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domingo, 8 de enero de 2012

Crítica de "Sherlock Holmes: Juego de sombras": las segundas partes también pueden ser buenas


Valoración: Buena

Segundo capítulo de la trilogía que Guy Ritchie pretende culminar sobre el mítico personaje de Sir Arthur Conan Doyle, Sherlock Holmes, con Robert Downey Jr. y Jude Law.

Podéis leer la crítica pinchando aquí

Si el 2011 terminó de forma patética, con ese pseudothriller de acción llamado Drive, que no era thriller ni tenía acción y, además, contaba más de lo mismo (ni una sola idea propia en toda la película, qué pena) 2012 ha comenzado con bríos renovados gracias a Guy Ritchie y su secuela Sherlock Holmes: Juego de sombras.

Quien dijo que las segundas partes nunca fueron buenas, no vio El padrino II, Aliens el Regreso, El Imperio contraataca o Indiana Jones en el templo maldito, desde luego. No digo que Sherlock Holmes 2 esté a la altura de ellas (que no lo está) pero entra dentro del selecto grupo de excepciones a tan manido dicho, pues supera con creces a Sherlock Holmes 2009.

Volví a ver la primera película de Ritchie, para llevarla fresca antes de la secuela. He de decir que, por segunda vez, me aburrí bastante. Sólo saqué en limpio algunos chispazos del carismático Robert Downey Jr. y poco más, así que entré en la sala de cine a ver esta secuela con mucho miedo.

Y éste se acrecentó con algunas subtramas de los primeros tres cuartos de hora de metraje (la película dura dos horas y diez, para mi gusto excesivo porque entiendo que en algunas cosas, el departamento de montaje debería haber metido la tijera). En concreto, la despedida de soltero del Dr. Watson llegó a exasperarme, porque creí que iba a encontrame más de lo mismo. Tampoco me mató la parte que transcurre en el campamento gitano.

Y eso que la película había empezado bien, con unos minutos iniciales eléctricos. Pero bueno, estamos ante un filme que va de menos a más, con una trama muy completa y una apasionante sucesión de acontecimientos en la que Holmes sigue tras los pies de Moriarty, con un duelo entre ambos de altura.

La película, en su conjunto, me pareció muy entretenida, como a gran parte de mis amigos (aunque alguno que otro no opina lo mismo). El ritmo narrativo iba in crescendo, hasta llegar a un punto adrenalítico, como el que se suele conseguir en las películas en las que el protagonista debe acabar con un atentado terrorista (no es que sea 24 ni aparezca Jack Bauer, pero no está nada mal).
 
Por su parte, los caracteres sufren una evolución con respecto a la primera parte (ya sabéis cuanto detesto los personajes planos). Eso es mérito del guión concebido por Kieran Mulroney y Michele Mulroney. Por otro lado creo que el entramado de la historia, si bien es complicado, está resuelto con brío, superando con creces el caótico guión del filme de 2009, con cebido por Michael Robert Johnson, Anthony Peckham, Simon Kinberg y Lionel Wigram (demasiados, ¿no os parece?, no me extraña que fuera una locura).

Por cierto, hablando de libretos, ¿sabéis que ya se ha contratado al guionista responsable de la tercera parte? Será Drew Pearce, a quien a lo mejor conocéis por la serie paródica No heroics, con una visión muy particular acerca de los superhéroes.

El caso es que entre las ocurrencias del histriónico Holmes, algunas locuras en clave de acción (muy bien ejecutada, por cierto), el alto grado de suspense conseguido, el carisma no sólo del protagonista, sino también del villano (en la anterior entrada del blog me referí a esto y a la opinión de Hitchcock), ciertas situaciones hilarantes (incluido todo un homenaje a Pulp Fiction) y su desenlace final a la altura de las expectativas, salí del cine con la satisfacción de haber pasado un muy buen rato (algo que últimamente no me pasaba, a tenor de Drive, Immortals, etc, etc).

viernes, 13 de agosto de 2010

Repo Men


Valoración: Floja

¿Recordáis una película de Monty Python, de 1983, titulada El sentido de la vida? Una de las múltiples cosas que se parodiaban era el mundo de los donantes de órganos. Imagináos la situación: un donante era asaltado en su casa, todavía vivo, para exigirle que cumpliese su contrato de donación.

