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miércoles, 20 de julio de 2011

Harry Potter y las Reliquias de la Muerte: Parte 2


Valoración: Regular

Para leer la crítica de la película, entrad aquí

Me siento francamente decepcionado con el capítulo final de la saga Harry Potter. No es que tuviera fe ciega en David Yates (que no la tengo). El problema es que creía que iban a hacer algo digno con el momento que todos estábamos esperando desde Harry Potter y la piedra filosofal: el gran combate final entre Harry Potter y el malvado Lord Voldemort.

Pero no ha sido así. Es uno de los combates más descafeinados y simples que he visto en mi vida. ¿Acaso no es un enfrentamiento del que depende toda la humanidad? Me vienen a la cabeza las luchas épicas entre Luke Skywalker y su padre en El retorno del Jedi, Neo vs. Agente Smith en Matrix (la primera, claro), el del Rey Arturo en Excalibur, Indiana Jones frente a Mola Ram... (anda que no hay cosas de Indiana Jones en la última de Harry Potter).

Pero incluso enfrentamientos fuera del cine fantástico, como el duelo final de El bueno, el feo y el malo o William Munny (Clint Eastwood) frente a Little Bill (Gene Hackman) y un grupo de matones en el final de Sin Perdón.

No es que el esperado enfrentamiento entre Harry Potter y Lord Voldemort no llegue a las cotas épicas de los que acabo de mencionar, es que otros duelos menores, como el de Daniel Larusso en el final de Karate Kid alcanzan mayor trascendencia.

Toda la saga va encaminada hacia este combate final y su resolución es simple, descafeinada y rápida. ¿Y para eso siete películas metiéndonos el miedo en el cuerpo con respecto a "quien no puede ser nombrado"? Es incomprensible.

Y qué decir de la supuesta gran batalla entre el ejército del bien y del mal... Ni grande y casi ni batalla. Dura muy poco, está rodada a saltos, sin continuidad, a pinceladas. Los combates son una copia descarada de lo ya visto en El retorno del Rey, pero con una calidad muy por debajo de la tercera parte de El señor de los anillos.

En definitiva: los dos momentos más importantes de la película (y posiblemente de la saga) echados a perder. Comprenderéis que, teniendo esto en cuenta, no pueda darle el aprobado a pesar de la impecable ambientación o de ciertas secuencias de mérito como la que tiene lugar en el banco, con el dragón y demás.

Me esperaba algo más de respeto por la obra y eso que no soy un fan. Una pena.

jueves, 6 de enero de 2011

sábado, 20 de noviembre de 2010

Harry Potter y las reliquias de la muerte: Parte I (Harry Potter and the Deathly Hallows: Part I


Valoración: Muy mala

Un grupo reducido de jóvenes lleva un maligno y peligroso objeto colgado del cuello, el cual afecta negativamente a su portador. Deben llevar a cabo una interminable marcha con el fin de destruirlo. ¿Estoy hablando de El señor de los anillos? Pues no. Acabo de contaros cerca del 90% de lo que ocurre en la penúltima entrega cinematográfica de las aventuras de Harry Potter, a la que sólo le ha faltado el pan de lembas para culminar un plagio escandaloso.

La película es una soberana tomadura de pelo, pero no por la continua sensación de ya visto con respecto a parte de la obra de Tolkien, sino por cómo unos productores ávidos de dinero han sabido aprovecharse de todos nosotros, dividiendo el último libro de J.K. Rowling en dos partes: una primera de transición en la que no sucede prácticamente nada y una segunda en la que nos contarán de qué va el libro (al menos así lo espero). O lo que es lo mismo: una forma tan deleznable como irrespetuosa con el gran público de ganar pasta.

Ya lo dije analizando las anteriores películas: el fichaje de David Yates corresponde a un realizador sin personalidad al servicio de los productores. Ellos ordenan y Yates cumple. Y claro, ahí está el bajón de calidad en una saga que contó con tres primeras buenas películas, firmadas por Chris Columbus (las dos primeras) y Alfonso Cuarón (la suya, El prisionero de Azkaban, es con mucho la mejor de toda la serie) seguidas por, de momento, cuatro auténticos desastres, de los que tres han sido dirigidos por el señor Yates.

