lunes, 29 de noviembre de 2010

Independence Day


Valoración: Buena

No soy, precisamente, un enamorado del cine catastrofista de Roland Emmerich. Sin embargo, debo reconocer que Independence Day es una cinta con la que he disfrutado mucho, tanto la primera vez que la vi en el cine, como en los sucesivos visionados en vídeo y DVD. De hecho, tras haber visto la mediocre Skyline, Independence Day todavía me parece mejor.

Estamos ante un buen film de invasiones extraterrestres, con ciertas influencias de la madre de este género, La guerra de los mundos, pero con clara vocación de blockbuster. ¿Es esto tan malo? Si se es fiel a dicho espíritu y no se trata de alcanzar otras metas, no veo por qué hay que defenestrar el cine destinado únicamente a entretener.

Al igual que en V, un buen día llega a la Tierra un gran número de naves gigantescas que sobrevuelan las principales ciudades del planeta. Pero a diferencia de la serie de televisión mencionada, aquí no fingen ser amigos, sino que directamente entran a saco, arrasándolo todo. La humanidad, tecnológicamente muy inferior a la raza visitante, temerá por creer estar ante el apocalipsis final, tema tan recurrente en el cine de Emmerich, que ya ha asolado nuestro mundo con todo tipo de cataclismos.

Técnicamente la película es prodigiosa. Si algo sabe hacer Emmerich es cuidar la factura visual de sus films, para que el espectador salga enamorado de tanto efecto especial. Lo bueno es que también tiene cosas que contar. Convengo en que no es el colmo de la originalidad, pero al menos logra que el público se identifique con algunos de sus personajes (en especial un muy simpático Will Smith) y se ponga de su parte en contra de la invasión.

El fuerte de la película son sus secuencias de acción, las cuales calificaré de virtuosas. Todo está coreografiado al detalle: tiros, explosiones, persecuciones, combates... La verdad es que es un auténtico disfrute.

La parte floja corresponde al guión de Dean Devlin (Soldado Universal, Stargate), más en concreto a lo estereotipado de ciertos personajes y a algunos diálogos, como la arenga patriótica del Presidente de los Estados Unidos hacia los últimos supervivientes, antes de la colosal batalla final. Sintiéndolo mucho, Bill Pullman no goza del carisma pretendido como líder del mundo libre. Afortunadamente actores como Will Smith y Jeff Goldblum, entre otros, salvan gran parte de la trama.

La mayoría de las críticas se centraron en su licencioso final (que no desvelaré por si todavía hay alguien que no la ha visto). Y sí, estoy de acuerdo en que la solución aportada para el último tramo es bastante disparatada, pero ¿acaso no habéis visto películas de James Bond? Además, prefiero un cierre con una explicación cogida por alfileres, que ninguno, como es el caso de la actual Skyline.

Se dice que Emmerich, embriagado con el éxito que supuso para él 2012 en términos recaudatorios, se va a atrever con no una, sino dos secuelas de Independence Day, la cual ya obtuvo jugosos beneficios allá por 1996 (vamos, que no soy el único que la encontró de su agrado). Personalmente, creo que el film original fue una buena película de acción, con suficientes dosis de emoción, tensión y humor como para calificarla como buena. Si los rumores se cumplen y hay una continuación, espero que sea, como mínimo, tan divertida como ésta.

Skyline


Valoración: Floja

Los hermanos Strause se han hecho un nombre en Hollywood gracias a sus excelentes trabajos en efectos especiales. Películas de factura visual tan espectacular como Avatar, Iron Man 2, 2012 o El curioso caso de Benjamin Button, por poner algunos ejemplos, nos muestran las maravillas de las que son capaces en este apartado.

Su última película, Skyline, no es una excepción. Se trata de un film que posee unos efectos de tipo técnico espléndidos. Es imposible hallar un solo fallo en imágenes ni sonido. Veremos sensacionales y frenéticos combates aéreos, filmados con precisión y velocidad deslumbrantes, unos invasores generados por ordenador perfectamente insertados con las imágenes reales, violentos y aparatosos movimientos de extraterrestres similares a los centinelas de Matrix, un buen uso en el contraste de la iluminación, un maquillaje perfecto... Lo dicho, técnicamente maravillosa.

Sin embargo, la magnificencia visual de estos hermanos esconde una terrible verdad: su poco talento cinematográfico. Baste recordar que su ópera prima fue la pésima Alien vs. Predator 2, otra película técnicamente muy buena, pero nula dramáticamente hablando. Skyline supone su segunda incursión tras las cámaras y, si bien han mejorado bastante, tampoco requería mucho esfuerzo superar lo narrado en su primer film.

