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domingo, 31 de octubre de 2010

Los ojos de Julia

Valoración: Buena
El realizador español Guillem Morales (El habitante incierto) dirige Los ojos de Julia, película producida por los mismos productores de El orfanato, entre los que hay que destacar a Guillermo del Toro (Blade II).

Se nos ha vendido la película como cine de terror y, de hecho, se ha englobado como tal en dicho género. Me da la impresión de que ha sido porque muchos pensaban que iba a ser una copia de El orfanato (mismo equipo de producción, misma protagonista, terror psicológico...) Sin embargo, estamos ante un auténtico thriller al más puro estilo Alfred Hitchcock, de quien adopta elementos muy válidos para mantener enganchado al espectador durante todo el relato. Eso sí, entiendo que se califique como película de miedo ya que, en algunas ocasiones, logra alcanzar ese punto de tensión en el que a uno se le eriza el vello del cuerpo.

Técnicamente la factura es impecable. Atmósfera lograda, cuidada puesta en escena, un agudo sentido visual en el que destacan los fabulosos juegos de luces y sombras, la banda sonora adecuada para cada momento (y que ayuda a dar algún que otro respingo), buena utilización de los recursos disponibles...

Por su parte, los actores, en especial Belén Rueda, están fantásticos. Todos ellos hacen creíbles sus personajes, lo que ayuda mucho a que el espectador se introduzca de lleno en la historia.

Pero así como en los apartados técnico e interpretativo no ponemos un solo pero, el guión presenta ciertas irregularidades. Por ejemplo, hay varios personajes importantes en la trama, que están tan mal definidos como maltratados. El ritmo narrativo es un tanto irregular y en el desarrollo argumental aparecen demasiados baches, como si el relato estuviera contado a saltos. También hay un exceso de reflexiones filosóficas, que contribuyen a que el metraje parezca excesivamente largo. Opino que el resultado habría sido muy superior si se hubiese centrado en el suspense.

Sin embargo posee momentos memorables, destacando su clímax final, en una secuencia con influencias más que evidentes de dos películas: La ventana indiscreta de Alfred Hitchcock y Sola en la oscuridad de Terence Young (no oso comparar a Belén Rueda con Audrey Hepburn, simplemente hay elementos en común que saltan a la vista).

En líneas generales diría que es una buena película. Realización talentosa, intérpretes por encima de la media, tensión, suspense y entretenimiento conseguidos y un final airoso. Algunos errores de guión podrían calificarse como graves pero, sopesando pros y contras, la sensación final que queda es bastante satisfactoria.

Jóvenes ocultos 3: Sed de sangre (Lost boys: The thirst)


Valoración: Pasable

Cuando vi la pésima Jóvenes Ocultos 2, ya se rumoreaba que una tercera parte estaba en marcha. Pensando que su calidad sería similar a la de la segunda, me eché a temblar. Sin embargo, ya sabéis que me trago todo lo que sale sobre vampiros (así me va), por lo que me arriesgué y, para mi sorpresa, si bien no me parece una buena película, ni mucho menos, me resultó bastante entretenida.

Utilizando el lenguaje televisivo, se podría decir que Jóvenes ocultos 3 es un spin-off del film original, ya que se ha escogido a uno de los personajes secundarios de la película de Schumacher, Edgar Frog y se le ha dado el rol protagonista. Esto se ha llevado a cabo desde un prisma humorístico, en clave de parodia hacia otros films de vampiros (en especial Blade) y el resultado no ha sido del todo malo, ya que consigue provocar la sonrisa del espectador, que ya es bastante.

También hay mucho de homenaje, tanto a la película original, como al tristemente desaparecido Corey Haim, uno de los protagonistas de aquel film e ídolo adolescente de los 80, por películas como Miedo azul, El romance de Murphy, Lucas, Papá Cadillac o Una chica de ensueño. Falleció el diez de marzo de este año por culpa de una fuerte pulmonía (y no por sobredosis, como la prensa senacionalista se encargó de publicar tan rápida como erróneamente). El homenaje consiste en los numerosos flash-backs con los que el film le obsequia, a modo de honores.

Aunque la nostalgia, el humor y la corta duración de metraje nos hagan pasar un rato más bien ameno, hay que puntualizar que estamos ante una película sacada directamente a DVD, por lo que no veremos grandes efectos, ni disfrutaremos con diálogos profundos ni historias bien estructuradas y desarrolladas. El film está orientado a un determinado tipo de público y se mantiene fiel a su estructura paródica hasta el final. Concebido así, quien no gustara del primer film de Schumacher o no sintiera empatía por los alocados jóvenes intérpretes de aquella película, no disfrutará con su visionado.

Jóvenes ocultos 2: Vampiros del surf (Lost boys: The tribe)


Valoración: Mala

En 1987, Joel Schumacher realizó Jóvenes Ocultos, un film convertido en película de culto por innovar sabiamente el género de vampiros. Entre sus múltiples referencias musicales y cinéfilas (no sólo Tarantino tiene la exclusiva de ello), su hábil mezcla de géneros (humor y terror), su estética moderna para la época, su buena elección en el reparto y su ágil ritmo narrativo, la película alcanzó un mayor éxito del esperado.

Veinte años después, P.J. Pesce (Abierto hasta el amanecer 3) decide aprovecharse del éxito mencionado con una secuela tan infame, que directamente fue a DVD sin pasar por la gran pantalla.

Desde el minuto uno se puede comprobar la falta de imaginación y talento del señor Pesce. El argumento es el mismo: una persona ha sido contagiada por beber sangre de vampiro; la única manera de salvarla de la maldición será acabar con el jefe de un nido de chupasangres.

La elección de actores parece una parodia: el villano es un hermanastro de Kiefer Sutherland que desgraciadamente no heredó el talento interpretativo de la familia; repiten Corey Feldman, pluriempleado como cazavampiros, sacerdote y fabricante de tablas de surf (lo que me dejó sin palabras) y Corey Haim, a quien sólo recordaréis de niño (ahora es irreconocible tanto por el físico como por el hundimiento total de su carrera artística); y para terminar, tenemos una importante colección de jovencitas muy atractivas, las cuales aprovechan cualquier oportunidad para quitarse la ropa, consiguiendo así que el espectador no se duerma, porque aquí ni ritmo ágil, ni giros de guión, ni buenas interpretaciones, ni sorpresas, ni secuencias de acción mínimamente decentes, ni humor, ni terror, ni nada de nada.

