jueves, 19 de agosto de 2010

Roto (The broken)


Valoración: Mala

El británico Sean Ellis (Cashback) escribió y dirigió en 2008 este thriller psicológico en el que una mujer que cree haber visto un doble de sí misma, comienza a volverse obsesiva y paranoica. Diréis que cuento muy poco del argumento, pero es que pasan tan pocas cosas en su hora y media de metraje, que si dijera algo más os revelaría toda la trama.

Titulada originalmente The broken, estamos ante la típica película de terror que ni asusta ni cuenta nada nuevo. Por un lado utiliza varios de los elementos típicos como el mundo de los espejos, las buhardillas poco iluminadas, el desdoblamiento de personalidad, el desnudo de turno o la protagonista incomprendida.

Si el guión tuviera el ritmo adecuado, quizá no importaría que el relato no fuese original, pero hasta que no pasa la primera hora de metraje, no vemos ningún tipo de dinamismo a la hora de contar la historia, lo que es un peligro pues muchos, seguramente, ya habrán desconectado y les dará igual cómo acabe todo.

Aunque ése es otro problema: un final tramposo que no desvela nada, lo que terminará de cabrear a todos aquellos que hayan aguantado estoicamente hasta el último momento, con la ilusa creencia de que se ofrecería algún tipo de explicación convincente.

Dicho esto, las cosas buenas del film (son muy pocas, pero las posee) supongo que ya darán igual. La estética es el punto fuerte de la película, no en vano el fuerte de Ellis es la fotografía. Lo mismo ocurre con la atmósfera de terror claustrofóbico, bastante bien conseguida en ciertos momentos. O la magnífica interpretación de Lena Headey (Las crónicas de Sarah Connor) ya que sus gestos son lo único capaz de generar algo de miedo en el espectador.

Desgraciadamente, una película de terror nada original (está basada en gran parte en La invasión de los ultracuerpos de Philip Kaufman) con mecanismos fallidos y previsibles a la hora de intentar asustar, lenta y aburrida durante dos tercios del metraje y que además no aporta información alguna del porqué de los hechos acaecidos, jamás podrá salvarse sólo por su estética.

Un rockero de pelotas


Valoración: Regular

Parece que en este siglo XXI está volviendo el gusto por los ochenta: remakes, homenajes, revisiones de series de televisión de la época... Así que, en pleno apogeo de aquella mágica década, Peter Cattaneo se subió al carro con Un rockero de pelotas, una comedia que podríamos calificar del montón.

Cattaneo repite el argumento de su mayor éxito, Full Monty, con una nuevo relato de segundas oportunidades, en el un batería friki y amargado, que lleva veinte años frustrado por el éxito de su antigua banda, de la que fue expulsado de manera traicionera, tiene una nueva oportunidad como batería del grupo de instituto de su sobrino.

El batería en cuestión es Rainn Wilson (Mi super ex-novia, La pareja del año) uno de esos cómicos que basan sus interpretaciones en la sobreactuación, razón por la cual sus personajes siempre terminan cansando.

Acompañan a Wilson en esta aventurita actores conocidos como la atractiva Christina Applegate (Matrimonio con hijos, La cosa más dulce), el guaperas de moda Bradley Cooper (El equipo A, Resacón en Las Vegas), la morbosa Emma Stone (Bienvenidos a Zombieland, Supersalidos) y la dura entrenadora de Glee, Jane Lynch. No es que se empleen precisamente a fondo, pero están mejor que dos de los protagonistas, el desconocido y sosísimo Teddy Geiger y el rellenito Josh Gad (21 Blackjack).

El guión, que no es precisamente original (y eso que han intervenido tres escritores) adopta ideas de otras películas para tratar de salir adelante. El rápido ascenso a la fama, con giras inicialmente cutres, es similar al visto en The Wonders de Tom Hanks; con respecto a Escuela de Rock de Richard Linklater, la actuación de Rainn Wilson parece una parodia de lo que allí hizo Jack Black; o el asunto de la vieja gloria que anhela tiempos pasados, con reminiscencias a Tú la letra y yo la música de Marc Lawrence.

El punto fuerte de la película es despertar la nostalgia por los 80 con una buena banda sonora, además de algunos momentos irreverentes bastante logrados. Lo malo es la previsible trama, la introducción con calzador de un par de subtramas románticas excesivamente ñoñas, varias interpretaciones por debajo de la media y su baja calidad a la hora de narrar la historia.

