sábado, 20 de marzo de 2010

El luchador


Valoración: Interesante

El término "culto" en el cine se utiliza muy a la ligera. Se habla de películas, actores y guionistas de culto con una facilidad pasmosa. Es el caso de Darren Aronofsky, considerado director de culto tras realizar un film ininteligible como Pi, fe en el caos. Me da que tiene más que ver con el mito del traje del emperador que otra cosa, pero bueno, eso ya sería meternos a valorar otro largometraje.

El caso es que El luchador es una buena película, magníficamente interpretada por Mickey Rourke, un actor que parecía acabado desde hace años. Pero Hollywood, de vez en cuando, concede segundas oportunidades; simplemente hay que saber aprovecharlas.

Si saco a relucir al protagonista antes que hablar de guión, puesta en escena y demás, es porque toda la película se basa en él. De hecho se podría afirmar con rotundidad que sin Rourke no habría película, lo cual me reafirma en no considerar a Aronofsky como un grande del cine.

El film tiene su punto fuerte en los sentimientos. Se trata de una mirada melancólica al pasado de alguien que fue un número uno mundial, convertido ahora en una persona con una existencia vulgar, preocupada por los problemas cotidianos como el pago del alquiler o el amor no correspondido.

Hay otros temas secundarios que el guión de Robert D. Siegel (The onion movie) toca sin llegar a profundizar, como el atractivo de la violencia en nuestro mundo, el tempus fugit o el vano intento de hacernos creer que el pressing catch es un deporte. Ciertamente las secuencias de lucha están rodadas con gran realismo y puesta en escena impecable, pero nadie va a convencerme de que la lucha libre norteamericana es similar a la grecorromana.

A pesar de que hay momentos emocionantes, la sencillez y previsibilidad de la trama, así como su lento desarrollo implican que, de no ser por Rourke y la atractiva Marisa Tomei, la película debería haber ido directamente al video-club, sin pasar por la gran pantalla, dejando un tanto en evidencia a un sobrevalorado Aronofsky, quien, por mucho que se empeñen, todavía dista mucho de ser un gran cineasta.

Solomon Kane


Valoración: Floja

Michael J. Basset (Deathwatch) escribe y dirige esta libre adaptación al cine de la novela de Robert E. Howart, famoso entre otras cosas por ser el creador de Conan el bárbaro.

Al igual que otras muchas, Solomon Kane tiene cosas buenas y malas. El problema estriba siempre en llegar al equilibrio entre ambas. Hablaremos de unas y de otras y después, vosotros mismos.

Comenzaremos con lo bueno. La interpretación de James Purefoy es, posiblemente, lo mejor de todo el film. Bien caracterizado, utiliza un rol similar a Hugh Jackman cuando va de duro, consiguiendo que funcione. Después tenemos la ambientación, que cubre hábilmente sus carencias de presupuesto (suele pasar con las producciones europeas) a base de litros y litros de agua de lluvia, pero con un resultado más que aceptable. Por último, el espectacular inicio, pleno de acción y cierto toque de terror.

Pero ahora llegan los problemas. Es posible que la magnífica introducción del film eleve las expectativas del público. Lamentablemente conforme avanza la historia el ritmo baja de pleno. Uno de los principales causantes es su repetitivo guión: si ya ha quedado claro en el principio por qué el protagonista quiere redimirse, ¿por qué repetirlo hasta la saciedad? El caso es que no es el único fallo del libreto, ya que tiene otro todavía peor: el argumento apenas nos cuenta nada. Entiendo que en el principio de una trilogía (al menos es la idea que los productores tienen) se pierda mucho tiempo en presentar a los personajes, motivo por el cual la trama deba ser más simple de lo deseado. Pero cuando únicamente se profundiza en uno solo de los caracteres, es necesario contar algo más que la psicología atormentada del personaje principal. Para finalizar con los aspectos negativos, hay tantas y tan descaradas similitudes con El señor de los anillos que, en algunos momentos, llegué a pasar vergüenza ajena.

