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jueves, 18 de noviembre de 2010

Una casa patas arriba (Are We Done Yet?)


Valoración: Floja

El director de comedia Steve Carr (Papá canguro, Dr. Dolittle 2) decidió castigarnos en 2007 con esta versión cutre y sin imaginación de aquella comedia que protagonizó en su día Tom Hanks titulada Esta casa es una ruina. No es un remake oficial, entre otras cosas porque se trata de la segunda parte de otra comedia bastante torpe de título Cuando llegamos (la  cual, incomprensiblemente, Ice Cube ha adaptado  en 2010 a serie televisiva) pero está basada claramente en la mencionada película de Richard Benjamin.

¿Qué podemos esperar de Una casa patas arriba? Más bien poco. Por un lado Ice Cube es un actor desastroso. Cuando hacía de joven rebelde enfadado con el mundo, como en Semillas de rencor de John Singleton, tenía un pase dado su invariable ceño fruncido. Pero como actor de comedia es un auténtico desastre, incapaz de transmitir otro sentimiento que no sea el de "cabreo monumental".

El guión está escrito por Hank Nelken, autor del libreto de Tres idiotas y una bruja de Dennis Dugan. ¿Hace falta decir algo más? Creo que no, pero por si acaso, apostillaré: falta de ingenio, chistes sin gracia, histrionismo desmedido como sustituto de gags inteligentes, humor excesivamente racial...

El único intérprete que tiene cierta gracia y que, además, parece esforzarse con su cometido, es John C. McGinley (seguro que muchos lo reconocéis por la serie Scrubs). Lo que pasa es que llega un momento en que su personaje comienza a hartar, no por la mala praxis del actor, sino por un guión que exagera su puesta en escena hasta el colmo de la exasperación.

¿Habrá algo salvable en toda la producción? Sí, la presencia del mejor jugador de baloncesto de todos los tiempos, el incomparable, genuino y estelar Magic Johnson. Pero, por muy fan que uno sea del exbaloncestista angelino (y a fe que yo lo soy) no es suficiente para salvar esta patética peliculita.

Es mejor rescatar de algún video-club la original de Tom Hanks, ya que sin ser la mejor comedia de la historia (ni mucho menos) sí posee la capacidad de hacer reír al espectador.

Esta casa es una ruina (The Money Pit)


Valoración: Pasable

Richard Benjamin (Ciudad muy caliente, Sirenas) dirigió en 1986 Esta casa es una ruina, una producción de  Steven Spielberg englobada en los inicios de la carrera del oscarizado Tom Hanks, cuando se dedicaba única y exclusivamente a roles de comedia.

En la década de los ochenta, Hanks consiguió mucha popularidad por protagonizar comedias tan divertidas como Un, dos, tres... Splash, Despedida de soltero, Dos sabuesos despistados, No matarás al vecino, Socios y sabuesos o la película que hoy nos ocupa. Aunque de entre todas ellas, la que le dejó más huella fue Big, demostrando que era capaz de otros registros interpretativos. Luego, en los noventa, llegarían Philadelphia y Forrest Gump, las cuales catapultarían su fama hasta la cima del estrellato.

Centrándonos en Esta casa es una ruina, diré que es una comedia que podría catalogarse incluso de índole menor, entre toda la filmografía de Tom Hanks. No es la mejor ni la más divertida, sin embargo funcionó bastante bien. Las peripecias de dos enamorados que compraban una casa, la cual se caía a pedazos, resultaron bastante divertidas para el gran público. Incluso todos empatizábamos con el personaje de Hanks en los momentos en los que el film decae, con un triángulo amoroso entre Alexander Godunov (aquel malvado terrorista rubio con el que Bruce Willis tuvo sus más y sus menos en Jungla de cristal), Shelley Long (que por aquel entonces gozaba de bastante fama por protagonizar la célebre serie Cheers) y el propio Hanks.

A pesar de que, como ya he dicho, no es la mejor comedia de Tom Hanks, hay que destacar algunos buenos detalles, como la imponente banda sonora, capaz de entremezclar hábilmente música clásica con música moderna de la época. Otro factor a tener en cuenta son los homenajes a la antigua comedia de cine mudo, los cuales están repartidos por todo el film.
En resumidas cuentas, se trata de una película para pasar el rato. Muy divertida en lo que se refiere a la cantidad de peripecias y locuras que pueden suceder en la casa en cuestión (verdadera protagonista del film), pero de ritmo inconstante, además de previsible en exceso.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Los otros dos (The other guys)

Valoración: Floja

Cuando alguien realiza una película con el único objetivo de provocar la carcajada en el espectador, debe ser fiel en todo momento a ese espíritu porque, de lo contrario, indefectiblemente meterá la pata y terminará por aburrir. Ése es el principal problema de Los otros dos, film de Adam McKay (Hermanos por pelotas) que comienza muy bien, dada la cantidad de elementos cómicos y gags hilarantes que contiene en sus primeros veinte minutos, pero que va desinflándose poco a poco, al tratar de introducir elementos dramáticos en el desarrollo de sus caracteres principales.

Estamos ante la típica película en la que el argumento es lo de menos, ya que se centra en las posibilidades cómicas de una pareja de policías, que están considerados como los dos mayores patanes de todo su departamento. El problema es que no hay química entre ellos. De hecho la mejor parodia de las buddy movies tipo Arma Letal, la llevan a cabo dos de los secundarios, Dwayne "La Roca" Johnson y Samuel L. Jackson, imitando las locuras que llevaban a cabo Mel Gibson y Danny Glover en la conocida saga de Richard Donner, con la particularidad de que aquí, los personajes encarnados por Johnson y Jackson son premiados por destrozar la ciudad, en lugar de ser suspendidos, como les sucedía a otros policías célebres como Harry Callahan o John McClane.
 
Si los actores de reparto superan a los principales, la cosa no suele pintar muy bien. Mark Wahlberg nunca ha estado especialmente dotado para la comedia (ni para nada que se salga del rol de tipo duro y malhablado) y Will Ferrell posee un humor que, personalmente, siempre termina por hacérseme pesado. No negaré que el guión presenta bárbaras ocurrencias y jocosos comentarios, que me han hecho reír en varias ocasiones, pero su falta de ritmo, unido a que no ha sabido mantenerse fiel al estilo inicial de comedia salvaje y absurda, por intentar dotar de cierta profundidad a sus protagonistas, ha provocado que la película fuera decayendo hasta límites insospechados.

