroso discípulo de Sato, encarnado por Yuji Okumoto (Origen, Pearl Harbor) y la lucha ya no será para dilucidar el ganador de un torneo, sino a muerte.

Es interesante ver la evolución de los personajes. Pat Morita da toques románticos a su Miyagi, para mostrar que antes que profesor de karate es un hombre real. Y Ralph Macchio interpreta a un joven menos alocado, alguien que ha crecido en responsabilidad (aunque no en técnica de lucha) más decidido y menos llorica.

A pesar de ser una segunda parte más que digna, perdió gran encanto con respecto a la película original. Independientemente de ello, mantuvo el tipo en taquilla (más de cien millones en Estados Unidos y en España unos tres millones de euros, superando en nuestro país la recaudación del film anterior) lo que devino en una mediocre tercera parte y una casi paródica cuarta. Qué le vamos a hacer, esto es Hollywood.

Karate Kid: el momento de la verdad


Valoración: Buena

En 1984, el director de Rocky, John G. Avildsen, filmó Karate Kid, una especie de visión juvenil de su Rocky Balboa, sólo que con menos sangre y sin nadie gritando aquello de "Adrieeeeen".

Obviando las similitudes con la mencionada Rocky (que son muchas más que compartir director), estamos ante la historia de Daniel Larusso, un joven extrovertido que en su intento por adaptarse a una nueva ciudad, tiene la "fortuna" de ligar con la ex-novia del líder de una cuadrilla de matones. Para evitar que reciba palizas día sí, día también, un anciano oriental llega a un trato: lo dejarán en paz siempre y cuando Daniel se inscriba en un campeonato de karate, en el que participan todos ellos.

¿Cómo algo tan poco original se convirtió en un éxito? Tres continuaciones, una serie de dibujos animados, el remake que se estrena estos días... Además tiene otro problema y es que no puede sobrevivir por la calidad exhibida en los combates, hecho gracias al que suelen acogerse estas producciones (Van Damme sabe mucho sobre este particular). Sin embargo puede que ahí radique la gracia, en su realismo, ya que un joven que jamás ha dado un puñetazo en su vida, no puede convertirse en un maestro del karate de la noche a la mañana (grave error en el que se ha incurrido en la actual producción de Will Smith).

Otro punto a su favor son los poco ortodoxos métodos de enseñanza del profesor Miyagi, un técnico de mantenimiento que resulta ser todo un maestro en artes marciales. A partir de actos cotidianos como fregar suelos o pintar vallas, Miyagi enseña a su discípulo que las artes marciales son una forma de vida y no elementos de violencia. Frases como "dar cera, pulir cera" quedaron grabadas a fuego en toda una generación que disfrutó de las peripecias del joven Larusso, interpretado por Ralph Macchio (quien ya no volvió a hacer nada destacable en cine) y de su maestro Miyagi (Pat Morita, fallecido el 24 de noviembre de 2005 en Las Vegas).

A pesar de que, como ya hemos dicho, es lógico que Daniel no se convierta en un as del karate de la noche a la mañana, los combates son de lo peor que se ha visto en cine, pero no sólo por la falta de técnica, sino por el inadecuado ritmo, así como el previsible hacer de Avildsen: el protagonista siempre va perdiendo al principio para luego, milagrosamente, recuperarse (igualito que en la saga Rocky).

El secreto está en no ver Karate Kid como una película de artes marciales, ya que el fondo es mucho más importante que las peleas: la relación paterno-filial entre un anciano sin familia y un chico sin padre, el pequeño romance entre éste y la bella Elizabeth Shue (bien narrado, sin excesos y sin incurrir en pasteladas de ninguna clase), ciertas escenas inolvidables como la mítica patada de la grulla, los amaneceres en la playa o la ocurrencia de cazar moscas con palillos, la recurrente banda sonora de Bill Conti y el mensaje de que en la vida, por fuerte que sea la caída, hay que hacer todo lo posible por levantarse, hicieron de Karate Kid un film que, sin ser ni mucho menos una gran película, marcó a toda una generación.

jueves, 2 de septiembre de 2010

The Karate Kid


Valoración: Interesante

Will Smith y esposa producen este remake actualizado de la exitosa película de 1984, Karate Kid, protagonizada por el hijo de ambos, Jaden Smith (Ultimátum a la Tierra) y dirigida por Harald Zwart, un director de poco o ningún renombre, cuyas realizaciones más conocidas son Superagente Cody Banks y la lamentable Comando Hamilton.