En clave de humor negro tiene su gracia, pero ¿a quién se le ocurriría hacer una película en serio con semejante argumento? La respuesta la tenéis aquí, en Repo Men, ópera prima del vídeoclipero Miguel Sapochnik, basada en la novela Repossesion Mambo de Eric García.

Podríamos definir el guión elaborado por el propio Eric García y Garret Lerner (guionista de series como House, John Doe o Roswell) como un relato distópico, ya que retrata una sociedad ficticio-futurista en la que ciertas tendencias sociales, como quedar atrasado en los plazos de un pago, llegan a extremos apocalípticos. Sin embargo no ahonda demasiado en su denuncia social en contra de la sanidad de pago norteamericana, la crisis actual y las grandes corporaciones, ya que sólo es un contexto en el que recrear un filme de acción.

La primera parte del metraje promete. Tras el impacto inicial de ver a un frío psicópata ejecutar su trabajo, disfrutaremos de varias secuencias de acción rodadas a gran ritmo, con un buen cuidado del apartado visual. Sus protagonistas, Jude Law (Sherlock Holmes, Closer) y Forest Whitaker (El último rey de Escocia, Dueños de la calle) representan bastante bien el papel de fríos asesinos que culminan sus trabajos para el cínico Liev Schreiber (Lobezno, El mensajero del miedo) tanto que uno comienza a no tomarse en serio la historia, pues resulta un tanto inverosímil que la humanidad llegue a tal grado de deshumanización e insensibilidad. Sapochnik trata de evidenciar todavía más este clima de decadencia moral, con una estética bochornosamente similar a la de Blade Runner (incluso hay planos calcados).

Hacia la mitad de la película, el libreto rompe por completo con el espíritu inicial, ya que el cazador se convierte en presa y, entonces, comienza a cuestionarse la atrocidad de sus anteriores actos, narrado todo de una forma muy poco creíble y descuidando por completo a los personajes secundarios interpretados por Carice van Houten (Valkiria, El libro negro) y Alice Braga (Soy leyenda, Ciudad de Dios) los cuales podrían haber dado mucho juego en todo lo relacionado con la huida del protagonista.

Como en su ecuador el filme pasa de ser entretenido a casi soporífero, con subtramas alejadas del argumento principal, que no interesan a nadie, la disparatada solución final que propone Sapochnik para volver al dinamismo del comienzo es tan absurda como gore, con un más que evidente homenaje a Old Boy de Park Chan-wook, secuencias sanguinolentas de muy mal gusto y una última trampa de esas que a uno le dejan con la sensación de que le han tomado el pelo.

En resumidas cuentas, una mezcolanza de géneros (drama, acción, ciencia ficción, gore) excesivamente ruidosa (como hacen casi todos los que provienen del mundo del vídeo-clip), cuya única pretensión es entretener (lo consigue a medias) que posee un guión trillado y poco original (además de lo ya comentado también adopta cosas de Minority Report, La fuga de Logan, Brasil y Matrix, además de atreverse a parodiar a Star Wars) y cuya mayor virtud son los efectos visuales. En mi humilde opinión, tan desaprovechada como decepcionante.

martes, 10 de agosto de 2010

El imaginario del doctor Parnassus


Valoración: Pasable

El célebre miembro de los Monty Python, Terry Gilliam (Doce Monos, Brasil) dirigió en 2009 esta historia acerca de un circo ambulante, cuyo máximo responsable ha hecho un pacto con el diablo. Sin embargo, a diferencia del mito de Fausto, no ha vendido su alma, sino la de su hija.

Bajo esta premisa, Gilliam nos ofrece un relato pleno de colorido e imaginación, aunque tal vez excesivamente barroco, en el que las formas importan mucho más que el argumento. No es que éste no exista, pero está narrado de una manera un tanto caótica, como si el devenir de la historia no importase demasiado. Para mí es el gran fallo de una película que, narrada de otra manera, profundizando más en los diferentes personajes, habría ganado muchísimos enteros.

El rodaje fue muy difícil, en especial por el fallecimiento de Heath Ledger, que ya había protagonizado bastantes escenas. Una de ellas, con su personaje colgando de un puente, parecía trágicamente premonitoria. No es mi intención trivializar con la muerte de un ser humano, pero he de observar que Gilliam solventó la triste pérdida del actor de una manera sublime, haciendo interactuar el mundo real y el imaginario a través de un espejo, de forma que Ledger encarna a su personaje en el plano de existencia de un Londres frío e inhóspito, mientras que en el otro lado, pleno de decorados al más puro estilo Tim Burton, veremos sus diferentes personalidades a través de tres actores distintos: Johnny Depp, Jude Law y Colin Farrel, quienes superan ampliamente en interpretación al difunto Ledger (lo siento mucho, pero es así).