Creo que la premisa inicial daba mucho juego en clave de parodia exagerada, pero no se ha sabido explotar. Las referencias a otras películas han sido muy de pasada y, sinceramente, ninguno de los protagonistas ha logrado acercase, ni de lejos, a la empatía que me provocaron Robert Downey Jr. y Zach Galifianakis en la reciente Salidos de cuentas. Aquélla sí terminó por ser una buddy movie en toda regla. Ésta, desgraciadamente, se ha quedado a medio camino.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Salidos de cuentas (Due date)

Valoración: Interesante

Tras el gran éxito de Resacón en las Vegas, Todd Phillips vuelve a la carga con Salidos de cuentas, una hilarante comedia en clave de road movie, con influencias de Mejor solo que mal acompañado de John Hughes y evidentes reminiscencias del cine de Judd Apatow, como personajes con la enfermedad de Peter Pan o amistades masculinas un tanto peculiares.

Sin embargo, la principal referencia es Resacón en las Vegas. Por un lado, el póster guarda muchas similitudes para atraer al personal y por otro, el actor Zach Galifianakis lleva a cabo un rol muy similar al de aquella película. Desde luego no seré yo quien critique a Phillips por tratar de sacar el máximo beneficio a aquella magnífica historia sobre una loca y desenfrenada despedida de soltero. Otros lo hacen con abominaciones como Paranormal Activity y se forran. Al menos Phillips nos hace partirnos de risa durante todo el metraje, algo muy de agradecer en esta época de crisis que actualmente nos asola.

En Salidos de cuentas no hay que buscar personajes profundos o grandes historias. La película tiene un único objetivo, que no es otro que lograr que el espectador ría a mandíbula batiente de principio a fin. Fiel a ese espíritu, veremos las peripecias de dos desconocidos que se ven obligados a recorrer los Estados Unidos en coche, situación que el guión aprovecha para recrearse con todo tipo de extravagantes ocurrencias, algunas al más puro estilo hermanos Farrelly, lo que unido a la gran inspiración en el desempeño de sus papeles del carismático Robert Downey Jr. (Iron Man) y el ya mencionado Galifianakis, consigue, indefectiblemente, que el respetable lo pase en grande.

Algunos secundarios son de lujo, como Jamie Foxx (Un domingo cualquiera). Otros como Michelle Monaghan (La conspiración del pánico, Misión imposible 3) pasan bastante desapercibidos. También hay espacio para las sorpresas, como la aparición de Juliette Lewis (sobre todo porque anunció hace algún tiempo que dejaba la interpretación para dedicarse a la música) o la de ciertos personajes muy famosos por protagonizar una de las series cómicas del momento, cuyos nombres no desvelaré para no aguar la fiesta a nadie.

En resumidas cuentas, tenemos una comedia gamberra, alocada y desmadrada, que si bien no llega a la altura de Resacón en Las Vegas, ni tampoco destila, precisamente, originalidad, resulta un auténtico disfrute al conseguir que todo el mundo pase noventa minutos de puro desenfreno y carcajeo. No será una gran película desde el punto de vista del crítico (ni falta que hace) aunque hay que reconocer la buena mano en la filmación de Todd Phillips, además de la cuidada fotografía y la acertada banda sonora. El caso es que este tipo de films son muy necesarios, pues a pesar de no compartir nada con las películas de Clint Eastwood, son verdaderamente capaces de alegrarte el día.

domingo, 3 de octubre de 2010

Híncame el diente


Valoración: Muy mala

En 2000, los hermanos Wayans tuvieron bastante éxito con la realización de Scary Movie, tanto que, en los siguientes seis años, llegaron tres continuaciones más. El formato se basaba en lo que años atrás hicieron Abrahams y Zucker con Aterriza como puedas: parodiar una serie de películas de éxito, sólo que los Wayans se centraban en el género del terror.

Y ya sabéis cómo va esto de Hollywood, en cuanto alguien huele negocio seguro, se apunta. Así, Jason Friedberg y Aaron Seltzer trataron de imitar el estilo de los Wayans. Primero llegó, en 2007, Epic Movie, que parodiaba los estrenos más taquilleros de aquella época. Y un año después, con Casi 300, decidieron centrarse únicamente en destrozar la magnífica película de Zack Snyder, 300, demostrando que su capacidad para escribir guiones era tan reducida, que no les llegaba para incluir gags de diferentes films.

Una vez rota la fórmula de los Wayans, Friedberg y Seltzer vuelven a la carga con Híncame el diente, centrándose en esta ocasión en la patética saga de vampiros Crepúsculo (que conste que me refiero a la cinematográfica y no a los libros de Stephanie Meyer, de los cuales no puedo opinar ya que no los he leído).

Existe un gran problema, lo suficientemente relevante como para otorgar la menor calificación posible a esta película: la tercera parte de Crepúsculo provoca muchas más risas que su parodia. Todavía recuerdo cómo el público se cachondeaba y burlaba cuando el protagonista, un vampiro de cien años, le decía no al personaje de Kristen Stewart, una jovencita que se retorcía ante su "galán" como una gata en celo, frustrada y cortada con una frase impropia del mundo adolescente: No hasta después del matrimonio.

En Híncame el diente no vais a tener esa oportunidad. Me refiero a la de reíros o burlaros, porque todo son chistes fáciles y ya vistos en otras películas de similares características, ahondando en las siempre recurrentes situaciones escatológicas.

Se hacen ciertas referencias a los realitys shows, las series teen, los Jonas Brothers, ciertas ficciones televisivas de vampiros como Buffy, True Blood o Crónicas Vampíricas, Sexo en Nueva York o incluso una mención a Come, reza, ama. Pero todo está hecho de forma tan torpe y forzada que es imposible que haga gracia. Y una comedia que aburre en lugar de hacer reír... Creo que con eso está todo dicho.

Epic Movie y Casi 300 ocupan dos puestos entre las cien peores películas valoradas en una web tan visitada como IMDB. ¿Logrará Híncame el diente situarse también en dichos "puestos de honor"? Démosle tiempo.

lunes, 27 de septiembre de 2010

El gran Vázquez

Valoración: Interesante

Óscar Aibar (La máquina de bailar, Platillos volantes) lleva al cine la vida de Manuel Vázquez, genial dibujante de Anacleto agente secreto, Las hermanas Gilda, La familia Cebolleta o El tío Vázquez (autoparodia de sí mismo) en El gran Vázquez, un biopic en clave de tragicomedia, que trata de ser un homenaje tanto de su obra, como del resto de autores de la denominada Generación del 57 de la Escuela Bruguera, como Ibáñez (Mortadelo y Filemón), Figueras (Topolino), Nadal (Pascual, criado leal), Gin (editor y director de El jueves), Raf (Sir Tim O'Theo), Segura (Rigoberto Picaporte) o Martz Schmidt (El doctor Cataplasma).