Sumando los aspectos positivos y negativos, en mi humilde opinión la balanza cae del lado de estos últimos, de ahí que, en conciencia, no pueda recomendar una película aburrida, que sólo vive de una buena presentación inicial y una más que aceptable ambientación.

Percy Jackson y el ladrón del rayo


Valoración: Floja

El director de las dos primeras partes de la saga Harry Potter, Chris Columbus, dirige esta decepcionante adaptación del best-seller de Rick Riordan. ¿Por qué decepcionante? Muy sencillo: creía que un realizador más o menos hábil para las películas de aventuras, de corte fantástico y para todos los públicos, sería capaz de aprovechar un reparto tan suculento y amplio como el formado por Uma Thurman, Pierce Brosnan, Rosario Dawson, Katherine Keener, Kevin McKidd, Sean Bean...

Pero claro, de nada sirve contar con semejante elenco si el guión es de Craig Titley. Por si no os suena, os diré que es el responsable del argumento de Scooby Doo, lo que no resulta una carta de presentación demasiado halagüeña.

Me centro en el libreto porque es fundamental que, en este tipo de historias, consiga agradar a todos los públicos en el más puro sentido estricto de dicha expresión. Es decir, que no sólo entretenga a los más peques. Y aunque debo reconocer que hay varios instantes de la trama que se salvan, el exceso de infantilismo en gran parte del metraje, así como la supeditación de los magníficos actores antes nombrados al excesivo protagonismo del insufrible Brandon T. Jackson (Tropic Thunder) deviene en un pequeño suspenso, por lo que pudo haber sido y al final no fue.

Las comparaciones entre Percy Jackson y Harry Potter son ineludibles. Ambos son personajes sacados de dos exitosas sagas literarias y en las dos ocasiones, el director de la primera parte (según cómo funcione en taquilla posiblemente veamos continuaciones del film que nos ocupa) es el mismo. La diferencia es que Columbus supo crear cierta magia cinematográfica con Potter (rematada con gran audacia por Alfonso Cuarón para ser destrozada después por Mike Newell y David Yates) mientras que Jackson parece más cercano a la parodia que a la aventura.

El argumento y su desarrollo son de lo más tópico: protagonista inadaptado y perdedor social descubre que, en realidad, es un héroe que debe salvar al mundo; como es un adolescente, se enamorará de la típica chica de entrada inalcanzable y, con el tiempo, dejará de ser un "friki" para convertirse en el chico más popular, además de vivir el repetitivo y cansino conflicto paterno-filial típico en este tipo de historias. Por supuesto, todo ello aderezado con música pop un tanto estridente y un montón de chistes baratos para el ¿lucimiento? del mencionado Brandon T. Jackson, posiblemente gran causante del hundimiento de este film.

Es una lástima, porque entiendo que la película daba para mucho más. Pero el guión ha preferido tirar por el lado cómico-tonto en lugar de ahondar un poquito más en la mitología clásica griega. Tampoco se le ha dado el toque de suspense adecuado y eso que lo tenían fácil, pues se trataba de evitar una guerra que habría destruido nuestro mundo.

En definitiva, como ya he dicho antes, lo que pudo haber sido y no fue.

Sherlock Holmes


Valoración: Pasable

Sherlock Holmes es uno de mis héroes de la infancia. Recuerdo que devoré ávidamente la colección completa de sir Arthur Conan Doyle y quedé muy satisfecho con su lectura. Sin embargo no me considero un purista con respecto al personaje, así que estaba dispuesto a ver cómo se las había apañado Guy Ritchie sin prejuicios, ya que conociendo su cine (Lock & Stock, Snatch, RocknRolla) todos sabíamos que esta película iba a ser una versión gamberra del mítico detective londinense.