En una época en la que se mira con nostalgia a los 80 (ejemplos claros son  El equipo A, Los masters del Universo y El coche fantástico) una película como Jóvenes Ocultos 2 resulta un auténtico insulto. El film original debió haberse mantenido como único, pero la combinación entre éxitos del pasado y falta de talento e imaginación en el presente, hacen que nadie esté libre del peligro de las continuaciones.

Jóvenes ocultos (The lost boys)

Valoración: Notable

En 1987, Joel Schumacher (Un día de furia, Línea mortal) intentó emular a Roman Polansky cuando filmó El baile de los vampiros, tratando de dar un nuevo giro a este género con un film que combina hábilmente terror, humor, buenos efectos técnicos y una magnífica banda sonora, con temas de Aerosmith, The Doors, INXS o Troy Seals entre otros.

No es que Schumacher fuera el primero, desde Polansky, en utilizar el humor en una historia de vampiros. Por ejemplo Tom Holland estuvo magnífico en la realización de Noche de miedo en 1985. Sin embargo, podría decirse que la película se Schumacher es más completa, aunque ciertamente ambas entran en la categoría de películas de culto.

Así pues, Jóvenes ocultos entremezcla elementos tradicionales típicos de películas como Nosferatu o Drácula con otros que van más en la línea de Los Goonies (película a la que, por cierto, se hace referencia y con la que comparte un intérprete: Corey Feldman). Quizá radique ahí su éxito, en su narración gamberra y desenfadada de una historia que, habitualmente, daría miedo.

Otro de sus puntos fuertes es la estética: peinados de lo más moderno para la época (recordemos que hablamos de los ochenta), bandas de moteros con sus peculiares trajes, juergas nocturnas con todo lo que conllevan...

La última de sus bondades es el reparto. El gran Kiefer Sutherland (aunque ahora todos lo conocemos como Jack Bauer) borda su rol de malvado vampiro; Dianne Wiest (Balas sobre Broadway) es posiblemente la que mejor entiende el espíritu del guión, pues aporta dramatismo y humor en dosis iguales a su papel de madre preocupada por su familia; por otro lado tenemos a dos estrellas juveniles del momento, el ya mencionado Corey Feldman y Corey Haim (Miedo azul); también destacaré al abuelo de la familia, un desternillante Barnard Hughes (Doc Hollywood, Tron) que hará las delicias de todo el mundo con sus ácidos chascarrillos.

Pero claro, si Jóvenes Ocultos no es una gran película, es porque también tiene graves fallos. Ya que estamos con los actores, dos de sus protagonistas, Jason Patric y Jami Gertz, son lo peor de todo el film, con unas actuaciones muy por debajo de la media de todo el elenco.

Además está el guión, que si bien acierta con la mezcla de géneros y tiene un buen ritmo narrativo, que convierte la historia en amena y entretenida, adolece de profundidad de personajes y de trama consolidada, con una resolución final excesivamente facilona.
En líneas generales, podemos afirmar que Jóvenes ocultos es una buena película de vampiros, con tono autoparódico, que aportó en su día frescura al género. Por lo tanto, un film más que recomendable.

El exorcismo de Emily Rose (The Exorcism of Emily Rose)


Valoración: Muy buena

En 2005 pudimos disfrutar de este excelente y a la vez sobrecogedor relato, basado en el único caso de exorcismo reconocido oficialmente por la Iglesia Católica hasta la fecha.

Estamos ante un drama aterrador, que funciona a la perfección por su inteligente guión, el cual entremezcla sabiamente el thriller judicial con el género de terror, mediante espeluznantes flash-backs sobre la posesión de Emily Rose, encarnada magistralmente por Jennifer Carpenter, actriz a quien muchos conoceréis como "la hermana de Dexter".

El director, Scott Derrickson (Ultimátum a la tierra) consigue generar un miedo atroz gracias, entre otras cosas, a su inestimable trabajo con los actores, quienes logran aterrorizarnos con sus impecables interpretaciones. Es una vuelta al terror clásico, a aquellas películas como Al final de la escalera, en la que uno no pasaba miedo viendo qué había en el último tramo de escaleras, sino observando la desencajada cara de la protagonista (Trish Van Devere) cuando fijaba la mirada en lo que había al final de los peldaños, siguiendo esa máxima de que asusta más lo que se insinúa que lo que se enseña.

Se agradece que el film, en su mayoría, olvide los fáciles sustos efectistas que suelen abundar en este tipo de producciones (aunque reconozco que alguno hay) y se centre en la esencia misma del mal, alcanzando así grandes cotas de miedo profundo y continuado. Y tampoco viene mal que, después de hacernos pasar tanto miedo, el tramo final contenga un importante mensaje de esperanza.

Además de la mencionada protagonista, me gustaría destacar la labor de varios actores. Empezaré por Tom Wilkinson, muy lejos de su rol en Full Monty, encarnando a la perfección a un sacerdote que se sobrepone al miedo para llevar a cabo su misión, la cual se desvelará al final de la película. Me parece un personaje de especial relevancia, ya que hace de hilo conductor durante el relato. También destacaré la labor de la siempre eficiente Laura Linney como abogada defensora, a quien ya habíamos visto con anterioridad en un estrado, enfrentándose a Richard Gere en la magnífica Las dos caras de la verdad. El reparto se completa con actores de la talla de Colm Feore (El intercambio, 24), Campbell Scott (La trama, Morir todavía) o Henry Czerny (Misión imposible, Peligro inminente).

En un momento en que el cine de terror está en horas bajas, El exorcismo de Emily Rose consigue devolver la fe a todos los amantes del género, con una película de altísima calidad, capaz de poner los pelos de punta a cualquiera, totalmente recomendable para todo aquel que sepa disfrutar no sólo del género de terror, sino también del buen cine.

Lo he dicho muchas veces: las películas de miedo se hacen, en su mayoría, con total descuido. El exorcismo de Emily Rose demuestra que, invirtiendo en buenos intérpretes y trabajando el guión, este género es tan bueno como cualquier otro para producir películas de gran calidad.

Lo que está claro es que, después de verla, las tres de la mañana ya nunca serán una hora cualquiera más.

jueves, 28 de octubre de 2010

Déjame entrar (Let me in - 2010)


Valoración: Floja

Un homenaje sin innovación no es homenaje, sino karaoke. Aunque la cita no es mía (pertenece a Matt Zoller Seitz del New York Times) no es la primera vez que la empleo, a causa de la cada vez más preocupante falta de imaginación de los guionistas de Hollywood. En pocos días he visto el film original de 2008 y su remake de 2010 (¡¡¡sólo dos años entre ambas versiones!!!) y, sinceramente, una es un calco de la otra.