La historia está llena de tópicos y presenta una falta de imaginación brutal, ya que copia con absoluto descaro muchísimos elementos de La guerra de los mundos e Independence Day, además de adoptar prácticamente el mismo estilo de narración que empleó Matt Reeves en Monstruoso, sólo que sin utilizar el estilo de cámara en mano.

Con respecto al libreto hay que reconocerle su habilidad para que hora y media de metraje se nos pase en un visto y no visto. Entre el frenesí de los protagonistas por salvar sus vidas y los continuos ataques, el desarrollo del film se hace bastante ameno. Además las interpretaciones son más bien dignas, a pesar de que los actores no sean de renombre... Bueno, hasta cierto punto, porque los amantes de las series de televisión seguro que han reconocido a Eric Balfour de 24 y David Zayas de Dexter.

Pero todavía existe un problema más importante y es su final, dado que no existe. Tengo la impresión de que en el momento en que los Strause han terminado de deleitarnos con su epopeya técnica, han dado carpetazo y a otra cosa. Es algo así como lo que J.J. Abrams y compañía hicieron al concluir Perdidos, sólo que a lo bestia: al no tener imaginación para un cierre airoso, lo mejor es no ofrecerlo.

Pienso que la parte más importante de una película es el acto final y éste, en concreto, hace que se nos quede cara de tontos, tanto que despertaremos de esa abducción de efectos especiales a la que Colin y Greg Strause nos habían sometido, para así caer en la cuenta de que hemos visto una película muy vulgar y nada original, tan bien camuflada con su lujoso envoltorio visual, que casi logran tomarnos el pelo.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Ladrones (Takers)


Valoración: Interesante

Segunda película sobre atracos que llega a las carteleras españolas en muy poco tiempo. Y es que tenemos tan reciente en la retina la magnífica The Town, de Ben Affleck, que va a ser complicado no entrar en comparaciones, aunque intentaré no hacerlo, ya que si el film de Affleck tenía un desarrollo de corte clásico, tipo películas de los setenta, éste de John Luessenshop hace un especial hincapié en lo moderno, con claras influencias del cine de Michael Mann. Tanto para Affleck como para Luessenshop se trata de su segunda incursión cinematográfica tras las cámaras y he de decir que, si bien Ladrones me ha resultado altamente entretenida, creo que The town es muy superior.

El argumento es el siguiente: un grupo de expertos ladrones, que planea cuidadosamente sus robos, se ve en la tesitura de embarcarse en un nuevo "trabajo" potencialmente muy suculento, pero con el hándicap de tener que ser infieles, en algunos aspectos, a su forma de actuar. El grueso de la película narra la preparación de este nuevo robo, su realización y las posteriores consecuencias. Con un argumento tan típico, una de las soluciones es buscar la diversión entre el público con una historia de ritmo ágil, narración frenética y espectacular factura técnica. Luessenshop y su equipo han optado por ahí y, ciertamente, el resultado ha sido bastante satisfactorio.

Disfrutaremos con buenas secuencias de acción, algunas muy logradas, como una frenética persecución a pie que es, para mi gusto, la mejor que he visto desde la saga de Bourne. Es una pena que hayan adoptado esa fastidiosa manía que tan de moda han puesto Doug Liman y Paul Greengrass (en especial este último) de volvernos locos con violentos movimientos de cámara en forma de primeros planos, que cogen tan de cerca al actor, que el espectador no se entera muy bien de qué sucede. Pongo como ejemplo una caída por unas escaleras en la que es imposible identificar nada ni a nadie, mientras los protagonistas ruedan sin control. Luessenshop no parece torpe en el manejo de cámara, sobre todo si tenemos en cuenta algunos planos generales de mérito, tan conseguidos que llegan a dar vértigo. En mi opinión, debería seguir en esa línea y no imitar a otros.

El guión tiene bastantes lagunas, quizá por aquello de centrarse en la velocidad y el entretenimiento. Una de ellas es que no llega a profundizar en los diferentes caracteres. Matt Dillon (desde Crash no hacía nada bueno) es un policía con bastantes problemas, los cuales se mencionan muy de pasada. En cuanto al grupo de ladrones, Idris Elba (RocknRolla) es el mejor tratado, ya que el resto se limita a poner cara de chulitos y hacer ostentación de un tren de vida excesivamente alto, tanto que uno se pregunta por qué la policía no ha sospechado antes de ellos.

Aunque en honor a la verdad he de admitir que para definir bien a tanto personaje, el metraje debería haber sido bastante más largo y, tras la última experiencia en una película de dos horas y media, como la insufriblemente aburrida penúltima entrega de Harry Potter, prefiero una de las llamadas de "acción palomitera" y, al menos, pasar un buen rato.