Digamos que Cattaneo no engaña a nadie. Una parodia musical con revisitación a los ochenta que busca la risa fácil del espectador. No es que sea una película referencia para el género, ni mucho menos, pero hay que reconocer que, a ratos, consigue su objetivo de entretener.

Te quiero, tío


Valoración: Interesante

En los últimos años, son típicas las comedias sobre los treintañeros y sus crisis de madurez, de las que Resacón en Las Vegas es, en mi humilde opinión, el gran referente. Te quiero, tío adopta cosas del subgénero mencionado y del buddy movie, con un argumento un tanto peculiar: un hombre, a punto de contraer matrimonio, se da cuenta de que sus mejores amistades son mujeres. Acomplejado por no contar con amigos de verdad, comienza una carrera contrarreloj por conocer a alguien antes de su boda, que pueda ser el padrino.

Como os podéis imaginar, muchos de los gags tienen relación con la homosexualidad, ya que el asunto de un hombre que busca hombres, da juego para unos cuantos enredos del tipo malentendido.

El film tiene importantes influencias de Judd Apatow (Virgen a los cuarenta, Hazme reír). No en vano, el director de Te quiero tío, John Hamburg (Y entonces llegó ella) coincidió con él en la serie de televisión Undeclared. Además el esquema Apatow es taquillero y claro, ¿cómo no explotar el filón?

En el apartado guión, me gustaría destacar un hecho curioso. Si bien el argumento es responsabilidad de Larry Levin (Doctor Dolittle), la parte relacionada con los diálogos es un tanto abierta, ya que en muchos momentos se dejó a improvisación de los dos protagonistas: unos inspirados Paul Rudd (Mucho más que amigos, Las normas de la casa de la sidra) y Jason Segel (Cómo conocí a vuestra madre).

Se podría decir que Te quiero, tío parte de los esquemas básicos de la comedia romántica: dos personajes que de entrada parecen antagonistas, terminan por no saber vivir el uno sin el otro. La diferencia reside en el contexto de amistad en lugar de romance. Además, Rudd y Segel demuestran compenetrarse perfectamente (la química de la que se suele hablar en las películas de pareja) ya que la timidez de uno contrastada con lo extrovertido del otro, en el típico relato de transición de personalidad, funciona bastante bien.

Del resto del elenco unos personajes resultan mucho más divertidos que otros. Los mejores son Jon Favreau (Equipo a la fuerza, Iron Man) como tipo especialmente duro y machote, protagonizando una relación un tanto particular con su atraciva y morbosa esposa, Jaime Pressly (Me llamo Earl), J.K. Simmons (Spider-Man, Up in the air) en el rol de padre del personaje de Rudd y Thomas Lennon (17 otra vez, Hancock) que interpreta a un ofendido homosexual que creía haber ligado con el busca-padrino.

Otros más principales, como Rashida Jones (Vaya par de polis) en el papel de prometida o Andy Samberg (uno de los cómicos de la factoría Saturday Night Live) como hermano del novio, no son explotados de forma demasiado convincente. Incluso el cameo de Lou Ferrigno (Hulk) es superior.

A modo de resumen, diré que Te quiero, tío es una comedia que hace reír (no todas lo consiguen), con un planteamiento divertido de asuntos problemáticos como la homosexualidad, la inseguridad, el machismo y, en menor medida, los problemas de pareja, narrado con un ritmo bastante ágil y, en general, bien interpretado, que termina con un mensaje más diferente y refrescante que el que solemos encontrar en la mayoría de películas de treintañeros en crisis: tener pareja no es incompatible con pasarlo bien.

La vida secreta de las abejas


Valoración: Buena

Adaptación cinematográfica del best-seller homónimo de Sue Monk Kidd, libro que se intentó llevar al cine varias veces y que por fin vio la luz en la gran pantalla, gracias a la producción de las esposas de Will Smith y Richard Donner.

Estamos ante un buen drama de personajes, quienes son verdaderamente el centro de la historia. De acuerdo que el contexto es importante, pues se centra en el año 1964, en plena revolución de los derechos de las personas de raza negra y en un lugar tan conflictivo como Carolina del Sur. Sin embargo, aunque se toca, el racismo no es la parte más importante del film, sino el devenir de una niña (una espectacular, como siempre, Dakota Fanning) que huye de un pasado más que tortuoso, con un padre (el limitado Paul Bettany) que no la quiere y creyéndose culpable de la muerte de su madre. Su único mecanismo de defensa consiste en su gran imaginación para inventar historias, el cual también es contraproducente, pues le hace huir de la realidad.