Tal es así que podría perfectamente hacer un copia y pega con el análisis que efectué sobre la versión sueca, cambiando sólo la parte del elenco (a diferencia del primer film, aquí los niños sí interpretan) pero no quiero cometer la misma falta de respeto que Matt Reeves, que tampoco pecó de original con Monstruoso, apuntándose a la moda de la filmación cámara en mano. Prefiero centrarme en algunos aspectos a los que no otorgué la debida atención la primera vez.

Se habla de este relato como algo fresco y novedoso. Sin embargo todo lo que ofrece ya ha sido utilizado en un sinfín de ocasiones. Si se refieren a la relación entre la niña y su cuidador, hasta el mismísimo Conde Drácula necesitaba la ayuda de un humano (Reinfeld) para sobrevivir. Y si se acogen a la ridícula parte romántica del relato, ¿es que es la primera película de vampiros que ven? Porque el asunto es más que recurrente en el género. Y eso por no hablar sobre los desplazamientos de la protagonista, que parecen una lamentable copia de un cruce entre otras dos célebres niñas: la de El Exorcista y la omnipresente de las películas de terror asiático.

¿Por qué tildo de ridícula la relación entre los niños? Porque ella, por mucho que se encuentre dentro de alguien con el físico de doce años, es una mujer adulta. Comportarse como una menor de edad sólo tendría sentido si encerrase la pretensión de engañar al niño, para que fuese su nuevo guardián (algo perfectamente explotado, pero con adultos, en la fabulosa El ansia, de Tony Scott). Sin embargo el relato nos deja bien claro que hay amor entre ambos, por muy inverosímil que esto sea.

No es la primera vampiro que vemos de tierna edad. En Entrevista con el vampiro, se profundizaba de manera fantástica sobre los inconvenientes de transformar en vampiro a un humano que no se hubiese realizado plenamente. De hecho es tal la influencia de Anne Rice en Déjame entrar, que tildarla de nueva es absolutamente irrisorio. Todo el mundo tiene derecho a opinar, está claro, pero hacerlo desde fundamentos falsos, no es de recibo.

Una vez más la maquinaria propagandística ha funcionado. Se hizo con Millennium y se repite con Déjame entrar, que ni siquiera en esto ha sido original. Cada cual con lo suyo, pero, como he dicho otras veces, no me trago la fábula del traje del emperador.

Déjame entrar (Let the right one in - 2008)


Valoración: Floja

Hay películas que tienen suerte. Me refiero a que, por uno u otro motivo, prendan a un sector de la crítica que va de intelectual y, a partir de ahí, nadie se atreve a hablar de sus defectos, como si sacarlos a relucir fuese quedar como un ignorante. Por mi parte, creo que en esto del cine cada uno debe dar su opinión libremente y eso es lo que voy a hacer, aún a riesgo de enfadar al club de fans de esta vampirita sueca.

Película europea basada en un aclamado best-seller, con aire de independiente y atrevimiento, mucho atrevimiento. Hasta ahí bien, suficiente como para que nos llame la atención y decidamos verla. A partir de ahí, desglosémosla por partes.

La adaptación al cine, aunque el guión sea del propio escritor de la novela original, se come situaciones y personajes que considero importantes para la trama. En lugar de ello pierde mucho tiempo con la presentación de los niños protagonistas, la cual efectúa con ciertas deficiencias. La parte de terror se ve muy reducida y, desde luego, no da ningún miedo. Uno puede ser un gran novelista, pero redactar un libreto cinematográfico es muy diferente a escribir un libro.

Centrándonos en la película, el argumento nos cuenta la vida de un niño, hijo de padres separados, maltratado en su colegio, que se hace amigo de una niña-vampiro. Parte de las deficiencias del guión tienen que ver con lo poco que se profundiza en las situaciones familiar y colegial. El divorcio de sus padres no parece afectar mucho al chico y la situación en su escuela es tan simplona como tópica. ¿Realismo? En esta parte no, desde luego.

Sobre las interpretaciones, Kare Hedebrant (el niño) no cambia su cara de pasmado en todo el film (no me extraña que en clase le tuvieran ganas). Por su parte, Lina Leandersson (la vampirita) está mejor, aunque no lleva a cabo ningún alarde interpretativo. Bien a la hora de expresar tristeza por lo que es, pero nada más.

Técnicamente estamos ante una producción muy pobre. La atmósfera ochentera y las localizaciones nórdicas están logradas, pero la ejecución de la acción parece sacada de la televisión, sin planos relevantes ni un verdadero aprovechamiento del 16/9.

Voy sumando y cada vez me acuerdo más de la saga Millennium: película escandinava, adaptación muy pobre de un super-ventas, corte independiente, factura visual propia de un telefilm y excesivamente sobrevalorada porque emite, sin miedo ni pudor alguno, secuencias de explícito contenido violento.

Sin embargo hay dos diferencias muy importantes a favor de Déjame entrar: termina por despertar el interés del espectador y el clímax final está muy por encima del resto del film, por lo que la sensación que le queda a uno no es mala del todo. Aún así, mirando el conjunto, no puedo por menos que calificarla como un tanto floja.

viernes, 22 de octubre de 2010

La otra hija


Valoración: Mala

Algo muy extraño está sucediendo con el cine en España: películas que no contienen escenas de sexo ni desnudez alguna son calificadas como X (Saw VI); films que se estrenan en las salas de cine de todo el mundo aquí lo hacen en los vídeo-clubs (recientemente ha sucedido con la última de Bruce Willis, Vaya par de polis); y bodrios como esta La otra hija, que en la meca del cine, Estados Unidos, salen directamente a DVD, en España se estrenan en la gran pantalla. ¿Son cosas mías o estamos ante un comportamiento verdaderamente anormal?

Siguiendo esta línea de pensamiento, me sobreviene la siguiente pregunta: ¿en qué se diferencia La otra hija de un telefilm de domingo por la tarde? Única y exclusivamente en la presencia de una estrella como Kevin Costner, con mucho lo único salvable de este gran desastre, dirigido por el español Luis Berdejo, guionista de REC. Porque entre la torpe puesta en escena, que queda todavía más en entredicho al intentar copiar descaradamente la estética de M. Night Shyamalan en films como Señales o El bosque (estoy reñido con el hindú por sus últimas cuatro películas, pero técnicamente es impecable), el torpe y plomizo guión de John Travis (The Haunting of Molly Hartley) repleto de fallos y situaciones sin resolver, la incapacidad para la interpretación de todo el elenco excepto, como ya he dicho, Kevin Costner (no sé quién lo engañó para participar aquí pero ya puede cambiar de agente) lo previsible que es todo y la ausencia de efectos, entiendo perfectamente que en norteamérica no haya llegado a la gran pantalla.