El film es una auténtica tortura, similar a la que padecimos en The Road de John Hillcoat, con la diferencia de que aquella duraba tres cuartos de hora menos. Aquí son 146 minutos y apenas pasa nada. He mirado tanto el reloj que me atrevería a decir que, durante unas dos horas de ese tiempo, hemos visto a los tres protagonistas vagar por diferentes parajes, mientras montaban su tienda de campaña, se hacían té y tenían una bronca infantil. ¿Película de transición? Que no la hagan, porque para narrar la fábula de Las reliquias de la muerte (lo hacen en apenas un par de minutos) y contarnos los planes de Voldemort (como si no los supiéramos ya) no hacen falta casi dos horas y media.

¿Qué ocurre en el resto del film? Pues vamos a ver, siendo generosos vamos a concederle cerca de media hora, a la que hay que restar diez minutos en concepto de títulos de crédito. En ese espacio hemos visto un par de persecuciones (nada que ver, por cierto, con la fabulosa secuencia por autopista de Matrix 2), una infiltración con demasiadas licencias en el Ministerio de la Magia (me ha venido a la cabeza lo que hizo Tom Cruise para colarse en Pre-Crimen en Minority Report y me ha dado la risa por lo diametralmente opuesto del resultado), tonterías varias como, en el colmo de la estupidez, que Harry bucea con las gafas puestas y un combate final bastante descafeinado. Entenderéis, pues, el porqué de mi indignación.

Nota de archivo: Os dejo los enlaces por si alguien quiere revisar los análisis de las seis partes anteriores:

Harry Potter y la piedra filosofal
Harry Potter y la cámara secreta
Harry Potter y el prisionero de Azkaban
Harry Potter y el cáliz de fuego
Harry Potter y la orden del Fénix
Harry Potter y el misterio del príncipe

viernes, 19 de marzo de 2010

El libro de Eli


Valoración: Pasable

Nueve años llevaban los hermanos Hughes sin dirigir una película. En aquella ocasión estrenaron Desde el infierno, un film que, personalmente, me parece bastante mejorable. Ahora nos ofrecen El libro de Eli, manteniendo ciertas similitudes, a saber: elenco destacable, desarrollo entretenido, fallos de guión y cierta falta de originalidad.

Pero centrémonos en la película que hoy nos ocupa. Actualmente los espectadores nos contentamos con muy poco en el cine. Llegamos a darnos con un canto en los dientes si no nos aburrimos durante una sesión. Claro, todo depende del punto de comparación, ya que esta película habría sido considerada como telefilm en la gran época del cine de acción (entre los años 80 y 90). Sin embargo, teniendo en cuenta que su principal competidora (por aquello del argumento similar) es la insufrible The road, evidentemente El libro de Eli gana muchísimos enteros.


Decía al principio que su desarrollo es entretenido y me reafirmo: dos horas de metraje en las que sólo miras el reloj en el tramo final, no es moco de pavo hoy en día (a eso hemos llegado). Un magnífico Denzel Washington (de lejos lo mejor de toda la producción) nos hará disfrutar con sus aventuras, recorriendo Estados Unidos de este a oeste, a pie, tras un cataclismo nuclear. Washington es un héroe de acción en un mundo post-apocalíptico a lo Mad Max, con muchas reminiscencias al cine del oeste y algún que otro toque de Matrix. Deberá enfrentarse a Gary Oldman, un cacique local (y volvemos al western) que controla la principal fuente de recursos de un poblado: el agua.


La lucha entre ambos sirve para ofrecer un pequeño estudio sobre las religiones y su poder. Toda religión bien entendida se fundamenta en mejorar a la humanidad. Pero mal entendida supone un peligro, un medio para controlar a la población que puede terminar en la extinción humana.


Otros actores conocidos son Mila Kunis (Max Payne), la mítica protagonista de Flashdance Jennifer Beals, el veterano Michael Gambon (Sleepy Hollow, Harry Potter, La profecía...) y el célebre Titus Pullo de la excelente serie de televisión Roma, Ray Stevenson.