La vida de Vázquez fue un tanto paradójica. Por un lado era un brillante creador de historietas cómicas y, por otro, un caradura de armas tomar. El guión del propio Aibar nos cuenta su vida como si de una historieta más se tratara, ya que la conseguida y colorista estética, parece reflejar las aventuras de los distintos personajes creados por los autores citados en el primer párrafo.

Ya que estamos con el apartado técnico, decir que la atmósfera franquista generada en las oficinas de Bruguera es tan real, que a uno le entra claustrofobia, intuyendo aquí una crítica al maltrato de dicha editorial en contra de sus empleados, aunque en este asunto el libreto no profundiza demasiado.

El centro de la película es Santiago Segura y he de reconocer que sabe estar a la altura de un personaje tan contradictorio. Afortunadamente se sale de los excesos de Torrente y trata de mostrar a Vázquez en todas sus facetas. Moroso, timador, caradura, polígamo... Mientras la película se toma a risa estas "cualidades" tan poco recomendables, el devenir de los minutos resulta bastante entretenido, con momentos humorísticos de calidad, propios de las viñetas de Vázquez. El problema es que la parte dramática (a la que afortunadamente no destinan demasiado metraje) decae bastante.

Del resto del reparto destacar a Álex Angulo como verdadero contrapunto del protagonista (un tipo que poseía lo que en aquella época se denominaba altura moral), Enrique Villén en el rol de jefe de Vázquez (muy duro de fachada pero con un gran corazón) y las esporádicas intervenciones de algunos de los miembros de La hora Chanante. Quizá lo peor en este apartado es Mercè Llorens, en el papel de una de sus esposas, desaprovechando muchas de las posibilidades de su personaje.

En definitiva, una película a la que pondré la etiqueta de "mejor de lo esperado" ya que ha superado gratamente mis expectativas, que no eran otras que una grotesca y excesiva caricatura "made in Segura". A ratos divertida, a ratos emotiva y en ocasiones triste, me parece un acertado homenaje a Manuel Vázquez Gallego y una oportunidad para que, los más jóvenes, puedan revisar sus comics, algo que realmente merece la pena.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Vaya par de polis


Valoración: Pasable

Cuando me enteré de que Vaya par de polis se estrenaba en los cines de casi todo el mundo, excepto en España y poquitos sitios más, me sentí seriamente ofendido. La razón es muy simple: soy fan acérrimo de Bruce Willis. Cuando por fin conseguí ver la película, comprendí que no era, precisamente, una obra maestra, sin embargo he visto, sólo en este 2010, películas mucho peores en una sala de cine. No sé quién decide estas cosas, pero me parece exagerado.

Olvidando el asunto y centrándonos en la película en cuestión, he de reconocer que si no apareciese el protagonista de La jungla de cristal, posiblemente la estuviera calificando de basura. Y es que su director, Kevin Smith, conoció tiempos mejores. La crítica lo aclamó por Persiguiendo a Amy, aunque con ella no me reí ni la mitad que con Dogma y Jay y Bob el silencioso contraatacan. Desde luego, las tres son muy diferentes a sus últimas filmaciones, como Una chica de Jersey o ¿Hacemos una porno? Sencillamente ya no me hacen gracia.

¿Qué es lo que me gusta de Vaya par de polis? Única y exclusivamente Bruce Willis. Hace tiempo que el señor McClane demostró a todo el mundo que no sólo es un ácido, sarcástico, chulo y duro héroe de acción, sino que se desenvuelve con total soltura en comedia (Falsas apariencias), drama (El sexto sentido) o incluso en roles tan complicados como el de un perturbado mental (Doce monos). Incluso en productos muy inferiores a su estatus como la parodia que hoy nos ocupa o el mediocre remake de Chacal, Willis siempre se comporta como un auténtico profesional y sobresale del resto del elenco.

¿Qué es lo que no me gusta de este film? Todo lo que no tiene que ver con Bruce Willis. El guión es un torpe intento de homenajear las buddy movies de los 80 (intento, por supuesto, baldío). Sus diálogos no poseen chispa alguna, algo impensable en los libretos de Kevin Smith de hace años. Uno sólo llega a sonreír brevemente cuando Bruce Willis se ríe de sí mismo y de sus habituales roles de acción, pero nada más. Y en cuanto a sus compañeros de reparto, si la sobreactuación histriónica tuviese premio, tanto Tracy Morgan como Sean William Scott tendrían Oscars a docenas.

Después están las secuencias de acción... ¡Huy!, ¡pero si no hay! Corregidme si me equivoco, pero en mi humilde opinión, cuatro tiros mal pegados no son escenas de acción propiamente dichas. Pero es que, en general, toda la película adolece de una puesta en escena mínimamente en condiciones.

Lo considero un film pasable (de nota un 5) por aquello de que sale Mr. Willis, pero podría haber resumido mi opinión en una frase: contar con Bruce Willis en una película de policías, por muy cómica que ésta sea, sin que le veamos dar un par de buenas palizas y chulear a los malos, además de comprobar que en ciertas situaciones incluso mide sus palabras, es un auténtico insulto.
Espero quitarme pronto este mal sabor de boca con Red, una película que llega a España a finales de noviembre, protagonizada por Bruce Willis y de la que todos hablan maravillas. Alguien de su talla debe participar en films de este calado y no en productos decadentes como Vaya par de polis.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Zohan: Licencia para peinar


Valoración: Muy mala

Dos de los tontos más tontos de Hollywood, Adam Sandler y Rob Schneider, junto al histriónico John Turturro, protagonizan esta comedia, la cual no me atrevo a calificar ya que se trata de varias parodias en una: a James Bond, al conflicto palestino-israelí, al mundo fashion, a las peluquerías, al racismo, a los ochenta, al sueño americano, a la homosexualidad... Aunque hay una por encima de todas ellas y es la que tiene que ver con el significado de la palabra interpretar, porque hacer el payaso soltando por la boca lo primero que le apetece a uno, no es, precisamente, una lección de método.

Así las cosas, el film podría resumirse como una constante y loca sucesión de gags absurdos y repetitivos, propios de un humor facilón y poco inteligente, que no llega a ninguna parte.

Es innegable que Adam Sandler tiene toda una legión de fans, de ahí que continúe produciendo largometrajes para el cine. Desafortunadamente (cifro el infortunio en que sus películas, para mí, son auténticos padecimientos) no soy uno de ellos. He visto muchos de sus films pero, sintiéndolo mucho, no le veo la gracia. De hecho creo que la única película de Sandler con la que he disfrutado fue Ejecutivo agresivo y la razón es evidente: Jack Nicholson. Comparad a uno y a otro sólo en la parte que concierne a comedia (porque Nicholson es un todoterreno) y entenderéis a qué me refiero.