Por si no os he convencido y todavía os preguntáis de qué va el relato, una familia se traslada a un enorme caserón en el bosque, donde empezarán a suceder fenómenos extraños. O lo que es lo mismo: imaginación al poder. No digo que no se puedan repetir argumentos ya utilizados, pero entonces hay que esforzarse en otro tipo de cosas, como definir a los personajes para que se entienda el drama familiar, ser capaz de crear una atmósfera de terror o, por lo menos, narrar algo que tenga pies y cabeza (me he vuelto tan blando que ya ni exijo que sea entretenido).

Pero La otra hija no cumple nada de eso. Nos encontramos ante un soporífero aburrimiento, filmado con la torpeza propia de un principiante. Hasta tal punto llega la poca habilidad como narrador de historias de Berdejo, que convierte al espectador en omnisciente desde el principio, al mostrar al monstruo en los primeros minutos del metraje. Resulta bastante ridículo observar a Costner y compañía preguntándose qué pasa, cuando el público ya lo sabe. Lo suyo sería dosificar la información, pero donde no hay talento...

En el tramo final trata de amenizar la cosa con tiros y persecuciones, pero lo único que consigue demostrar es que es tan malo en el género del terror como en el de la acción. En pocas palabras, un film tan absurdo como insufrible.

¿Cómo es posible que un producto de semejantes características opte al premio en Sitges? Como he dicho al principio, algo muy raro está pasando con el cine en España.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Saw VI


Valoración: Regular

Saw VI
tiene el dudoso honor de ser la única película sin escenas de sexo, calificada X por el Ministerio de Cultura. Por ese motivo no fue estrenada cuando tocaba, en octubre de 2009. Ahora, justo un año después, llega por fin a nuestras pantallas con un metraje acortado en unos tres minutos, consiguiendo así perder la calificación X. Y yo me pregunto, ¿qué diferencia hay entre esta versión y la del año pasado? Si no hay sexo, la X sólo se entiende por hacer apología de la violencia. Si esto fuera cierto, toda la saga Saw, además de Viernes 13, Halloween y cualquier película de miedo con psicópata como protagonista, merecería la misma calificación.

Diría que se han tomado muy a la ligera eso de que Saw VI incitaba a la violencia. Por poner un ejemplo fuera del cine de terror, la mejor serie de la historia de la televisión, 24, utiliza un alto grado de violencia y además la justifica, ya que gracias a que Jack Bauer se salta las normas y rompe unos cuantos huesos a los terroristas de turno, se evitan catástrofes nucleares. ¿Le ponemos una X? Claro que no.

No tiene sentido, máxime cuando en el mismo 2009 se emitió, sin ninguna pega, la infame Anticristo de Lars Von Trier, la cual sí contenía secuencias propias de una película pornográfica, además de un alto grado de violencia innecesaria y de muy mal gusto. Pero claro, este tipo y su amiguete Michael Haneke, a pesar de que filman películas deleznables, están considerados abanderados del cine europeo y se les permite todo, lo que demuestra que aspectos como la hipocresía y la censura siguen vigentes en pleno siglo XXI. Y luego algunos van de progres... ¡Qué pena!

Centrándonos en Saw VI, hay muy poco que decir. Es mejor que las partes cuarta y quinta (lo cual no es complicado) pero no llega a las cotas alcanzadas en las tres primeras. Nuestro buen amigo Puzzle, a pesar de estar muerto, sigue siendo un auténtico dolor de cabeza (menudo eufemismo acabo de soltar). El juego continúa, hay nuevas formas de matar (aunque ya no son tan novedosas, pues parecen modificaciones de otras vistas en los capítulos anteriores) y el único suspense es saber quién vivirá, quién morirá y en qué consistirán las terroríficas pruebas de turno.

Así pues, Jigsaw y sus seguidores (a estas alturas ya se conocen todos) nos ofrecen una nueva versión de su justicia sádica y macabra, que nos acerca al final de los planes de Puzzle. El ritmo narrativo es bueno, diría que la duración es correcta pero no puedo (le faltan tres minutos), el clímax final aceptable y las interpretaciones, exceptuando al inexpresivo Costas Mandylor, bastante buenas.

La película se despide con un tráiler de lo que veremos en la séptima, la cual, cómo no, podrá verse en 3D. Se supone que es la última entrega de una saga que, para mi gusto, debió haberse quedado en trilogía. ¿Será verdad? Como ya he dicho otras veces, la taquilla dictará sentencia y, teniendo en cuenta el bajón de ésta sexta parte (ha recaudado en Estados Unidos menos de la mitad que cualquiera de las otras cinco) no creo que se dilate mucho más.

Saw V


Valoración: Mala

James Wan ofreció una gran contribución al cine de terror con Saw, un relato atrevido, original e imaginativo de psicópatas, con ciertas reminiscencias a Cube. El éxito fue tal que se convirtió en productor, fue dejando poco a poco las labores de dirección y guión a gente bastante mediocre (así el desembolso en dichas tareas era mínimo) y, a partir de ahí, ha ido creando una franquicia al estilo Viernes 13 o Halloween, de tal manera que sigue recaudando mucho dinero con cada nueva entrega, del mismo modo que va perdiendo originalidad, frescura, imaginación y, sobre todo, calidad.

Para que todos podamos hacernos una idea del calamitoso rumbo que lleva esta serie, bastará con poner un ejemplo sobre la diferencia de reparto entre la primera y la quinta: Danny Glover, Cary Elwes y Monica Potter eran los actores más conocidos en la película original, mientras que en esta quinta, los más "famosos" provienen de célebres series como Dexter (Julie Benz) o 24 (Carlo Rota). Por cierto, ya que mencionamos la mejor serie jamás realizada para la televisión, resulta que el malvado Jigsaw (Tobin Bell) también fue villano de 24, en concreto en su segunda temporada. ¿Aprendería de Jack Bauer sus habilidades para torturar?