El desarrollo de este personaje, su interior y el difícil paso que debe dar para exteriorizar lo que lleva dentro, es el meollo de la película. Y éste se llevará a cabo gracias a una estupenda Queen Latifah (Chicago, Se armó la gorda) quien, junto a sus hermanas (Sophie Okonedo y Alicia Keys) adoptarán a la protagonista y a su criada negra (la ganadora del Oscar a mejor actriz de reparto por Dreamgirls, Jennifer Hudson).

Sin el buen hacer de todas ellas, la película podría haber sido un pequeño fiasco, pero sus interpretaciones son de primera magnitud, de tal manera que conseguirán introducir al espectador de lleno en la historia. Es curioso que tres de ellas sean cantantes (Latifah, Keys y Hudson) pues demuestran desenvolverse muy bien dentro de la gran pantalla.

Lo peor de este melodrama es la torpe actuación de Paul Bettany (Legión, Firewall, Wimbledon, El misterio de Wells, Destino de caballero... ¡Vaya currículum!) y la pobre realización de Gina Prince-Bythewood, quien proviene del mundo de la televisión. Su falta para aprovechar el formato de dieciséis novenos, la mediocre puesta en escena y ciertas fases de estancamiento narrativo el un guión, escrito también por ella, que no sabe ahondar en la problemática del racismo, desmerecen la fantástica labor de la mayoría de un elenco que es, con diferencia, el que hace que el relato funcione.

Con otro director posiblemente habría sido una de las grandes películas del año. Sin embargo, sólo por ver las grandes interpretaciones de Fanning, Latifah y Hudson, merece la pena.

lunes, 16 de agosto de 2010

Inmersión letal 2


Valoración: Mala

Stephen Herek
contaba, en su día, con cierta reputación. Dirigió y escribió Critters, que aunque no es muy de mi agrado tiene su colección de fans, para posteriormente realizar buenos films como Las alucinantes aventuras de Bill y Ted o Profesor Holland. Desde entonces mucho ha debido de bajar su caché si le encargan secuelas que salen directamente a vídeo como esta Inmersión letal 2.

Haciendo un poco de memoria, Inmersión letal fue una peliculita de 2005 con sólo dos cosas destacables: los atractivos de Jessica Alba y Ashley Scott. El resto era, directamente, insalvable y ridículamente inverosímil. Esta segunda parte varía muy poco, por lo que si visteis la original, ya os podéis imaginar lo que os espera.

Ahora hay dos pivones nuevos, provenientes del ámbito televisivo: Laura Vandervoort (Smallville, la versión moderna de V) y Marsha Thomason (Las Vegas, Perdidos), acompañadas de otras bellezas como Mircea Monroe (Cellular, Sólo amigos), Audrina Patridge (Hermandad de sangre) o Amanda Kimmel (Miss Montana en Miss USA 2005) por poner algunos ejemplos.

La diferencia con su antecesora (y es algo que se agradece) es que durante algo más de la mitad del metraje Herek demuestra saber de qué va esto y se dedica a filmar algo que sería propio de cualquier capítulo de Los vigilantes de la playa: montones de rubias esculturales ataviadas con diminutos bikinis que juegan al voley-playa, participan en concursos de camisetas mojadas y cosas por el estilo, acompañadas de los típicos cachitas de gimnasio que no paran de beber y meter la pata con sus novias, todo ello sin diálogos, acompañado de una musiquita al uso, muy del estilo de la serie protagonizada por David Hasselhoff.

Esa parte del film se pasa bastante rápido, ya que en ningún momento resulta desagradable. El problema llega cuando el guión se pone serio con una trama de criminales, entre los que conoceréis a buen seguro a David Anders de la tele-serie Héroes (al resto de protagonistas masculinos, todos ellos tan fortachones y atléticos como inexpresivos, me vais a permitir que ni los nombre).

A partir de aquí la película es un calco de la de 2005, con situaciones tan irreales como ridículas, que enfrentan a terroristas profesionales contra meros pardillos que trabajan como buzos en el puerto.

Por lo menos no tuvieron la desfachatez de estrenarla en la gran pantalla.

Inmersión letal


Valoración: Mala

Patética e irrisoria peliculita de acción, protagonizada por uno de los actores más lamentables del Hollywood actual, Paul Walker, cuya inexpresividad rivaliza hasta límites insospechados con los mediocres Hayden Christensen y Orlando Bloom, conformando posiblemente el peor trío de actores del momento.