Con este panorama, los Smith se aseguraban control absoluto sobre el primer papel protagonista de su hijo (no creo que un director holandés de segunda se atreva a replicarles) lo que, de entrada, daba cierto miedo. Pero he de decir que me he sorprendido gratamente ya que, a pesar de su previsibilidad (sigue fielmente las pautas del modelo original) y su excesiva duración (más de dos horas) el relato no me aburrió en ningún momento.

Posiblemente los mayores responsables de que la película se haga amena son sus dos protagonistas: el ya mencionado Jaden Smith parece haber heredado el magnetismo de su padre (no sólo interpreta bien, sino que la cámara le quiere) y un magistral Jackie Chan, que cambia su clásicos roles cómicos de acción por una serena y bien conseguida interpretación dramática.

El guión trata de actualizar la trama cambiando algunas cosas que servirán para añadir una serie de matices. Como en la original, un chico y su madre cambian de residencia, sólo que en esta ocasión se van del país, nada más y nada menos que a China, tratando de explotar el choque de culturas. Ahora el extranjero es el aprendiz y en su intento de aclimatarse, se creará problemas con una pandilla de violentos mocosos, por culpa de una chica.

Es aquí donde llegan las situaciones inverosímiles. Si recordáis al personaje de Daniel Larusso, era un adolescente, por lo que los problemas de faldas eran más creíbles; aquí son auténticos niños, así que dicho asunto no termina de quedar bien. Pero todavía es más increíble que un nene de doce años logre dominar el arte del kung-fu en únicamente varias semanas, hasta el punto de llegar a efectuar patadas a la altura de Bruce Lee. Ese encanto que tenía la película de 1984, con un protagonista que apenas si dominaba tres o cuatro golpes, se pierde por intentar atraer al público con una mejor factura técnica en las diferentes coreografías de lucha. Están muy logradas, sí, pero pierde toda la credibilidad que poseía el film original.

Hablando de kung-fu, ¿la película no se titula The karate kid? ¿Cómo entonces no se practica este arte marcial? Ciertamente es un error importante.

Otra de las cosas que no me han gustado es la puesta en escena. Zwart trata de ocultar sus limitaciones a este respecto con planos de bellos paisajes de China, pero en las escenas propiamente dichas, no sabe aprovechar los 16:9, de tal manera que parece más una producción televisiva que una cinematográfica.

A pesar de los fallos y de quedar bastante por debajo de las primeras aventuras vividas entre Daniel Sam y el profesor Miyagi (recalco lo de primeras, porque las continuaciones bajaron muchísimo) esta reinterpretación moderna de aquel film resulta más que aceptable, con altas dosis de emotividad, repitiendo el mensaje de que las artes marciales son una forma de vida y no dar golpes sin parar y, por qué no reconocerlo, una película bastante entretenida.

En esta semana de remakes, The Karate Kid supera con creces esa abominación llamada Predators. Quizá eso me haya influido a la hora de valorarla positivamente. Desde luego, entre una y otra no hay color.

miércoles, 25 de agosto de 2010

El seductor


Valoración: Notable

Tras La jungla humana y Dos mulas y una mujer, Don Siegel volvió a dirigir a Clint Eastwood en El seductor, un atípico western basado en la novela de Thomas Cullinan, ambientado en la Guerra de Secesión norteamericana.

Se trata de una película muy diferente a lo que Eastwood y Siegel nos tienen acostumbrados. Se podría decir que es un pequeño relato de terror psicológico, pues el protagonista es un soldado un tanto despreciable y muy peligroso que, malherido, es acogido en una escuela de señoritas del sur. A partir de ahí, el guión se centra en los maquiavélicos y perversos planes de este sujeto, perfectamente interpretado por Clint Eastwood, que sabrá aprovecharse de los celos reinantes para sus propios fines.