Volviendo a la película, el desarrollo de la trama es similar al de sus predecesoras, sólo que aquí conocemos la identidad del sucesor de Puzzle a los pocos minutos de metraje, lo que implica que el suspense decae muchísimos enteros, convirtiéndose en una cinta de terror de lo más previsible y aburrida, que a buen seguro no gustará ni siquiera a los incondicionales de la saga (un servidor es un ejemplo válido de ello).

Mientras llene las salas de cine, seguiremos siendo torturados por esta interminable serie que está cayendo en un patetismo atroz. Lamentable.

Saw IV


Valoración: Mala

Cuando vi Saw III, pensé que era el colofón a una magnífica trilogía del cine de terror, de la cual destacaría, además de la frescura y originalidad de la primera parte, sus tramas complejas y bien hilvanadas a lo largo de las tres películas, su montaje frenético y repleto de flash backs, los excesos de primeros planos unidos a movimientos violentos de cámara, su estética particular, su complicada puesta en escena y su atmósfera claustrofóbica e intensa, a la que ayudaba su estridente banda sonora y, por supuesto, sus extravagantes, maquiavélicas y horrendas muertes.

Pero hace tiempo que Hollywood es un negocio, así que tras forrarse a manos llenas (en Estados Unidos la hasta entonces trilogía había recaudado un montante total de 222 millones de dólares en taquilla) los responsables de la saga decidieron que había que seguir exprimiendo la gallina de los huevos de oro. Y de paso James Wan, verdadero artífice de Saw, se desmarcó por completo del plano artístico, ya que ni dirige ni forma parte del guión de esta cuarta entrega, quedando únicamente como productor ejecutivo (o lo que es lo mismo: a cobrar pasta).

Tras la muerte de Jigsaw en el capítulo anterior, muchos nos preguntábamos: ¿Y ahora qué? Como era de esperar, alguien sigue los pasos de Puzzle y vuelta a las matanzas sádicas y laboriosas. Considero que no tiene el menor sentido, ya que el personaje encarnado por Tobin Bell poseía una inteligencia fuera de lo común, además de conocimientos de mecánica propios de un físico o un ingeniero. Teniendo en cuenta que estaba loco de atar, encontrar a alguien de similares características parece misión imposible. Se podría perdonar como licencia si el guión lo narrase, no diré con calidad, pero sí con el efectismo conseguido en las partes anteriores. Sin embargo es tan aburrido como carente de sentido.

Perdido el interés por lo absurdo de la trama, sólo nos queda la curiosidad por saber qué nuevas y grotescas formas de matar se les han ocurrido a los nuevos guionistas (los responsables del libreto de Feast, Patrick Melton y Marcus Dunstan) aunque, si os digo la verdad, con tanta cadena y elementos propios de un mecano, uno tiene la sensación, en todo momento, de déjà vu.

Volvió a ser un relativo éxito de taquilla, ya que en norteamérica ingresó más que la primera Saw (66 millones de dólares por los 55 que obtuvo el film original) sin embargo, en mi humilde opinión, fue más por la inercia que hasta el momento llevaba la saga que por otra cosa. Y viendo que se trató de la última vez que encargaron la dirección a Darren Lynn Bousman (realizador de las partes dos y tres) creo que no voy desencaminado.

martes, 19 de octubre de 2010

Saw III


Valoración: Interesante

En 2004 James Wan realizó Saw, una magnífica película de terror, llena de originalidad, capaz de mantener el suspense y la sorpresa hasta el último minuto. El film obtuvo un gran éxito por lo que rápidamente se encargó la segunda parte, filmada por Darren Lynn Bousman, que resultó ser de una calidad notablemente inferior. Así pues había cierto temor antes de ver esta tercera parte, pues repite Bousman en la dirección. Pero teniendo en cuenta que la historia es de Wan, la película ha sabido estar a la altura, llegando a conformar lo que en su día pensamos que era una de las mejores trilogías de terror de la historia del cine.

Todo habría quedado muy bien hilvanado si se hubiera quedado en una historia dividida en tres partes, ya que esta tercera parece concebida como el capítulo final. Sin embargo la recaudación volvió a ser sustancial (80 millones de dólares en Estados Unidos) y claro, ¿cómo desperdiciar semejante negocio? Lamentablemente las partes cuarta, quinta y sexta quedaron muy por debajo y aún nos queda una séptima, aprovechando el tirón del 3D. Veremos cómo acaba.

Centrándonos en Saw III, el argumento trata de conjugar lo visto en las dos primeras partes, con un último estudio (así llama Puzzle a sus macabras y sádicas torturas) . Los diferentes caracteres del film experimentarán sentimientos como ira, venganza, culpa e incluso perdón, mientras se debaten entre complicadísimas decisiones de carácter mortal. Pero hay otros dos sentimientos muy por encima de ellos: el miedo atroz que padecerán las víctimas y la mala uva del enfermizo y moralista asesino.

La trama inserta numerosos flash-backs que ayudan a relacionar esta película con las anteriores, en medio de toda una odisea que involucra a dos protagonistas: por un lado un hombre, Angus MacFadyen (Braveheart) tiene la posibilidad de ver cumplida su venganza por su hijo muerto y por otro, una neurocirujana, Bahar Soomekh (24) debe mantener vivo al malvado Jigsaw para así conservar su propia vida. Al final todo encajará perfectamente, como en un rompecabezas y el espectador tendrá por fin conciencia sobre la magnitud de la obra de este psicópata tan particular.

No tiene la frescura del film original, pero sabe mantener la tensión, tanto por los espeluznantes y cada vez más elaborados juegos que se suceden, como por las magníficas interpretaciones de todo el elenco de actores, que confieren a la obra un gran dramatismo.

Si la cosa hubiese quedado ahí, Saw III habría supuesto un gran apoteosis final, no apto para personas sensibles, lleno de momentos de tensión, el giro de tuerca del último tramo muy propio de esta serie y, cómo no, grandes dosis de sangre y vísceras, las cuales aumentan en cada película. Pero la ambición, tan bien retratada durante toda la saga, hizo mella en los responsables del producto, convirtiendo lo original en repetitivo con interminables secuelas. Una pena.

lunes, 18 de octubre de 2010

Saw II


Valoración: Interesante

Tras el éxito de la magnífica y controvertida Saw, la secuela no se hizo esperar. Un año después llegó a los cines Saw II, siguiendo el precepto más importante de la saga: recaudar altos ingresos con una inversión pequeña. De hecho, si la primera parte obtuvo en la taquilla norteamericana 55 millones de dólares, con ésta segunda se hicieron de oro, al conseguir la nada desdeñable cifra de 87 kilitos (sólo costó cuatro) siendo a fecha de hoy, la parte más rentable de toda la serie.