Aún así he de reconocer su éxito. Prueba de ello es que consigue siempre cameos de famosos (aunque eso también lo hace Santiago Segura) destacando entre ellos al ex-tenista John McEnroe, a quien he visto ya en tres de sus películas (Mr. Deeds, Ejecutivo agresivo y Zohan). Sin embargo son películas malas, muy malas y o bien eres seguidor de este tipo o bien acabarás desesperado.

jueves, 19 de agosto de 2010

La proposición


Valoración: Interesante

La proposición
supuso, en 2009, el retorno a lo más alto de la taquilla para Sandra Bullock, ya que recaudó, en su primer fin de semana en Estados Unidos, más de 34 millones de dólares, sitúandose como número uno en su primera semana, aventajando en unos catorce millones a Año uno, comedia que se estrenaba a la vez.

Fue el tercer film en el que la directora Anne Fletcher trataba asuntos de boda (previamente dirigió 27 vestidos y fue adjunta a la producción en Planes de boda de Adam Shankman). En él, tenemos la típica comedia romántica que cumple algunos de los esquemas típicos del género, en la que dos personajes que, de entrada, parece imposible que puedan sentir algo el uno por el otro, tras un desarrollo tipo screwball comedy (o comedia romántica alocada) comienzan a mirarse de distinta manera.

El guión del debutante Pete Chiarelli narra dicho desarrollo con reminiscencias a aquella película de Peter Weir titulada French Kiss (Matrimonio de conveniencia), ya que la protagonista deberá pedir a uno de sus empleados que contraiga matrimonio con ella, pues es canadiense y está a punto de ser deportada. El problema es que se trata de una odiosa jefa y dicho empleado (para más señas su secretario, lo que evoca en cierta manera al film de Mitchell Leisen, Ella y su secretario) de entrada, no está muy por la labor.

La jefa en cuestión es una divertidísima Sandra Bullock, quien coge rápidamente el aire a su papel. El secretario es Ryan Reynolds (el afortunado marido en la vida real de Scarlett Johansson) y hay que decir que, a pesar de la diferencia de edad (doce años) la química entre ellos es suficiente como para salvar el film.

Además del buen hacer de los dos protagonistas, nos reiremos con situaciones bastante cómicas debidas al engaño de ambos, hacia la familia de él, ya que deben hacer creer a todo el mundo que es un matrimonio convencional.

Bien secundados por actores como Mary Steenburgen (Regreso al futuro III, Philadelphia), Craig T. Nelson (La joya de la familia, The Skulls: sociedad secreta) o Betty White (la abuela más loca de las chicas de oro), estamos ante una película que si bien no aporta nada nuevo, tampoco engaña a nadie, ya que ofrece lo que se espera: pasar un rato divertido. No está mal.

Un rockero de pelotas


Valoración: Regular

Parece que en este siglo XXI está volviendo el gusto por los ochenta: remakes, homenajes, revisiones de series de televisión de la época... Así que, en pleno apogeo de aquella mágica década, Peter Cattaneo se subió al carro con Un rockero de pelotas, una comedia que podríamos calificar del montón.

Cattaneo repite el argumento de su mayor éxito, Full Monty, con una nuevo relato de segundas oportunidades, en el un batería friki y amargado, que lleva veinte años frustrado por el éxito de su antigua banda, de la que fue expulsado de manera traicionera, tiene una nueva oportunidad como batería del grupo de instituto de su sobrino.

El batería en cuestión es Rainn Wilson (Mi super ex-novia, La pareja del año) uno de esos cómicos que basan sus interpretaciones en la sobreactuación, razón por la cual sus personajes siempre terminan cansando.

Acompañan a Wilson en esta aventurita actores conocidos como la atractiva Christina Applegate (Matrimonio con hijos, La cosa más dulce), el guaperas de moda Bradley Cooper (El equipo A, Resacón en Las Vegas), la morbosa Emma Stone (Bienvenidos a Zombieland, Supersalidos) y la dura entrenadora de Glee, Jane Lynch. No es que se empleen precisamente a fondo, pero están mejor que dos de los protagonistas, el desconocido y sosísimo Teddy Geiger y el rellenito Josh Gad (21 Blackjack).

El guión, que no es precisamente original (y eso que han intervenido tres escritores) adopta ideas de otras películas para tratar de salir adelante. El rápido ascenso a la fama, con giras inicialmente cutres, es similar al visto en The Wonders de Tom Hanks; con respecto a Escuela de Rock de Richard Linklater, la actuación de Rainn Wilson parece una parodia de lo que allí hizo Jack Black; o el asunto de la vieja gloria que anhela tiempos pasados, con reminiscencias a Tú la letra y yo la música de Marc Lawrence.

El punto fuerte de la película es despertar la nostalgia por los 80 con una buena banda sonora, además de algunos momentos irreverentes bastante logrados. Lo malo es la previsible trama, la introducción con calzador de un par de subtramas románticas excesivamente ñoñas, varias interpretaciones por debajo de la media y su baja calidad a la hora de narrar la historia.

Digamos que Cattaneo no engaña a nadie. Una parodia musical con revisitación a los ochenta que busca la risa fácil del espectador. No es que sea una película referencia para el género, ni mucho menos, pero hay que reconocer que, a ratos, consigue su objetivo de entretener.

Te quiero, tío


Valoración: Interesante

En los últimos años, son típicas las comedias sobre los treintañeros y sus crisis de madurez, de las que Resacón en Las Vegas es, en mi humilde opinión, el gran referente. Te quiero, tío adopta cosas del subgénero mencionado y del buddy movie, con un argumento un tanto peculiar: un hombre, a punto de contraer matrimonio, se da cuenta de que sus mejores amistades son mujeres. Acomplejado por no contar con amigos de verdad, comienza una carrera contrarreloj por conocer a alguien antes de su boda, que pueda ser el padrino.

Como os podéis imaginar, muchos de los gags tienen relación con la homosexualidad, ya que el asunto de un hombre que busca hombres, da juego para unos cuantos enredos del tipo malentendido.

El film tiene importantes influencias de Judd Apatow (Virgen a los cuarenta, Hazme reír). No en vano, el director de Te quiero tío, John Hamburg (Y entonces llegó ella) coincidió con él en la serie de televisión Undeclared. Además el esquema Apatow es taquillero y claro, ¿cómo no explotar el filón?