El estudio llevado a cabo sobre este grupo de mujeres, absolutamente reprimidas, que ven la oportunidad de escapar a una vida que odian en secreto, es sublime. El guión juega sabiamente con el morbo de la situación, obteniendo el máximo jugo posible de todos los personajes, de forma que al final uno tiene la sensación de estar viendo una pieza teatral en toda regla. También es interesante la fotografía, sobre todo el color y los contrastes de luz, los cuales, conjugados con la siempre soberbia puesta en escena de Siegel, ofrecen en muchos momentos una sensación onírica (eso que tan de moda volvió a poner en nuestros días Tim Burton).

Volviendo a Eastwood, su tratamiento del personaje es impecable, aportando todo tipo de matices para que el espectador descubra a un hombre absolutamente falso, que se muestra encantador, pero que encierra una terrible verdad. Mediante un buen uso del flashback, iremos conociendo las mentiras y engaños de este perverso personaje, que terminará descubriendo la crueldad de la que es capaz cualquier mujer despechada.

Así pues, un film que fracasó en el apartado comercial, pero cuya calidad puso de manifiesto que encasillar a alguien como Clint Eastwood era un error de enormes proporciones.

martes, 24 de agosto de 2010

21 Black Jack


Valoración: Floja

Robert Luketic, director de películas tan tontas como La madre del novio o Una rubia muy legal, continúa en su línea de mediocridad con 21 Black Jack, un film menor que adapta al cine la novela de Ben Mezrich, supuestamente basada en hechos reales.

El guión es bastante malo. Puede que sus responsables (encima son dos) crean que la inteligencia del público cinéfilo está por debajo de la media, porque hacía tiempo que no me topaba con tal cantidad de frases manidas, situaciones cliché y tan poca originalidad en una misma cinta. De lo que no tengo ninguna duda, es de que ninguno de los dos ha visto films de cartas tan insignes como El rey del juego o Rounders, porque jugar a las cartas no puede ser tan aburrido, porque añadir moralina cuando hablamos de un juego de azar resulta absurdo y porque tratar de dar un toque de gracia en los últimos minutos con un final sorpresa, que no sorprende, resume el querer y no poder de este pobre libreto.

Luego está el descalabro cometido con el elenco. Kevin Spacey (destilando clase cada vez que aparece en pantalla) y Laurence Fishburne ven minimizada su presencia en favor de una serie de actores jóvenes y sin talento, que aportan poco o nada a sus personajes con sus vacías interpretaciones. Así, uno piensa en lo que pudo haber sido y no fue, si el guión hubiera sabido aprovechar a estos dos colosos en lugar de centrarse, únicamente, en intentar que el público juvenil abarrote las salas.

Del apartado técnico mejor ni hablar. Indiscutiblemente Luketic no es un virtuoso de la cámara. Los repetitivos planos van en consonancia con la falta de ritmo en la narración, aspectos estos fundamentales para concluir si una película es buena o mala y 21, suspende categóricamente en ambos.

En definitiva, un film olvidable del que sólo podemos rescatar la sonrisa de Kate Bosworth (tan guapa como mala actriz), la media hora inicial, algún que otro momento brillante del siempre genial Kevin Spacey y poquito más, por lo que la recomendación de un servidor es la siguiente: no la veáis.

jueves, 19 de agosto de 2010

La vida secreta de las abejas


Valoración: Buena

Adaptación cinematográfica del best-seller homónimo de Sue Monk Kidd, libro que se intentó llevar al cine varias veces y que por fin vio la luz en la gran pantalla, gracias a la producción de las esposas de Will Smith y Richard Donner.

Estamos ante un buen drama de personajes, quienes son verdaderamente el centro de la historia. De acuerdo que el contexto es importante, pues se centra en el año 1964, en plena revolución de los derechos de las personas de raza negra y en un lugar tan conflictivo como Carolina del Sur. Sin embargo, aunque se toca, el racismo no es la parte más importante del film, sino el devenir de una niña (una espectacular, como siempre, Dakota Fanning) que huye de un pasado más que tortuoso, con un padre (el limitado Paul Bettany) que no la quiere y creyéndose culpable de la muerte de su madre. Su único mecanismo de defensa consiste en su gran imaginación para inventar historias, el cual también es contraproducente, pues le hace huir de la realidad.