Lo que no me esperaba era un guión tan mediocre y un montaje tan caótico, plagado de saltos temporales poco o nada estudiados. Estadísticamente podemos afirmar que un libreto concebido por varios escritores no suele salir airoso. Éste en concreto ha sido escrito por nada más y nada menos que cinco autores, por lo que no es de extrañar que narre una historia llena de ruido, acción y humor fácil, que poco tiene que ver con los argumentos con los que Doyle ha hecho disfrutar a todo el mundo.

Lo que ya resulta increíble es que, a pesar de su concepción netamente comercial, el film resulte bastante aburrido en ciertos tramos de su metraje. Ello es debido a que el argumento policíaco-detectivesco es lo de menos. ¿La razón? No se trata de un misterio al uso, sino de una típica trama que enfrenta el bien contra el mal, cuya intriga nunca llega a ser atrayente.

¿Qué salva la película? Los actores, en especial un Robert Downey Jr. que se encuentra en estado de gracia. El intérprete efectúa su desenfadada versión de Holmes, como un antihéroe un tanto excéntrico, que posee dotes geniales para la observación y la deducción. A su lado, su inseparable Watson, un Jude Law que ofrece una visión un tanto divertida del famoso doctor.

Pero hemos de volver a mencionar el guión, porque el maltrato que ofrece a Mark Strong y a Rachel McAdams resulta imperdonable. Strong puede llegar a ser formidable interpretando roles de villano. Ahora bien, poco puede hacer con un personaje tan limitado como maltratado y desaprovechado. McAdams, por su parte, ha de vivir con una figura femenina de perfil muy bajo, la cual parecen haber insertado en la historia única y exclusivamente para adornar el film.

Mencionar, para terminar, la potente banda sonora del experto Hans Zimmer y su aspecto visual, que consigue por un lado una magnífica recreación del Londres de la era victoriana y por otro, disimular de forma más o menos hábil las carencias de estilo en la filmación.

La segunda parte ya está en marcha. ¿Por qué ese empeño en construir franquicias? Por ganar pasta de forma rápida y fácil, está claro. ¿Quién lo padece? El espectador. Las casas se empiezan por los cimientos y las prisas nunca son buenas consejeras. Pensar en la trilogía antes incluso de comenzar con la primera, conlleva estos resultados.

viernes, 19 de marzo de 2010

Seduciendo a un extraño


Lo dicho: Retomamos el ciclo a Bruce Willis el día de su cumpleaños. Le toca el turno a la película Seduciendo a un extraño.

Valoración: Floja

Contar con dos actores de la talla de Bruce Willis y Halle Berry debería ser el sueño de cualquier director de cine. En su día, el gran Tony Scott contó con ellos para realizar la sobresaliente El último boy scout, pero en esta ocasión no hemos tenido tanta suerte pues, para nuestra desgracia, el director encargado de volver a reunirlos en un mismo proyecto ha sido James Foley, autor, entre otros, de bodrios como Who's that girl con Madonna o The protector con Mark Wahlberg.

Y claro, como no podía ser de otra manera, Foley ha desaprovechado a uno de los grandes intérpretes del séptimo arte, un Bruce Willis que destila clase por allá donde va, pero que ve muy mermada su participación al encarnar a un personaje pésimamente definido por el patético guión del desconocido Todd Komarnicki, que toma como tema central del argumento la explosiva belleza de una Halle Berry que, desde que consiguió el Oscar que tan injustamente han negado a Bruce Willis, va de mal en peor.

La película no tiene ritmo narrativo, algo que va en contra de los cánones del género del thriller. Su desarrollo es torpe, con un par de giros tramposos para intentar, en vano, despistar al sufrido espectador que bastante hace con aguantar despierto. Pero cuando parece que la cosa no puede ir a peor, nos encontramos con un esperpéntico y nada original final, tras el cual dan ganas de retirar a perpetuidad la licencia de cineasta a su mediocre director.