En el apartado guión, me gustaría destacar un hecho curioso. Si bien el argumento es responsabilidad de Larry Levin (Doctor Dolittle), la parte relacionada con los diálogos es un tanto abierta, ya que en muchos momentos se dejó a improvisación de los dos protagonistas: unos inspirados Paul Rudd (Mucho más que amigos, Las normas de la casa de la sidra) y Jason Segel (Cómo conocí a vuestra madre).

Se podría decir que Te quiero, tío parte de los esquemas básicos de la comedia romántica: dos personajes que de entrada parecen antagonistas, terminan por no saber vivir el uno sin el otro. La diferencia reside en el contexto de amistad en lugar de romance. Además, Rudd y Segel demuestran compenetrarse perfectamente (la química de la que se suele hablar en las películas de pareja) ya que la timidez de uno contrastada con lo extrovertido del otro, en el típico relato de transición de personalidad, funciona bastante bien.

Del resto del elenco unos personajes resultan mucho más divertidos que otros. Los mejores son Jon Favreau (Equipo a la fuerza, Iron Man) como tipo especialmente duro y machote, protagonizando una relación un tanto particular con su atraciva y morbosa esposa, Jaime Pressly (Me llamo Earl), J.K. Simmons (Spider-Man, Up in the air) en el rol de padre del personaje de Rudd y Thomas Lennon (17 otra vez, Hancock) que interpreta a un ofendido homosexual que creía haber ligado con el busca-padrino.

Otros más principales, como Rashida Jones (Vaya par de polis) en el papel de prometida o Andy Samberg (uno de los cómicos de la factoría Saturday Night Live) como hermano del novio, no son explotados de forma demasiado convincente. Incluso el cameo de Lou Ferrigno (Hulk) es superior.

A modo de resumen, diré que Te quiero, tío es una comedia que hace reír (no todas lo consiguen), con un planteamiento divertido de asuntos problemáticos como la homosexualidad, la inseguridad, el machismo y, en menor medida, los problemas de pareja, narrado con un ritmo bastante ágil y, en general, bien interpretado, que termina con un mensaje más diferente y refrescante que el que solemos encontrar en la mayoría de películas de treintañeros en crisis: tener pareja no es incompatible con pasarlo bien.

domingo, 15 de agosto de 2010

Killers


Valoración: Floja

Parece que se han puesto de moda las comedias románticas de acción, ya que en muy poco tiempo hemos visto dos: Noche y día y Killers. Las dos tienen como única finalidad ser vehículo de entretenimiento, lo que pasa es que si bien el film protagonizado por Tom Cruise lo consigue, Killers se queda a medio camino.

El principio es bastante divertido, posiblemente porque evocaremos Charada de Stanley Donen. No por que Katherine Heigl sea Audrey Hepburn y Ashton Kutcher se parezca a Cary Grant (ni remotamente, vamos) sino por el ambiente europeo, el pequeño engaño y lo simpático de la situación inicial, cuando ambos protagonistas se conocen por primera vez.

Después el film decae durante demasiados minutos, mostrando lo que hace una típica pareja norteamericana en su tercer año de casados (es decir, nada). Aparte de algún que otro gag más o menos conseguido y de las más que evidentes reminiscencias a Los padres de ella de Jay Roach, la película no tiene nada reseñable entre la presentación de los personajes principales y el tramo final, pleno de persecuciones, tiros y explosiones, tratando de emular a Sr. y Sra. Smith, aunque muy por debajo de ésta.

Pero hay otra influencia todavía mucho más patente y es la de la magnífica película de James Cameron, Mentiras arriesgadas. Eso conlleva un problema: no paramos de compararlas y, evidentemente, Killers sale perdiendo por goleada.

La trama es excesivamente simple, pues Robert Luketic (director) parece querer vivir únicamente del encanto de Katherine Heigl, con quien repite tras la divertidísima La cruda realidad. El problema es que el guión confeccionado por Bob DeRosa (Cuatro vidas) y Ted Griffin (Ocean's Eleven) saca tan poco partido a las posibilidades que ofrecía el film, que la intérprete de Anatomía de Grey sólo logra el máximo rendimiento en los minutos iniciales, cuando se muestra insegura y torpe al tratar de flirtear con su partenaire. Conforme va pasando el metraje, la evolución que sufre su personaje hace que termine por resultarnos un tanto cargante, con acciones cada vez menos espontáneas.

Después está Ashton Kutcher (Algo pasa en Las Vegas, The Guardian) cuya versión de un agente secreto es igual de sosa que la que ofreció Freddy Prinze Jr. en Cómo perder la cabeza. Dicho de otra manera, ni la gracia y el carisma de Cary Grant (como hemos comentado al principio) ni la solvencia y presencia de Arnold Schwarzenegger en el cine de acción. Por si fuera poco, Kutcher y Heigl pierden su química en cuanto se casan, lo que unido al maltrato que el libreto hace de los personajes secundarios, interpretados por Tom Selleck (Magnum P.I.) y Catherine O'Hara (Solo en casa, Wyatt Earp), tan desaprovechados como mal definidos, deviene en una historia bastante pobre.

Creo que la película habría mejorado bastante si se hubiera decantado más hacia el thriller de acción, combinándolo con pequeñas dosis de comedia y romance en momentos determinados. Pero para eso hace falta una trama sin fisuras, personajes que aporten cierto grado de complicidad entre ellos y una factura visual en condiciones. Desafortunadamente, Killers no posee ninguna de esas virtudes, así que la decepción tras su visionado es mayúscula.

lunes, 2 de agosto de 2010

17 otra vez


Valoración: Interesante

17 otra vez
suele ser la clase de película con la que, o bien te ríes y entonces quizá te parezca mejor de lo que es, o bien no te hace gracia, te aburres y sólo hablas de sus defectos. Sí, esta película del inexperto Burr Steers tiene más taras de lo deseable, pero, afortunadamente, me encuentro más identificado con el primer grupo, ya que me resultó entretenida.

No suele gustarme que en las comedias introduzcan elementos dramáticos, sin embargo parecen necesarios en todas aquellas películas de corte romántico, dentro de este género. En esta ocasión los dramas vienen de la mano de Matthew Perry (el inolvidable Chandler de Friends) que sólo aparece al principio y al final del film, resultando, en mi opinión, bastante desaprovechado, ya que es un buen cómico.

Pero la película está confeccionada para lucimiento de Zac Efron, que goza de gran popularidad gracias a la saga High School Musical, o lo que es lo mismo: taquillazo casi asegurado gracias al público adolescente.

