sábado, 2 de octubre de 2010

Machete


Valoración: Regular

En 2007, Quentin Tarantino y Robert Rodriguez filmaron Grindhouse, una película doble (en los países no anglófonos, como el nuestro, se cometió el error de emitir cada parte por separado) que homenajeaba tanto a un género cinematográfico (Serie B de terror de los setenta) como al tipo de cine donde se emitían dichas películas, en sesiones dobles y triples. Para conferir mayor realismo y ayudar al público a introducirse en aquella época, idearon una serie de falsos trailers con el colorido y los fallos de imagen propios de la época y el género citado. Machete fue uno de ellos y tanto gustó al gran público que Rodríguez, ni corto ni perezoso, decidió hacer de él una película, la cual acaba de llegar a nuestras pantallas.

¿Daba Machete para un largometraje? Pienso que no. Una cosa es ver una serie de atroces burradas durante dos minutos y otra muy distinta aguantar lo mismo una y otra vez durante hora y tres cuartos. Pero vayamos a la película.

Lo primero en lo que uno se fija es en la gran influencia de Quentin Tarantino sobre Rodriguez: uso de una violencia desmedida en clave de humor, reparto coral, diálogos políticamente incorrectos, la forma de rodar primeros planos y secuenciales, montones de guiños referenciales a otras películas, recuperación de estrellas del cine de acción venidas a menos (en este caso Steven Seagal y Sonny Croc... quiero decir, Don Johnson), uso de coches tildados como clásicos americanos... Todo eso se cumple en Machete, pero con una gran diferencia: Rodríguez posee mucho menos talento e imaginación que Tarantino. Ni siquiera la ayuda de un codirector (uno de los editores de Sin City, Ethan Maniquis) ha podido paliar la diferencia entre uno y otro.

El argumento es muy simple: un ex-policía federal mexicano, que perdió a su familia por la traición de su propio gobierno, vuelve y se los carga a todos. Todo ello sucede bajo un clima de tensión generado por el problema de los inmigrantes, tratado de una manera tan irreverente que llega a la parodia. Se adivina una protesta acerca de las brutales medidas anti-inmigración de Arizona, pero como es una película que no se puede tomar en serio, pierde bastante fuerza.

Sobre el amplio elenco, comenzaremos por el protagonista, un Danny Trejo que parece la versión mexicana de un Terminator: frases cortitas y poco trabajadas como las que emitía Tarzán, la rigidez facial de una estatua y la imposibilidad de darle muerte (vamos, que sólo le falta el ojo rojo). Entre los demás destacaremos la versión excesivamente facha de un senador norteamericano, muy lograda por el gran Robert de Niro, la amplia colección de bellezas semidesnudas (o desnudas del todo) encabezadas por Jessica Alba y Michelle Rodriguez, las viejas glorias antes mencionadas (Seagal y Johnson) y, cómo no, habituales de Rodríguez como Jeff Fahey (Planet Terror), Cheech Marin (Spy Kids) o el mítico Sex Machine de Abierto hasta el amanecer, Tom Savini.

En resumidas cuentas, un gran festival de miembros cercenados, sangre, violencia gratuita, cuerpos de escándalo, gags humorísticos y todo tipo de fantochadas, que divierte durante un rato, aunque termina por hacerse pesado. Reconozco haberme reído mucho hasta, aproximadamente, mitad de metraje. Pero entre lo repetitivo de la acción y que éste no es, ni de lejos, el mejor Rodríguez (queda muy por debajo de otras "macarradas" como Abierto hasta el amanecer o The faculty) he terminado pidiendo la hora.

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