Del resto del elenco destacar al veteranísimo Christopher Plummer (Sonrisas y lágrimas, Lobo) como el anciano Doctor Parnassus, un hombre que debe llevar encima el peso de una vida longeva con la carga que supone haber jugado con el alma de su única hija, una no muy solvente Lily Cole (Supercañeras). En cuanto al villano,el cantante Tom Waits (lo recordaréis por encarnar el papel de Renfield en Drácula de Bram Stoker) efectúa una humorística versión del diablo que lo convierte en, posiblemente, el mejor personaje de toda la obra.

Al final, cuando uno puede ver la película en su conjunto, nos damos cuenta de que este oscuro cuento acerca del duelo mantenido durante siglos entre el diablo y el dueño de una troupe de circo, no es más que una excusa para que Gilliam haga un homenaje a algunos de sus grandes momentos cinematográficos, ya que encontraremos sin dificultad alusiones a Los héroes del tiempo, Las aventuras del barón Munchausen e incluso de Tideland. ¿Autocomplacencia, ego desmedido o simplemente ganas de pasárselo bien? No sé la razón de esta excesiva catarata de imágenes, movimientos violentos de cámara y sonidos, pero tengo clara una cosa: es una película a la medida de los fans de Gilliam. El resto, posiblemente, terminará saturado.

sábado, 20 de marzo de 2010

Sherlock Holmes


Valoración: Pasable

Sherlock Holmes es uno de mis héroes de la infancia. Recuerdo que devoré ávidamente la colección completa de sir Arthur Conan Doyle y quedé muy satisfecho con su lectura. Sin embargo no me considero un purista con respecto al personaje, así que estaba dispuesto a ver cómo se las había apañado Guy Ritchie sin prejuicios, ya que conociendo su cine (Lock & Stock, Snatch, RocknRolla) todos sabíamos que esta película iba a ser una versión gamberra del mítico detective londinense.

Lo que no me esperaba era un guión tan mediocre y un montaje tan caótico, plagado de saltos temporales poco o nada estudiados. Estadísticamente podemos afirmar que un libreto concebido por varios escritores no suele salir airoso. Éste en concreto ha sido escrito por nada más y nada menos que cinco autores, por lo que no es de extrañar que narre una historia llena de ruido, acción y humor fácil, que poco tiene que ver con los argumentos con los que Doyle ha hecho disfrutar a todo el mundo.

Lo que ya resulta increíble es que, a pesar de su concepción netamente comercial, el film resulte bastante aburrido en ciertos tramos de su metraje. Ello es debido a que el argumento policíaco-detectivesco es lo de menos. ¿La razón? No se trata de un misterio al uso, sino de una típica trama que enfrenta el bien contra el mal, cuya intriga nunca llega a ser atrayente.

¿Qué salva la película? Los actores, en especial un Robert Downey Jr. que se encuentra en estado de gracia. El intérprete efectúa su desenfadada versión de Holmes, como un antihéroe un tanto excéntrico, que posee dotes geniales para la observación y la deducción. A su lado, su inseparable Watson, un Jude Law que ofrece una visión un tanto divertida del famoso doctor.

Pero hemos de volver a mencionar el guión, porque el maltrato que ofrece a Mark Strong y a Rachel McAdams resulta imperdonable. Strong puede llegar a ser formidable interpretando roles de villano. Ahora bien, poco puede hacer con un personaje tan limitado como maltratado y desaprovechado. McAdams, por su parte, ha de vivir con una figura femenina de perfil muy bajo, la cual parecen haber insertado en la historia única y exclusivamente para adornar el film.

Mencionar, para terminar, la potente banda sonora del experto Hans Zimmer y su aspecto visual, que consigue por un lado una magnífica recreación del Londres de la era victoriana y por otro, disimular de forma más o menos hábil las carencias de estilo en la filmación.

La segunda parte ya está en marcha. ¿Por qué ese empeño en construir franquicias? Por ganar pasta de forma rápida y fácil, está claro. ¿Quién lo padece? El espectador. Las casas se empiezan por los cimientos y las prisas nunca son buenas consejeras. Pensar en la trilogía antes incluso de comenzar con la primera, conlleva estos resultados.