Viendo el conjunto, me atrevería a decir que es una película tirando a buena. No todo es acción, ya que conforme avanzan los minutos va aumentando la carga dramática, contraponiendo situaciones diametralmente opuestas de lealtad y traición, tan comunes en este género, para terminar con un clímax de violencia, al más puro estilo El clan de los irlandeses, en el que una más que adecuada banda sonora impera sobre el ruido de las pistolas. Además hay ciertos guiños cinematográficos a películas como Casa Blanca, Wall Street o El bueno, el feo y el malo, lo suficientemente sutiles como para resultar simpáticos.

¿Recomendable? Creo que si os gustó el remake de The Italian Job (personalmente me encantó) Ladrones no os defraudará.

viernes, 26 de noviembre de 2010

El gran Stan: El matón de la prisión (Big Stan)


Valoración: Mala

Primera y, desgraciadamente, no única experiencia de Rob Schneider como director de cine (tiene otro esperpento de título The Chosen One). Todos recordamos a Schneider como el cómico protagonista de la divertidísima Gigoló, de ahí que antes de ver El gran Stan, uno supusiera que por mala que ésta fuera, al menos se reiría. Craso error, ya que el film no tiene gracia en ningún momento, con una serie de intentos de gag que no provocan la risa ni por asomo.

Ya se sabe que este tipo de películas descuidan por completo el argumento, pues su única función es hacer reír al espectador, pero si sólo consigue despertar los bostezos del personal, apaga y vámonos. De hecho, lo único salvable de la película son aquellos momentos en los que la preciosa Jennifer Morrison (la atractiva doctora de House) aparece en pantalla contoneándose con una gran diversidad de modelitos. Pero el resto es, lisa y llanamente, basura, de ahí que en Estados Unidos se estrenase directamente en vídeo y en España llegara a los cines dos años después de su producción.
En dos palabras: totalmente desaconsejable.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Harry Potter y las reliquias de la muerte: Parte I (Harry Potter and the Deathly Hallows: Part I


Valoración: Muy mala

Un grupo reducido de jóvenes lleva un maligno y peligroso objeto colgado del cuello, el cual afecta negativamente a su portador. Deben llevar a cabo una interminable marcha con el fin de destruirlo. ¿Estoy hablando de El señor de los anillos? Pues no. Acabo de contaros cerca del 90% de lo que ocurre en la penúltima entrega cinematográfica de las aventuras de Harry Potter, a la que sólo le ha faltado el pan de lembas para culminar un plagio escandaloso.

La película es una soberana tomadura de pelo, pero no por la continua sensación de ya visto con respecto a parte de la obra de Tolkien, sino por cómo unos productores ávidos de dinero han sabido aprovecharse de todos nosotros, dividiendo el último libro de J.K. Rowling en dos partes: una primera de transición en la que no sucede prácticamente nada y una segunda en la que nos contarán de qué va el libro (al menos así lo espero). O lo que es lo mismo: una forma tan deleznable como irrespetuosa con el gran público de ganar pasta.

Ya lo dije analizando las anteriores películas: el fichaje de David Yates corresponde a un realizador sin personalidad al servicio de los productores. Ellos ordenan y Yates cumple. Y claro, ahí está el bajón de calidad en una saga que contó con tres primeras buenas películas, firmadas por Chris Columbus (las dos primeras) y Alfonso Cuarón (la suya, El prisionero de Azkaban, es con mucho la mejor de toda la serie) seguidas por, de momento, cuatro auténticos desastres, de los que tres han sido dirigidos por el señor Yates.

El film es una auténtica tortura, similar a la que padecimos en The Road de John Hillcoat, con la diferencia de que aquella duraba tres cuartos de hora menos. Aquí son 146 minutos y apenas pasa nada. He mirado tanto el reloj que me atrevería a decir que, durante unas dos horas de ese tiempo, hemos visto a los tres protagonistas vagar por diferentes parajes, mientras montaban su tienda de campaña, se hacían té y tenían una bronca infantil. ¿Película de transición? Que no la hagan, porque para narrar la fábula de Las reliquias de la muerte (lo hacen en apenas un par de minutos) y contarnos los planes de Voldemort (como si no los supiéramos ya) no hacen falta casi dos horas y media.

¿Qué ocurre en el resto del film? Pues vamos a ver, siendo generosos vamos a concederle cerca de media hora, a la que hay que restar diez minutos en concepto de títulos de crédito. En ese espacio hemos visto un par de persecuciones (nada que ver, por cierto, con la fabulosa secuencia por autopista de Matrix 2), una infiltración con demasiadas licencias en el Ministerio de la Magia (me ha venido a la cabeza lo que hizo Tom Cruise para colarse en Pre-Crimen en Minority Report y me ha dado la risa por lo diametralmente opuesto del resultado), tonterías varias como, en el colmo de la estupidez, que Harry bucea con las gafas puestas y un combate final bastante descafeinado. Entenderéis, pues, el porqué de mi indignación.