Lamentablemente lo peor del film es el final, tan pretencioso como incoherente. Trata de ser algo que sorprenda al espectador, pero sólo consigue que empecemos a pensar en los errores que el guión comete durante todo el metraje (lo explico más abajo, en la zona spoiler, para no desvelar nada a quien no la haya visto).


Es una mala época para los guionistas de cine en general (muy superados por los escritores de libretos televisivos en la década de 2000) y para el género de la acción en particular. Habrá que esperar mejores tiempos.

PD: Iré incluyendo críticas de estrenos con películas que he visto en los últimos meses, a ver si me pongo al día. También retomaré desde hoy el ciclo a Bruce Willis (curiosamente hoy, día del padre, coincide con su cumpleaños así que, ¿qué mejor fecha?). Siento la tardanza.

ZONA SPOILER, no leer si no se ha visto la película:

La gran revelación final de la película es que el personaje de Denzell Washington es ciego, algo totalmente absurdo ya que le hemos visto, entre otras cosas, hacer gala de su gran puntería a distancia. Todo un despropósito.

Además hay algunos fallos de guión, como por ejemplo el hecho de que una niña que jamás ha visto una televisión, por aquello de haber nacido tras la guerra, sepa pilotar con gran soltura un vehículo de ciertas dimensiones. Tampoco se explica la huída de dicha niña de un manantial en el que había sido encerrada por Washington, por el bien de ella. Se supone que es una puerta que sólo se abre desde fuera. La chica aparece sin explicación alguna caminando por el desierto minutos después de su encierro. Y de ninguna manera es entendible que Oldman pase un día entero conduciendo un coche y no consiga atrapar a Washington, que circulaba a pie.

Los errores de guión serían perdonables con un final airoso. Por desgracia, no es el caso.

jueves, 20 de agosto de 2009

Harry Potter y el misterio del príncipe

Valoración: Regular

Mis peores temores se han hecho realidad con la sexta entrega de Harry Potter: lo que escribió J.K. Rowling en sus libros apenas si importa a los responsables de la Warner; lo realmente esencial es hacer la guerra a Crepúsculo, la cual, a pesar de contar una calidad ínfima, (insultante diría yo para quienes amamos el género de los vampiros) parece haber arrebatado a gran parte de los seguidores del universo Potter.

Siguiendo esa línea de actuación, el desordenado y caótico guión adaptado de Steve Kloves mezcla torpemente ligoteos, escarceos amorosos y besuqueos gratuitos con momentos dramáticos que van en la línea de la trama principal, con un resultado final bastante lamentable, ya que parece que los protagonistas están hechizados para olvidar, cuando lo creen conveniente, el grave peligro que se cierne sobre Howarts y sus vidas. No entiendo lo de Kloves, ya que fue bastante hábil escribiendo el libreto de las tres primeras entregas. ¿Será que no tiene personalidad y ahora simplemente transcribe lo que ordenan los productores? Posiblemente pase lo mismo con el director, David Yates: ¿contrató la Warner a un realizador sin personalidad, para que fuese un títere que diera el visto bueno a un producto prefabricado de antemano y no pusiera pegas?

Sea como fuere el desastre es total. Por un lado, la taquilla ha bajado. Sí, resulta que la última película de Harry Potter sólo funcionó bien el primer fin de semana en lo que a ventas se refiere. Por otro, considero una grave falta de respeto hacia el cinéfilo, que sólo aquellas personas que hayan leído el libro puedan entender ciertos aspectos sobre Voldemort que quedan sin explicación (y eso que el metraje es superior a dos horas y media) u otras secuencias que uno difícilmente puede hilvanar sin conocer la novela en cuestión.

Ya comenté en las críticas de las partes anteriores, que las películas de Harry Potter ganaban cuando la trama se oscurecía, llegando a sus mejores cotas con El prisionero de Azkabán, de Alfonso Cuarón. Después la cosa cambió en favor de lo que la Warner entiende que va a gustar al público adolescente (al que, por lo visto, tienen en muy poca estima). Iluso de mí, ante la calidad del sexto libro de J.K. Rowling, que explora de forma magistral las interioridades de Voldemort desde su infancia, creí que la saga volvería por los derroteros de Cuarón, pero mi gozo en un pozo.