James Wan, director de la original, se pasó a labores de producción durante el resto de la saga (muy inteligente ya que los beneficios han sido redondos). El nuevo director (un jovencito llamado Darren Lynn Bousman) responsable también del argumento (retocado por Leigh Whannell, coguionista del primer Saw) ofrece una cinta con un mayor número de minutos destinados a la acción, en detrimento del suspense, lo que inevitablemente termina por reducir la calidad del conjunto.

El punto de partida es diferente, entre otras cosas porque ya sabemos la identidad del sanguinario Jigsaw. El argumento se divide en dos tramas principales: por un lado las víctimas de turno, encerradas en una casa llena de trampas y acertijos, con influencias más que evidentes del clásico de Agatha Christie Diez negritos; por otro, la intensa y estresante búsqueda contra reloj que un detective de la policía (Donnie Wahlberg) debe llevar a cabo, enfrentado cara a cara con el mismísimo Puzzle, ya que dentro de la mencionada casa hay alguien de suma importancia para él.

Con respecto a la primera, este film aumenta en gran cantidad los litros de sangre, los muertos y el maléfico ingenio y mimo con los que el protagonista prepara nuevas y horrendas formas de morir. La pena es que pierde en frescura, originalidad y talento. Aún así, es una secuela bastante efectiva, de desarrollo intenso y clímax final en clave de sorpresa, explicado mediante varios flash-backs por si acaso los espectadores, con tanta atrocidad, nos habíamos olvidado de elementos clave del argumento.

También se le puede reprochar que si bien el guión profundiza sobre la historia de Jigsaw, varios personajes que parecen importantes en la trama (a tenor de lo escuchado en ciertos diálogos) están muy mal definidos. Quizá con menos sangre y más tiempo dedicado a preparar los personajes secundarios, como hizo Wan en el fantástico film original, la película habría subido muchos enteros. Aún así, diré que es una secuela aceptable, lo mismo que la siguiente, Saw III. A partir de ahí, la serie iría cuesta abajo y sin frenos.

Saw


Valoración: Notable

En 2004, James Wan consiguió revolucionar el género del terror con Saw, un inquietante y asfixiante thriller psicológico, englobado en el subgénero de los slashers.

En muchas ocasiones he denunciado el maltrato que sufren las películas de miedo. Directores con muy poco talento tratan de obtener beneficio con un producto que todavía vende, por malo que éste sea. Parece que el público adolescente se contenta con ver muertes, litros de sangre y sustos facilones, calcando todos los elementos inherentes a este tipo de películas. Sin embargo Wan creó una maravilla, demostrando que, por muchas películas de psicópatas que se hayan llevado a cabo, todavía se puede ser original.

En Saw no veremos a una cuadrilla de chavales de fiesta en un instituto o un cámping, que son descuartizados uno a uno. Tampoco se trata de una película en la que un psicópata va matando y los policías son los caracteres principales. Wan toma el punto de vista de las víctimas, dos hombres que aparecen en un sótano abandonado encadenados y sin tener ni idea de lo que pasa. Poco a poco van haciendo memoria y descubriendo pistas, hasta caer en la cuenta de que son los elementos principales de un juego macabro y mortal.

Una de las cosas que hizo famosa a Saw fue la imaginación del asesino. Cada muerte es diferente de la anterior, muy complicada, impensable, pero con una pequeña esperanza para la posible víctima, ya que siempre hay una minúscula ocasión para escapar, la cual, todo sea dicho, exige un importante sacrificio. Aquí se define el carácter del malvado villano, un ser monstruoso capaz de otorgar una última oportunidad a personas que, según él, están desperdiciando sus vidas.

Además de ello, considero un acierto que el guión no transcurra por completo en el sótano mencionado, ya que así se agiliza la trama (recordad lo pesada que se hizo Buried, por ejemplo). Así también el reparto es mayor, lo que Wan utiliza sabiamente para jugar con el espectador, que se preguntará durante todo el metraje quién de ellos es el asesino.

Saw es, por méritos propios (y deméritos del resto de "autores" del género) una de las mejores películas de miedo realizada en la primera década de 2000. Aunque contiene elementos gore y secuencias que pueden dañar la sensibilidad, no se centra únicamente en eso (como películas tipo Hostel) sino que genera una buena trama de intriga, contiene sorpresas y consigue, sobre todo, alcanzar una atmósfera opresiva y claustrofóbica imponente, que llega a provocar miedo y angustia en el espectador. Imprescindible.

martes, 12 de octubre de 2010

Frágiles


Valoración: Mala

Hay géneros en el mundo del cine que tienen el riesgo de generar films aburridos. Por poner un ejemplo, si uno va a ver una película en clave documental y descubre ya en la sala que el tema central no despierta la curiosidad prevista, la sesión se le puede hacer muy larga. Lo mismo sucede con películas de ritmo lento, ya que si lo que cuentan no es del interés de uno, pueden convertirse en auténticos suplicios.

Sin embargo, aburrirse viendo una película de terror es algo imperdonable. ¿Por qué el espectador busca este género? Por la tensión, el miedo, el suspense o incluso el divertimento, ya que si se tiene talento, incluir ciertos momentos humorísticos en mitad de este tipo de películas, suele funcionar muy bien.

Lo que está claro es que nadie va a ver una de miedo con la expectativa de aburrirse. Pero entre el cine de terror proveniente de Asia, sus influencias y mediocres autores como el sobrevaloradísimo Jaume Balagueró, las películas de este género cada vez son más soporíferas.

Como Balagueró es español, muchos se tienen a menos de hablar mal de él. Allá ellos, porque el cine no entiende de fronteras políticas. Y este director sólo ha conseguido buenas cotas de miedo, suspense y entretenimiento con REC. Del resto de su filmografía no se salva nada, incluyendo esta soporífera y nada original Frágiles, de la que hablaremos brevemente, ya que no hay mucho que comentar.

Estamos ante una película visualmente correcta (buenos encuadres, cuidada fotografía, movimientos de cámara nada toscos) pero es lo único salvable técnicamente hablando, ya que la puesta en escena es tan pobre, que no genera ni atmósfera claustrofóbica ni clima de tensión.

En referencia al relato, lo de contar una buena historia parece quedar muy grande a Balagueró, pues se ha limitado a copiar descaradamente trozos de la película El internado de Pascal Laugier (y algunas más de temática similar) adoptando la enfermedad que padecía Samuel L. Jackson en El protegido de M. Night Shyamalan.