Dejando a un lado lo obvio (que la pretensión del film no es otra que forrarse con su protagonista), toda la parte central de la película es bastante divertida, dadas las situaciones que un muy solvente Efron para la comedia, deberá afrontar, las cuales podéis imaginar con un breve extracto del argumento: un hombre casado y con dos hijos básicamente odia su vida, sintiéndose un fracasado (está a punto de divorciarse y sus hijos prácticamente ni le hablan); de pronto un giro del destino, que otorga a la película su toque de fantasía, lo devuelve a la edad de diecisiete años. Entonces hará balance de su vida y decidirá intentar arreglar las cosas desde su nueva condición de adolescente.

¿A qué os suena todo esto? Rápidamente me vienen a la memoria dos películas: Big (protagonizada por Tom Hanks) y Regreso al futuro. El guión tiene mucho de ambas así que, aunque no veamos ningún De Lorean, siempre estarán en nuestra mente.

Se trata de una película bastante previsible, de tono más familiar que gamberro (aunque Thomas Lennon (Cómo perder a un chico en diez días) y Melora Hardin (27 vestidos) aportan su pequeño punto friki) que establece, aunque sin profundizar demasiado, un punto de vista maduro sobre los adolescentes en su ambiente de instituto. Dada la previsibilidad y poca originalidad de su libreto, además de la enseñanza moral de turno tipo Disney, sólo funciona por el buen hacer de sus actores. El caso es que, a pesar de todo, funciona.

martes, 20 de julio de 2010

Noche y día


Valoración: Buena

Cuando veo películas como ésta, me encanta hacer alusiones a los hermanos Lumière, inventores del cine. ¿Por qué? Porque lo idearon como vehículo de entretenimiento. Y digo yo que nadie mejor que sus creadores para definirlo. Sin embargo, en cuanto una película se limita a eso, a entretener sin ninguna otra pretensión, aparecen los críticos de turno (esos señores a quienes les pagan un salario por ir al cine y que jamás han creado nada) y la ponen de vuelta y media. Lo siento por ellos, ya que Noche y día es una película para pasarlo bien durante un buen rato, olvidando las penalidades del día, algo importantísimo en los tiempos que corren.

El realizador de largometrajes de tan alta calidad como El tren de las 3:10, En la cuerda floja o Identidad, James Mangold, dirige esta parodia de espías que si bien no llega a la altura de la sublime Mentiras arriesgadas de James Cameron, divierte a raudales. Es lógico que nos acordemos del film protagonizado por Schwarzenegger, ya que presenta rasgos similares: gran contenido de secuencias de acción, todas ellas rodadas con precisión y excelente factura visual, además de un sentido del humor fresco e ingenioso que provoca enormes carcajadas entre el respetable.

Además de su carácter desenfadado (nunca se toma en serio a sí misma), la altura técnica en las mencionadas secuencias de acción y su dinámico ritmo narrativo, hay que destacar a sus dos protagonistas sin los cuales, posiblemente, el film no habría funcionado tan bien. Por un lado tenemos a Tom Cruise en una versión rocambolesca de su Ethan Hunt de Misión Imposible: un espía capaz de salir de cualquier lío, con un estilo similar al de Sr. y Sra. Smith, que nunca pierde la sonrisa, la amabilidad y el buen rollo, algo que contrasta poderosamente con su facilidad para asesinar indivíduos por doquier. Por otro está Cameron Díaz, explotando hábilmente sus dos mejores virtudes, la explosiva y la cómica, en un rol de persona de a pie que se ve inmersa en extraordinarios acontecimientos que pondrán en grave peligro su vida, recordando de alguna manera las peripecias vividas por Cary Grant en Con la muerte en los talones de Hitchcock.

Ya que mencionamos al maestro Hitchcock, el desarrollo de la trama es un claro Mcguffin (término acuñado por el celebérrimo director, proveniente del Music-hall, que consiste en el desarrollo de una historia que carece de importancia con respecto al asunto principal) compuesto por la evolución romántica de los dos personajes principales, situación que termina imponiéndose a la trama central de espionaje. Como además la química entre Cruise y Díaz es perfecta, el resultado final es francamente satisfactorio.

Del resto del elenco destacar a Peter Sarsgaard (Jarhead, La huérfana), Jordi Mollá (La buena estrella, Son de mar) y los televisivos Marc Blucas (Buffy la cazavampiros) y Maggie Grace (Perdidos).En resumidas cuentas, tenemos acción en abundancia y bien confeccionada (aunque hay que reconocer que tampoco marcará ningún hito en el mundo de los efectos especiales), situaciones cómicas bastante solventes, historia de amor diferente de ciertas pasteladas insoportables y, para variar, otra metedura de pata sobre España en una película de Tom Cruise (ver spoiler). Una película tan olvidable por su condición de film menor de Mangold, como recomendable por la cantidad de risas que es capaz de generar. Vosotros mismos.

ATENCIÓN PELIGRO: SPOILER - Lo que viene a continuación revela partes de la trama. Es preferible no leer si no se ha visto la película.

En el tramo final la acción viaja a España. Por si hubiera alguna duda, aparece un enorme cartel que dice "Sevilla, Spain". Y como uno es nacido en Pamplona, lo primero que le llama la atención es la música de una charanga que toca la célebre "a Pamplona hemos de ir, con una media, con una media...". Incluso en los diálogos se menciona que es la festividad de San Fermín, lo que se celebró con algarabía en la sala de cine (como habréis podido imaginar, la vi en un local de la capital navarra). Acto seguido se observan los célebres gigantes y cabezudos (sé de primera mano que se contrataron a los habituales de San Fermín en la vida real), los mozos ataviados con ropa blanca y pañuelico y faja rojos y, como no podía ser de otra manera, una manada de toros envueltos en mitad de una espectacular persecución de Tom Cruise en moto.

Nadie se sintió ofendido, como ocurrió en Misión Imposible II cuando confundieron los pasos de Semana Santa con las Fallas de Valencia, pero es que en Pamplona, aunque tengamos pinta de serios, en el fondo somos un tanto "cachondos". Además, teniendo en cuenta que parte del equipo de rodaje es español, seguro que alguien les avisó del error, así que supongo que lo habrán cometido "a sabiendas", como una parte más de la parodia.

De todos modos no sólo fallan los americanos. ¿Qué me decís de la traducción del título? El original es Knight and day y, que yo sepa, en inglés, cuando se pone una "K" delante de "noche" significa "caballero". Los errores de esta película, a mi entender, hay que tomárselos con humor. Si uno trata de visionarla en serio, se llevará un gran chasco.

miércoles, 14 de julio de 2010

Shrek Tercero


Valoración: Pasable

El verano de 2007 se caracterizó por las terceras partes. Franquicias como Spiderman, Piratas del Caribe u Ocean's Eleven decidieron castigarnos con terceros episodios muy inferiores a sus respectivas predecesoras. Con Shrek sucedió algo parecido, en cuanto a que su calidad era considerablemente más baja que las otras dos (posiblemente también sea peor que la cuarta), sin embargo salió ganando al ser comparada con los estrenos de la época.