Y ahora, como se acaba el chollo Harry Potter (sólo hay siete novelas y ya van seis producciones) los amigos de la Warner han decidido hacer dos películas del último libro, a pesar de que no es excesivamente extenso. Pensar en el aburrimiento que vamos a padecer si la línea a seguir es la misma (y viendo que el responsable será nuevamente David Yates es lo que parece), resulta mucho más aterrador que mil Voldemorts juntos. Esperemos, por aquello de que la taquilla ha bajado, que se lo tomen más en serio el año que viene.

Harry Potter y la orden del Fénix

Valoración: Regular

Tras el desastre que llevó a cabo Mike Newell en Harry Potter y el cáliz de fuego, los responsables de la saga decidieron colocar como nuevo director a un desconocido: David Yates. Supongo que pensaron que difícilmente lo haría peor que Newell y, al menos en eso, acertaron.

El principal problema de esta quinta parte es lo absurdo de la trama. Podría decirse que director y guionista han necesitado dos horas de metraje para lo que denominaremos como un anexo del filme anterior, resumido de la siguiente manera: el ministerio de magia cree que Harry Potter ha mentido al relatar lo sucedido en los últimos minutos de la cuarta película y esto no puede quedar así.

Entonces, ¿en qué emplea David Yates estas dos horas? Dejadme pensar: importantes fallos de guión (aspectos de la trama inacabados que no comentaré para no incurrir en spoiler), desaprovechamiento insultante de intérpretes de primer orden como Ralph Fiennes, Jason Isaacs, Emma Thompson, Helena Bonham Carter, Alan Rickman o Gary Oldman, un excesivo protagonismo del que podría ser el personaje más repelente de toda la saga, encarnado por una actriz de segunda como Imelda Staunton, que cae en el típico error de la sobreactuación, amoríos adolescentes mal contados y con muy poco sentido y, para terminar, la poca relevancia que en la historia tienen Emma Watson y Rupert Grint, apareciendo más como meras comparsas que como íntimos amigos del protagonista.

Para ser justos, no todo es culpa de Yates, ya que ha tenido que adaptar uno de los peores libros de J.K. Rowling a partir de un mediocre guión de Michael Goldenberg (responsable del libreto de la patética Contact, casi nada). Vamos, que habría necesitado toda la magia de Howarts y algo más para conseguir filmar una buena película. Al menos habrá que reconocerle su calidad visual, con muy buenos efectos especiales y el tramo final del filme, en el que por fin se aborda la trama principal. Aunque, sinceramente, me parece una soberana tomadura de pelo la poca relevancia que tiene, en el cómputo total de la película, la que iba a ser gran batalla entre los magos seguidores de Dumbledor y los acólitos de Voldemort.

La serie de Harry Potter va cuesta abajo y sin frenos y, a tenor de las informaciones que manejo (David Yates dirigirá un total de cuatro filmes) va a ser difícil que alguien frene la caída.

Harry Potter y el cáliz de fuego

Valoración: Floja

Mike Newell (Cuatro bodas y un funeral) realizó en 2005 una de las peores entregas de la serie Harry Potter. Y es que cinematográficamente hablando, la saga ha ganado en calidad conforme ha aumentado la oscuridad de la historia en favor de un público más adulto, cosa que lamentablemente no ocurre aquí.

En El cáliz de fuego (en original Harry Potter and the Gobblet of Fire) el principal problema es el exceso de duración en favor de una serie de historietas demasiado americanas, que poco o nada tienen que ver con la trama principal.

No es comprensible que partes como una especie de baile instituto, que apenas ocupa una mínima parte del libro de Rowling o los flirteos entre alumnos, al más puro estilo Salvados por la campana, sean las más extensas y destacadas del relato.