El guión es muy deficiente. En lo que se refiere a la trama, está tan mal planteada y narrada que al público le importa un bledo cual es el misterio del hospital, entre otras cosas porque a la media hora de metraje todos, excepto la mayoría de los ridículos caracteres que pululan por el film, tenemos claro lo que pasa. Ya que los mencionamos, el libreto descuida por completo a todos y cada uno de los personajes, incluidos los protagonistas, pésimamente definidos, de forma que es imposible simpatizar con ninguno de ellos.

El trabajo con los actores tampoco debió de ser muy bueno, ya que las interpretaciones dejan mucho que desear, como si ninguno creyera lo que está representando. Calista Flockhart no cambia de rostro en todo el metraje, cosa que tampoco hace Elena Anaya. En el caso de la española es más previsible, ya que todos sabemos dónde reside su talento (atractivo físico) pero Ally McBeal es bastante mejor actriz de lo que aquí demuestra. Sobre los roles masculinos, son tan poco relevantes que no les dedicaré ni una línea y los niños, simplemente gritan (muy propio).

En resumen, Balagueró dirige y escribe un desastre total, un gran aburrimiento y un ejemplo más de su torpeza como cineasta y escritor. ¿Será REC flor de un día? Por lo que parece, así es.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Cazadores de sangre


Valoración: Mala

Hace poco un amigo me comentó que mi atracción por el mundo vampírico quizá fuera excesiva. No es que me vaya el estilo gótico ni nada de eso (aunque no tengo nada en contra) pero ciertamente me trago todo lo que tenga que ver con los "hominis nocturna" (así los definió Abraham Whistler en Blade) bien sea novelas (tengo la colección completa de Anne Rice) series de televisión o películas.

El caso es que desde pequeño me han fascinado las historias de vampiros, lo cual tiene un hándicap importante: como las veo todas, en ocasiones tengo que tragarme bodrios insufribles como Cazadores de sangre, película sacada directamente a vídeo en la que, curiosamente, otro mito se viene abajo: Steven Seagal.

No es que el bueno de Steven haya sido nunca referencia de ningún tipo en el mundo de la interpretación, pero al menos daba gusto verle romper huesos en películas como Alerta Máxima o Buscando justicia. La edad no pasa en balde y, al igual que le sucede a Chuck Norris en Walker Texas Ranger, su movilidad ha quedado reducida de tal manera que parece una caricatura de lo que una vez fue.

Habréis observado que llevo tres párrafos sin hablar de la película. Eso es porque no hay nada que contar. Se trata de la primera y única película de Richard Crudo (director de fotografía de American Pie). Imagino que el señor Crudo es un fanático de Blade y Resident Evil ya que este lamentable film se puede resumir de la siguiente manera: Un grupo de cazadores ataviados con ropa y armas muy similares a las que lucía Wesley Snipes cuando encarnaba al famoso "vampiro cazavampiros que ha visto el sol", tienen como misión exterminar a un montón de seres convertidos en zombies por culpa de un virus, o lo que es lo mismo, la imaginación al poder.

Teniendo en cuenta que al final el relato ni siquiera era de vampiros (importante mentira por parte de los publicistas de turno, ya que incluso en los créditos finales los caracteres aparecen como zombies), sólo me queda por recomendar, a los espectadores potenciales, que os ahorréis este despojo. Creedme, es consejo de amigo.

martes, 14 de septiembre de 2010

Resident Evil 4: Ultratumba


Valoración: Floja

Tras delegar las labores de dirección en las partes 2 y 3 de Resident Evil, Paul W.S. Anderson retoma la realización (además de continuar siendo escritor y productor) en Resident Evil 4, la versión en 3D de la saga basada en el célebre vídeo-juego de Capcom.

Si en la primera película de la serie Anderson demostró ser un fanático de James Cameron y su Aliens, ahora se ha decantado por los hermanos Wachowsky y Matrix, porque estamos ante un mal plagio, tan torpe como descarado, de la película en cuestión. Si recordáis el final de Resident Evil 3, Alice jura venganza contra Umbrella, así que este nuevo film comenzará con nuestra heroína y su grupo de clones (situación con muchas posibilidades, pero muy mal explotada) invadiendo el complejo principal de Umbrella, situado en Tokio. Todo el ataque es un calco de la secuencia en que Neo y Trinity atacan un edificio fuertemente custodiado en el que Morfeo está retenido preso. Entre el exceso de efectos bullet time, la mezcla entre jedi y ninja de la protagonista, su vestuario y los movimientos del villano de la función, idénticos a los del Agente Smith, uno tiene la sensación de que le están tomando el pelo.

Y eso sólo en el tramo inicial, porque durante el resto del metraje veremos el mismo lanzamiento de gafas de sol que efectúa Tom Cruise en Misión Imposible 2, recorridos de bala similares a los de Wanted, un salto idéntico al que dio Bruce Willis en La jungla de cristal atado a una manguera, zombis con las mismas bocas que los vampiros mutantes de Blade II, aeronaves de estética muy parecida a las de Terminator, un enorme y malvado zombi armado con un gigantesco martillo que parece sacado de El señor de los anillos e incluso al protagonista de Prison Break, Wentworth Miller, planear una fuga para escapar de una cárcel. ¡Imaginación al poder!, ¿verdad?

¿Qué más podemos decir? Muy poco. Anderson se dedica a cuidar los efectos especiales, aumentar los litros de sangre, reproducir peleas una y mil veces (y no todas están bien coreografiadas), repetir compañera para su esposa (Ali Larter no sólo está "muy buena" sino que atraerá al cine a los fans de Héroes), introducir el mayor número de fantasmadas inverosímiles de la saga hasta el momento, hacer mucho ruido con música estridente... Eso sí, olvidaos de que os cuente historia alguna, porque eso quedó reservado únicamente para el primer film de la serie.

A pesar de las advertencias, seguro que muchos iréis a verla (a mí también me avisaron y fijaos el caso que he hecho), así que, en lugar de acabar insultando a Anderson, terminaré diciéndoos que, por mucho que os lo pida el cuerpo, no salgáis a toda velocidad de la sala de cine con los primeros títulos de crédito, ya que antes de que éstos terminen, hay una pequeña sorpresa en forma de recuperación de un antiguo personaje.