Desperdiciar así el talento del magnífico elenco de actores con el que Foley ha contado debería estar castigado con penas de hasta cincuenta años. Así nos aseguraríamos no volver a toparnos con mediocridades de esta magnitud.

Green Zone: Distrito protegido



Valoración: Interesante

Si ésta película se hubiera titulado Jason Bourne IV: misión en Irak, no habría pasado nada. A Paul Greengrass le ha dado tan buen resultado la trilogía del ya mítico asesino/agente secreto, que Green Zone parece concebida como una continuación, con la única diferencia de que el personaje protagonizado aquí por Matt Damon, el alférez Miller, tiene menos recursos y es menos capaz que el talentoso Bourne.

Siguiendo con las similitudes a la mencionada saga, tenemos uno de los dos principales fallos de este film, que no es otro que el de la desastrosa filmación en las secuencias de acción. Me parece bien que un director demuestre que es capaz de hacer todo tipo de planos y trate de ser original con la cámara, pero desde El ultimátum de Bourne, donde ya se excedió, el uso y abuso de cortes visuales en cada secuencia, con primacía de planos excesivamente cercanos a los protagonistas y la pérdida de perspectiva propia de un cámara que corre para evitar ser tiroteado, mientras ofrece imágenes de guerra, termina por marearnos y logra que no nos enteremos de nada. ¿Alguien es capaz de identificar a quién disparan los protagonistas? ¿Y quién les dispara a ellos? ¿Y cómo sortean el peligro? Puede que así se dé sensación de realismo, como si fuera un documental, pero francamente prefiero ser presa de la ficción, en lugar de ver un muro hecho añicos en el suelo mientras me pierdo todo lo que está pasando.

El segundo gran pero de esta producción es su desastroso final. Obviando lo incoherente (una persona a quien le falte una pierna no puede ir más rápido a pie que un coche) es excesivamente facilón y poco satisfactorio, sobre todo en comparación con el grueso de la película.

Y ahora toca lo bueno. He decidido hacer al revés que Greengrass, que va de más a menos y dejar la mejor parte para el final, que no es otra que el 90% del guión adaptado por Brian Helgeland de un libro de Rajiv Chandrasekaran (el otro 10% sería el desenlace). No en vano Helgeland es autor de los libretos de dos películas sobresalientes, Mystic River y L.A. Confidential. Aquí narra una interesantísima trama ficticia, ambientada en una realidad muy dura para los Estados Unidos: la inexistencia de armas de destrucción masiva en Irak, motivo que esgrimieron los norteamericanos para invadir dicho país.

Lo mejor del guión es la narración de la historia. De una manera clara y concisa, Helgeland relata toda una trama de intrigas políticas y conspiraciones en un ambiente bélico, lo que hará disfrutar de lo lindo al espectador, que se sentirá muy atraído conforme avance el metraje. A esto ayuda el buen hacer del reparto, destacando al ya mencionado Damon, Greg Kinnear (Mejor imposible), Brendan Gleeson (Escondidos en Brujas, Troya), Amy Ryan (El intercambio) y Jason Isaacs (Black Hawk Derribado, Harry Potter).

Llegamos a un punto que denominaré "Helgeland vs Greengrass", ganado claramente por el primero, ya que en la misma película se demuestra que el ritmo frenético y adictivo se consigue con una adecuada narración de hechos, controlando de forma precisa y adecuada el volumen de información que llega al público y no con violentos y caóticos movimientos de cámara.

Lo curioso es que Greengrass, cuando se controla un poco, es capaz de ofrecer hermosos planos de Irak, tanto lejanos como cenitales, además de saber dotar a la escena de la estética adecuada, la cual, todo sea dicho, parece calcada de Black Hawk Derribado en muchas ocasiones. Todo eso es realismo conseguido sin el dichoso estilo documental. Es una pena que no se centre más en ello, porque posee talento de sobra.