El desarrollo de este personaje, su interior y el difícil paso que debe dar para exteriorizar lo que lleva dentro, es el meollo de la película. Y éste se llevará a cabo gracias a una estupenda Queen Latifah (Chicago, Se armó la gorda) quien, junto a sus hermanas (Sophie Okonedo y Alicia Keys) adoptarán a la protagonista y a su criada negra (la ganadora del Oscar a mejor actriz de reparto por Dreamgirls, Jennifer Hudson).

Sin el buen hacer de todas ellas, la película podría haber sido un pequeño fiasco, pero sus interpretaciones son de primera magnitud, de tal manera que conseguirán introducir al espectador de lleno en la historia. Es curioso que tres de ellas sean cantantes (Latifah, Keys y Hudson) pues demuestran desenvolverse muy bien dentro de la gran pantalla.

Lo peor de este melodrama es la torpe actuación de Paul Bettany (Legión, Firewall, Wimbledon, El misterio de Wells, Destino de caballero... ¡Vaya currículum!) y la pobre realización de Gina Prince-Bythewood, quien proviene del mundo de la televisión. Su falta para aprovechar el formato de dieciséis novenos, la mediocre puesta en escena y ciertas fases de estancamiento narrativo el un guión, escrito también por ella, que no sabe ahondar en la problemática del racismo, desmerecen la fantástica labor de la mayoría de un elenco que es, con diferencia, el que hace que el relato funcione.

Con otro director posiblemente habría sido una de las grandes películas del año. Sin embargo, sólo por ver las grandes interpretaciones de Fanning, Latifah y Hudson, merece la pena.

martes, 3 de agosto de 2010

Las vidas posibles de Mr. Nobody


Valoración: Notable

El belga Jaco Van Dormael (Toto el héroe, El octavo día) escribe y dirige, tras pasar trece años desde su último trabajo, Las vidas posibles de Mr. Nobody, una película que podríamos adjetivar de muy diferentes modos: bella, que digo bella, bellísima en las formas, los colores y la estética en general; pretenciosa y ambiciosa en su búsqueda del sentido de la vida; por último complicada, dada su compleja estructura circular que nos narrará las posibles vidas de un personaje, Mr. Nobody, en función de las decisiones tomadas en cada bifurcación que le ofrece la vida.

Una película como ésta tiene una labor más que encomiable en el apartado de montaje. La historia no es lineal, entre otras cosas porque no es posible narrarla de esa manera. En la vida hay múltiples elecciones, por lo que seremos testigos de varias vidas paralelas y de cómo éstas se van desarrollando. Aquí el guión aprovecha mitos como el célebre "efecto mariposa", para explicar que pequeños acontecimientos pueden derivar en cambios radicales, o la eterna búsqueda del sentido de la vida, entremezclando explicaciones científicas como la teoría de cuerdas o el Big Bang, con visiones espirituales sobre la vida, la muerte y el más allá.

Van Dormael utiliza una figura que me encanta: un periodista (Daniel Mays, visto en películas como Expiación, más allá de la pasión o La vida secreta de las palabras) que entrevista a Mr. Nobody cuando éste acaba de cumplir 118 años, en un mundo futuro en el que la ciencia ficción aparece en escena. Dicho periodista es el hombre cabal, una persona racional que intenta comprender cómo es posible que Mr. Nobody haya podido coexistir en diferentes realidades, de forma que en muchos casos, el espectador conectará con él, al encontrarse igual de perdido ante tal cantidad de vivencias.

Además de la elección, el libreto explota sentimientos como la angustia, la incertidumbre, el amor, la pasión, la pena e incluso la locura y la cordura, pues se mueve por unos derroteros en los que es fácil confundir la realidad, la imaginación y el mundo de los sueños. Aunque bien podríamos decir que el relato es una pregunta constante acerca de todo, de tal manera que conseguirá hacer reflexionar al público sobre muchos aspectos de la vida. Y hoy en día encontrar en el cine una película que te haga pensar, es todo un hallazgo.