Los nuevos directores, Chris Miller y Raman Hui (ambos debutantes) evidencian una total falta de ideas en el desarrollo de la película, pues emplean chistes ya muy gastados, demasiados personajes secundarios que limitan a los nuevos protagonistas (no en vano el metraje es inferior a los noventa minutos), una trama que ya no es sorpresiva sino rutinaria, diálogos que caen en demasiados tópicos (quién lo hubiera dicho tras ver la original) y, sobre todo, el escaso o nulo aprovechamiento de las dos situaciones que más juego podrían haber dado: el malvado Príncipe Encantador al frente de una legión de villanos de cuentos clásicos, hartos de no tener jamás el ansiado "felices para siempre" y la unión entre unas envidiosas Blancanieves, Cenicienta, Rapunzel y Bella Durmiente, comandadas por Fiona y su madre, en plan comando de acción.

Aparece un personaje nuevo, nada más y nada menos que Arturo Pendragón quien, para variar, es todo lo contrario al clásico Rey Arturo, ya que se trata de un friki de instituto que recibe palizas varias de Lanzarote y sus amigos, mientras una super-pija Ginebra pasa por completo de él. Francamente, termina siendo otra oportunidad perdida, ya que la parte del metraje centrada en el colegio de Arturo resulta un tanto forzada.

¿Qué es lo mejor de Shrek Tercero? La teconología y los detalles. Como el apartado técnico mejora cada año a pasos agigantados, los efectos sonoros y visuales de esta tercera parte son de gran espectacularidad y precisión. Texturas, colores, diseños gráficos... En este apartado la Dreamworks de Spielberg jamás defrauda. En cuanto a los detalles, cierto carácter referencial a películas como Harry Potter, El mago de Oz, Sonrisas y Lágrimas o Cantando bajo la lluvia, entre otras, además de un par de referencias musicales de mérito, como un coro de ranas interpretando el célebre Live and let die de Paul McCartney y el formidable chillo de Blancanieves para iniciar el Inmigrant Song de Led Zeppelin.

¿Y qué es lo peor? Además de lo ya comentado, la falta de ritmo a la hora de contar su excesivamente plano argumento y un peligroso acercamiento a lo que propone Disney, tanto en ciertos toques de musical clásico como en la moralina final, tanta que rompe por completo el espíritu gamberro e irreverente de las partes anteriores.

Se puede ver, no se hace pesada e incluso hay momentos en los que provoca la risa. Sin embargo, tras las expectativas generadas por la saga, resulta bastante decepcionante.

martes, 13 de julio de 2010

Shrek 2


Valoración: Buena

Tras el éxito cosechado en 2001 por Shrek, tres años más tarde los estudios Dreamworks lanzaron una segunda parte la cual, por fortuna, se sale del manido dicho de "segundas partes nunca fueron buenas".

¿Cómo enfocar la historia para que siga sorprendiendo? No era tarea fácil. En la película original se dio la vuelta a los clásicos cuentos de hadas, poniéndolos por completo del revés. Aquí se sigue en la misma línea, sólo que narrando algo que en dichos cuentos se resume en una frase: "vivieron felices y comieron perdices". Siempre nos lo hemos creído a pies juntillas pero, ¿y si no fuera así?.

Enfocado con claras reminiscencias a Los padres de ella, la línea central del argumento se basa en problemas tan cotidianos como las relaciones entre suegros y yernos. A partir de ahí, Andrew Adamson (director de la primera y responsable del argumento de ésta), Kelly Asbury (Spirit: el corcel indomable) y Conrad Vernon (Monstruos contra alienígenas) dan rienda suelta a sus prodigiosas imaginaciones para recrear un nuevo reino, el de "Muy, muy lejano" ambientado claramente en el mundo de Hollywood: grandes paseos tipo Sunset Boulevard, enormes letras con el nombre del reino en las montañas e incluso una ceremonia que rivalizaría con cualquier entrega de los Oscar.

Empeñados en introducir elementos modernos del día a día en un contexto de fábula clásica, nos desternillaremos al ver parodiados asuntos como internet, los fast food, la fastidiosa publicidad en televisión, los realitys shows o incluso la explotación laboral.

En lo que a cine se refiere, vuelve a ser una película referencial, con un anillo de bodas similar al de El señor de los anillos, un rescate a lo Misión Imposible, una galleta gigante semejante al muñequito de los Marshmallows en Los cazafantasmas, una huída al más puro estilo Sylvester Stallone en Demolition Man, la creación del monstruo de Frankenstein...

Todo este tipo de cosas, además de los ingeniosos juegos de palabras y ciertas situaciones descacharrantes e impensables del libreto, serán paladeados ávidamente por el público adulto, que se divertirá de lo lindo, pero ¿y qué hay de los peques? Como diría Terminator, "no problemo" ya que la imaginación de los creadores de esta saga también da para un universo de color, además de personajes muy queridos por los niños como Pinocho, Los tres cerditos o una peligrosa taberna repleta de malvados personajes de cuento como, por ejemplo, el Capitán Garfio.

Para seguir en la línea de lo establecido en la primera Shrek, el villano de la función es alguien que, normalmente, resulta un ser entrañable que soluciona los problemas: el hada madrina. Aquí se trata de un personaje mafioso, capaz de cualquier cosa por obtener beneficios. De la misma manera, el tramo final podría calificarse como un Anti- La bella y la bestia (no desvelaré más).

Hablando de personajes, irrumpe por primera vez en escena el gato con botas, doblado por Antonio Banderas tanto en la versión original como en la española. Fue tal su calado que este personaje repetiría en las posteriores secuelas.

He de confesar que hay ciertas flaquezas que me hacen valorarla de forma inferior a la primera parte. Éstas son los convencionalismos de los que la historia, en esta ocasión, no logra huir, cierta falta de capacidad de sorpresa y un humor un tanto forzado en las situaciones tipo comedia de situación. Sin embargo, salí bastante satisfecho del cine en 2004 y, a día de hoy, tras un nuevo visionado, he de confesar que me he reído bastante, que es, al fin y al cabo, lo que esperaba de este film.

Shrek


Valoración: Notable

Desde finales de los 90 hemos podido comprobar una gran evolución en el cine de animación. Pixar irrumpió fuerte en este género con la animación digital y claro, la Dreamworks de Spielberg, que se jacta de ser número uno en efectos especiales, no podía quedar atrás. Así, si Pixar era aclamada por la saga Toy Story o Bichos, Dreamworks se desmelenaba con películas de tono cada vez más adulto, como Hormigaz y la película que nos ocupa: Shrek.