Resident Evil: Degeneración


Valoración: Mala

Un año después de Resident Evil 3, el japonés Makoto Kamiya filmó Resident Evil: Degeneration, un film que si bien no está considerado dentro de la saga de Paul W.S. Anderson, retoma la aventura siete años después de lo que sucedió en Resident Evil 2, tras el bombazo nuclear que barrió Raccoon City, con el que se pretendió erradicar de la faz de la tierra el dichoso virus T.

Pero claro, si la bomba hubiera surtido el efecto deseado, no se podría haber estirado más el producto Resident Evil, así que en esta película de animación nos cuentan un lío sobre una gran empresa farmacéutica, unos terroristas y el propio gobierno de los Estados Unidos, tan aburrido, que uno desconecta casi sin darse cuenta a mitad de metraje.

Podríamos dividir el film en tres partes: una primera en un aeropuerto norteamericano en el que aterriza un avión lleno de zombis, para sorpresa de los pobres viajeros que se encontraban en la sala de espera. Definiremos este tercio inicial de la siguiente manera: un amigo está jugando al célebre juego de Capcom y nosotros miramos cómo lo hace. Y es que no veremos otra cosa que tiros y tiros sin orden ni concierto, en clave de dibujos animados, lo que ayuda todavía más a esa sensación de vídeo-juego.

La parte central del relato es la aburrida trama citada en el segundo párrafo, la cual es excesivamente larga y liosa para lo poco que realmente cuenta.

Por último, el tramo final es la pelea de siempre entre los protagonistas y el monstruo de turno, rodada con dudosa habilidad, más en la línea de productos manga con la estética de Final Fantasy que como versión del arcade en que está basada.

Nada ingeniosa (la única novedad es que no aparece el personaje de Alice), aburrida y prescindible. La animación está lograda, pero no consigue que sus más de noventa minutos dejen de hacérsenos eternos.

Resident Evil 3: Extinción


Valoración: Pasable

Tres años después de la torpe y aburrida Resident Evil 2, Paul W.S. Anderson volvió a la carga con la tercera parte de la saga, que llevaba como título Extinción. Pensamos que con ese nombre sería la última, pero no contábamos con el 3D, carro al que últimamente parece apuntarse todo el mundo, aunque casi nunca con los efectos deseados.

Anderson, entiendo que con buen criterio, buscó un nuevo director para esta tercera parte, la cual volvió a escribir y producir. El elegido en cuestión fue Russell Mulcahy, cuya mejor tarjeta de presentación es Los inmortales, aquel mítico film protagonizado por Christopher Lambert y Sean Connery, que se convirtió en película de culto. El problema es que, investigando un poquito su filmografía, parece ser que lo de Los inmortales fue flor de un día, ya que Mulcahy ha sido responsable de abominaciones como Los inmortales 2, Resurrección o La sombra del faraón.

Teniendo en cuenta esto último, nuestros miedos ante Resident Evil 3 eran más que fundados, sin embargo, si bien no estamos ante una película referencia del género de los zombis, afortunadamente Mulcahy siguió por los derroteros del film original y consiguió una película no demasiado buena, pero altamente entretenida.

El guión de Anderson nos muestra un mundo apocalíptico al más puro estilo Mad Max, en el que los pocos supervivientes que quedan, buscan sin cesar alimento y gasolina para no perecer. Ahora bien, mientras unos se dedican a encomiables tareas de rescate, otros han perdido toda su humanidad sin necesidad de quedar infectados con el virus T.

Entre todo ese caos, volvemos a la eterna lucha entre nuestra heroína y la corporación Umbrella. Alice (Milla Jovovich) ha adquirido poderes, de tal manera que parece un jedi equipado con un montón de armas ninja. Así el espectador podrá disfrutar con espectaculares acciones de lucha y combate llevadas a cabo por la bella protagonista.

Hablando de bellas, al igual que en las dos partes anteriores, aparece un nuevo pivón al lado de mademoiselle Jovovich, aunque en esta ocasión, más que compañera de lucha y fatigas parece un mero ornamento. Nos referimos a la sensual Ali Larter, a quien seguro que muchos reconoceréis por su paso en Héroes.

No es que Mulcahy nos haya ofrecido nada nuevo en el universo Resident Evil pero al menos, cambia el contexto, introduce cierto ritmo aventurero, lleva a cabo algún que otro homenaje (el más claro es el dedicado a Los pájaros de Hitchcock) y, como he dicho al principio, no resulta aburrida.

El pasado viernes se estrenó la cuarta, ¿será la definitiva? Viendo su final, la intención es continuar, así que, según los beneficios obtenidos en taquilla (de momento bastante jugosos) sabremos si hay una quinta o no.

Resident Evil 2: Apocalipsis


Valoración: Mala

Comentando películas como Resident Evil o Alien vs. Predator, he llegado a defender a Paul W.S. Anderson por aquello de que consiguió entretenerme bastante. Sin embargo, esta secuela de Resident Evil, escrita y producida por él mismo, es lamentable. No hay ningún tipo de esfuerzo en hacer atractiva la historia, a excepción, claro está, de volver a incluir a su esposa, la espectacular Milla Jovovich y a otro bellezón como Sienna Guillory (Love Actually, La máquina del tiempo) ataviada al más puro estilo Lara Croft. La segunda parte se hizo para recaudar dinero fácil aprovechando el tirón de la primera y punto. No busquéis consideraciones de otro tipo, porque no las encontraréis.

En esta ocasión, Anderson eligió para la dirección al inexperto Alexander Witt. Cómo sería el resultado que el señor Witt no ha vuelto a dirigir film alguno, regresando a sus labores habituales de cámara, electricidad y ayudante de dirección, de las que nunca debió haber salido.

No es que esperase una película con una gran exposición dramática y una total cohesión narrativa, pero tampoco pensaba que no me iban a contar nada. En el film original la trama era más bien simple, pero existía: una mujer con amnesia parcial despertaba en medio de un caos de violencia y horror, debiendo investigar, junto a un comando especial, el porqué de esa situación, descubriendo las malas y peligrosas artes de Umbrella, la corporación más grande del mundo. Evidentemente no es un argumento que llegue a las cotas de suspense alcanzadas por Alfred Hitchcock, pero resultaba entretenido. Sin embargo esta secuela se limita a un aburrido y repetitivo pim-pam-pum, en el que los enemigos cada vez son más difíciles de matar, como si de diferentes niveles de un arcade se tratara.

Poco más se puede decir de esta insustancial continuación, de desarrollo ilógico y nulo contenido. Sólo hay disparos, vísceras y mucho ruido. Para eso, prefiero jugar al vídeo-juego. Al menos lo disfrutaré en primera persona.