Sobre el elenco, decir que todos están fantásticos. Jared Leto (Alejandro Magno, Réquiem por un sueño) es Nemo Nobody, el protagonista. El curioso nombre me parece acertadísimo: por un lado la referencia al Capitán Nemo, un gran viajero y por otro, Nobody ("nadie" en inglés) reflexiona acerca de uno de los pensamientos que fluyen por el elaborado guión: ¿realmente existimos? Leto está acompañado por la bellísima Diane Kruger (Malditos bastardos, Troya) que sustituyó a Eva Green (Casino Royale, El reino de los cielos) a mitad de rodaje, de ahí que luzca morena en lugar de su rubio habitual. Otros destacados son Sarah Polley (Splice, Amanecer de los muertos) o Rhys Ifans (Equipo a la fuerza, Notting Hill) un actor al que estoy acostumbrado a ver en comedia y que aquí se muestra realmente solvente en un rol netamente dramático.

No es la primera vez que en una película se juega con vidas paralelas a partir de una elección. Ahora mismo me viene a la cabeza Dos vidas en un instante de Peter Howitt, protagonizada por Gwyneth Paltrow, aunque el desarrollo de ésta es mucho más simple y, también, mucho menos pretencioso. Aún así, creo que el film de Van Dormael rebosa originalidad y talento.

El desenlace final puede que no convenza a todo el mundo. Uno no sabe a qué atenerse, ya que la película se mueve a caballo entre la ciencia ficción, el drama y el romance, de ahí que a algunos les resultará algo tramposo y a otros excesivamente facilón. Puede que tenga algo de ambas cosas, pero es coherente con toda la trama, así que me atreveré a tildarlo como satisfactorio.

A modo de resumen final, diré que Las vidas posibles de Mr. Nobody me parece un film fascinante, en el que la bella factura visual no se emplea únicamente como adorno (los colores, por ejemplo, tienen su símbolo y su significado) y su enrevesado guión busca entre los entresijos de la humanidad, generando todo tipo de preguntas que serán respondidas, únicamente, por el respetable. En mi opinión, la gran sorpresa cinematográfica de 2010.

lunes, 21 de junio de 2010

El retrato de Dorian Gray


Valoración: Floja

Desde que en 1913 Phillips Smalley realizase un corto sobre la novela de Oscar Wilde, El retrato de Dorian Gray, hasta esta versión actual de Oliver Parker, son muchas las adaptaciones que dicha novela ha conocido tanto en cine como en televisión. Aunque no las he visto todas, me atrevo a afirmar que la mejor fue la que llevó a cabo, en 1945, Albert Lewin (Pandora y el holandés errante), con un genial George Sanders (ganador del Oscar como secundario en Eva al desnudo) en el rol de amigo aristócrata del protagonista. Y posiblemente la de Oliver Parker rivalice con la de David Rosenbaum de 2004 (protagonizada por el conocido actor de Las Vegas y Transformes, Josh Duhamel) por ser la peor de todas.

Como director y guionista, Oliver Parker ya había acometido la tarea de adaptar al cine otras dos obras de Oscar Wilde (Un marido ideal y La importancia de llamarse Ernesto) e incluso se atrevió, en su ópera prima, a llevar al cine la obra de Shakespeare, Otelo. Y francamente, he de reconocer que las tres son muy superiores a la película que nos ocupa. No sé si la causa será que Parker no es el responsable del libreto (misión que ha recaído en el debutante Toby Finlay) pero lo cierto es que he salido del cine bastante decepcionado.

Para empezar estamos ante un film de carácter netamente comercial, algo que no debería ser incompatible con la novela de Wilde, ya que da para mucho. Pero claro, si la película obvia todo el estudio y la profundidad que merece un personaje del calado de Dorian Gray, en favor de efectismos fáciles, sin sutilezas y cayendo en el error de mostrarlo todo sin dejar nada a la imaginación ni a la sugestión, rozando muy de pasada y sin profundidad asuntos como el "tempus fugit", el ansia, el odio o la venganza, el largometraje se asemeja más a las películas de sobremesa televisiva que a una producción cinematográfica.