Convendrá tener en cuenta, desde hoy, dos nombres: Matt Johnson y John Stockwell, guionista y director respectivamente de este bodrio, para poner una enorme señal de alarma en sus futuros proyectos, pues el curriculum de cada uno es muy significativo: Johnson fue quien escribió el guión de Torque, ahí es nada y lo más representativo que ha hecho Stockwell fue interpretar un pequeño papel en Top Gun.

La total carencia de originalidad de la película es innegable, con dos rubias explosivas (Jessica Alba y Ashley Scott) encarnando a personajes desaprovechados, al más puro estilo mujeres-florero y montones de tipos cachas más propios de un gimnasio que de un lugar de teatro. Pero es que la irrealidad del relato llega a ser insultante, con tiburones "inteligentes" que saben a quién hay que atacar y a quién no, con profesionales del hampa que se dejan apalear por niñas que pesan cincuenta kilos y sobre todo, con un protagonista que pasa más tiempo bajo el agua sin necesidad de respirar que el mismísimo Kevin Costner en Waterworld.

Supongo que un actor de la talla de Josh Brolin intentará, por todos los medios, borrar de su currículum esta tortura de casi dos horas de aterradora vulgaridad.

domingo, 15 de agosto de 2010

Killers


Valoración: Floja

Parece que se han puesto de moda las comedias románticas de acción, ya que en muy poco tiempo hemos visto dos: Noche y día y Killers. Las dos tienen como única finalidad ser vehículo de entretenimiento, lo que pasa es que si bien el film protagonizado por Tom Cruise lo consigue, Killers se queda a medio camino.

El principio es bastante divertido, posiblemente porque evocaremos Charada de Stanley Donen. No por que Katherine Heigl sea Audrey Hepburn y Ashton Kutcher se parezca a Cary Grant (ni remotamente, vamos) sino por el ambiente europeo, el pequeño engaño y lo simpático de la situación inicial, cuando ambos protagonistas se conocen por primera vez.

Después el film decae durante demasiados minutos, mostrando lo que hace una típica pareja norteamericana en su tercer año de casados (es decir, nada). Aparte de algún que otro gag más o menos conseguido y de las más que evidentes reminiscencias a Los padres de ella de Jay Roach, la película no tiene nada reseñable entre la presentación de los personajes principales y el tramo final, pleno de persecuciones, tiros y explosiones, tratando de emular a Sr. y Sra. Smith, aunque muy por debajo de ésta.

Pero hay otra influencia todavía mucho más patente y es la de la magnífica película de James Cameron, Mentiras arriesgadas. Eso conlleva un problema: no paramos de compararlas y, evidentemente, Killers sale perdiendo por goleada.

La trama es excesivamente simple, pues Robert Luketic (director) parece querer vivir únicamente del encanto de Katherine Heigl, con quien repite tras la divertidísima La cruda realidad. El problema es que el guión confeccionado por Bob DeRosa (Cuatro vidas) y Ted Griffin (Ocean's Eleven) saca tan poco partido a las posibilidades que ofrecía el film, que la intérprete de Anatomía de Grey sólo logra el máximo rendimiento en los minutos iniciales, cuando se muestra insegura y torpe al tratar de flirtear con su partenaire. Conforme va pasando el metraje, la evolución que sufre su personaje hace que termine por resultarnos un tanto cargante, con acciones cada vez menos espontáneas.

Después está Ashton Kutcher (Algo pasa en Las Vegas, The Guardian) cuya versión de un agente secreto es igual de sosa que la que ofreció Freddy Prinze Jr. en Cómo perder la cabeza. Dicho de otra manera, ni la gracia y el carisma de Cary Grant (como hemos comentado al principio) ni la solvencia y presencia de Arnold Schwarzenegger en el cine de acción. Por si fuera poco, Kutcher y Heigl pierden su química en cuanto se casan, lo que unido al maltrato que el libreto hace de los personajes secundarios, interpretados por Tom Selleck (Magnum P.I.) y Catherine O'Hara (Solo en casa, Wyatt Earp), tan desaprovechados como mal definidos, deviene en una historia bastante pobre.

Creo que la película habría mejorado bastante si se hubiera decantado más hacia el thriller de acción, combinándolo con pequeñas dosis de comedia y romance en momentos determinados. Pero para eso hace falta una trama sin fisuras, personajes que aporten cierto grado de complicidad entre ellos y una factura visual en condiciones. Desafortunadamente, Killers no posee ninguna de esas virtudes, así que la decepción tras su visionado es mayúscula.