Por el contrario, lo que debería haber sido un espectacular duelo en el concurso de los tres magos y el habitual partido de Quidditch, quedan casi en un segundo plano, debido al poco virtuosismo de Newell para rodar secuencias de acción con el mismo poderío visual que en las entregas anteriores.

De entre los nuevos personajes, dos destacan sobremanera: Brendan Gleeson , con una interpretación carismática del personaje Alastor y el siempre genial Ralph Fiennes, irreconocible físicamente en su papel del malvado Lord Voldemort.

De hecho es el tramo final, con Fiennes al a cabeza, lo que salva in extremis esta cuarta parte de Harry Potter. La escalofriante corporización de Voldemort, el trágico suceso en el que se verá inmerso uno de los magos (interpretado por un Robert Pattinson pre-Crepúsculo) y cierta información que se desarrollará en capítulos posteriores, hacen que la película termine por remontar el vuelo.

Decía el gran Alfred Hitchcock que una película se mide en función de lo que vale su villano. Y sí, Ralph Fiennes lo vale y con creces. Sin embargo, Daniel Radcliffe es un héroe con muy poco peso, sin una gran personalidad y excesivamente insulso, tanto, que la máxima de Hitchcock podría haber encontrado aquí una excepción.

Harry Potter ya nunca será el mismo. Esta cuarta película marcaría un punto de inflexión en una serie en la que la Warner impediría cualquier ejercicio de estilo y de autor, para ejercer un control absoluto sobre su beneficioso producto.

Por ese motivo, el encargado de realizar el resto de entregas sería el televisivo David Yates, alguien con muy poca experiencia en el Séptimo Arte, pero muy hábil a la hora de plegarse a los deseos de quien pone el dinero: los productores.

lunes, 17 de agosto de 2009

Harry Potter y el prisionero de Azkaban

Valoración: Notable

El realizador de la imponente Hijos de los hombres, Alfonso Cuarón, fue el designado para llevar a cabo la tercera parte de las aventuras de Harry Potter. Fue un gran acierto, ya que Harry Potter y el prisionero de Azkaban es, hasta la fecha, la mejor película con diferencia de toda la serie.

¿En qué me baso para emitir tal afirmación? Para empezar, el filme ya no tiene un marcado acento infantil, lo que posibilita una mayor introducción de elementos oscuros, los cuales han protagonizado los mejores momentos de calidad cinematográfica de toda la saga. Cuanto más se centra la historia en la lucha entre las fuerzas del bien y las del mal, en el temible Voldemort y, sobre todo, en la influencia de éste en el protagonista, mejor y más elaborado es el guión, lo que deviene indefectiblemente en un mayor calado de la historia, un aumento del suspense y, en definitiva, un mayor interés por parte del espectador.

Además tenemos el poderío visual del que Cuarón suele hacer gala en sus películas. Los efectos especiales son más impactantes, los escenarios destilan grandeza en la generosa cantidad de planos con la que el director nos deleita y los hechizos de magia cada vez están más conseguidos.

Al igual que en las partes anteriores, se vuelven a producir nuevos fichajes de altura para el elenco. Tras el triste fallecimiento de Richard Harris, el veterano Michael Gambon (Gosford Park, El dilema) fue su sustituto para el papel del carismático Albus Dumbledore y hay que reconocer que supo mantener la altura lograda por Harris. A él se suman actores de la talla de Gary Oldman, Emma Thompson o el siempre solvente como secundario David Thewlis (La profecía) cuyos personajes consiguen conferir una mayor profundidad a la trama, al ser claves para resolver parte del misterioso pasado de Harry Potter.

Es una pena que Alfonso Cuarón no fuese designado director oficial para continuar el resto de la saga, ya que las partes restantes irán disminuyendo su calidad de forma inexorable, en favor de una idea de éxito comercial cimentada en lo que los productores creen que gustará al público adolescente. Entiendo que el dinero es el que manda, pero ¿acaso este filme no fue un rotundo éxito de ventas? Si alguien entiende el cambio de rumbo que la saga adquiriría a partir de la cuarta parte, le invito a que me lo explique, porque a mí se me escapa.