En el apartado técnico decir que la puesta en escena es muy mejorable, ya que la atmósfera de la época resulta un tanto artificial. Por no hablar de los momentos en los que el protagonista da rienda suelta a sus vicios y depravaciones, secuencias que deberían ofrecer algo de terror o emoción en concepto del bien contra el mal, pero que simplemente se quedan en escenas de dudoso buen gusto. Considero que no hace falta ser vulgar para escenificar una vida repleta de excesos, pero claro, habría que incurrir en las mencionadas sutilezas de las que adolece todo el film y, posiblemente, los productores no estarían de acuerdo al considerar que sin sexo y violencia explícitos, el número de asistentes podría verse reducido.

Por último, sobre el elenco de actores decir que los secundarios Colin Firth (El diario de Bridget Jones, Un hombre soltero) y Ben Chaplin (La delgada línea roja, Poseídos) poco pueden hacer con unos personajes totalmente esquemáticos (y eso que Firth se esfuerza un poco más que el resto). Y sobre el protagonista, Ben Barnes (Las crónicas de Narnia, Stardust) simplemente decir que un nuevo miembro del museo de cera ha nacido, pues su inexpresividad es digna del mismísimo Orlando Bloom.

Es preferible volver a visionar la de 1945, que incluía momentos terroríficos como aquel en que se descubre el cuadro al final de la película. Si comparamos ambas situaciones en los dos films, descubriremos la diferencia entre una buena película de terror y una insustancial producción con un único afán: el recaudatorio.

sábado, 29 de mayo de 2010

Invictus


Valoración: Notable

Recuerdo haber visto por televisión la final del mundial de rugby de 1995 entre Suráfrica y Nueva Zelanda. En aquel momento para mí sólo fue un evento deportivo y he de reconocer que, como fan de Jonah Lomu, me disgusté cuando Nueva Zelanda perdió el partido.

Quince años después Clint Eastwood ofrece la misma final, explicando todas las connotaciones que conllevó aquel campeonato y, curiosamente, me convierto en un Spring Bok más. Es lo que pasa cuando la historia te la cuenta un genio de la narración cinematográfica como él.

Eastwood demuestra en Invictus muchas de las cosas que le han convertido en un excepcional cineasta: una historia bien contada con una puesta en escena encomiable, tanto en las secuencias de los partidos como en los abundantes detalles con los que nos regala la vista.

Se ha criticado esta película por centrarse demasiado en el aspecto deportivo, ya que el libro de John Carlin en el que está basada, profundizaba mucho más en los esfuerzos de Mandela para unir a negros y blancos tras cuarenta años de appartheid. Y sí, he de reconocer que el guión de Anthony Peckham (un no muy hábil escritor, como demuestran sus trabajos en Ni una palabra y Sherlock Holmes) tiene luces y sombras. El aspecto épico-deportivo está perfectamente explicado, ahondando en los diferentes estados de ánimo por los que atraviesa un deportista de élite. Sin embargo, el aspecto político queda muy por debajo de las posibilidades que esta historia ofrecía.

Pero Eastwood es un maestro tanto en realización como en preparación de actores, las dos principales bondades de esta película. Sobre la filmación, el realismo con el que Eastwood rueda acciones típicas del rugby como placajes, tácticas defensivas, golpes de castigo, ensayos, pases atrás o incluso la temible danza neozelandesa, es sobresaliente.

Y sobre los actores, ¿qué decir de Morgan Freeman? En una de sus mejores interpretaciones, Freeman efectúa un elogiable trabajo dando vida a Nelson Mandela. La forma de moverse, la de hablar, los gestos... Una auténtica gozada.

No es lo mejor que ha hecho Clint Eastwood, cierto. Hay mucho más de oficio que de brillantez, pero ¿cuántos directores de hoy en día cuentan con ese oficio? ¿Cuántas veces salimos del cine con la satisfacción de haber visto una película de calidad? Eastwood tiene tan alto el listón que sus peores películas son filmes que otros ni siquiera sueñan con poder realizar. Y eso hace que el bueno de Harry el Sucio siempre sea un valor seguro.

sábado, 20 de marzo de 2010

Antichrist


Valoración: Muy mala

Cada vez que leo que Lars von Trier y Michael Haneke son los dos mejores realizadores que hay en Europa, me da la risa. Estos dos elementos se dedican lisa y llanamente a provocar al espectador y últimamente lo hacen de forma tan insultante, que uno no se explica cómo hay productores tan tarados que financian cosas que definiría como blasfemias para un cineasta.