El libro de Eli


Valoración: Pasable

Nueve años llevaban los hermanos Hughes sin dirigir una película. En aquella ocasión estrenaron Desde el infierno, un film que, personalmente, me parece bastante mejorable. Ahora nos ofrecen El libro de Eli, manteniendo ciertas similitudes, a saber: elenco destacable, desarrollo entretenido, fallos de guión y cierta falta de originalidad.

Pero centrémonos en la película que hoy nos ocupa. Actualmente los espectadores nos contentamos con muy poco en el cine. Llegamos a darnos con un canto en los dientes si no nos aburrimos durante una sesión. Claro, todo depende del punto de comparación, ya que esta película habría sido considerada como telefilm en la gran época del cine de acción (entre los años 80 y 90). Sin embargo, teniendo en cuenta que su principal competidora (por aquello del argumento similar) es la insufrible The road, evidentemente El libro de Eli gana muchísimos enteros.


Decía al principio que su desarrollo es entretenido y me reafirmo: dos horas de metraje en las que sólo miras el reloj en el tramo final, no es moco de pavo hoy en día (a eso hemos llegado). Un magnífico Denzel Washington (de lejos lo mejor de toda la producción) nos hará disfrutar con sus aventuras, recorriendo Estados Unidos de este a oeste, a pie, tras un cataclismo nuclear. Washington es un héroe de acción en un mundo post-apocalíptico a lo Mad Max, con muchas reminiscencias al cine del oeste y algún que otro toque de Matrix. Deberá enfrentarse a Gary Oldman, un cacique local (y volvemos al western) que controla la principal fuente de recursos de un poblado: el agua.


La lucha entre ambos sirve para ofrecer un pequeño estudio sobre las religiones y su poder. Toda religión bien entendida se fundamenta en mejorar a la humanidad. Pero mal entendida supone un peligro, un medio para controlar a la población que puede terminar en la extinción humana.


Otros actores conocidos son Mila Kunis (Max Payne), la mítica protagonista de Flashdance Jennifer Beals, el veterano Michael Gambon (Sleepy Hollow, Harry Potter, La profecía...) y el célebre Titus Pullo de la excelente serie de televisión Roma, Ray Stevenson.


Lamentablemente lo peor del film es el final, tan pretencioso como incoherente. Trata de ser algo que sorprenda al espectador, pero sólo consigue que empecemos a pensar en los errores que el guión comete durante todo el metraje (lo explico más abajo, en la zona spoiler, para no desvelar nada a quien no la haya visto).


Es una mala época para los guionistas de cine en general (muy superados por los escritores de libretos televisivos en la década de 2000) y para el género de la acción en particular. Habrá que esperar mejores tiempos.

PD: Iré incluyendo críticas de estrenos con películas que he visto en los últimos meses, a ver si me pongo al día. También retomaré desde hoy el ciclo a Bruce Willis (curiosamente hoy, día del padre, coincide con su cumpleaños así que, ¿qué mejor fecha?). Siento la tardanza.

ZONA SPOILER, no leer si no se ha visto la película:

La gran revelación final de la película es que el personaje de Denzell Washington es ciego, algo totalmente absurdo ya que le hemos visto, entre otras cosas, hacer gala de su gran puntería a distancia. Todo un despropósito.

Además hay algunos fallos de guión, como por ejemplo el hecho de que una niña que jamás ha visto una televisión, por aquello de haber nacido tras la guerra, sepa pilotar con gran soltura un vehículo de ciertas dimensiones. Tampoco se explica la huída de dicha niña de un manantial en el que había sido encerrada por Washington, por el bien de ella. Se supone que es una puerta que sólo se abre desde fuera. La chica aparece sin explicación alguna caminando por el desierto minutos después de su encierro. Y de ninguna manera es entendible que Oldman pase un día entero conduciendo un coche y no consiga atrapar a Washington, que circulaba a pie.

Los errores de guión serían perdonables con un final airoso. Por desgracia, no es el caso.