Andrew Adamson (Las crónicas de Narnia) y Vicky Jenson (El espantatiburones) debutaron en la dirección cinematográfica con esta adaptación de un libro de imágenes para niños de William Steig, cuyo argumento podría resumirse de la siguiente manera: el mundo al revés de los cuentos infantiles clásicos.

Lo normal es ver a un intrépido y apuesto príncipe rescatar a la bella dama en apuros acabando con algún tipo de monstruo, sin embargo en Shrek el héroe protagonista es un feo y desaseado ogro, mientras que el infame villano es el sucesor al trono de un reino un tanto peculiar.

Pero el guión es mucho más completo, ya que a la historia central hay que añadir multitud de detalles referenciales, tanto a los cuentos de toda la vida como al cine en general. Así disfrutaremos con parodias sobre La cenicienta, Blancanieves, Pinocho, Dumbo, La bella durmiente o Robin Hood, entre otros, a la vez que sonreiremos al descubrir peleas tipo Matrix, una protagonista muy en la línea de Lady Halcón, viajes en dragón tipo La historia interminable o algún que otro chiste a lo Austin Powers (no en vano su protagonista, Mike Myers, es quien pone la voz a Shrek en el doblaje original).

También aparecen elementos modernos como un castillo al más puro estilo parque temático u otro tipo de actualizaciones en plan Pressing Catch.

Shrek es, por derecho propio, una de las películas más importantes en el cambio de concepción de los dibujos animados. La idea es filmar largometrajes con los que puedan disfrutar tanto los niños como los padres quienes, en definitiva, son los que llevan a los primeros al cine. Mientras los peques disfrutan con la espectacular factura visual repleta de colorido, la pegadiza banda sonora, los hilarantes personajes y ciertas bromas escatológicas, los adultos lo pasarán en grande con los inteligentes e irreverentes diálogos de esta desvergonzada sátira que, además de ironizar con Disney (una de las principales rivales de Dreamworks) destroza de una manera fresca y divertida todos los tópicos de los cuentos con los que la mayoría hemos crecido.

Tuvo tanto éxito que se acaba de estrenar la cuarta secuela. Lamentablemente, aquí sí siguieron el tópico y las entregas fueron reduciendo la calidad de la historia y la capacidad para sorprender. Aún así, hay que dar la enhorabuena a los responsables, ya que estamos ante uno de los grandes clásicos modernos de la animación, que tiene la audacia de resistir varios visionados sin que deje de hacernos gracia.

sábado, 5 de junio de 2010

Kick-Ass. Listo para machacar


Valoración: Buena

Las adaptaciones al cine del mundo del comic no son nada fáciles. Como ejemplo tenemos desastres como Elektra, The Punisher o Daredevil. Incluso se ha fracasado con los grandes, como Batman y Robin, Superman IV, Spiderman III o Hulk del sobrevalorado Ang Lee.

Si además de la adaptación se persigue parodiar el género, la cosa se complica. De ahí que valore ampliamente lo conseguido por Matthew Vaughn (Stardust, Layer cake) en Kick-Ass, una hábil y violenta combinación de películas de instituto y superhéroes, que se ríe de todo y no pide perdón a nadie, un film refrescante en una época en la que la moralina y lo políticamente correcto han estropeado muchas películas.

Para que todo esto funcione, hace falta un buen guión y éste, si me lo permitís, es magnífico. Diría que sus escritores, el propio Vaughn y Jane Goldman (Stardust) son admiradores del gran Quentin Tarantino. ¿Por qué? Por utilizar violencia sin restricciones como un fin y no como un medio, por el uso de diálogos a la vez auténticos y surrealistas y por su carácter referencial. De esto último destacar algún comentario sobre el final de Perdidos (dan ganas de avisar de la colosal tomadura de pelo de J.J. Abrams al protagonista), la potente banda sonora de Ennio Morricone en La muerte tenía un precio (sabiamente insertada en un momento clave) o las constantes reminiscencias a Spiderman, Batman, Kill Bill y Frank Miller, así como guiños esporádicos sobre John Woo, American Beauty, Taxi Driver, Betty la fea, Padre de familia... Todo ello dentro de un libreto completamente ágil, cuya máxima prioridad es entretener y divertir a público de diferentes franjas de edad.

Otro aspecto fundamental en el género del comic es la acción. No diré que la factura visual alcance las cotas logradas por Iron Man 2 (hay que tener en cuenta la diferencia de presupuesto) pero he quedado altamente satisfecho por la velocidad y realismo con que se ruedan este tipo de secuencias, muy por encima de ese fastidioso estilo de montones de planos por segundo, tan de moda en estos tiempos.

Y si alguien se desenvuelve a las mil maravillas en este film, saltando, golpeando, disparando y matando sin cargo de conciencia alguno, es una fascinante Chloe Moretz (La morada del miedo) que encarna a una niña de once años convertida en una superheroína de verdad. El contraste entre ella y el protagonista, Aaron Johnson (Nowhere boy) es brutal, dado que éste representa al típico friki de instituto que un buen día, de buenas a primeras, decide ponerse un pijama y tratar de actuar como un superhéroe. La diferencia entre la preparación de ambos para combatir el crimen, da mucho juego en el relato.

Del resto del elenco, destacar la buenas prestaciones de Nicolas Cage, de quien se puede esperar lo mejor (Leaving las Vegas, El señor de la guerra) y lo peor (Bangkok Dangerous, Next), el siempre magnífico en roles de villano Mark Strong (RocknRolla, Red de mentiras, Robin Hood) que marca un punto de inflexión en la película al interpretar a un malvado personaje que nada tiene que ver con comedias, chistes ni parodias y otros secundarios como dos de los actores de Jacuzzi al pasado (la actractiva Lyndsy Fonseca y el regordete Clark Duke), Evan Peters (Invasión), Christopher Mintz-Plasse (Supersalidos, Año uno), Michael Rispoli (Asalto al tren Pelham 1 2 3) y Xander Berkeley (el inquietante George Mason de 24).

A modo de resumen, Kick-Ass es una película que cuenta con una destacable pericia en la realización, un guión trepidante y gamberro que huye de ñoñerías, falsas enseñanzas y convencionalismos, personajes de todo tipo con los que el público conectará rápidamente, frenéticas secuencias de acción, una banda sonora tan imponente como ecléctica y, sobre todo, diversión a raudales.

Algunos la acusarán de no ser fiel al cómic de Mark Millar y John Romita Jr. quienes, por cierto, colaboraron con Vaughn y Goldman en la confección de la historia. Viendo el resultado final, ¿a quién le importa?