La última profanación del Séptimo Arte de Lars von Trier es Anticristo y, sintiéndolo mucho, voy a ser durísimo con ella, entre otras cosas porque no soporto las injusticias. ¿Cómo es que la última parte de la saga Saw se emite en España en cines de categoría X y una película en la que no hay otra cosa que sexo duro y sangre no merece tal consideración?

No soy ningún mojigato, no van por ahí los tiros. El asunto es que me cabrea bastante que haya esa diferencia de consideración entre una película y otra. Es una injusticia y así lo denuncio. En Saw VI no hay nada que no aparezca en el resto de películas de la serie, pero en Anticristo aparecen secuencias propias de una película pornográfica y nadie se ha llevado las manos a la cabeza por ser emitida en cines convencionales.

Injusticias aparte, Anticristo se resume de una manera muy fácil: una pareja en crisis por la muerte de su hijo no para de practicar sexo para solucionar todos sus problemas; después uno de los dos pierde la cabeza e intenta torturar y asesinar al otro. Todo ello rodado con todo el mal gusto posible, violencia gratuita, uso mareante de la cámara, abuso de la cámara lenta y los primeros planos y sin ningún sentido. En resumidas cuentas, algo propio de una mente enfermiza y demente.

Resulta que el propio director reconoce que la película es de lo peor que ha hecho ya que estaba saliendo de una depresión (vamos, que no iba desencaminado del todo), lo que deja más que claro que Lars von Trier, por razones que ignoro, es un realizador sobrevaloradísimo por la crítica y a quien se le permite hacer cualquier cosa.

Mi problema es que me gustan profesionales como Clint Eastwood, es decir, cineastas que saben qué ofrecer, cómo mantener firme el pulso narrativo, cómo introducir al público en una historia, cómo manejar la cámara de forma elegante y sutil, cómo cuidar la puesta en escena, los diálogos, los detalles... Pero claro, ni Eastwood ni un servidor debemos de entender de cine.

La cinta blanca


Valoración: Mala

El perturbado Michael Haneke (tras ver Funny Games es el adjetivo más suave que se me ocurre para su persona) vuelve a hacer más de lo mismo, por mucho que se empeñen en tildarlo de transgresor, original y no sé cuántos epítetos falsos más.

Las películas de Haneke tienen siempre el mismo argumento: ahondar en la miseria humana. Viendo su filmografía uno piensa que este realizador austriaco no tiene ningún tipo de fe en la humanidad. Claro, así son sus películas.

Para Haneke la miserable condición humana está caracterizada por la crueldad y la ignorancia. Su mensaje siempre es el mismo, obsesionado con las actitudes extremas e intolerantes. Y digo yo, ¿acaso sus películas no son extremas e intolerantes? Ya lo creo que sí.

La estética está bien cuidada (por decir algo bueno del film) pero no así la puesta en escena que, una vez más, carece de cualquier tipo de sonido impactante. ¿Por qué ese empeño en que todo lo que huele a comercial es malo? Pero voy más allá: ¿por qué una buena banda sonora o unos buenos efectos de sonido son, para Haneke, comerciales? Creo que muchos músicos de renombre no estarían de acuerdo con él.

He dejado el guión para el final, porque no tiene desperdicio: nada original (eso ha quedado ya explicado), aunque se pretende no hay intensidad en la trama, muchos personajes son triviales, hay un excesivo simplismo en el uso de ciertas metáforas y, para rematar la faena, una insulsa y sobrante historieta de amor (¡¡¡Cuidado, Haneke, que esto último es un recurso comercial!!!)

Muchos consideran a este elemento y a su homólogo danés (Lars von Trier) como grandes exponentes del cine de autor. Discrepo por completo. ¿Quienes son para mí los grandes autores de cine? Ni más ni menos que Clint Eastwood, Steven Spielberg, John McTiernan, James Cameron, Ridley Scott... Es decir, los que hacen al cine más grande cada día, que no es el caso, ni de lejos, de Michael Haneke.