Nota de archivo: Os dejo los enlaces por si alguien quiere revisar los análisis de las seis partes anteriores:

Harry Potter y la piedra filosofal
Harry Potter y la cámara secreta
Harry Potter y el prisionero de Azkaban
Harry Potter y el cáliz de fuego
Harry Potter y la orden del Fénix
Harry Potter y el misterio del príncipe

jueves, 18 de noviembre de 2010

Más allá de las estrellas (Beyond the Stars)


Valoración: Interesante

El guionista de Cocoon, David Saperstein, dirigió en 1989 esta conmovedora historia entre un joven idealista con mucho potencial en su futuro y un veterano expiloto de la NASA, que es uno de los ídolos del mencionado joven.

Esta peculiar pareja, interpretada por Christian Slater (Entrevista con el vampiro, Cazadores de mentes) y Martin Sheen (Apocalipsis Now, El ala oeste de la Casa Blanca) respectivamente, vivirá una pequeña historia, con sorpresa incluida, en un momento complicado en la vida de ambos: el joven ha de convivir con la separación de sus padres y el antiguo piloto con una enfermedad de diagnóstico grave. Cada uno será la mejor medicina para el otro, ya que el chico por fin tendrá a alguien que entiende sus sueños y lo escucha de verdad, mientras que el personaje interpretado por Sheen comenzará a recobrar la ilusión por la vida, algo que había perdido hace tiempo.

El reparto es muy completo ya que, además de estos dos conocidos artistas, tendremos la oportunidad de ver a la espectacular Sharon Stone (Instinto básico), a F. Murray Abraham (el malvado inquisidor de  El nombre de la rosa), a Robert Foxworth (el inolvidable Chase Gioberti de Falcon Crest) y a Olivia d'Abo (la joven princesita de Conan el destructor). Todos ellos interactuarán dando lugar a pequeñas aventuras, romances, algún que otro lío y, sobre todo, remembranzas del pasado acerca de cosas que les habría gustado cambiar.

Una pequeña parte del guión tiene que ver con la ecología, resaltando la importancia de nuestro planeta, cuya mayor lacra, nos guste o no, somos nosotros: los humanos.

Así pues una bonita historia, conmovedora y divertida, bien interpretada y con la duración de metraje justa, que no sólo resulta agradable de ver, sino que sabe mantener algo de suspense hasta el final, asegurando que nadie se aburra durante su visionado.

Una casa patas arriba (Are We Done Yet?)


Valoración: Floja

El director de comedia Steve Carr (Papá canguro, Dr. Dolittle 2) decidió castigarnos en 2007 con esta versión cutre y sin imaginación de aquella comedia que protagonizó en su día Tom Hanks titulada Esta casa es una ruina. No es un remake oficial, entre otras cosas porque se trata de la segunda parte de otra comedia bastante torpe de título Cuando llegamos (la  cual, incomprensiblemente, Ice Cube ha adaptado  en 2010 a serie televisiva) pero está basada claramente en la mencionada película de Richard Benjamin.

¿Qué podemos esperar de Una casa patas arriba? Más bien poco. Por un lado Ice Cube es un actor desastroso. Cuando hacía de joven rebelde enfadado con el mundo, como en Semillas de rencor de John Singleton, tenía un pase dado su invariable ceño fruncido. Pero como actor de comedia es un auténtico desastre, incapaz de transmitir otro sentimiento que no sea el de "cabreo monumental".

El guión está escrito por Hank Nelken, autor del libreto de Tres idiotas y una bruja de Dennis Dugan. ¿Hace falta decir algo más? Creo que no, pero por si acaso, apostillaré: falta de ingenio, chistes sin gracia, histrionismo desmedido como sustituto de gags inteligentes, humor excesivamente racial...

El único intérprete que tiene cierta gracia y que, además, parece esforzarse con su cometido, es John C. McGinley (seguro que muchos lo reconocéis por la serie Scrubs). Lo que pasa es que llega un momento en que su personaje comienza a hartar, no por la mala praxis del actor, sino por un guión que exagera su puesta en escena hasta el colmo de la exasperación.

¿Habrá algo salvable en toda la producción? Sí, la presencia del mejor jugador de baloncesto de todos los tiempos, el incomparable, genuino y estelar Magic Johnson. Pero, por muy fan que uno sea del exbaloncestista angelino (y a fe que yo lo soy) no es suficiente para salvar esta patética peliculita.

Es mejor rescatar de algún video-club la original de Tom Hanks, ya que sin ser la mejor comedia de la historia (ni mucho menos) sí posee la capacidad de hacer reír al espectador.