El luchador


Valoración: Interesante

El término "culto" en el cine se utiliza muy a la ligera. Se habla de películas, actores y guionistas de culto con una facilidad pasmosa. Es el caso de Darren Aronofsky, considerado director de culto tras realizar un film ininteligible como Pi, fe en el caos. Me da que tiene más que ver con el mito del traje del emperador que otra cosa, pero bueno, eso ya sería meternos a valorar otro largometraje.

El caso es que El luchador es una buena película, magníficamente interpretada por Mickey Rourke, un actor que parecía acabado desde hace años. Pero Hollywood, de vez en cuando, concede segundas oportunidades; simplemente hay que saber aprovecharlas.

Si saco a relucir al protagonista antes que hablar de guión, puesta en escena y demás, es porque toda la película se basa en él. De hecho se podría afirmar con rotundidad que sin Rourke no habría película, lo cual me reafirma en no considerar a Aronofsky como un grande del cine.

El film tiene su punto fuerte en los sentimientos. Se trata de una mirada melancólica al pasado de alguien que fue un número uno mundial, convertido ahora en una persona con una existencia vulgar, preocupada por los problemas cotidianos como el pago del alquiler o el amor no correspondido.

Hay otros temas secundarios que el guión de Robert D. Siegel (The onion movie) toca sin llegar a profundizar, como el atractivo de la violencia en nuestro mundo, el tempus fugit o el vano intento de hacernos creer que el pressing catch es un deporte. Ciertamente las secuencias de lucha están rodadas con gran realismo y puesta en escena impecable, pero nadie va a convencerme de que la lucha libre norteamericana es similar a la grecorromana.

A pesar de que hay momentos emocionantes, la sencillez y previsibilidad de la trama, así como su lento desarrollo implican que, de no ser por Rourke y la atractiva Marisa Tomei, la película debería haber ido directamente al video-club, sin pasar por la gran pantalla, dejando un tanto en evidencia a un sobrevalorado Aronofsky, quien, por mucho que se empeñen, todavía dista mucho de ser un gran cineasta.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Zhao


Valoración: Floja

Susi Gozalvo debuta en la gran pantalla con Zhao, un film menor influenciado en exceso por el carácter documental que le ha imprimido su directora (lo mismo que en sus dos cortos Lacorbatadelorenzo.com y César y yo). Así las cosas, Gozalvo presume de crear cine de autor, con este film supuestamente independiente, aunque no es ni una cosa ni otra.

Se pronuncia con mucha ligereza el término cine de autor con directores noveles, cuando éste sólo puede ser llevado a cabo por realizadores que han marcado una pauta cinematográfica, gracias a una forma de trabajar original. Luego está lo del cine independiente, por definición, contrario al cine comercial. ¿Acaso no es comercial la presencia de Miguel Ángel Silvestre? Un intérprete de lo más vulgar convertido en sex symbol tras su papel de "El Duque" en la serie de televisión Sin tetas no hay paraíso, paseándose de contínuo en ropa interior por la película es, claramente, un reclamo comercial. Teniendo en cuenta que todo el relato ofrece una visión feminista de las cosas, utilizar el recurso de Silvestre para aumentar la audiencia es tan ridículo como tramposo.

En lo que al argumento se refiere, la película se hunde. Un relato de estas características exige profundidad de diálogos y de personajes. Para empezar, Menh-Wai Trinh, es una presentadora de televisión (Redes) por lo que difícilmente puede conferir a su personaje el calado necesario que exige una historia de denuncia social como ésta. Por otro, un asunto como la adopción de niñas chinas en España, merecería un libreto que realmente supiera ahondar en sus sentimientos y miedos, en lugar de complicarse con una pequeña trama en clave de mini-thriller, sobre una serie de asesinatos en China, con el fin de seguir criticando al mundo.

El desarrollo es muy lento. Hay flash-backs insertados, pero en lugar de agilizar la acción todavía la ralentizan más, ya que lejos de ser explicaciones interesantes, se pierden en la melancolía de la protagonista.

Lo único destacable de toda la producción es el manejo de la cámara. Gozalvo combina en algunos momentos una rápida sucesión de tomas con juegos de imágenes, que resulta bastante interesante. Pero ni siquiera alguien del talento de Brian de Palma salvaría, únicamente con su virtuosismo en este menester, una película con un guión tan poco satisfactorio.